DISCURSO del MÉTODO (RESPUESTAS a la Cuarta Parte)


1ª.- ¿Qué significado tiene el término fundamento? ¿Significaría lo mismo que “principio”, sobre el que se ha preguntado en otras actividades, y lo mismo que “principio” en la última línea del párrafo?

          La respuesta es afirmativa. "Fundamento" está utilizado como sinónimo de principio. En la voz "Principio" del vocabulario leemos: verdad que sirve de fundamento en una construcción intelectual y que es evidente por sí misma. Estas características las posee el término "principio" del final del párrafo: primera verdad a las que todas las demás pueden reducirse, como explica el mismo Descartes en carta a Clerselier (voz "principio"), y puede probarse por ella misma, aunque en este caso sólo pueda referirse a Dios. Por eso añade: basta con que pueda servir para encontrar algunas y que no haya otro que dependa anteriormente de ella.

 

2ª.- Relaciona y distingue los términos: duda, creencia, certeza.

          La creencia hace referencia a las opiniones y al crédito que se les otorga. A las creencias se les puede dar crédito, creer en ellas, mientras que las verdades se saben. La intención de Descartes es muy clara: someter a duda todos los conocimientos y opiniones para alcanzar algún punto de certeza y progresar desde allí en el conocimiento.

 

3ª.- Formula, a partir del texto, la definición de duda metódica.

          Es voluntaria: dice Descartes "como por entonces quería dedicarme solamente a la búsqueda de la verdad, pensé que era preciso que hiciese todo lo contrario y que rechazase como absolutamente falso todo aquello en que pudiese imaginar la menor duda"; y más adelante "resolví fingir ...".

          Tiene una finalidad: "pensé que era preciso que hiciese todo lo contrario y que rechazase como absolutamente falso todo aquello en que pudiese imaginar la menor duda, a fin de ver si no quedaría, después de esto, algo en mi creencia que fuese enteramente indudable". Así pues, se sugiere que en caso de encontrar algo indudable, se cesará en la duda; duda pues que no es escéptica sino metódica.

          Es radical y universal: Descartes decide considerar "como absolutamente falso todo aquello en que pudiese imaginar la menor duda". Así, "puesto que nuestros sentidos nos engañan" son dignos de rechazo; también lo son "todas las razones que había admitido con anterioridad como demostrativas"; y aún más, incluso resolvió "fingir que todas las cosas que en cualquier momento habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños".

          La duda de Descartes es una suspensión del juicio voluntaria y metódica, ya que tiene la finalidad de encontrar algo indubitable, y radical y universal, porque todo lo somete a ese proceso.

 

4ª.- Haz un esquema de los motivos que le llevan a la duda. ¿Se trata de una duda escéptica? ¿En qué se diferencian?

          Comienza Descartes revelando la finalidad que persigue con su duda: alcanzar alguna verdad indudable; es, pues, un método para alcanzar algo cierto y evidente. A continuación declara las razones que le llevan a dudar de cuantas “verdades” había admitido hasta entonces, y da tres argumentos. Así pues, el esquema podría ser:

          1.- FINALIDAD que persigue con la duda: alcanzar una certeza indudable.

          2.- PROCESO  DE  DUDA:

            2.1.- Duda de los sentidos (pues a veces engañan).

            2.2.- Duda de las verdades de razón (pues los hombres se equivocan al razonar).

            2.3.- Argumento del sueño (podríamos estar soñando y no ser reales nuestros  pensamientos).

          Que la duda de Descartes no es escéptica lo revela ya la finalidad que declara al inicio: “como por entonces quería dedicarme solamente a la búsqueda de la verdad, pensé que era preciso... que rechazase como absolutamente falso todo aquello en que pudiese imaginar la menor duda, a fin de ver si no quedaría, después de esto, algo en mi creencia que fuera enteramente indudable”. Su duda es, pues, un método para alcanzar un principio del que ya no quepa duda. En la parte III del Discurso ya se ha distanciado de los escépticos, cuando dice: “No es que imitara por esto a los escépticos, que dudan por sólo dudar y fingen ser siempre irresolutos; pues, al contrario, todo mi propósito no tendía sino a asegurarme y arrojar a un lado la tierra movediza y la arena para encontrar la roca o la arcilla” (cursivas nuestras).

