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ȘANTIER ÎN LUCRU / OBRA EN DESAROLLO
Secțiunea 2. SECTION 2. Sección 2.
Original text. Materia primă pentru tradus și analizat
Texto original. Materia prima a traducir y analizar
Hipótesis de la brecha de conocimiento
La hipótesis de la brecha de conocimiento explica que el conocimiento, al igual que otras formas de riqueza, a menudo se distribuye de manera diferencial en un sistema social. Específicamente, la hipótesis predice que "a medida que aumenta la infusión de información de los medios de comunicación masiva en un sistema social, los segmentos de la población con un estatus socioeconómico más alto tienden a adquirir esta información a un ritmo más rápido que los segmentos de estatus más bajo, de modo que la brecha en el conocimiento entre estos segmentos tiende a aumentar en lugar de disminuir".[1] Tres investigadores de la Universidad de Minnesota: Phillip J. Tichenor, entonces profesor asociado de periodismo y comunicación de masas, George A. Donohue, profesor de sociología, y Clarice N. Olien, instructora en sociología, propusieron por primera vez la hipótesis de la brecha de conocimiento en 1970.
Índice
4 Operatividad de la hipótesis y apoyo inicial
6 Revisión narrativa y apoyo metaanalítico
7 Cierre de la hipótesis de la brecha de conocimiento con la Web 2.0
8 Críticas y orientaciones para futuras investigaciones
Fundamentos
Aunque la hipótesis se expresó formalmente por primera vez en 1970, Tichenor, Donohue y Olien señalan que la idea de la brecha de conocimiento ha estado implícita en toda la literatura sobre comunicación de masas.[1]
De hecho, una investigación publicada ya en la década de 1920 había comenzado a examinar la influencia de las características individuales en las preferencias de las personas en cuanto a los contenidos de los medios. Por ejemplo, Gray y Munroe,[2] identificaron el nivel educativo —que todavía se utiliza hoy en día en la investigación de la brecha de conocimiento como una operacionalización del estado socioeconómico (ver, por ejemplo, Hwang y Jeong, 2009)[3]—como un correlato significativo y directo de la tendencia de una persona a preferir contenido impreso "serio" en lugar de "no serio".
Sin embargo, la creencia popular sostenía que tales diferencias en las preferencias podrían disminuir con el advenimiento de la radio, que no requería ni la habilidad especial ni el ejercicio de la lectura (Lazarsfeld, 1940).[4] Guillermo Marconi, inventor del telégrafo inalámbrico, incluso creía que la llegada de la era inalámbrica "haría la guerra imposible, porque la volvería ridícula".[5][6] Interesado en saber si la radio había atenuado estas diferencias individuales en las preferencias de contenido, Paul Lazarsfeld, director de la Oficina de Investigación de Radio en la Universidad de Columbia, se propuso examinar si la cantidad total de tiempo que la gente escuchaba la radio y el tipo de contenido que elegía se correlacionaban con su nivel socioeconómico. Los datos de Lazarsfeld no solo indicaban que las personas de nivel socioeconómico más bajo tendían a escuchar más programas de radio, sino que también eran simultáneamente menos propensos a escuchar contenido de radio "serio". Entonces, contrariamente a la creencia popular en ese momento, la adopción generalizada de la radio parece haber tenido poco o ningún efecto en la tendencia de una persona a preferir tipos específicos de contenido.
Más evidencia que apoya la hipótesis de la brecha de conocimiento provino del análisis desarrollado por Star y Hughes (1950), sobre los intentos para informar a los adultos de Cincinnati acerca de las Naciones Unidas.[7] Al igual que Gray y Munroe (1929),[2] y Lazarsfeld (1940),[4] Star y Hughes descubrieron que, si bien la campaña tuvo éxito en llegar a personas más instruidas, aquellas con menos educación prácticamente la ignoraron. Además, después de observar que las personas altamente educadas a las que llegó la campaña también tendían a estar más interesadas en el tema, Star y Hughes sugirieron que el conocimiento, la educación y el interés pueden ser aspectos interrelacionados. (4069 bytes)
Secțiunea 3. SECTION 3. Sección 3.
