Efraím Hernández Xolocotzi y los inicios de la agroecología
Emerson Almar Maldonado Sánchez
Palabras clave: Agroecología, etnobotánica, tecnología agrícola tradicional, agroecosistema
Reseña biográfica
Efraím Hernández Xolocotzi nació en la comunidad de San Bernabé Amaxac de Guerrero, Tlaxcala el 23 de enero de 1913. Su familia tuvo que mudarse a la ciudad de México, sitio en el que Hernández X. cursó sus estudios de primaria. A los diez años en 1923 partió a tierras norteamericanas en las que recibió a pesar de su pobreza una educación esmerada (Ortega, 2013). Diez años después regresó a su tierra natal en Tlaxcala sin pensar que, durante su recorrido el mirar los campos agrícolas, sería el factor que cambiaría su plan de vida hacia la inquietud de la problemática agrícola en México. Es así como continúa sus estudios orientados a la disciplina agrícola en Faemingdale College y posteriormente en el College University Ithaca, Nueva York hasta 1938. Al regresar a México reconoce las dificultades de ubicarse en un empleo y apunta sobre la importancia de las relaciones personales e institucionales para obtener un trabajo en este país (Chapingo, 1984).
Posteriormente obtiene un empleo en el Banco de Crédito Ejidal en Tabasco. Durante el tiempo en el trópico mexicano y con sus actividades impulsoras de la producción agrícola, Hernández X. logró llegar a la conclusión que los agricultores con experiencia eran los que mejor podían dirigir dichas actividades (Chapingo,1984). Más adelante se emplea en la Oficina de Campos Experimentales en Culiacán y luego por iniciativa norteamericana es solicitado para impulsar la siembra de la higuerilla en los valles centrales de México, esto le permite recorrer el Pacífico Mexicano hasta 1945. En ese año Hernández X. incursiona en la investigación por medio de la Fundación Rockefeller en la Oficina de Estudios Especiales como recolector etnobotánico (Chapingo, 1984).
Mientras esperaba el llamado a integrarse en la ENA (Escuela Nacional de Agricultura), trabajó en el Instituto de Estudios Superiores de Monterrey. En 1953 llegó el espacio por la jubilación del maestro Gabriel Itié para impartir la cátedra de botánica sistemática en la ENA hasta 1967 (Chapingo, 1984). En 1968 México vivía una efervescencia política importante y Hernández X. no estuvo al margen de tales situaciones convirtiéndose en personaje activo del movimiento estudiantil, por lo que para alejarlo de tales sucesos, recibe una disfrazada invitación del gobierno mexicano para recolectar germoplasma de maíces criollos por Centroamérica hasta Colombia. Regresa al año siguiente (1969) y logra iniciar como profesor investigador al Colegio de Posgraduados con actividades tanto académicas, administrativas y de asesoría a otros entes gubernamentales como la COTECOCA (Coordinación Técnico Consultiva de Coeficientes de Agostadero).
En 1972 continúa su activa carrera en la investigación haciendo mancuerna con otros reconocidos investigadores destacados como los antropólogos Angel Palerm, Arturo Warman y Alba González Jácome (Ortega, 2013). A partir de 1980 se dedica a estudios sobre tecnología agrícola tradicional, formando a varios estudiantes de posgrado. Desde 1985 a un ritmo menos impetuoso que en sus inicios se mantenía en la investigación agrícola con un importante grupo de estudiantes en la Península de Yucatán. El 21 de febrero de 1991 fallece dejando más de 300 documentos y un legado de más de 40 generaciones de estudiantes y desarrollo alrededor de 30 investigadores en diferentes temáticas relacionadas con la agricultura.