 

5ª.- Reformula el argumento por el que concluye el primer principio: "pienso, luego soy".

          "Mientras quería de ese modo pensar que todo era falso, era preciso necesariamente que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa". Así, "yo pienso, luego soy". Conviene consultar el término "pensamiento" en el vocabulario y tener en cuenta que en Meditaciones II afirma: "¿Qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también y que siente" (Meditaciones, p. 26). Puede ser de utilidad contrastar este argumento con el paralelo en las Meditaciones, p. 24 y ss.

 

6ª.- Explica la frase: “pero inmediatamente después, advertí que mientras de ese modo... que lo pensaba fuera alguna cosa"

          Esta frase es la salida de la Duda Metódica que nos ha expuesto en líneas anteriores. Nos lo expone como si de pronto cayera en la cuenta de que para dudar y para poder considerar que todo lo pensado es falso, es necesario pensar. Descubre la existencia del sujeto pensante cono condición necesaria para poder dictaminar la verdad o falsedad de lo pensado. Este descubrimiento le lleva a la primera verdad evidente: la existencia del sujeto pensante.

          Es importante hacer notar al alumno la diferencia entre el hecho de pensar —la primera verdad—, y el contenido de ese pensamiento y el juicio del valor de verdad o falsedad que sobre ese contenido puede emitirse. Sobre la existencia del “hecho de pensar” no puede dudarse, su existencia es evidente.

 

7ª.- ¿Por qué puede afirmar que ni las más extravagantes suposiciones de los escépticos pueden hacer tambalear las afirmaciones anteriores?

           Los escépticos nada pueden contra "yo pienso, luego soy", por ser una afirmación muy "firme y segura" al resultar clara y distinta.

 

8ª.- La primera verdad garantiza que soy un ser que piensa, pero no que tengo un cuerpo, etc. ¿Cómo razona para llegar a la conclusión de que es una sustancia pensante separada y distinta del cuerpo? (párrafo 2º).

          Ya sabemos: "yo pienso, luego soy".

          Puedo fingir que no tengo cuerpo y que no hay lugar en que esté.

          Puedo dudar de la verdad de todas las otras cosas.

          Pero por el hecho de pensar, yo soy.

          Si dejo de pensar, no tengo razón para pensar que soy.

          Conclusión: yo soy "una substancia cuya esencia no es sino pensar y que no tiene necesidad de lugar alguno, ni depende de cosa material alguna ...".

 

9ª Localiza y transcribe el criterio de verdad. A continuación explícalo.

          El criterio de verdad es la claridad y la distinción en aquello que concebimos. No obstante, Descartes afirma que hay alguna dificultad en advertir cuáles son las cosas que concebimos distintamente. La claridad quiere decir no es posible ninguna duda y la distinción que no se confunde con otra cosa.

 

10ª Haz un esquema de los tres argumentos de la existencia de Dios.

          1.- Hay en mi mente muchos pensamientos o ideas.

       2.- Entre esas ideas, las de cosas exteriores (cielo, tierra, etc.) no manifiestan nada superior o más perfecto que yo.

          3.- En consecuencia, esas ideas no prueban que existan tales cosas: puedo haberlas formado yo.

          4.- Pero en mi mente tengo también la idea de “un ser más perfecto que yo”.

       5.- Esta idea no puedo haberla formado yo, pues lo más perfecto no puede provenir de lo menos perfecto, o de la nada.

       5 bis.- Está implícito el principio de causalidad: un efecto sólo puede ser producido por una causa suficiente para producirlo.

       6.- En conclusión, esa idea ha sido puesta en mí  por ese “ser más perfecto”, es decir, Dios que, por tanto, existe.

El segundo argumento en forma esquemática podría abreviarse así:

          1.- Hay en mi mente ideas de perfecciones que no tengo (omnisciencia, por ejemplo)

       2.- Si sólo existiese yo, y yo me hubiera dado a mí mismo las perfecciones que tengo, también me había dado aquéllas que no tengo, pero cuya idea está en mí.

