Respuesta a H. P. Mansfield
RESPUESTA A H. P. MANSFIELD Y LOS CRISTADELFIANOS
Ha llegado a mí, via internet, un tratado de H. P. Mansfield de la Iglesia Cristadelfiana, titulado ¿Qué es el sábado? Entre los argumentos que han esgrimido contra los adventistas algunos líderes eclesiásticos, los cuales son siempre los mismos, con una que otra adición, este tiene argumentos diferentes, los cuales quisiera contestar.
Comienza el tratado diciendo: “Los adventistas del séptimo día atraen notoriedad para ellos enseñando que el sábado debe ser observado como un día dedicado al Señor.” Perdone, señor Mansfield, pero lo adventistas enseñamos que el Señor demanda en su Palabra que el séptimo día, sábado, sea observado por los que quieren servirle. No atraemos notoriedad para nosotros, sino para el Señor del sábado: Jesucristo (Mateo 12:8).
Comienza usted el tercer párrafo, con estas palabras: “A pesar de su importancia bajo la ley de Moisés...” Se equivoca usted, el mandamiento del sábado es parte del Decálogo divino, no de la ley de Moisés. El gran legislador hebreo escribió lo que Dios habló y luego escribió con su dedo en las tablas de piedra (Éxodo 31:18). Después, él incluyó en su ley (la ley mosaica) varios mandamientos sobre el sábado, como hizo con el resto de los mandamientos. Contando los 10 mandamientos de Dios, descritos en Éxodo 20 y repetidos en Deuteronomio 5, la ley de Moisés contiene 613 mandamientos, que incluye mandamientos morales, de salud y teocráticos (civiles). Pero hay una clara distinción entre lo que Dios escribió y promulgó directamente, con las leyes que dio a través de Moisés.
Usted añade luego: “La observancia literal y formal del séptimo día fue parte del pacto con Moisés, que fue cumplido por Cristo y luego quitado”. Quien lee esta sentencia suya, sin analizar la Biblia, podría creerla, pero es falsa. La observancia del sábado, según el mismo Moisés escribe, data desde el fin de la creación, cuando Dios descansa, bendice y santifica el sábado. Moisés fue el profeta que Dios escogió para liberar a su pueblo esclavo en Egipto. Un pueblo esclavo no puede observar una ley santa, como un ser humano esclavo del pecado (transgresión de la ley), no puede observar los mandamientos de Dios, hasta que no sea liberado del pecado por medio de Jesucristo. Una vez Dios liberó a Israel de la esclavitud egipcia, le reveló su ley en el Sinaí.
El hecho que el mandamiento diga “Acuérdate del día del sábado para santificarlo...”, es indicio de que este mandamiento ya se conocía.
Usted cita algunos versos del capítulo 16 de Éxodo, pero obvia los más importantes. Para saciar el hambre de su pueblo, Dios le envió el pan del cielo, que ellos llamaron “maná”. Pero esa no fue la única razón, pues el verso 4 dice: “he aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y cogerá para cada un día, para que yo le pruebe si anda en mi ley o no”. ¿Puede ver usted su error, señor Mansfield? Dios pretende “probar” a su pueblo “si anda en su ley o no”. ¿Qué ley? Aún Dios no había promulgado sus diez mandamientos. ¿Acaso esto no es prueba suficiente de que el pueblo sí sabía de la ley? Lo que Moisés hizo fue codificar aquella ley ya antes conocida.
En Génesis 26:5 Dios dice que dará a Abraham bendiciones, por cuanto él, dice Dios, “oyó... mi voz y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.” ¿A qué mandamientos, preceptos y leyes se refería el Señor? El pasaje no lo dice, pero es claro que los hebreos sabían de las leyes y estatutos de Dios. Y esto fue mucho antes de Moisés.
Decimos que Adán pecó, pero, siendo que la única definición de “pecado” es “transgresión de la ley” (1 Juan 3:4), entonces Adán violó la ley. Dios grabó en el corazón del hombre los principios de su ley. Adán y Eva sabían lo que era pecado. Sabían que desobedecer la palabra de Dios los haría pecadores. Adán violó el segundo mandamiento al hacer de su esposa un ídolo. Eva también violó ese mandamiento al obedecer a la serpiente en lugar de Dios. Eva codició la gloria de Dios al oír a Satanás que le dijo que serían como Dios.
Dice usted que los adventistas “promueven la idea de que el pacto removido no incluye los diez mandamientos.” Eso, ¿lo decimos los adventistas o lo dice Dios? Vea el texto del Nuevo Pacto en Jeremías 31:33: “Mas este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en sus entrañas, y la escribiré en sus corazones;...” ¿Qué ley? ¿La de sacrificios? Obviamente no. La ley que es grabada en nuestros corazones es el Decálogo.
Usted, señor Mansfield, insiste en que los adventistas “sostienen que la observancia del sábado es esencial para la salvación.” Jamás hemos sostenido eso. Somos claros al enseñar que la salvación se obtiene por la aceptación del sacrificio de Cristo. Enseñamos que la observancia de los mandamientos es un requisito de Dios para la vida ulterior del creyente. En otras palabras: la gracia de Dios es impartida al creyente para que los principios de la ley rijan su vida. Guardamos la ley, no para salvarnos, sino como un fruto de la salvación obtenida en el Calvario.