Grafic realizat de Ayord din care se vede câte articole lipsesc din limba unei țări provenite din "Lumea a doua" (Lumea sovietică) în comparație cu limbi provenite din "Lumea întâi" (Lumea liberă). Cantitatea nu este totul, dar este un prim indiciu. Spre un exemplu, limba rusă are o cantitate de articole un pic mai mare decât limba spaniolă, dar eu găsesc că limba rusă... de la 1917 în sus, a devenit "limbaj comunst" (limbaj artificial creat si indus), și nu a continuat a fi "limbaj natural". Limba română a devenit "limbaj comunist"... "abia" de la 1948 în sus.
Gráfico realizado por Ayord que muestra cuántos artículos faltan en el idioma de un país del "Segundo Mundo" (Mundo Soviético) en comparación con los idiomas del "Primer Mundo" (Mundo Libre). La cantidad no lo es todo, pero es un primer indicio. Por ejemplo, el ruso tiene una cantidad de artículos ligeramente mayor que el español, pero yo considero que el ruso... a partir de 1917, se convirtió en "lenguaje comúnista" (artificial creado), y no se ha quedado como "lenguaje natural". La lengua rumana se convirtió en "lenguaje comunista"... "apenas" a partir de 1948.
09.04.2025
(1) Wikipedia en español > 2.024.009 artículos;
(2) Wikipedia în română > 512.036 de articole;
(3) English Wikipedia > 6.978.384 articles;
(4) Русская Википедия > 2.038.517 статей.
Secțiunea 4. SECTION 4. Sección 4.
Înlocuirea fondului de text de culoare neagră, cu fond de text de culoare roșie / Reemplazo del fondo de texto negro con fondo de texto rojo.
Hipótesis de la brecha de conocimiento
La hipótesis de la brecha de conocimiento explica que el conocimiento, al igual que otras formas de riqueza, a menudo se distribuye de manera diferencial en un sistema social. Específicamente, la hipótesis predice que "a medida que aumenta la infusión de información de los medios de comunicación masiva en un sistema social, los segmentos de la población con un estatus socioeconómico más alto tienden a adquirir esta información a un ritmo más rápido que los segmentos de estatus más bajo, de modo que la brecha en el conocimiento entre estos segmentos tiende a aumentar en lugar de disminuir".[1] Tres investigadores de la Universidad de Minnesota: Phillip J. Tichenor, entonces profesor asociado de periodismo y comunicación de masas, George A. Donohue, profesor de sociología, y Clarice N. Olien, instructora en sociología, propusieron por primera vez la hipótesis de la brecha de conocimiento en 1970.
Índice
4 Operatividad de la hipótesis y apoyo inicial
6 Revisión narrativa y apoyo metaanalítico
7 Cierre de la hipótesis de la brecha de conocimiento con la Web 2.0
8 Críticas y orientaciones para futuras investigaciones
Fundamentos
Aunque la hipótesis se expresó formalmente por primera vez en 1970, Tichenor, Donohue y Olien señalan que la idea de la brecha de conocimiento ha estado implícita en toda la literatura sobre comunicación de masas.[1]
De hecho, una investigación publicada ya en la década de 1920 había comenzado a examinar la influencia de las características individuales en las preferencias de las personas en cuanto a los contenidos de los medios. Por ejemplo, Gray y Munroe,[2] identificaron el nivel educativo —que todavía se utiliza hoy en día en la investigación de la brecha de conocimiento como una operacionalización del estado socioeconómico (ver, por ejemplo, Hwang y Jeong, 2009)[3]—como un correlato significativo y directo de la tendencia de una persona a preferir contenido impreso "serio" en lugar de "no serio".
Sin embargo, la creencia popular sostenía que tales diferencias en las preferencias podrían disminuir con el advenimiento de la radio, que no requería ni la habilidad especial ni el ejercicio de la lectura (Lazarsfeld, 1940).[4] Guillermo Marconi, inventor del telégrafo inalámbrico, incluso creía que la llegada de la era inalámbrica "haría la guerra imposible, porque la volvería ridícula".[5][6] Interesado en saber si la radio había atenuado estas diferencias individuales en las preferencias de contenido, Paul Lazarsfeld, director de la Oficina de Investigación de Radio en la Universidad de Columbia, se propuso examinar si la cantidad total de tiempo que la gente escuchaba la radio y el tipo de contenido que elegía se correlacionaban con su nivel socioeconómico. Los datos de Lazarsfeld no solo indicaban que las personas de nivel socioeconómico más bajo tendían a escuchar más programas de radio, sino que también eran simultáneamente menos propensos a escuchar contenido de radio "serio". Entonces, contrariamente a la creencia popular en ese momento, la adopción generalizada de la radio parece haber tenido poco o ningún efecto en la tendencia de una persona a preferir tipos específicos de contenido.
