No merezco vivir.
Maté a la familia de Kuromine-kun, atormenté a mis propios padres y los llevé a la muerte.
Yo no soy una víctima. Soy la perpetradora.
No ha habido un día sin estar ahogada por la culpa.
Cada respiración se siente sofocante.
Sigo recordando el momento del accidente y la imagen del cuerpo sin vida de mis padres, colgando como Teru-teru Bozu. (Muñeco de papel el cual se cuelga por el cuello y se le suele rezar para que haya buen clima.)
Una y otra vez...
Tan solo vivir ya es doloroso.
De repente, recuerdo a Kuromine-kun.
Desde el día en que me rescató del robo, mi vida se ha llenado de momentos resplandecientes y radiantes.
Aunque fue solo un breve período, vivir con Kuromine-kun me dio una sensación de satisfacción en la vida.
Cada vez que me siento angustiada, Kuromine-kun viene a mi mente como un mecanismo de defensa.
Mi primer amor.
Mi corazón se siente cálido hasta el punto de derretirse.
Y con estos pensamientos, surge un deseo de matarme.
Repetidamente, pienso que no tengo ningún valor en vivir.
Lo entiendo firmemente como un hecho, vivir es insoportable.
También me odio a mí misma.
Quiero suicidarme.
Para mí, la muerte sería liberación...
Es la única manera de escapar del sufrimiento actual.
Por eso no debo morir.
No debo escapar de este dolor.
No importa cuánto me disculpe con Kuromine-kun, nunca será suficiente.
Todo es mi culpa.
No debo pensar que es doloroso.
Todo es culpa mía.
El remordimiento y la culpa hacia Kuromine-kun...
Seguiré culpándome a mí misma.
Hasta que este cuerpo decaiga...
O hasta que mi corazón se rompa en pedazos...