Aquel recuerdo se abrió paso a través de su mente de forma irrefrenable. Acudieron a sus sentidos sensaciones tan vívidas que se le antojaron reales. El tacto de estribos, riendas y la silla de montar en sus manos, en su cuerpo. La respiración poderosa y sonora del caballo. El estruendo de los cascos mordiendo la hierba. Emociones tantas veces sentidas: nervios, concentración, competitividad, alegría. Movimientos tantas veces repetidos.
Pero en aquella ocasión algo salió mal.
Intenta olvidar aquel recuerdo y concentrarse en la tediosa realidad. Viernes por la tarde. En el exterior atardecer, pero en aquel submundo llamado "centro comercial" es imposible averiguar qué momento del día es. Y en la provincia llamada "hipermercado", ocurre lo mismo. La luz, siempre idéntica, tan fría, casi cruel. El permanente murmullo de la gente. La música de fondo, demasiado alta y estridente en su opinión. Y la gente. Demasiada gente. Demasiada cola en las cajas. Hay que esperar.
-Eh, que estoy aquí ¿qué te pasa?
Una mirada cálida. Y el contacto de una mano conocida y amada en la suya.
-Nada, estoy bien. Bueno, un poco cansado. Ya sabes....-
-¿De verdad? ¿Sólo eso, cansancio?
-Si-
Aunque no poseía la intuición enorme que habitaba en su pareja, supo que no se quedaba tranquila. En parte por complacerla, en parte por apartar los recuerdos amargos que pueblan su mente, intenta concentrarse en el aquí, en el ahora. La cola interminable avanza por fin hasta permitirles llegar a una de las cajas.