Joan Martínez-Alier
Biografía:
Joan Martínez Alier nació en Barcelona, España en 1939. Se doctoró en Economía por la Universidad Autónoma de Barcelona, sus líneas de investigación van de la Historia Agraria y la Historia Ambiental a la Economía Ecológica, la Política Ambiental y la Ecología Política. En su formación académica y profesional han influido Aleksandr Chayánov, Iván Illich, José Luis Sampedro, Karl Marx, entre otros. Actualmente es catedrático de Economía e Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha sido investigador del St. Antony's College de Oxford y profesor visitante en la FLACSO, en Ecuador, en la UNICAMP (Campinas, Sao Paulo, Brasil), en la Universidad Libre de Berlín, en Stanford University y en la Universidad de California (Davis), en Yale University. Es autor de estudios de temas agrarios en Andalucía (España), Cuba y la sierra de Perú, miembro fundador (y presidente en 2006-2007) de la Sociedad Internacional de Economía Ecológica y de la Asociación Europea de Economía Ambiental. Ha sido colaborador frecuente de revistas alternativas (Cuadernos del Ruedo Ibérico, Bicicleta, Mientrastanto, Archipiélago), actualmente dirige la revista Ecología Política y Cuadernos de Debate Internacional. También ha sido miembro del comité científico de la Agencia Europea de Medio Ambiente. Ha sido introductor de la historia ecológica en España. Director del programa de doctorado en Ciencias Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona entre 1997 y 2009. Políticamente ha sido impulsor del ecologismo político en España. Fue candidato sin éxito por los Verdes (Ecologismo Políticas verdes Movimiento antinuclear) al Congreso de los Diputados de España. Es columnista en el periódico mexicano La Jornada. Investigador muy reconocido en economía ecológica y ecología política. Ha dirigido varios proyectos de investigación (CEECEC, EJOLT) y en 2016 recibió un European Research Council Advanced Grant (2016-21) para completar el EJAtlas (www.ejatlas.org) y estudiar el movimiento global de justicia ambiental. Tiene aproximadamente 100 artículos científicos, 10 obras colectivas, cinco documentos de trabajo/prepublicaciones, 13 libros y ha dirigidos seis tesis de doctorado.
Joan Martínez-Alier
El ecologismo de los pobres y la pobreza que no está en los pobres[1]
Por: José G. Chan-Quijano
Resumen
El siguiente ensayo se estructura en cuatro apartados: 1) economía ecológica; 2) utopismo ecológico, desde el enfoque de la ecología política; 3) la reforma agraria, desde una perspectiva del derecho socio-ambiental y; 4) la agroecología, con un poco de historia ambiental. Este último visto como una alternativa al desarrollo, tomando como base los conceptos que Martínez-Alier utiliza en sus escritos.
Introducción
La economía de un país se basa en sus recursos naturales (Martínez-Alier y Schüpmann, 1991). Aunado a esto, Martínez-Alier (2007; 2009: 58) menciona que debe existir “demandas ecológicas más amplias para la vida humana” y que la “economía ecológica pone en duda la teoría económica ortodoxa del crecimiento”, pues considera los aspectos biológicos, físicos, químicos y sociales. Sin embargo, Martínez-Alier y Roca-Jusmet (2013: 595) encontraron que “los mercados son miopes de cara al futuro por que olvidan las necesidades de los pobres”. Creando una dicotomía de que el pobre perjudica al ambiente - falacia del desarrollo -, pues es difícil que una persona con un bajo consumo pueda perjudicar al ecosistema a comparación de aquellos que tienen una alta demanda de los recursos naturales, esto es culpar a los pobres (Martínez-Alier, 1991).
En esta culpabilidad, los pobres luchan por la justicia e igualdad ambiental y por el aprovechamiento de sus recursos naturales para su subsistencia, si sus recursos naturales se ven amenazados, los pobres protestaran y a esto se le denomina “el ecologismo de los pobres”, a la par se crean conflictos socio-ambientales (Martínez-Alier y Roca-Jusmet, 2013: 613) al crearse estos conflictos, se comienza a nombrar a los pobres como “los pobres ecologistas” por el hecho de defender sus derechos territoriales (Martínez-Alier, 2011a).
