Bajo la sombra de la Luna
El eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026
El eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026
12 de agosto de 2026
Yacimiento arquelógico de Lancia y Cuevas Menudas, León
Me encuentro en Asturias, un lugar en teoría privilegiado para observar el eclipse. La línea central entra en la península por Luarca, con una duración de totalidad de 1m 50s y casi 11º de altura sobre el horizonte. Con esto en mente, ya durante mis vacaciones de semana santa estuve visitando varios lugares por la costa, en principio mi lugar preferido para observar el eclipse sobre el Mar Cantábrico. Durante la semana anterior al eclipse visité varios más, tanto en la costa (Gijón), como en el interior. El alto de la Cobertoria, próximo a mi lugar habitual de observación, como pude comprobar con las apps de simulación del relieve, sería apto, y además la línea central pasa casi exactamente por allí.
Pero… estamos en Asturias, y la posibilidad de cielos nubosos es altísima incluso en verano. Es muy común que, en días soleados, al final del día entre nubosidad desde el mar. De hecho, en la línea de la totalidad, solo Islandia tiene una estadística de nubosidad para agosto peor que Asturias. Y según se iba aproximando el eclipse y los modelos meteorológicos empezaban a dar predicciones coherentes, los peores augurios se iban haciendo realidad. Nubosidad en la costa para la hora de eclipse, y situación incierta con aumento de nubosidad para las localizaciones de interior. Había que buscar una alternativa al sur de la cordillera, donde la previsión era de cielos totalmente despejados. Como siempre, vamos.
Cobertura nubosa promedio para la línea central de eclipse.
Después de sopesar varios candidatos e inspeccionarlos con StreetView y otras herramientas, di con un lugar que a priori reunía las condiciones. El yacimiento Astur-Romano de Lancia, cerca de Mansilla de las Mulas, a escasos 20 km al sur de León y situado en luna loma de poca altura sobre la llanura. Una hora y media de camino desde Oviedo, perfecto para ir y volver en el día. Solo perderíamos unos 5 segundos de totalidad y 1º de altura sobre el horizonte… perfecto.
Los números del eclipse para Lancia, obtenidos de http://xjubier.free.fr
Los días precedentes al eclipse también estuve sopesando que equipo llevar y como organizarme. El objetivo prioritario es por supuesto la observación visual, pero no quise perder la oportunidad de tomar imágenes con la réflex. Así, el elegido fue el pequeño y veterano Vixen 80SS, que ya tiene a sus espaldas el eclipse anular de 2005. Dudaba sobre no complicarme la vida y usarlo sobre la Vixen Porta, o bien llevar la HEQ-5 y tener seguimiento y mayor comodidad observacional. Como esperaba poder montar el telescopio al lado del coche, decidí optar por esto último. Así que metí el telescopio junto con tres oculares (Panoptic 22 y Nagler de 13 y 9mm), la diagonal y los filtros solares en la mochila. El equipo fotográfico sería la Canon EOS 200D sobre trípode, con el objetivo Sigma 70-300mm, con un intervalómetro inalámbrico para minimizar la atención a la cámara durante el eclipse.
¡Y llegó el día! Confirmando las previsiones, el miércoles 12 amanece totalmente nublado, después de dos días de un sol radiante y sin una sola nube en el cielo, los únicos desde hace al menos tres semanas. Por la mañana empaquetamos todo en el coche, y mi padre y yo nos ponemos en camino hacia las 11 de la mañana. Salimos con cielo totalmente encapotado, pero se despejó casi por completo a la altura de Mieres. Cruzamos la cordillera por el puerto de Pajares para parar a comer en Villamanín. Tras retomar el camino, ya en la carretera hacia León, cada pocos kilómetros, se veían grupos de coches y autocaravanas aparcados en explanadas a los lados, señal de que “algo” iba a ocurrir ese día. Y hacia las cuatro de la tarde, más de tres horas antes del inicio del eclipse, llegamos al punto de observación.
Yo ya esperaba que el lugar, siendo un doble yacimiento arqueológico visitable (Lancia y Cuevas Menudas), estaría bastante concurrido, y por ello le insistía a mi padre que evitamos llegar lo antes posible. Pero no estaba preparado para lo que nos encontramos. Ya más de tres horas antes del eclipse había varias decenas de coches, muchos con matrículas extranjeras, y el pequeño aparcamiento del yacimiento estaba desbordado. Por suerte aparcamos en el último hueco que quedaba, justo al lado del camino que va hacia las cuevas pasando por una loma. Y menos mal, porque en las siguientes horas no pararon de llegar más coches y gente.
Aspecto de la zona de aparcamiento poco ante de comenzar el eclipse. La locura. Habría fácilmente más de 100 coches.
