-Lo siento-
El suelo de la nave se había vuelto transparente y le permitía apreciar la curvatura de la tierra bajo sus pies. La atmósfera. Los océanos. Le sobresaltó aquella voz. Se volvió despacio. Era tal y como la recordaba: pelirroja, menuda, de ojos verdes. Pero, sobre todo, transmitía sabiduría y paz.
-Entonces .... ¡Es verdad! Casi me convencieron de lo contrario ...-
-Mi verdadero nombre es Vidya, que en sánscrito quiere decir "ausencia de ignorancia". Pero cuando te encontré no hice honor a él-
-Vidya ... es precioso, casi tanto como tu. Pero ... siempre imaginé que seríais diferentes-
-Adoptamos cuerpos distintos en función de los mundos que visitamos, porque es a la vez más eficiente y nos permite pasar inadvertidos con facilidad. Buscamos a seres de mente abierta y corazón libre de maldad como tu. Por eso cuando te encontré, sentí esa emoción que vosotros lamáis alegría de forma tan intensa, que olvidé algunas elementales precauciones. No debí leer tu mente. Ni decirte quién era. ¿Lo recuerdas?-
-Cómo olvidarlo ... Aunque hayan pasado muchos años ¿Por qué tanto tiempo? Mírame. Entonces era casi un chiquillo, apenas me afeitaba y ahora el poco pelo que me queda es blanco. Tu, en cambio, estás igual-
-Porque era necesario. Esperar. Observarte. Ver tu evolución. Que no te atrapara la nada. Te seguí de cerca mientras acudías a aquel centro de conocimiento que vosotros llamáis "instituto". Y te vigilamos de otras formas más sutiles. Se que otros humanos dudaron de tu cordura. Pero nunca dejaste de creer y de buscar. De mirar al cielo en la noche, a las estrellas, a esas luces imposibles que a veces surcan el cielo-
-Y ahora el tiempo parece no tener sentido y el recuerdo de la primera vez que nos vimos es tan nítido...-
Jean-Michel Jarre sonaba en los auriculares del walkman a buen volumen. Bastaba para, en parte, ocultar los alaridos de sus compañeros en el patio del instituto, y, sobre todo, para acallar sus pensamientos. Sentado en el suelo, en un rincón, con la espalda apoyada en la pared. Ajeno a los corrillos de adolescentes que charlaban animádamente o a los que jugaban al fútbol. Por lo demás, la temperatura era agradable y la música era capaz de aplacarlo casi todo. Para rozar la imperfecta perfección, solo le faltaría un portaminas de mina gruesa y un cuaderno para escribir. Podía subir a clase a buscarlo, pero la pereza le pudo más. Cerró los ojos y se dejó adormecer bajo el sol de Abril, mientras los sintetizadores le transportaban a galaxias lejanas y más amables. Hasta que, aun con los ojos cerrados, notó que alguien estaba delante suyo, tapándole el sol. Reprimiendo una mueca de fastidio abrió los ojos y se topó con ella.
-Creo que esto te hacía falta-
Parpadeó dos, tres veces. La hostia. Aquella pelirroja impresionante que no había visto en su puta vida le tendía un cuaderno azul y un portaminas de mina gruesa. Juraría que no estaba soñando. Si era un sueño, era el mejor que había tenido en muchos meses.
Acertó a decir "gracias" mientras tomaba el cuaderno y el portaminas. Cuando quiso darse cuenta, la pelirroja se había dado la vuelta y se alejaba. Todavía estaba procesando lo que había pasado: sus deseos se habían cumplido por una vez, de forma casi inmediata. No le dio tiempo a nada más, porque sonó el maldito timbre y hubo de volver a clase.
El resto de la mañana su nivel de concentración en case fue menos infinito. ¿Quién era esa mujer? ¿Cómo había adivinado sus deseos? ¿De dónde venía? ¿Habría atacado naves en llamas más allá de Orión?
Volvió a verla al día siguiente, en refugio particular. En la biblioteca del instituto. Detrás del mostrador.
-Gracias de nuevo-
-No hay por qué darlas. Soy Ana María. La nueva bibliotecaria-
-¿Como supiste que ...?-
-Hay preguntas que no puedo responderte ahora. Ni siquiera puedo decirte mi verdadero nombre. Estoy aquí para ayudarte-
-¿Ayudarme?-
-Tu eres uno de los elegidos-
-¿Elegidos por quién?-
Ana María señaló un libro que estaba en la parte superior del mostrador: Incidente en Manises, de JJ. Benítez.
-¿Elegido por ellos?-
-No he sido autorizada a decirte nada más. Solo que ya estamos entre vosotros. Pero es un secreto. No se lo digas a nadie-