Para entender la potencia activa y reactiva, piensa en una jarra de cerveza con espuma.
La potencia activa (kW): Es la cerveza líquida, la parte útil. Es la que realmente se transforma en trabajo (calor, luz, movimiento) Es la que pagan los contadores y facturan las eléctricas. Se mide en kW (kilovatios).
La potencia reactiva (kVAr): Es la espuma, necesaria para crear campos electromagnéticos (motores, transformadores), pero no produce trabajo útil. Circula de ida y vuelta por la red sin consumirse. Se mide en kVAr (kilovoltioamperios reactivos).
La potencia aparente (kVA): Es el vaso entero (cerveza más espuma). Es la carga total que soporta el cableado y los transformadores se mide en kVA (kilovoltioamperios).
La clave: Para que un motor funcione necesita ambas. La activa hace el movimiento, y la reactiva crea el campo magnético.
El problema: Si tienes mucha "espuma" (reactiva), la compañía te penaliza porque obligas a que los cables sean más gruesos sin aprovechar esa energía. Para corregirlo, se instalan condensadores (que aportan reactiva capacitiva) para compensar la reactiva inductiva de los motores.