       3.- Pero es evidente que no me las he dado, pues no las tengo; como tampoco me he dado las que tengo.

          4.- En conclusión, hay otro ser más perfecto que yo (Dios) quien me ha dado todo lo que tengo.

C) La 3ª prueba podría esquematizarse así:

          1.- Entendemos por Dios un Ser perfecto, al que no falta ninguna perfección.

       2.- La existencia, que es una perfección, pertenece pues a la esencia o definición de Dios, como pertenece a la definición de triángulo que sus ángulos sumen dos rectos.

       3.- En conclusión, que Dios, o el Ser perfecto, existe, es tan cierto como una demostración de geometría.

 

11ª.-  ¿Por qué afirma que la 3ª prueba es la más convincente?

          Porque, en opinión de Descartes, es enteramente semejante a esas demostraciones tan evidentes que se hacen en geometría. En esta ciencia, todo lo que se afirma se deduce necesariamente de la definición de las figuras. Así, que un triángulo tiene tres ángulos es verdadero por definición; también lo es que la suma de sus ángulos sume dos rectos, propiedad que el geómetra sabe demostrar a partir de la definición o esencia del triángulo. En otras palabras, negar esa propiedad sería incurrir en contradicción, equivaldría a negar que un triángulo sea un triángulo.

          Para Descartes esto mismo ocurre en la 3ª prueba. La existencia es una propiedad (“perfección”) contenida en la definición misma de Dios. Si negamos que Dios exista es como negar que Dios sea Dios, con lo que incurriríamos en contradicción flagrante. Dicho de otra manera: si entendemos por Dios el Ser con todas las perfecciones, y la existencia es una perfección, entonces negar que exista es tanto como decir: “El Ser con todas las perfecciones no tiene todas las perfecciones”, lo que es contradictorio.

 

12ª.- ¿Qué característica dominante atribuye a Dios en cada prueba?

          En todas las pruebas se entiende a Dios como el “Ser perfecto”, el Ser con todas las perfecciones, y se razona a partir de esta característica. Pero las dos primeras pruebas, además, implícitamente le atribuyen que es “Causa de...”. En la 1ª prueba, que es Causa de que haya en mí la idea de “perfección”, o de “algo más perfecto que yo”, más exactamente. En la 2ª prueba es Causa de mi ser y de mis perfecciones. Implícitamente (en las Meditaciones lo hará más explícito por lo que quizás convendría acudir a ellas para completar estas pruebas aquí resumidas) se está utilizando el Principio de Causalidad para probar que Dios existe, pues es la única Causa suficiente de que yo tenga en mí la idea de perfección o de mi ser.

          La 3ª prueba está construida solamente sobre la propia idea o concepto de “Ser perfecto”, dentro de cuya definición está contenida la propiedad “existe”. Y, por tanto, puede considerarse que aquí se está atribuyendo a Dios la característica de ser el único Ser “necesariamente existente”.

 

13ª.- ¿Cómo deduce Descartes la naturaleza de Dios? ¿Hasta qué punto puede el hombre conocer la naturaleza de Dios? ¿Por qué dice que Dos no es un “compuesto”? ¿Qué significa compuesto?

          En diversas ocasiones ha declarado Descartes que la mente humana es incapaz de hacerse una idea de Dios clara y distinta, y está por encima de nuestra comprensión. Ello no significa que no podamos conocer cómo es hasta cierto punto, hasta donde es posible para nosotros. La escolástica distinguía entre a) un conocimiento de Dios “in se” (como es “en sí mismo”, en su esencia), que es imposible para nosotros, y b) un conocimiento “quoad nos” (relativamente a nosotros) que sí nos es posible. Con toda seguridad, Descartes ha sido educado en estas distinciones (obsérvese que dice: “para conocer la naturaleza de Dios, hasta donde la mía era capaz de hacerlo...”.