Más evidencia que apoya la hipótesis de la brecha de conocimiento provino del análisis desarrollado por Star y Hughes (1950), sobre los intentos para informar a los adultos de Cincinnati acerca de las Naciones Unidas.[7] Al igual que Gray y Munroe (1929),[2] y Lazarsfeld (1940),[4] Star y Hughes descubrieron que, si bien la campaña tuvo éxito en llegar a personas más instruidas, aquellas con menos educación prácticamente la ignoraron. Además, después de observar que las personas altamente educadas a las que llegó la campaña también tendían a estar más interesadas en el tema, Star y Hughes sugirieron que el conocimiento, la educación y el interés pueden ser aspectos interrelacionados.
Hipótesis de la brecha de conocimiento
La hipótesis de la brecha de conocimiento explica que el conocimiento, al igual que otras formas de riqueza, a menudo se distribuye de manera diferencial en un sistema social. Específicamente, la hipótesis predice que "a medida que aumenta la infusión de información de los medios de comunicación masiva en un sistema social, los segmentos de la población con un estatus socioeconómico más alto tienden a adquirir esta información a un ritmo más rápido que los segmentos de estatus más bajo, de modo que la brecha en el conocimiento entre estos segmentos tiende a aumentar en lugar de disminuir".[1] Tres investigadores de la Universidad de Minnesota: Phillip J. Tichenor, entonces profesor asociado de periodismo y comunicación de masas, George A. Donohue, profesor de sociología, y Clarice N. Olien, instructora en sociología, propusieron por primera vez la hipótesis de la brecha de conocimiento en 1970.
Índice
4 Operatividad de la hipótesis y apoyo inicial
6 Revisión narrativa y apoyo metaanalítico
7 Cierre de la hipótesis de la brecha de conocimiento con la Web 2.0
8 Críticas y orientaciones para futuras investigaciones
Fundamentos
Aunque la hipótesis se expresó formalmente por primera vez en 1970, Tichenor, Donohue y Olien señalan que la idea de la brecha de conocimiento ha estado implícita en toda la literatura sobre comunicación de masas.[1]
De hecho, una investigación publicada ya en la década de 1920 había comenzado a examinar la influencia de las características individuales en las preferencias de las personas en cuanto a los contenidos de los medios. Por ejemplo, Gray y Munroe,[2] identificaron el nivel educativo —que todavía se utiliza hoy en día en la investigación de la brecha de conocimiento como una operacionalización del estado socioeconómico (ver, por ejemplo, Hwang y Jeong, 2009)[3]—como un correlato significativo y directo de la tendencia de una persona a preferir contenido impreso "serio" en lugar de "no serio".
Sin embargo, la creencia popular sostenía que tales diferencias en las preferencias podrían disminuir con el advenimiento de la radio, que no requería ni la habilidad especial ni el ejercicio de la lectura (Lazarsfeld, 1940).[4] Guillermo Marconi, inventor del telégrafo inalámbrico, incluso creía que la llegada de la era inalámbrica "haría la guerra imposible, porque la volvería ridícula".[5][6] Interesado en saber si la radio había atenuado estas diferencias individuales en las preferencias de contenido, Paul Lazarsfeld, director de la Oficina de Investigación de Radio en la Universidad de Columbia, se propuso examinar si la cantidad total de tiempo que la gente escuchaba la radio y el tipo de contenido que elegía se correlacionaban con su nivel socioeconómico. Los datos de Lazarsfeld no solo indicaban que las personas de nivel socioeconómico más bajo tendían a escuchar más programas de radio, sino que también eran simultáneamente menos propensos a escuchar contenido de radio "serio". Entonces, contrariamente a la creencia popular en ese momento, la adopción generalizada de la radio parece haber tenido poco o ningún efecto en la tendencia de una persona a preferir tipos específicos de contenido.