Rápidamente encontramos un lugar apropiado para instalarnos a no más de 50 metros del coche. Menos mal, porque mover la montura a los 35ºC que había mucha más distancia hubiera sido “divertido”. En cuestión de poco tiempo quedó montado todo el instrumental. Si embargo quedaban aún más de tres horas para el inicio de eclipse, que había que soportar con mucha agua y unos paraguas improvisados a modo de sombrillas. Como me comento mi padre, íbamos muy bien preparados en el aspecto astronómico, pero no tanto en el logístico...
El equipo, listo para la acción.
Mientras tanto iba llegando cada vez más gente, y aunque esta masificación pudiera parecer un inconveniente, a la larga se hizo muy agradecido charlar a la gente que se iba parando al ver el telescopio. Los que primero habían llegado eran mayoritariamente extranjeros, la mayoría con cámaras, pero eran solo unos pocos con telescopios. En cierto momento dejé a mi padre a cargo del equipo y fui a dar una vuelta por la loma. Había un grupo de gente con un Newton, creo que, de 15 cm, y otra persona con un refractor pequeño con una AZ-EQ6 (creo). Pero lo que más me sorprendió fue ver como a escasos metros de mí, dos chicos canadienses montaron un AstroPhysics 130GT con un trípode grande de video. Según supe luego, venían de Toronto y habían facturado el telescopio en el avión. Madre mía, yo ni me hubiera atrevido a eso ni con mi Vixen. Otro par de chicos rusos se instalaron con unos prismáticos pequeños con filtro solar integrado.
Este aspecto tenía la loma a poco de comenzar el eclipse. En el centro, los canadienses con su AP 130GT.
Entre todo el trasiego hicimos migas con Helder, un portugués que venía con tres hijas pequeñas y un refractor de 60mm un poco endeble. Flo, un chaval de Nantes que, según nos dijo, estaba de vacaciones en Gijon para el eclipse, y a ante la previsión de nubes decidió huir hacia el sur. Paso por allí también una pareja canadiense de Montréal (qué casualidad, he estado allí hace un mes) que estaban de vacaciones en Oporto. Según me comentaron, no tenían ni idea del eclipse, pero habían visto el que pasó por su ciudad en 2024 y al enterarse no quisieron perder la oportunidad de repetir la experiencia. Otro alemán se acercó a mi para pedirme algún consejo sobre cómo poner en estación una pequeña montura ecuatorial, y un austriaco que ya ni me acuerdo de que hable con él. Durante la última hora antes del eclipse fueron llegando los locales, casi todos más en plan dominguero con sillas, sobrillas y gafas de eclipse. De lo más variopinto, vamos. Pero fue muy agradable compartir expectativas con la gente que estaba por allí y se paraba a hablar.
Al poco de llegar y para ir matando el tiempo, un primer vistazo al sol con el telescopio. Se había quedado limpio de manchas durante el fin de semana y temía encontrar un disco blanco sin detalles, pero rápidamente se veían tres grupitos de machas, y algunos poros pequeños. No está mal. Termino utilizando el Nagler 9 (44x), que es el ocular que se quedó en la diagonal para el resto de la tarde.
Pero la hora del inicio del eclipse, y con ella el nerviosismo, se iban acercando inexorablemente. Una media hora antes del inicio dejé todo el equipo funcional: la montura puesta en estación (por supuesto a ojímetro; el goto al Sol me lo dejó a unos 10º… ejem), y la cámara con el intervalómetro instalado y funcionando.
Intercambio un par de mensajes con Alberto, un colega italiano que está en Islandia. Allí el eclipse toca parte de la costa oeste del país. Nada, totalmente nublado. Una colega de la UCM me comenta que eta entre Burgos y Palencia, pasando calor, pero lista para el eclipse, y sorprendida como yo por la gran cantidad de gente concentrada. Pero las noticias que llegan desde Asturias son análogas a las islandesas: completamente nublado en Oviedo, Gijon, las cuencas y toda la costa. Según supimos después, solo se salvó el suroccidente (Allande), y algunos lugares altos (desde el Cuitu Negru en Pajares parce que se vio muy bien).
Puntual a su cita, a las 19:32 la Luna aparece en escena. A la hora justa no veo nada, pero un minuto después el Sol ya tiene un mordisquito apreciable en el lado derecho. ¡Ya está ahí! Comienza el espectáculo. Entre vistazos al telescopio y a simple vista con las gafas, voy haciendo series de tomas con la cámara a 300 mm.
El primer mordisco. Canon EOS 200D con objetivo Sigma a 300mm. 19 x 1/800 s a f/8.
Mientras tanto la luna va cubriendo poco a poco el Sol, ocultado una a una las manchas visibles. Cada vez se ve menos superficie solar, y parlamente la temperatura antes casi asfixiante, va bajando hasta quedar un ambiente muy agradable, pero nunca frío. La luz fue bajando poco a poco, hasta que a 10 minutos de la totalidad quedaba un ambiente pálido, extraño. Pero no note cambios en el viento ni nada parecido, siempre una brisa suave.