Por unas cinco veces usted menciona que sólo 9 de los 10 mandamientos son reafirmados en el Nuevo Testamento. Esto también es falso, ya que la misión de Cristo no era promulgar de nuevo su ley, y la escribe, no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón (Ezequiel 36:27).
Ninguno de los mandamientos es más destacado que el 4to., el del sábado. En los Evangelios, Cristo se enfrenta a los conceptos farisaicos sobre el mandamiento divino. En Mateo 12, Cristo permite que los discípulos cojan espigas de trigo, las restreguen en sus manos y las coman, cosa que prohibía el libro de las tradiciones judaicas. En el pasaje, el Señor indica que hacer obras de bien y emergencias son permitidas en su día santo. Eso lo corrobora, cuando en el mismo capítulo, al enfrentarse con los fariseos, en el caso del hombre con la mano seca, dice: “Lícito es en los sábados hacer bien” (Mateo 12:12). ¿Qué le parece? ¿Indica ese texto que el sábado es abolido? Todo lo contrario, es un mandamiento directo de Jesús, indicando qué se puede hacer y no hacer en el día de reposo. Esto, en lugar de abrogar el sábado, lo reafirma.
El pasaje de Hechos 13 muestra la actitud de Pablo hacia el sábado. Junto con sus compañeros de viaje, él entra en una sinagoga judía y le permiten hablar. Usted, señor Mansfield, y los otros enemigos de la ley de Dios, dicen que Pablo iba a las sinagogas, porque ellas le presentaban la oportunidad para predicar el Evangelio. Eso es verdad, pero notemos al final del pasaje, que son los Gentiles los que le piden a él que venga “el sábado siguiente” a predicarles a ellos (verso 42). ¿No puede usted visualizar que Pablo pudo decirles que vinieran al día siguiente, el primer día de la semana? ¿Por qué Pablo esperó toda una semana? Es claro que los Gentiles sabían del sábado; sabían lo que Dios exigía respecto a ese día. Pablo fue a ellos “el sábado siguiente” (verso 44). Y que conste: no fue en la sinagoga judía, pues el texto dice que “se juntó casi toda la ciudad a oír la Palabra de Dios”. La reunión debió ser en la plaza del pueblo, en una calle o un lugar espacioso.
Usted dice que el pacto nuevo no da licencia para violar los mandamientos. Eso Pablo lo dice en Romanos 6. Su pecado, señor Mansfield, es desprender el 4to. mandamiento de los diez. Dios sabe que el hombre natural no puede observar su ley, pero, como apunta Ezequiel 36:27, es el Espíritu Santo el que obra para que podamos guardar los mandamientos de Dios, TODOS.
El pasaje de Santiago 2:8-12, usted lo cita, pero hurta palabras del mismo. Menciona “la ley de libertad” y propone que esta no es el Decálogo. Pero el apóstol habla de “la ley real”, y hace claro que es la ley de Dios: los 10 mandamientos, pues dice: “Porque cualquiera que hubiera guardado toda la ley, y ofendiere en un punto, es hecho culpado de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no hubieres cometido adulterio, pero hubieres matado, ya eres hecho transgresor de la ley” (Santiago 2: 10,11). Es obvio entonces, que “la ley real” y “la ley de libertad” a que se refiere Santiago es al Decálogo.
En su voluminoso tratado, señor Mansfield, usted dice una gran verdad, aunque luego la contradice. Veamos esa verdad: “La verdadera observancia del sábado no requería solamente descansar de la labor, sino también dedicar el tiempo para hacer la voluntad de Dios, encontrando delicia en Sus caminos, honrándolo con palabra y acción.” ¡Vaya que son lindas y significativas sus palabras! ¿Sabe usted? Los adventistas planificamos las horas del sábado. Dedicamos tiempo al culto en el hogar, el culto en el templo, la obra misionera, el paseo por los campos con los hijos y otras actividades propias de las que Dios nos dice en Isaías 58:13,14.
Al citar usted a Mateo 12, usted llega al atrevimiento de decir que Jesús permitió que los discípulos hicieran lo que no es lícito hacer en el día de reposo, porque Él es Señor del día de reposo, “y por consiguiente tenía el poder de cambiar la ley en lo que al sábado se refería.” ¿Cambiar la ley? ¿Usted sabe lo que ha escrito? Si la ley podía cambiarse, entonces, ¿para qué vino Cristo? Bastaba anular la ley y así Él no tenía que pagar por nuestra desobediencia. Atienda usted, y todos los cristadelfianos, estas palabras de Dios: “No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios” (Salmo 89:34). Así que no haga de Jesús un falso Mesías al decir que Él cambió su ley.
