Tipos de suicidio y sus causas.

según diccionario de A.Porot


Tema III. Psicopatología descriptiva y fenomenología del suicidio.

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Excelente descripción del suicidio, y su justificación en psicopatología.

Ver resumen de “Diccionario de psiquiatría. Clínica y terapéutica

 Dr. A. Porot. 1ª ed 1962. Editorial labor. SA.

 

-SUICIDO.

El suicidio es el acto de darse la muerte el sujeto mismo.

El psiquiatra propende, naturalmente, a ver siempre en tal rasgo la traducción de un estado patológico. El problema es muy complejo desde el punto de vista psicológico para permitir que se asimile sin vacilación toda tentativa de suicidio a un síntoma morboso. Para ciertos autores (DURKHEIM), el suicidio es un fenómeno sociológico, en relación progresiva con el grado de civilización (es más frecuente en las ciudades que en los medios rurales). En un reciente estudio, DESHAIES reduce el suicidio a un simple fenómeno de psicología individual, y llama «complejo de Atropos» a este afán de liquidación total de la personalidad ante una empresa que se hace intolerable desde el punto de vista orgánico y vital.

 

1º. SUICIDIO NO PATOLÓGICO.

-El respeto a la vida es función de una serie de consideraciones morales, religiosas y sociales. Hay sujetos que sa­crifican su vida a un ideal religioso, a un sentimiento de honor, a un deber social. La muerte voluntaria suele ir asociada en semejantes casos a la idea de sacrificio.

-En ciertas circunstancias, el individuo de espíritu sano puede llegar a esa determinación porque representa la única salida posible y deseable de una situación grave, la única solución lógica que concuerda con sus intereses y los de su gente (suicidio racional, de DESHAIES).

-También cabe incluir en este grupo el suicidio de ciertos enfermos que, sabiéndose condenados por un mal inexorable, abrevian voluntariamente sus días; a veces reclaman tal solución a su médico o a sus allegados, lo cual plantea el tan discutido problema de la «eutanasia» .

Tales gestos pueden lastimar ciertos dogmas morales, sociales o reli­giosos.Se sabe, por ejemplo, que los suicidas quedan excluidos del auxilio de la religión católica.

Sin embargo, la idea que dicta la resolución de tales sujetos puede consi­derarse como normal, no como idea delirante.

 

2.° SUICIDIO PATOLÓGICO.

A) Determinismo patogénico.

 Las ideas de suicidio y las reacciones suicidas obedecen siempre en este caso a una per­turbación grave de la afectividad, a un tema delirante u obsesivo, o a des­órdenes alucinatorios. Con gran frecuencia, el suicidio o su conato cons­tituye la primera revelación del estado anormal subyacente.

a) Las perturbaciones afectivas son de tipo, intensidad y duración variables. Puede tratarse en ocasiones de un simple desconcierto emotivo agudo, transitorio, pero intenso, como el anuncio de una mala noticia, de una catástrofe; el sujeto pierde el dominio de sus actos y cede a un reflejo trágico.

Otras veces es un rapto súbito de ansiedad, aislado o impuesto por una angustia latente que dicta el rasgo fatal.

En este grupo entran, asimismo, todos los estados pasionales, con sus reacciones dramáticas: suicidio simple o crimen seguido de suicidio.

 

Pero es sobre todo el dolor moral profundo, intolerable, del melancólico el que actúa en el dominio de la afectividad, según veremos,

 

b) En algunos individuos, ciertas ideas delirantes de indignidad, culpa­bilidad, autoacusación o místicas conducen a menudo a una solución que aquéllos consideran como una obligación inevitable o necesaria.

 

Otras veces, la idea del suicidio se impone al sujeto como una verdadera obsesión intelectual, una idea fija de recurrencia frecuente o periódica, con­tra la cual lucha, y que suele confiar al médico. En esta forma obsesiva pura, raramente pasa a la acción, pero no por eso sufre menos, como todos los obsesos; es mucho más el temor al suicidio que el deseo o la voluntad de cometerlo.

 

e) Finalmente, las alucinaciones intervienen a menudo en el determi­nismo del suicidio, ya se trate de alucinaciones visuales terroríficas, a las que el sujeto no puede escapar sino suprimiéndose, ya de alucinaciones auditivas que le dicten su conducta, después de dirigirle amenazas y re­proches.

 

d) En patología mental, estos diferentes mecanismos se asocian o su­perponen muchas veces en el determinismo del suicidio (melancólicos deli­rantes y angustiados, confusos oníricos alucinados y ansiosos).

 

B) Semiología.

a) Melancolía.

Es la enfermedad mental que da ocasión a suicidios con frecuencia mucho mayor que las demás; todo melan­cólico es un suicida en potencia. Nada deja de concurrir en él para hacer estallar tal disposición de ánimo: arrebatos de ansiedad, ideas delirantes, alucinaciones auditivas.