A estos movimientos se les conoce como ecologismo popular o ecologismo de los pobres o movimiento de justicia ambiental (Martínez-Alier, 2007). Por otra parte, el populismo, la pobreza, el pobre y el empobrecimiento son conceptos obsesivos en los discursos creados por la hegemonía del capitalismo, creando un pensamiento - a los pobres - que el ecologismo es para los ricos (los que pertenecen a la burguesía desarrollista), quienes pueden pagar por los recursos naturales (Martínez-Alier y Schüpmann, 1991; Martínez-Alier, 2007). Además, existen otros grandes efectos de los conflictos socio-ambientales como son: la extracción de los saberes ambientales, desposesión de territorios y un comercio ecológicamente inequitativo y desigual, es como “salir del extractivismo para más extractivismo” (Martínez-Alier, 2016: 124).
Ahora bien, se piensa y se crean imaginarios ambientales en donde las personas de las comunidades viven mal y que son extractivistas de sus propios recursos naturales y que deberían integrarse al desarrollo para buscar alternativas de una supervivencia. Pero Martínez-Alier en una entrevista explica que el conflicto o los imaginarios entre economía y ambiente natural no pueden solucionarse con los discursos tales como “desarrollo sostenible”, “eco-eficiencia” o “modernización ecológica” (Di-Donato, 2008: 156).
Sino que los pobres buscan su supervivencia para la vida y frecuentemente están relacionados con la lucha, defendiendo sus recursos naturales, sus tierras y su cultura (Martínez-Alier y Schlüpmann, 1991; Martínez-Alier, 2011a). Lo que hace que los pobres preserven sus recursos naturales, haya una valorización de su entorno natural y una cosmovisión en su relación con la naturaleza.
Economía ecológica
Para Martínez-Alier y Roca-Jusmet (2013: 21) la economía ecológica “estudia el metabolismo social y por lo tanto metaboliza los flujos de energía y los ciclos de materiales en la economía humana, analiza las discrepancias entre el tiempo económico y el tiempo biogeoquímico. También estudia la coevolución de las especies (y de las variedades agrícolas) con los seres humanos”. Es decir, estudia la relación entre el crecimiento económico y el ambiente natural. También la economía ecológica considera “al sistema económico como un subsistema dentro un sistema más amplio” (Martínez-Alier y Roca-Jusmet, 2013:17), pues pertenece a un sistema abierto por el hecho de que existen entradas y salidas de energía, de los flujos económicos y una vasta gama de interacciones de los ecosistemas. Lo que crea tres flujos económicos de los recursos naturales: 1) los inagotables, 2) los renovables y 3) los no renovables (Martínez-Alier y Roca-Jusmet, 2013).
De igual manera, considera que los ecosistemas naturales proporcionan bienes y servicios a los seres humanos, pero estos, son vistos con discordia solo para satisfacer las necesidades de unos cuantos. Aunado a esto, los economistas convencionales al recibir un impacto negativo en los recursos naturales por la explotación dentro de los mercados lo denotan como una externalidad (Martínez-Alier, 1994; Martínez-Alier y Roca-Jusmet, 2013) y no considera la pérdida de la biodiversidad [afortunadamente podemos darnos cuenta de lo importante que es mantener la biodiversidad para mejorar la productividad en los agroecosistemas, gracias a los estudios de Perfecto y Vandermeer (2002, 2012) y más recientemente Chapell et al. (2013, 2016)], la contaminación que las grandes empresas generan, la extracción excesiva de los recursos naturales, la degradación de los suelos, entre otros (Martínez-Alier, 1994).