El grave problema de usted y un gran número de líderes protestantes, es que sabiendo que bajo el nuevo pacto no se puede matar, adulterar, robar, mentir ni codiciar, prefieren enseñar que el único mandamiento que fue abolido es el cuarto. En esto los católicos les llevan ventaja, pues reconocen que ellos cambiaron el día de reposo del sábado al domingo, porque, según ellos, Dios les dio esa autoridad. Ustedes, los protestantes, aunque aseguran seguir sólo la Biblia, están siguiendo tradiciones romanas.
¿Sabía usted que la profecía de Daniel vaticinaba ese cambio? En el capítulo 7, verso 25, hablando del Anticristo, dice que “pensará en mudar los tiempos y la ley”. El tiempo de Dios, el 7mo. día, fue cambiado por el 1er. día. ¿Sabía usted que el mitraísmo persa observaba el domingo muchos años antes de que Cristo naciera? Sé bien que ustedes dicen que ningún día, ni el sábado ni el domingo, es obligación para el cristiano. Pero usan los mismos argumentos que los dominguistas en contra del sábado de Jehová.
Usted alega que los cristianos han de “guardar todos los días”. Eso suena bonito, interesante, pero, ¿en qué Biblia dice eso? El libro de Dios apunta hacia sólo un día que el Todopoderoso le concedió su bendición y santificación: al sábado. NADIE PUEDE QUITAR ESA DISTINCIÓN QUE DIOS PUSO EN EL SÁBADO.
Volviendo a Mateo 12, usted cita la parte que dice “los sacerdotes violan el sábado y son sin culpa”. Usted casi se mofa de esas palabras al escribir, que para los sacerdotes “este día no era más santo que los demás”. Pues usted vuelve a equivocarse. Lo que Jesús habló es que la labor de los sacerdotes en el templo, requería realizar ciertas obras, pero eso no quiere decir que ellos no reconocían la santidad del sábado. Sencillamente, Jesús los exhonera, diciendo que “son sin culpa”. Como también dice que los discípulos, al comer de las semillas de trigo que arrancaban en sábado, eran “inocentes”. Aunque habían violado la letra del mandamiento, no así el espíritu de la ley.
El gran conflicto que había en algunas iglesias en días de Pablo, no era el asunto del sábado ni de alguno de los 10 mandamientos, sino la circuncisión y la ley mosaica, en lo referente a las ceremonias. Pablo, en Efesios 2:15, nos dice: “Dirimiendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos en orden a ritos.”
Vuelve usted a caer en el mismo error de sus compañeros ministros, al incluir el caso del concilio de Jerusalén. ¿Qué movió el concilio? Vea el verso 1 de Hechos 15: “Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Que si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.” Razonan ustedes que, siendo que el mandamiento del sábado no estaba incluido en el decreto del concilio sobre qué enseñar a los Gentiles creyentes, el sábado no debía ser enseñadoa los gentiles. Pero si usted mira bien el decreto, tampoco le piden que no adoren otros dioses, no tengan ídolos, que no profanen el nombre de Dios, que no descuiden a sus padres, que no maten, que no mientan, que no roben ni codicien. Entonces, ¿quiere decir que los conversos tenían autorización para violar esos mandamientos? Es obvio que no, que como vimos antes, los Gentiles si conocían y respetaban el Decálogo.
Luego del concilio, mencionado en Hechos 15, encontramos que Pablo, guardó el sábado fielmente en hechos 17:1,2: “Y pasando de Amphípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica donde estaba la sinagoga de los Judíos. Y Pablo, como acostumbraba, entró a ellos, y por tres sábados disputó con ellos de las Escrituras”. Luego, en el capítulo 18:1-4, volvemos a ver a Pablo observando el sábado: “Pasadas estas cosas, Pablo partió de Atenas y vino a Corinto. Y hallando a un Judío llamado Aquila,... y a Priscila, su mujer..., se vino a ellos: y porque era de su oficio, posó con ellos y trabajaba;... Y disputaba en la sinagoga todos los sábados, y persuadía a Judíos y Griegos.” Pablo se detuvo en esa ciudad un año y medio (verso 11), así que observó allí 78 sábados. De acuerdo a usted, señor Mansfield, Pablo hizo caso omiso al decreto del concilio, pero la verdad es que él fue un fiel guardador del sábado.
Usted cita un texto de Hebreos que dice: “Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios” (Hebreos 4:9). Sí, mi amigo, aun tenemos que guardar el día de reposo, porque él nos recuerda la creación y nos remonta al reposo eterno en la tierra renovada. A eso es que se refiere Pablo en Hebreos 4. Cualquiera que lea el pasaje se dará cuenta inmediata de esta verdad.
Señor Mansfield: Todos los días son buenos para orar, leer la Biblia, hacer obras de bien, asistir a los cultos, testificar del Evangelio, per no quiere decir que por eso estamos guardando todos los días. En el sábado nos desprendemos de toda labor mundanal, y nos concentramos en el servicio a Dios todo el día, siguiendo el mandamiento santo de Dios. Lo que usted ha escrito puede que sus adeptos lo acepten, pero si estudian su Biblia y aceptan que “en Dios no hay mudanza ni sombra de variación” (Santiago 1:17), han de ver la verdad y la venda caerá de sus ojos.
Luis G. Cajiga