Poco antes de la proclamación de la Primera República cualquier incidente presagiaba el cambio.
—Madrid: presentación oficial del recien nacido Infante D. Luis Amadeo, grabado del Sr, Capuz.—
(La ilustración española y americana - 8 de febrero de 1873)
En el interior han enturbiado estos últimos días los horizontes políticos tres nubarrones, más ó menos sombríos, pero ninguno de los cuales ha llegado a producir la tempestad.
El feliz alumbramiento de S. M. la Reina ha dado ocasión al primero de estos amagos de tormenta. El desaire de que en los primeros momentos se creyó objeto el Gobierno, y por consiguiente la mayoría, á causa de la tardía presentación del real vástago, dio ocasión en la sesión de la noche del 30 á que se redactase una proposición, que no llegó á presentarse, pidiendo que el Congreso se declarase en sesión permanente, y hasta se hicieron indicaciones acerca de la adopción de una medida de gravísima trascendencia.
La aparición del Sr. Martos en el banco azul en los momentos en que la excitación llegaba á su colmo, y las explicaciones con que cohonestó lo ocurrido en palacio, asegurando que el Gobierno no habia recibido el desaire que se suponía, aplacaron por el momento la tempestad, y resolvieron un conflicto que amenazaba tomar formidables proporciones.
La segunda nube la ha condensado en el horizonte la actitud del cuerpo do Artillería en la cuestión interminable del general Hidalgo. El puesto activo para que este general ha sido últimamente nombrado ha producido entre los jefes y oficiales de dicho cuerpo el mismo efecto que una medida análoga produjo hace pocos dias, y las solicitudes pidiendo el cuartel ó el reemplazo han menudeado en la Dirección de Artillería.
El conflicto, como se ve, tomaba carácter formidable, y no nos maravillaría que el Gobierno resolviera conjurarle, acordando no admitir ninguna do las peticiones de licencias.
Si asi fuese, las nubes aglomeradas por la cuestión del cuerpo de Artillería so habrían deshecho segunda vez por trámites muy poco lisonjeros para el general Hidalgo.
Tercera nube sin consecuencias : Creían muchos que la proposición de censura presentada por el diputado republicano Sr. Pinedo contra el Ministro de la Guerra, y fundada en la prodigalidad de los nombramientos y ascensos concedidos por este señor, ocasionaría su inmediata salida del Ministerio. La proposición del Sr. Pinedo, encaminada ostensiblemente á condenar un vicio, á la verdad muy añejo y á más de un partido imputable, envolvía la intención de censurar muy singularmente los nombramientos ultímamente hechos por el general Córdova de ministros togados del Tribunal Supremo. Pero el Ministro de la Guerra ha defendido la justicia de estos nombramientos, objetando á los óbices de legalidad del diputado republicano que el decreto orgánico do 1866, al derogar el de 1853, que establecía condiciones indispensables para obtener loa cargos mencionados, dejaba su provisión á la voluntad del Ministro; y con esto el incidente parlamentario no ha producido tampoco la tormenta que se esperaba.
En pos de estas nubes desvanecidas, ha venido otra que amenaza encapotar nuestro horizonte por los cuatro puntos cardinales, toda vez que nos incomunica con el resto del mundo. Aludimos á la huelga de los carteros.
Los carteros se han declarado en huelga , y la verdad es que ya les iba tocando el turno.
¿ Qué ramo de la industria no ha tenido sus días de huelga ?
Sólo uno; uno hay que no se contagia por desgracia de este virus universal, y es la política. Y es lástima, porque el día que los políticos se declaren en huelga en este país ya se puede asegurar á punto fijo que se ha salvado la patria.
Por lo demás, ni en lo que afecta á los intereses materiales del país, ni en lo que se relaciona con el mundo de la inteligencia y el arte, tiene la crónica grandes resultados, ó cuando menos, lisonjeras esperanzas que registrar.
En el primer concepto, la Exposición internacional de Viena, que tan provechosa podía ser á nuestra industria, no ha conseguido despertar en España , por razones de todos conocidas, el ínteres que deben inspirar esos grandes certámenes del trabajo.
Motivan esta falta de animación causas permanentes y causas transitorias que, por desgracia, van tomando carácter de inmutabilidad en este perturbado país. Entre las primeras descuellan, por más que nos duela confesarlo, la ingénita indolencia del carácter nacional; es decir, aquella invencible fuerza de inercia, por cuya virtud en el orden económico nos parece muy cómodo abdicar la propia actividad en manos de los gobiernos, y en el orden político carecemos de grandes masas de la opinión que nos emancipen de la bochornosa tutela en que nos tienen perpetuamente los partidos.
En este punto—y de paso sea dicho—el país se parece mucho á un mozo de carga que durante la canícula suele dormir la siesta sobre la faja de sombra que corre al pié de la verja del Congreso, y cuyos hábitos, por razón de vecindad, nos son conocidos. El indolente asturiano antes de conciliar el sueño, acostumbra á desatarse sotto voce en los más terribles improperios y á prodigar los apostrofes más virulentos contra las moscas que le devoran; pero sin tomarse jamas la molestia de levantar el brazo para espantarlas.
En cuanto á las causas transitorias , con carácter ya casi endémico, que han de ser obstáculo á que nuestro país se presente en la Exposición de Viena en las condiciones que fueran de apetecer, son de todos bien conocidas.
La dificultad de los trasportes , debida al sistema de incomunicación que con tan criminal perseverancia llevan á cabo las partidas carlistas; el estado de desaliento y de inquietud en que viven algunas comarcas agrícolas y algunos centros fabriles importantes, agitados por la guerra civil; la poca disposición do los ánimos á llevar los cálculos de un porvenir que se presenta por demás complicado y tenebroso más allá de las horas que pasan y del dia que trascurre, son razones de actualidad muy á propósito para retraer á nuestros industriales y fabricantes, hondamente preocupados con las cuestiones de orden público, de desconcierto económico, y hasta de seguridad individual.
Se hacen, sin embargo, esfuerzos muy laudables para conseguir que la ancha hospitalidad que, según el dicho de los bien informados, se nos prepara en la capital de Austria, no sea por nuestra parte desairada, y es lícito creer que si este resultado no se consigue en grado muy satisfactorio, no será por falta de celo de los encargados de fomentar el concurso.