          También sugiere que podemos conocer la naturaleza de Dios hasta cierto punto, partiendo del concepto de “perfección”: si tengo en mí perfecciones (cierto grado de sabiduría, cierto grado de poder, etc.), las cuales no me he dado yo sino Dios, puedo atribuírselas a Él, se supone que en un grado más alto. Por tanto: a) una primera manera de conocer su naturaleza será atribuyéndole (en grado máximo) las perfecciones que en mí veo, y así, lo concebiré como eterno, infinito, inmutable, omnisciente, todopoderoso, etc. (La escolástica llamaba a esto la “vía de la eminencia”).

          Pero hay b) un segundo camino (que la escolástica llamaba “vía negativa”): negar que haya en Dios las imperfecciones o defectos que veo en mí. Así, Descartes rechaza que la duda, inconstancia, la tristeza, etc., que son defectos, puedan estar en Dios.

          Descartes se pregunta también si Dios ha de ser concebido como un “compuesto”. Recuérdese que Descartes ha comenzado sus Meditaciones Metafísicas distinguiendo entre los cuerpos exteriores y sus ideas en mí, es decir, entre una sustancia corporal, extensa, y otra sustancia pensante, el alma. Surge entonces la pregunta: ¿Es Dios un compuesto de alma y cuerpo, como lo es el propio hombre?  Evidentemente, por “compuesto” se entiende al ser formado por agregación de partes heterogéneas. Desde la tradición platónica es corriente llamar así al hombre porque estaría formado de cuerpo y alma, dos sustancias diferentes y separables.

          Descartes niega, en cambio, que Dios pueda ser considerado un compuesto, pues ello implica deficiencia: “considerando que toda composición testimonia dependencia, y que la dependencia es manifiestamente un defecto...". La dependencia a que se refiere es la del alma respecto del cuerpo; al estar unida a un cuerpo (en el hombre) el alma recibe la influencia de éste, “padece” la acción del cuerpo, no se limita a actuar como lo haría si permaneciera pura (pensar). Resultado de la acción del cuerpo sobre el alma son las pasiones, las sensaciones, los sueños, imaginaciones, etc.;  el alma no forma todas estas modalidades del pensamiento por sí mismas, sino bajo la acción del cuerpo sobre ella, por lo que es dependiente de él, lo cual es un defecto: por tanto Dios no puede ser un compuesto.

 

14ª.-  En la conocida como prueba ontológica, Descartes establece una diferencia fundamental entre la idea de triángulo y la idea de Dios. ¿Cuál es esta diferencia?

          La diferencia estaría en que en la idea o definición de “triángulo” no está contenida la existencia, y en la de Dios sí. En la idea de “triángulo” está contenido que “tiene 3 ángulos”, “figura plana”, “de 3 lados”, “la suma de sus ángulos vale dos rectos”, etc., pero no que exista triángulo alguno. En cambio, en Dios la existencia está contenida en la propia definición o idea de Dios, y negar que Dios exista sería como tanto como negar que Dios sea Dios.

 

15ª.- ¿Qué diferencia hay entre seguridad moral y certeza metafísica? (párrafo 7)

          La seguridad moral es la certeza suficiente en el ámbito de la vida práctica como cuando, por ejemplo, afirmamos la existencia de Roma aunque nunca hayamos ido a visitarla. La certeza metafísica es la seguridad absoluta sin temor alguno a equivocarnos como cuando afirmamos la verdad del cógito.

 

16ª.- Si Dios es el garante de la verdad de mi pensamiento, ¿cuál es el origen del error?

          El error es sólo atribuible a nuestro entendimiento que se precipita (recordar el primer precepto del método) al pronunciarse sobre la realidad. De ahí se deriva la necesidad imperiosa del método.

 

17ª.-  ¿Por qué afirma el autor que la existencia de Dios y el alma son más ciertas que las certidumbres que obtenemos de los sentidos?

          Aunque Descartes admite que hay en nosotros una fuerte, y muy difícil de vencer, inclinación natural a considerar verdadera la información que nos proporcionan los sentidos, en su opinión esa confianza en los sentidos se ve resquebrajada por las dos reflexiones que ha hecho: a) que los sentidos muchas veces nos engañan, y b) que lo que en sueños nos parece verdadero resulta no serlo, por lo que no hay criterio seguro para afirmar que no está soñando el que afirma ver algo con toda claridad.

