En la Política de Aristóteles puede leerse refiriéndose a Tales de Mileto:
“Pues dice que, cuando, por su pobreza, le reprochaban que la filosofía era inútil, tras haber observado por el estudio de los astros que iba a haber una gran producción de olivas, se procuró un pequeño capital, cuando aún era invierno, y que depositó fianzas por todas las presas de aceite de Mileto y Quíos, alquilándolas a bajo precio porque nadie licitó contra él. Cuando llego el momento oportuno, al ser muchos los que a la vez y de repente las pedían, las iba alquilando al precio que quería y reunió mucho dinero, demostrando así que es fácil a los filósofos enriquecerse, si quieren, pero que no son las riquezas lo que les interesan”[1]
A los que sostienen que la filosofía es inútil contestamos que en cierto sentido tienen razón, como ya se dijo en otra parte. Es inútil en el sentido de que no es un instrumento para otra cosa. Es útil sin embargo para todo aquél que quiera plantearse qué es la vida, en qué consiste la realidad o cuál es la conducta más adecuada para ser feliz.
Las ciencias instrumentales son aquellas que sirven para otra cosa. Las matemáticas, como bien sabemos, es el instrumento de la física, de la economía y prácticamente están presentes en todo aquello para lo que se precisa algún tipo de cálculo.
Por otro lado, el lenguaje sirve para comunicarse y un buen uso del mismo puede distinguir a sus usuarios. Las conferencias bien desarrolladas o unas clases eficaces están basadas en exposiciones retóricas mejores o peores. Bien lo sabían los antiguos que integraron sus estudios con abundantes sesiones de retórica. Pero algo se tendrá que decir para no caer en entredicho:
-“Mi hijo sabe mucho inglés”, comentaba alguien.
-“Bueno, si tiene algo que decir…” –le contestaba el otro un poco harto…. Lo malo es si no tiene nada que decir o si lo que va a decir es una obviedad”.
El problema de fondo que conviene aclarar es la distinción entre teórico y práctico, ciencias teóricas y prácticas. Existen, y son absolutamente necesarias las ciencias teóricas, pues son la base de cualquier aplicación. En concreto, si los matemáticos y físicos teóricos no hicieran sus investigaciones puras y descubrieran los secretos escondidos de estas ciencias no podrían venir otros, u ellos mismos posteriormente, a buscar unas aplicaciones prácticas a dichos descubrimientos. Por ejemplo, si los físicos teóricos no hubieran buscado durante décadas un rayo de luz que no se expandiera, no se habría encontrado el laser y hoy no disfrutaríamos de las inmensas aplicaciones que éste tiene en multitud de campos.
La informática básica aplicada a los ordenadores es realmente útil. Pues bien, esto no habría sido posible sin las investigaciones de lógica pura que hicieron unos filósofos allá por el siglo XIX. Prácticamente no podemos imaginarnos un mundo moderno sin ordenadores, sin informática -por cierto sin tener ni idea de cómo funcionan-, y ese éxito práctico también se debe a la teoría lógica, a los programadores que son capaces de adaptar a un lenguaje lógico - informático las necesidades prácticas requeridas en cada caso. Un programa de contabilidad, por ejemplo, está basado en unas cuantas reglas relativamente sencillas aunque el “usuario” del programa sólo tenga que rellenar unas casillas determinadas. Algo tan práctico no se sostiene sin el programador teórico.
La filosofía pura no sirve para nada “útil”, utilitarista diríamos, pero es una sabiduría que no podemos dejarla morir sin peligrar nosotros mismos. Por otro lado, a la filosofía tomada como ciencia directriz, le sirve todo. De cuanto sucede, se puede y se debe interrogar a la filosofía y ella tendrá que responder. Eso, contando que siempre habrá alguien que quiera saber y se atreva a investigar en el terreno de las ideas. ¿Es posible que no se atienda a los filósofos por el miedo a sus molestas conclusiones? Si al hombre actual se le da todo pensado por las ideologías imperantes no cabe ya el pensamiento libre ¿Deberá volver a gritar el poeta “Despierte el alma dormida …[2]”?
Es fácil a los filósofos enriquecerse pero no son las riquezas lo que les interesa a los filósofos son dos afirmaciones que chocan brutalmente a nuestra mentalidad. En los comienzos del siglo XXI es un dogma indiscutible que todo aquel que pueda, está obligado a buscar el máximo enriquecimiento material. Al que no lo consiga se le reserva un puesto denigrante en el grupo de los fracasados. Pero para el filósofo existen por lo que mantiene Aristóteles, otras haciendas.
Aristóteles sabe que la felicidad la buscan los hombres por encima de cualquier otra cosa. Y no confunde la felicidad con el placer. El filósofo griego piensa que si los hombres buscan los placeres es porque creen que con ellos van a conseguir ser felices. Se equivocan muchas veces en su búsqueda y no son felices, pero continúan indagando. Perciben asimismo que cualquier cosa, una vez poseída remite a otra, y así sucesivamente en una cadena que no termina nunca. No hace falta ser estoico para darse cuenta de que lo material deja siempre insatisfecho y las riquezas que desprecia Aristóteles son claramente materiales. Por eso lo sostiene con tanta determinación. Si el hombre fuera solamente material, es probable que tuviera suficiente con cosas materiales pero no es así. Buena prueba de ello es la amistad de la que el filósofo hará grandes elogios.
[1] Aristóteles, Política A – 11. 1259 a 9
[2] Jorge Manrique. Coplas a la Muerte de su Padre.