Más evidencia que apoya la hipótesis de la brecha de conocimiento provino del análisis desarrollado por Star y Hughes (1950), sobre los intentos para informar a los adultos de Cincinnati acerca de las Naciones Unidas.[7] Al igual que Gray y Munroe (1929),[2] y Lazarsfeld (1940),[4] Star y Hughes descubrieron que, si bien la campaña tuvo éxito en llegar a personas más instruidas, aquellas con menos educación prácticamente la ignoraron. Además, después de observar que las personas altamente educadas a las que llegó la campaña también tendían a estar más interesadas en el tema, Star y Hughes sugirieron que el conocimiento, la educación y el interés pueden ser aspectos interrelacionados.
Secțiunea 5. SECTION 5. Sección 5.
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Hipótesis de la brecha de conocimiento
La hipótesis de la brecha de conocimiento explica que el conocimiento, al igual que otras formas de riqueza, a menudo se distribuye de manera diferencial en un sistema social. Específicamente, la hipótesis predice que "a medida que aumenta la infusión de información de los medios de comunicación masiva en un sistema social, los segmentos de la población con un estatus socioeconómico más alto tienden a adquirir esta información a un ritmo más rápido que los segmentos de estatus más bajo, de modo que la brecha en el conocimiento entre estos segmentos tiende a aumentar en lugar de disminuir".[1] Tres investigadores de la Universidad de Minnesota: Phillip J. Tichenor, entonces profesor asociado de periodismo y comunicación de masas, George A. Donohue, profesor de sociología, y Clarice N. Olien, instructora en sociología, propusieron por primera vez la hipótesis de la brecha de conocimiento en 1970.
Ipoteza decalajului de cunoștințe
Ipoteza decalajului de cunoștințe explică faptul că cunoștințele, ca și alte forme de bogăție, sunt adesea distribuite diferențiat în cadrul unui sistem social. Mai exact, ipoteza prezice că „pe măsură ce infuzia de informații din mass-media într-un sistem social crește, segmentele populației cu un statut socioeconomic mai înalt tind să obțină această informație într-un ritm mai rapid decât segmentele cu statut inferior, astfel încât decalajul de cunoștințe dintre aceste segmente tinde să crească mai degrabă decât să scadă.” [1] Trei cercetători de la Universitatea din Minnesota: Phillip J. Tichenor, apoi profesor asociat de comunicare în masă, George J. sociologie, iar Clarice N. Olien, instructor în sociologie, a propus pentru prima dată ipoteza decalajului de cunoștințe în 1970.
Ipoteza decalajului de cunoaștere
Ipoteza decalajului de cunoaștere explică faptul că cunoașterea, ca și alte forme de bogăție, se distribuie adesea în mod diferențiat în cadrul unui sistem social. Mai exact, ipoteza prevede că „pe măsură ce într-un sistem social crește infuzia de informații din mass-media , segmentele populației cu un statut socioeconomic mai înalt tind să acapareze această informație într-un ritm mai rapid decât segmentele cu statut inferior, astfel încât decalajul de cunoaștere dintre aceste segmente tinde mai degrabă să crească decât să scadă.”.[1] Trei cercetători de la Universitatea din Minnesota: Phillip J. Tichenor, pe-atunci profesor asociat de ziaristică și comunicare în masă, George A. Donohue, profesor de sociologie, și Clarice N. Olien, instructor în sociologie, au propus pentru prima dată ipoteza decalajului de cunoaștere în 1970.