Hay en particular dos tipos de melancólicos de los cuales se debe des­confiar:

1º. Los que no dicen nada y parecen sumidos en un estupor inerte, pero son en realidad presa de una rumiación obsesiva o de alucinaciones muy activas.

 2.°, los que se defienden con una actitud de resignación o una sonrisa equívoca, o bien alegan sus sentimientos religiosos o el amor de sus hijos para protegerse contra las indiscreciones del médico.

Las quimioterapias antidepresivas y en especial las menos sedativas (imi­pramina) pueden, al comienzo del tratamiento, favorecer una reacción sui­cida, al levantar las inhibiciones que hasta entonces la trababan.  (advertencia para psicopatólogos).

 

En general, durante la segunda mitad de la noche, cuando se despiertan por primera vez (y estos enfermos duermen poco), es el momento en que ponen su proyecto en ejecución (disminución de la vigilancia, acentuación de la ansiedad al aproximarse otra jornada de sufrimiento).

 

Recordaremos simplemente los medios, a veces insospechados, que emplean algunos: armas de fuego, cuchillos, hojas de afeitar, fragmentos de vidrio, ahorcaduras, sumersiones en un pozo o en el río, defenestración, apertura de venas o arterias, estrangulación con medias, cordones, etc., so­focación por taponamiento de la faringe, ingestión de drogas o de veneno, estufilla de gas o de carbón vegetal, inhibición de todo género. La negativa a tomar alimentos responde a la misma idea destructiva

Ver sitofobia u oposicionismo en la melancolía.

 

No hace falta decir que, aparte los melancólicos genuinos, periódicos o de involución, pueden terminar en suicidio, con ocasión de delirios de melancolía, todos los estados depresivos impregnados de dolor moral.

 

b) Delirios crónicos e hipocondríacos.

Ciertas formas de delirio cró­nico, como el delirio de autoacusación, de SEGIAS, pueden implicar el sui­cidio como reacción secundaria. Tal vez la idea es menos continua, menos obsesiva, menos imperativa que en la melancolía, pero termina, a menudo, por imponerse al sujeto.

 

Ciertos hipocondríacos graves, al sistematizar sus trastornos cenestésicos en un órgano o una función determinados, ante la impotencia de los trata­mientos médicos o quirúrgicos, terminan por refugiarse en el suicidio; por lo general, se limitan a automutilaciones, que pueden considerarse como suicidios parciales.

 

Todos los alucinados crónicos, en ciertos momentos, pueden refugiarse en el suicidio, ya porque se lo dicten con imperio sus voces interiores, ya porque se sientan cansados de las torturas que se les imponen.

 

Algunos delirantes místicos, o más bien idealistas apasionados, se sacri­fican en ocasiones a su causa; pero aun en estos sujetos se observan con más frecuencia automutilaciones. En ciertos místicos ayunadores, o con ocasión de huelgas de hambre, se encuentran las mismas preocupaciones de sacrificio. Determinadas formas de delirio prolongado crónico de los al­cohólicos (delirio de celos, de persecución) desembocan a veces en un mismo accidente trágico.

 

c) Onirismo tóxico e infeccioso. En casos de onirismo secundario a enfermedades infecciosas, algunos enfermos han reaccionado con fugas o con suicidios inconscientes o involuntarios. Éstos son los que podrían desig­narse por suicidas accidentales: neumónicos delirantes y tifódicos perseguidos por enemigos imaginarios, que se tiran por la ventana; soldados negros, que en el hospital se abren el vientre con su bayoneta (v. Onirismo).

 

Las mismas reacciones se observan en los alcohólicos que sufren delirio agudo: sintiéndose perseguidos, se ahorcan o se arrojan al agua, contentos cuando no han tenido que acuchillar antes a sus allegados para defenderse.  Ver “delirium tremens”

d) Epilepsia. Igual determinismo inconsciente es el que ocasiona a veces el suicidio de algunos epilépticos. (no confirmado en la clínica actual)

 

e) Estados demenciales. Recordaremos simplemente algunos suicidios de alienados (paralíticos generales, seniles). Son insólitos, a veces acciden­tales, y los voluntarios se distinguen por ausencia de reflexión o pobreza de la idea delirante impulsara ..

f)En ciertos esquizofrénicos, el suicidio responde a un desorden afectivo

profundo, a un acceso delirante episódico, o bien a un romanticismo sentimental anómalo. En semejante caso suele ir acompañado de una cierta teatralización o de circunstancias que traducen una originalidad singular.

 

Por último, señalaremos la descarga impulsiva, a menudo inesperada e imprevisible, que impulsa a algunos catatónicos a destruirse, generalmente instigados por ideas delirantes (BARUK).

 

3.° ALGUNOS ASPECTOS PARTICULARES DEL SUICIDIO.

a) Herencia y suicidio. Se ha hablado mucho del suicidio hereditario, y el hecho es que se encuentra con frecuencia una predisposición familiar, que en dos o tres ge­neraciones aparecen algunos casos de suicidio de ascendientes o colaterales. Hasta se han descrito hechos en los que el suicidio sobrevenía hacia la misma edad (heredosincronismo). En tales casos, lo hereditario es el terreno psicas­ténico o la constitución, que predisponen al individuo a accidentes de igual naturaleza.

