En 1879 una empresa asentada en Gijón gana el concurso para la construcción de unos bancos para la ciudad, diseñados por el maestro de obras Cándido González; se trata de la llamada La Begoñesa, industria que habrá de jugar un gran papel a lo largo de los años siguientes en el terreno de la producción de bienes relacionados íntimamente con el diseño: los diseños de útiles de cocina, entre una producción mucho más variada. Esta empresa había sido fundada en 1855-1857 por el ingeniero holandés Julio Kessler que había llegado como técnico para la industria del vidrio; recibe el nombre de La Begoñesa por estar localizada en unos terrenos próximo al paseo de Begoña y en los primeros momentos se dedica especialmente a los productos de fundición y taller de cerrajería para especializarse posteriormente en los productos esmaltados, con especial dedicación a la chapa con baño de porcelana, por entonces poco conocida en España. El origen de esta empresa se halla en la Fábrica de Loza la Begoñesa, creada en 1850.
Con el fallecimiento de Kessler la fábrica cambia su nombre por el de su socio, Laviada y Compañía, convirtiéndose en una de las industrias más importantes de la comarca, con una plantilla de más de quinientos trabajadores. A su éxito comercial hay que sumar también el reconocimiento conseguido tanto a nivel nacional como internacional, ya que, como hemos dicho, fue premiada en las exposiciones en las que participó a finales de siglo. Se trata de una empresa de gran importancia y longevidad, ya que continúa en actividad hasta 1983.