Index
1 Fundamente
2 Specificații
3 Rezumat oficial
4 Operaționalitatea ipotezei și susținerea inițială
5 Ajustări de ipoteze
6 Revizuire narativă și suport meta-analitic
7 Închiderea ipotezei decalajului de cunoștințe cu Web 2.0
8 Critici și direcții pentru cercetări viitoare
9 Ipoteze contrastante
10 Vezi de asemenea
11 Referințe
12 Legături externe
Index
1 Fundamente
2 Specificații
3 Rezumat oficial
4 Operaționalitatea ipotezei și susținerea inițială
5 Ajustări aleacestor ipoteze
6 Revizuire narativă și suportula meta-analitic
7 Închiderea ipotezei decalajului de cunoștere cu Web 2.0
8 Critici și direcții pentru viitoare cercetări
9 Ipoteze contrastante
10 Vezi de asemenea
11 Referințe
12 Legături externe
Fundamentos
Aunque la hipótesis se expresó formalmente por primera vez en 1970, Tichenor, Donohue y Olien señalan que la idea de la brecha de conocimiento ha estado implícita en toda la literatura sobre comunicación de masas.[1]
De hecho, una investigación publicada ya en la década de 1920 había comenzado a examinar la influencia de las características individuales en las preferencias de las personas en cuanto a los contenidos de los medios. Por ejemplo, Gray y Munroe,[2] identificaron el nivel educativo —que todavía se utiliza hoy en día en la investigación de la brecha de conocimiento como una operacionalización del estado socioeconómico (ver, por ejemplo, Hwang y Jeong, 2009)[3]—como un correlato significativo y directo de la tendencia de una persona a preferir contenido impreso "serio" en lugar de "no serio".
Sin embargo, la creencia popular sostenía que tales diferencias en las preferencias podrían disminuir con el advenimiento de la radio, que no requería ni la habilidad especial ni el ejercicio de la lectura (Lazarsfeld, 1940).[4] Guillermo Marconi, inventor del telégrafo inalámbrico, incluso creía que la llegada de la era inalámbrica "haría la guerra imposible, porque la volvería ridícula".[5][6] Interesado en saber si la radio había atenuado estas diferencias individuales en las preferencias de contenido, Paul Lazarsfeld, director de la Oficina de Investigación de Radio en la Universidad de Columbia, se propuso examinar si la cantidad total de tiempo que la gente escuchaba la radio y el tipo de contenido que elegía se correlacionaban con su nivel socioeconómico. Los datos de Lazarsfeld no solo indicaban que las personas de nivel socioeconómico más bajo tendían a escuchar más programas de radio, sino que también eran simultáneamente menos propensos a escuchar contenido de radio "serio". Entonces, contrariamente a la creencia popular en ese momento, la adopción generalizada de la radio parece haber tenido poco o ningún efecto en la tendencia de una persona a preferir tipos específicos de contenido.
Más evidencia que apoya la hipótesis de la brecha de conocimiento provino del análisis desarrollado por Star y Hughes (1950), sobre los intentos para informar a los adultos de Cincinnati acerca de las Naciones Unidas.[7] Al igual que Gray y Munroe (1929),[2] y Lazarsfeld (1940),[4] Star y Hughes descubrieron que, si bien la campaña tuvo éxito en llegar a personas más instruidas, aquellas con menos educación prácticamente la ignoraron. Además, después de observar que las personas altamente educadas a las que llegó la campaña también tendían a estar más interesadas en el tema, Star y Hughes sugirieron que el conocimiento, la educación y el interés pueden ser aspectos interrelacionados.
Fundamentele
Deși ipoteza a fost exprimată formal pentru prima dată în 1970, Tichenor, Donohue și Olien subliniază că ideea decalajului de cunoștințe a fost implicită în întreaga literatură de comunicare de masă.[1]
De fapt, cercetările publicate încă din anii 1920 au început să examineze influența caracteristicilor individuale asupra preferințelor oamenilor pentru conținutul media. De exemplu, Gray și Munroe[2] au identificat nivelul educațional - folosit și astăzi în cercetarea deficitului de cunoștințe ca o operaționalizare a statutului socioeconomic (a se vedea, de exemplu, Hwang și Jeong, 2009)[3] - ca o corelație semnificativă și directă a tendinței unei persoane de a prefera conținutul tipărit „serios” față de „ne-serios”.