“El metabolismo de las sociedades ricas no se podría sostener sin conseguir a precios baratos los recursos naturales de los proveedores de materias primas” (Martínez-Alier, 2008: 19), a costa de los habitantes de las zonas de extracción. Este capitalismo del extrativismo deja pasivos ambientales que nadie paga. Estos pasivos ambientales o las externalidades negativas no solo dejan deudas económicas, sino también deja aspectos morales violados y zonas contaminadas (Martínez-Alier, 2008). Esto marca un “prigoginismo social”, es decir, que los pobres afectados se auto-organizan para buscar soluciones ante un problema, ya que las autoridades correspondientes no hacen nada (Martínez-Alier, 1994: 216). Ante ello, Martínez-Alier en la entrevista que le aplico Di-Donato (2008: 157) menciona que los pobres son “los desposeídos del mundo”, yo le agregaría que también son los olvidados del mundo y los amados del populismo, pues parece que los ama tanto que los multiplica. Ante esto surge la Vía Campesina en 1993 e incorpora temas - en palabras de Martínez-Alier – como “la economía ecológica, la eficiencia energética, la pérdida de biodiversidad, la contaminación química, entre otros…”. La Vía Campesina “es un movimiento campesino internacional autónomo, pluralista y multicultural, sin ninguna afiliación política, económica o de cualquier otro tipo que agrupada por 164 organizaciones locales y nacionales en 73 países de África, Asia, Europa y América. En total, representa a alrededor de 200 millones de campesinos y campesinas. Defiende la agricultura sostenible a pequeña escala como un modo de promover la justicia social y la dignidad. Se opone firmemente a los agronegocios y las multinacionales que están destruyendo los pueblos y la naturaleza” (La Vía Campesina, 2011).
Es así que Martínez-Alier (1994: 217) menciona que “los costos ecológicos se pueden externalizar pero quizá es necesario ver los nuevos movimientos sociales como agentes que, en su oposición a la destrucción ecológica, hagan subir los costes capitalistas monetarios, llevándolos más cerca de los costes sociales”. A partir de esto, en la agricultura se producen flujos económicos como el aprovechamiento de la energía solar, la fotosíntesis, la lluvia, el suelo, etc. (Martínez-Alier y Roca-Jusmet, 2013). Por otra parte, el trabajo que ejerce un campesino en su parcela para producir los alimentos, es una energía endosomática y esta energía es una tasa de rendimiento energético o también conocida como EROI (Energy Return On (energy) Input), es decir, que es una energía que se está ejerciendo en el cultivo y se puede aplicar como un flujo dentro de la economía ecológica de los pobres (Martínez-Alier, 2011b; Martínez-Alier y Roca-Jusmet, 2013).
Martínez-Alier (2008: 27) menciona que “la economía ecológica […] pone en duda que el conflicto entre economía y medio ambiente pueda solucionarse con jaculatorias (oraciones breves) tales como “desarrollo sostenible”, “eco-eficiencia” o “modernización ecológica”. La ecología política estudia los conflictos ambientales y muestra que en esos conflictos distintos actores que tienen distintos intereses, valores, culturas, saberes, y también distintos grados de poder, usan o pueden usar distintos lenguajes de valoración”.
Lo que crea una racionalidad económica que tenga en cuenta los intereses ecológicos-biológicos, sociales-antropológicos y que pueda haber una posibilidad de decidir en los asuntos humanos de acuerdo con una planificación puramente de la economía ecológica y neoclásica (Martínez-Alier, 1994; Martínez-Alier, 2006).
Utopismo ecológico
Martínez-Alier (1991: 59) menciona que “la degradación ambiental y la pobreza no están unidas únicamente por la presión de la población sobre 1os recursos naturales, sino también por la desigualdad de la distribución”. Dentro de esta desigualdad, se utiliza una agricultura moderna pues supone un aumento a la productividad con el uso de fertilizantes o técnicas más rudimentarias y con ello se aplica un valor a los recursos obtenidos y a los servicios ambientales que se generarían (Martínez-Alier y Schlüpmann, 1991; Martínez-Alier y Roca Jusmet, 2013). Pero para esto, los pobres no cuentan con los recursos suficientes para acceder a este nivel de producción y en muchas ocasiones pierden lo poco que han cultivado por falta de técnicas, asesorías o por las plagas. Sin embargo, cuando hay un buen aprovechamiento y cuidado dentro de las parcelas de los campesinos, se crítica que la agricultura de pequeña escala aprovecha y recicla los nutrimentos, a comparación de la agricultura a gran escala que provoca la degradación de los suelos y pérdida de la fertilidad.