¡La sombra se acerca! A 5 minutos de la totalidad hago una última serie de tomas a 300mm y paso a 70mm, para intentar sacar una serie incluyendo el horizonte. No tendré que volver a tocar la cámara hasta después de la totalidad. A ver que sale….
Al telescopio, el Sol es ya un fino creciente, que va menguando rápidamente. Empieza a oírse un murmullo general, alguien avisa. ¡1 minuto! Al telescopio veo como los últimos resquicios de luz solar van desapareciendo hasta quedar unos pocos puntos separados… ¡las perlas de Bailly!
¡Faltan 5 minutos!
Quito la vista del telescopio… madre mía, que imagen! El disco solar oscuro, la corona asimétrica con varias corrientes a los lados. Y tengo que frotarme los ojos cuando me doy cuenta de que estoy viendo una gran protuberancia de color rosado en el lado derecho del Sol… ¡a simple vista! Alucinante. No hay palabras.
Aquí cometí un error, que me servirá de aprendizaje para el eclipse de 2027. Que quitar el filtro del telescopio para observar la totalidad, pero en el proceso moví el telescopio. ¡Noooo! Me olvide de él y me centre en la observación a simple vista. Y tenia los prismáticos 9x63 que podía haber usado… que rabia. Fueron solo unos segundos, pero creo que fue casi mejor centrarse en la experiencia sin telescopio. Hay que planificar mejor esto para el próximo eclipse.
El ambiente, la iluminación era como de ciencia ficción, el cielo azul oscuro (lo esperaba más oscuro), con la corona destacándose sobre él. Erea como un anochecer, pero a la vez no tenía nada que ver. No sé cómo explicarlo, pero era alucinante. Embobado como estaba, ni me acorde de buscar a Venus, Júpiter y Mercurio, que deberían estar ahí.
Composición HDR de la totalidad con la Canon EOS 200D, Sigma a 70mm, f/15 e ISO100. Exposiciones de 0.2, 0.33, 0.5, 0,9, 1,7, 3,3 y 6,7 segundos.
Fin de la totalidad: el anillo de diamantes.
Detalle de la corona (imagen HDR con exposiciones de 0,2, 0,33. 0,5, 0.9 y 1,7 segundos.
Se me pasaron volando los 1m 44s de totalidad. Ni me di cuenta, cuando de repente aparece de nuevo la luz solar, primero con un destello que se va intensificando poco a poco. El cielo vuelve a su color habitual. ¡El anillo de diamantes! Se ha acabado el espectáculo.
Curiosamente no recuerdo que hubiera grandes sobresaltos o exclamaciones entre la gente que me rodeaba, nadie aplaudió ni hubo ovaciones. Aunque puede ser que estuviera tan absorto que ni me diera cuenta….
Tras el tercer contacto, con el Sol ya cada vez más bajo, mi intención era ver lo que quedaba de eclipse hasta la puesta. Segui tomando imágenes, ya de forma más relajada, y observando de cuando en cuando con el telescopio, con la imagen ya cada vez más deteriorada por la baja altura. Íbamos hablando con la gente de nuestro alrededor, para todos había sido algo totalmente inesperado. Reapareció Flo el francés, que se había quedado obnubilado como todos. También Heber se acercó para agradecer la ayuda con su telescopio, y pudo ver las imágenes que tomé con la cámara. Nos intercambiamos los correos para poder mandarle las imágenes. Todos aseguraban que después de lo que han vivido, estarán en Cádiz en año que viene. Aquello va a parecer el camarote de los hermanos Marx.
Entre tanto un grupo de locales que estaba junto a nosotros nos invitaron a un culin de sidra (evidentemente algún asturiano había ahí) y algo de comer, lo cual nos sentó de maravilla. Eclipse total con sidra asturiana, no sé qué más se puede pedir…
Hacia las 21:20 el eclipse terminaba con el Sol rozando el horizonte, con un último mordisco de luna sobre su disco. Y poco después se hundía bajo el horizonte… como si nada hubiera pasado, como cualquier otro anochecer.
El último mordisco
Tocaba recoger el equipo y ponerse en marcha de nuevo, con una hora y media de carretera por delante. Curiosamente la salida del maremágnum de coches fue rápida, aunque luego el tráfico por la A66 de vuelta a Asturias era intenso, con media hora de atasco entre varios puntos, lo cual no es nada habitual. Muchas matriculas francesas, alemanas, portuguesas… probablemente de turistas que pensaban ver el eclipse en Asturias y como nosotros, han debido escapar al sur.
En resumen… una experiencia absolutamente inolvidable. Somo muy afortunados de tener la oportunidad de repetir en menos de un año, en mejores condiciones aún. Yo por fortuna tengo sitio casi asegurado en Málaga con 2 minutos de totalidad, pero después de lo vivido ya no me parecen suficientes… habrá que sopesar cual es la mejor opción. Y también aprender de los errores cometidos.
Nos vemos bajo la sombra.