Cu toate acestea, credința populară susținea că astfel de diferențe de preferințe ar putea fi diminuate de apariția radioului, care nu necesita nici abilități speciale, nici practica lecturii (Lazarsfeld, 1940).[4] Guglielmo Marconi, inventatorul telegrafului fără fir, credea chiar că venirea erei fără fir „ar face războiul imposibil, pentru că l-ar face ridicol.”[5][6] Interesat de faptul că radioul a atenuat aceste diferențe individuale în preferințele de conținut, Paul Lazarsfeld, directorul Biroului de Cercetare Radio de la Universitatea Columbia, și-a propus să examineze dacă timpul total de timp în care au ales oamenii de radio și a corelat tipul de conținut pe care l-au ascultat și pe care l-au ascultat. Datele lui Lazarsfeld nu numai că au indicat că oamenii cu statut socio-economic mai scăzut au avut tendința de a asculta mai mult radio, dar au fost, de asemenea, mai puțin probabil să asculte conținut radio „serios”. Așadar, spre deosebire de credința populară la acea vreme, adoptarea pe scară largă a radioului pare să fi avut puțin sau deloc efect asupra tendinței unei persoane de a prefera anumite tipuri de conținut.
Alte dovezi care susțin ipoteza decalajului de cunoștințe au venit dintr-o analiză a lui Star și Hughes (1950) a încercărilor de a informa adulții din Cincinnati despre Națiunile Unite.[7] Ca și Gray și Munroe (1929),[2] și Lazarsfeld (1940),[4] Star și Hughes au descoperit că, deși campania a avut succes în a ajunge la oameni mai educați, a fost practic ignorată de cei cu mai puțină educație. În plus, după ce au observat că persoanele cu o educație înaltă atinse de campanie tind să fie și mai interesate de subiect, Star și Hughes au sugerat că cunoștințele, educația și interesul pot fi interconectate.
Fundamentele
Deși ipoteza a fost exprimată formal pentru prima dată în 1970, Tichenor, Donohue și Olien subliniază că ideea decalajului de cunoștințe a fost implicită în întreaga literatură de comunicare de masă.[1]
De fapt, cercetările publicate încă din anii 1920 au început să examineze influența caracteristicilor individuale asupra preferințelor oamenilor pentru conținutul media. De exemplu, Gray și Munroe[2] au identificat nivelul educațional - folosit și astăzi în cercetarea deficitului de cunoștințe ca o operaționalizare a statutului socioeconomic (a se vedea, de exemplu, Hwang și Jeong, 2009)[3] - ca o corelație semnificativă și directă a tendinței unei persoane de a prefera conținutul tipărit „serios” față de „ne-serios”.
Cu toate acestea, credința populară susținea că astfel de diferențe de preferințe ar putea fi diminuate de apariția radioului, care nu necesita nici abilități speciale, nici practica lecturii (Lazarsfeld, 1940).[4] Guglielmo Marconi, inventatorul telegrafului fără fir, credea chiar că venirea erei fără fir „ar face războiul imposibil, pentru că l-ar face ridicol.”[5][6] Interesat de faptul că radioul a atenuat aceste diferențe individuale în preferințele de conținut, Paul Lazarsfeld, directorul Biroului de Cercetare Radio de la Universitatea Columbia, și-a propus să examineze dacă timpul total de timp în care au ales oamenii de radio și a corelat tipul de conținut pe care l-au ascultat și pe care l-au ascultat. Datele lui Lazarsfeld nu numai că au indicat că oamenii cu statut socio-economic mai scăzut au avut tendința de a asculta mai mult radio, dar au fost, de asemenea, mai puțin probabil să asculte conținut radio „serios”. Așadar, spre deosebire de credința populară la acea vreme, adoptarea pe scară largă a radioului pare să fi avut puțin sau deloc efect asupra tendinței unei persoane de a prefera anumite tipuri de conținut.
Alte dovezi care susțin ipoteza decalajului de cunoștințe au venit dintr-o analiză a lui Star și Hughes (1950) a încercărilor de a informa adulții din Cincinnati despre Națiunile Unite.[7] Ca și Gray și Munroe (1929),[2] și Lazarsfeld (1940),[4] Star și Hughes au descoperit că, deși campania a avut succes în a ajunge la oameni mai educați, a fost practic ignorată de cei cu mai puțină educație. În plus, după ce au observat că persoanele cu o educație înaltă atinse de campanie tind să fie și mai interesate de subiect, Star și Hughes au sugerat că cunoștințele, educația și interesul pot fi interconectate.