Ante esta degradación y perdida del capital natural, se les culpa a los pobres (Martínez-Alier, 1991). Pero los pobres se autonombran “nosotros los pobres” pues se les crea esta dicotomía falacia de que los campesinos y las campesinas, indígenas y en general los pobres son culpables de la extracción de los recursos naturales y que no son conscientes del cuidado del ambiente natural (Martínez-Alier, 1968: 87). Por ejemplo, las familias pobres consumen la leña como energía para cocinar sus alimentos o calentarse, pues no tienen los recursos económicos suficientes para acceder a los combustibles fósiles o al queroseno y en ocasiones algunas comunidades usan el estiércol (Martínez-Alier, 1991). Si los pobres son causantes de la degradación ambiental no es por que tengan la intención de hacerlo, sino es por la desigualdad de las riquezas y de las oportunidades. Creando un declive en la sostenibilidad de los recursos naturales y la relación con la economía, pues se crean conflictos ecológico-distributivos, es decir, “que unos se benefician más que otros, unos sufren mayores costos que otros” (Martínez-Alier, 2004: 21; Martínez-Alier, 2006).
Los ambientalistas marginados o el ecologismo popular en su mayoría son grupos indígenas supervivientes de despojos, de migraciones obligadas o de una extensa lucha por sus recursos naturales y sus territorios (Martínez-Alier, 2008). Todo esto, gracias a un desarrollo insostenible. Sin embargo, Martínez-Alier y Schlüpmann (1991: 72) argumentan que para alcanzar esta alternativa es necesaria que “la economía deba ser dividida en dos sectores. El sector de necesidades mínimas que proporcionaría el mínimo para la subsistencia, gratuitamente, para todo el mundo, usando la fuerza de trabajo de hombres y mujeres” y tomar en cuenta el papel de las mujeres en el utopismo ecológico y en la lucha popular ecologista, pues son importantes desde el carácter de la acción colectiva, así como la fuerza para una potencialidad en el activismo político.
La reforma agraria y el derecho socio-ambiental en los pobres
La reforma agraria se ha centrado en las propiedades privadas o de libre acceso y el derecho a la tierra (Martínez-Alier y Roca-Jusmet, 2013). Warman (2003: 84) menciona que en México “a lo largo de un extenso período se entregaron a los campesinos más de 100 millones de hectáreas de tierras, con los que se establecieron cerca de 30 000 ejidos y comunidades que comprendieron más de 3 millones de jefes de familia. Sin embargo, la reforma no logró el bienestar perseguido, y los campesinos y las campesinas a los que llegó viven hoy en una pobreza extrema”.
Muchos de los campesinos y las campesinas que trabajan la tierra se ven afectados por los despojos por parte del mismo gobierno o empresas privadas, por no poseer títulos de propiedad y solo se amparan con documentos de usufructos de la tierra (Martínez-Alier, 2008). Estos siempre y cuando tengan la economía suficiente para pagar dicha documentación. Además la reforma agraria es contradictoria pues desde la teoría legal se argumenta que la tierra es para quien la trabaja y en palabras de Martínez-Alier (2015) “el suelo pertenece a los propietarios pero el subsuelo a la nación”, esto ha traído serios problemas sociales actualmente como por ejemplo, la expulsión de los campesinos y las campesinas e indígenas de sus tierras.
Por otra parte, el derecho socio-ambiental es el conjunto de leyes y normas que regulan las relaciones de derecho público y privado, marcado a tener un ambiente natural sano y limpio, en donde los ecosistemas estén libres de contaminación, en donde exista la preservación y conservación de la biodiversidad y donde haya un buen aprovechamiento, gestión y manejo de los recursos naturales (Martínez-Alier y Roca-Jusmet, 2013; Martínez-Alier, 2015). Sin embargo, este derecho socio-ambiental es transversal, ya que el marco jurídico que lo sustenta carece de líneas y aplicaciones. Por lo que muchos campesinos y campesinas, asambleas o comunas buscan asesorías legales y apoyos con las organizaciones de la sociedad civil para la defensa de sus tierras y de sus derechos.