          Por el contrario la idea de alma (entendida como “yo pensante”) es indubitable, no puede ponerse en duda ni siquiera bajo esos argumentos, pues si me engaño cuando sueño, etc., no puedo negar que yo lo pienso, que mi pensar, aunque engañado, existe.

          Con respecto a Dios, Descartes admite que su idea no procede de los sentidos, pero el entendimiento puede, prescindiendo de los sentidos, construir demostraciones necesarias que nos presenten su existencia tan cierta como una demostración de geometría. Por ello, que no sea “sensible” no quiere decir que no sea “inteligible”.

          Además, Dios es precisamente el que garantiza aquellas verdades de las que más seguros estamos. Pues sólo tras conocer que hay un Dios, y que es perfecto, y que no es engañador (engañar no es una perfección), y que no hace que erremos cuando vemos algo claro y distinto, es cuando podemos estar seguros de que lo que nos parece evidente lo es. Dice Descartes: “Pues, en primer lugar, eso mismo que antes he tomado como una regla, a saber, que las cosas que concebimos muy claras y muy distintamente son todas verdaderas, no está asegurado sino porque Dios es o existe, y porque es un Ser perfecto...”. Sólo, pues, tras probar que hay un Dios perfecto puedo creer que lo que mis sentidos ven en vigilia es más cierto que lo que veo en sueños, pues no sería propio de un Dios perfecto haberme creado de manera que me engañase en eso. La certeza de Dios es “anterior” (no en sentido temporal) a la otras: es el fundamento sobre el que reposan las certezas sensibles o racionales.

 

18ª.- ¿Por qué tiene tanta importancia para Descartes la demostración de la existencia de Dios? ¿Qué función cumple en su sistema?

          El Cogito es una realidad cerrada. El sujeto es puro pensamiento y de él no puede deducirse nada nuevo. Para poder salir a la realidad extramental Descartes necesitará, por una parte, analizar, el contenido de este pensamiento, este análisis nos lo expone en su Teoría de la Ideas, y, por otra parte, necesita una garantía de que el contenido de estas ideas o de alguna de ellas tiene además de la realidad mental, realidad objetiva o extramental. Las ideas que poseen esta característica son las innatas y entre ellas la idea de Infinito o de Dios.

          La demostración de la existencia de Dios le es absolutamente necesaria para poder salir del encierro del Cogito hasta la realidad objetiva, la realidad extramental.

          Aún así, queda pendiente la veracidad o falsedad de los sentidos que son los que nos informan sobre la realidad extramental. Al analizar la naturaleza de Dios, Descartes descubre que es la suma de las perfecciones, entre ellas la bondad y veracidad, con lo que puede rechazar la Hipótesis del Genio Maligno, y convertir a Dios en garantía del criterio de verdad y de la fiabilidad de los sentidos. En la p. 49, 2º párrafo se dice: "...pues si yo siento una fortísima inclinación a creer que esas ideas me son producidas por las cosas sensibles, y si Dios, que me ha dado esa fortísima inclinación, me engaña, entonces Dios sería un ser falaz, lo cual es contradictorio con su idea".

          En resumen: Descartes necesita demostrar la existencia de Dios para:

          a.- Romper el aislamiento de Cogito y abrirlo a la realidad extramental.

          b.- Cumple la función de garantía del criterio de verdad y de la veracidad de la información de los sentidos en cuanto a la existencia de la realidad objetiva. Pero sólo en cuanto a la existencia de esta realidad, no en lo referente a la veracidad o falsedad de los juicios que emitimos sobre esta realidad.

 

19ª.-  Explica la afirmación de que nuestros pensamientos deben tener algún fundamento de verdad.

          La veracidad y bondad divina, que se derivan de su perfección, es el fundamento y la garantía de la verdad de las ideas innatas. Es contradictorio con la perfecta naturaleza de Dios el querer engañar, pues esto no es muestra de su perfección, sino de todo lo contrario, imperfección. Por tanto, es contrario con su naturaleza el habernos puesto ideas que fuesen falsas sobre la realidad que representan.