 

b) Suicidios disimulados, suicidios coactivos, suicidios falsos.

Ciertos melancólicos, lúcidos y dueños de sí, preparan su desaparición con habi­lidad y presentación adecuadas para hacer sospechar una muerte natural o un atentado (accidentes ficticios de caza, por ejemplo): esto es el sui­cidio disimulado.

También hay desequilibrados, mitómanos que hacen gran ostentación de una tentativa de suicidio para impresionar a sus relaciones e imponer sus caprichos. Hay que determinar con precisión el grado de sinceridad en no pocos intentos de suicidio (ingestión de Luminal).

En el origen puede haber despecho, viva contrariedad, una decepción senti­mental, pero los interesados toman ciertas precauciones (cálculo de tiempo o de lugar) para que se produzca a tiempo tina intervención salvadora.

Es lo que se ha llamado a veces suicidio coactivo o chantaje por amenaza de suicidio.

 

Sin embargo, cualquiera que sea el grado de sinceridad (sobre el que puede ser muy difícil emitir un juicio categórico), la tentativa de suicidio es siempre una llamada, que ante todo hay que saber oír e interpretar.

 

También se ha hecho mención del suicidio por venganza en ciertos in­dividuos desgraciados o melancólicos que se dan la muerte y pretenden que la responsabilidad y el remordimiento pesen sobre aquellos a quienes tienen por causa de su desventura.

 

Finalmente, algunas personas que quieren evadirse de su vida actual para empezar otra en distinto lugar (mujeres infieles, estafadores), tratan de disfrazar su desaparición y presentada como suicidio, a cuyo fin escriben cartas de despedida en las que expresan su intención de quitarse la vida.  (Recordar, texto de 1965)

 

c) Suicidio colectivo o ampliado.

. Ya hemos hablado del suicidio colectivo, que no es insólito en la melancolía de ciertos delirios crónicos. Comúnmente, son los hijos de melancólicos los que sucumben a una muerte injustificada. Puede ocurrir (suicidio con gas o con carbón vegetal) que los niños, más frágiles, pierdan la vida, y se logre reanimar en cambio al autor del drama.

Esto plantea delicados problemas médico-legales, pues el superviviente puede ser inculpado y hasta encarcelado por homicidio voluntario, lo cual no es muy apropiado para mejorar su disposición melancólica.

 

d) En diferentes épocas se han señalado epidemias de suicidio en dis­tintos lugares y en circunstancias diversas. Algunas grandes catástrofes, ruinas nacionales o desastres han inspirado a numerosas personas la vo­luntad de no sobrevivir a la derrota o al deshonor. Más bien que de psicosis colectiva, procede referirse en este caso a una participación común en de­terminada decepción ideológica o patriótica.

 

e) Suicidios de niños. Aunque no muy frecuentes, se observan algunas veces.

LE MOAL, que ha hecho un estudio especial de ellos, ha presentado estadísticas que demuestran que en Francia no llegan a un centenar por año. Este autor ha observado que el muchacho tiene predilección por la soga, y la niña por el agua. Los suicidios infantiles suelen producirse a continuación de una reprimenda o un conflicto familiar. Tales reacciones traducen per­turbaciones afectivas profundas o tendencias depresivas constitucionales.

 

LE MOAL insiste en la frecuencia del chantaje en el suicidio de los jó­venes: utilitario en el perverso y el verdugo doméstico, afectivo en el mitómano y el pitiático, impulsivo en el colérico.

 

En estos casos hay que tener en cuenta, por una parte, el ambiente, y por otra, la estructura caracterológica del niño; ambos se interfieren a menudo.

 

f) Suicidio del síndrome de carencia de autoridad.

 Este síndrome (SUTRER y LUCCIONI) no se observa apenas antes de los 11 ó 12 años, pero sobreviene o se repite con frecuencia hasta la edad adulta.

A veces es una intimidación (chantaje) espectacular, y otras, una simple consideración teó­rica de la «solución» mediante suicidio; pero, generalmente, se trata de un acto impulsivo exento de reflexión, que comprende al menos un riesgo serio de «logro».

En todos los casos es notable por la futilidad (que el suicida no reconoce, por lo demás) de sus motivaciones que a menudo se reducen a una decepción mínima a una simple contrariedad. Es que estos sujetos no tienen ya noción del valor de una vida humana, ni tampoco del arrojo y la continuidad en el esfuerzo que exclusivamente permiten vencer los obstáculos. Además de las condiciones educativas particulares se encuentran aquí los rasgos específicos del síndrome de carencia de autoridad. - A. P.

 

 

Solo para estudio fenomenología y psicopatología.

Respetar fuente original, citar siempre.-

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