Una agroecología de los pobres: la pobreza que no está en los pobres
Los campesinos han coevolucionado sosteniblemente con la naturaleza para un aprovechamiento de sus sistemas agroecológicos, por la variedad de semillas y por sus saberes tradicionales (Martínez-Alier, 2011a). Es así que la agroecología y la historia ambiental son necesarias como alternativas al desarrollo, para conocer y reconocer la cultura, memorias y vivencias para una revalorización de conocimientos tradicionales para una agroecología sostenible, rica en una diversidad de cultivos y con ello obtener una seguridad alimentaria más sana y de buena calidad. Para ello, deben apropiarse de sus recursos naturales para que puedan crear una riqueza de especies de flora y fauna en el traspatio, en sus milpas, huertos familiares, selvas secundarias, selvas maduras y sistemas acuáticos y para que puedan adquirir sus propios recursos económicos y exista un bien común para todos y todas (García-Frapolli et al. 2008).
Los bienes comunes de las comunidades muestra esta transición hacia agriculturas que sean más sostenibles que de acuerdo con Morales-Hernández (2011: 9) “deben considerar los términos sociales, ecológicos, económicos y culturales”, es por ello que surge la agroecología como un movimiento donde se respeta los saberes y existe un dialogo entre campesinos y campesinas que buscan una solución común para trascender en una construcción de alternativas. Deben ser acompañados de un buen vivir y de derechos socio-ambientales para que la naturaleza sea un tema con una racionalidad que los habitantes de los pueblos originarios puedan adquirir un bienestar económico sostenible. También es importante las memorias largas de la pobreza como concepto, para se pueda comprender que la agroecología es una metodología en la cual exista una memoria larga dentro de los sujetos enfocados a sus riquezas naturales.
Lo que se podría argumentar de la agroecológica es que es una alternativa al desarrollo con miras hacia al rescate de la naturaleza para garantizar una soberanía alimentaria, un buen vivir y que los campesinos y campesinas se empoderen de su entorno natural para un manejo responsable de los mismos. Dentro de este manejo, en la agroecología La Vía Campesina ha estado utilizando una herramienta donde se compara la eficiencia energética de la pequeña agricultura tradicional y la agricultura industrial moderna, utilizando la Tasa de Retorno Energético (EROI, siglas en inglés); El EROI toma la cantidad de energía total que es capaz de producir una fuente de energía y la cantidad de energía que es necesario emplear o aportar para explotar un recurso energético, para demostrar que la agricultura campesina enfría al planeta Tierra (Martínez-Alier, 2011b).
Martínez-Alier no trabaja en sí con la agroecología, pero sus aportes son parte importante para este tema, pues las personas que utilizan una agroecología sostenible con un ambiente sano y limpio son los campesinos y las campesinas, que en palabras del autor son los pobres, unos pobres con ecologismo, unos pobres con una gran riqueza en su entorno; estas riquezas son sus suelos fértiles, sus bosques, el aire puro que respiran, sus alimentos sanos libres de transgénicos y sobre todo esa maravillosa riqueza de saberes que tienen. Entonces ¿Quiénes son los pobres? ¿Realmente son pobres los campesinos y las campesinas? ¿O hay una mala distribución de las economías y riquezas de un país? Por lo tanto, la pobreza que no está en los pobres es una buena frase para reflexionar y hay que repensar e impensar (Wallerstein, 2010) sobre esta gran diversidad de conocimientos, culturas, lenguas, cosmovisiones, formas de sembrar y sobre la agroecología que realizan los campesinos y las campesinas, así como las y los indígenas.
Literatura citada
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[1] El título del siguiente ensayo surge del pensamiento de Martínez-Alier (2011) del ecologismo de los pobres y de la Vega-Estrada (2014) desde su perspectiva de pobre (sujeto), pobreza (contexto) y empobrecimiento (proceso).