En las siguientes líneas trataremos de abordar algunos de los principales trabajos que fueron desarrollados por Efraím Hernández Xolocotzi, durante su vida como investigador y profesor de las escuelas de agronomía en México. Hernández X. pudo desarrollar investigaciones desde diferentes disciplinas como la biología del maíz, la producción en la milpa, la tecnología agrícola tradicional, el conocimiento campesino, el uso de las arvenses de la milpa entre otros trabajos. El desarrollo de estas investigaciones desde un punto de vista interdisciplinario permite al día de hoy que sean fundamentos en la comprensión de la producción agrícola y su relación con los aspectos sociales y económicos de las poblaciones rurales, que para los fines de la agroecología como alternativa productiva ante los problemas de soberanía alimentaria mundial, resultan ser temas relevantes.
El germoplasma que alimenta al mundo
Por iniciativa de la fundación Rockefeller y la oficina de estudios iniciales, a partir de 1943 Hernández X. recolectó en forma sistemática las variedades criollas de maíz de las regiones más importantes de México para este cultivo. Hernández X. llegó a juntar más de 2000 muestras siendo esta una de las colecciones más completas en cualquier país en su momento. La recolecta de los maíces criollos que fueron domesticados por miles de años por nuestros antepasados, ha contribuido al conocimiento de su morfología, citología interna, así como también características internas como la preciosidad la resistencia y la susceptibilidad a enfermedades y rendimiento. Es de interés recalcar la importancia del maíz para el mundo, ya que es el cereal que más se produce con 988 millones de toneladas en 2015 y es base en la dieta humana en los países en desarrollo y como alimento animal en los países desarrollados (FAO, 1993). A través de los siglos el maíz ha sufrido múltiples variaciones genéticas con el fin de cubrir las necesidades humanas, y México es uno de los sitios de origen y variaciones de esta planta. Hernández X. atribuye la amplia diversidad de maíces en México a cuatro factores 1) razas primitivas que en México aún se encuentran vivas, 2) influencia de variedades exóticas de maíces del sur 3) el teocintle se ha cruzado en forma natural con el maíz introduciendo nuevas características, 4) la geografía de México favorece su diferenciación. El origen del maíz en México data de más de 4000 años antes del presente. Una afirmación que aún se encuentra en discusión por las técnicas más avanzadas de nuestra era es que en México existió un intercambio constante y recíproco de plasma germinal entre el maíz y el teocintle. Las conclusiones de Hernández X. en lo que respecta a la distribución geográfica del maíz mexicano; con previo conocimiento de las condiciones topográficas y climatológicas de México, y en función de los lugares donde han sido recolectadas muestras de maíz, las zonas de distribución principal serían el centro del país sobre el eje volcánico transversal, Oaxaca, Chiapas y la Península de Yucatán.
La importancia del estudio de las razas de maíz mexicano se entiende por la demanda mundial de alimentos después del término de la segunda guerra mundial, ya que los productos alimentarios con alto grado nutricional como el maíz son prioritarios en las sociedades industriales. Este es el caso del plasma germinal que lo podemos entender como el conjunto de atributos genéticos ubicados en los mecanismos hereditarios de los organismos, favorables o potencialmente favorables para auspiciar la producción o para resolver los problemas de mejoramiento genético de los organismos que producen la amplia gama de satisfactores químicos requeridos por la humanidad (Universidad Autónoma de Chapingo, 2013). El conocimiento de los mecanismos genéticos de las plantas, estableció bases para la búsqueda de técnicas en la formación de variedades mejoradas de los cultivares, culminando en producción comercial de maíz hibrido que aumentó espectacularmente la producción (Hernández, 1950).
Un estudio importante en su tiempo y que en la actualidad ha resultado de relevancia en la agroecología es el papel de la mujer en la domesticación del maíz y el trabajo en el huerto de traspatio. Hernández (1988c) en su estudio “La participación de la mujer en la selección bajo domesticación de plantas cultivadas en las regiones cálido-húmedas” menciona bajo el entendimiento de los principios de Darwin, cómo la manipulación de los mecanismos genéticos nos permiten definir y verificar por métodos taxonómicos la derivación de plantas cultivadas a partir de formas silvestres. Las primeras plantas cultivadas seguramente se originaron de plantas colectadas, aún ahora plantas silvestres pueden ser cultivadas por el hombre y si las circunstancias lo permiten convertirse en cultivadas. La domesticación procede mano a mano con un mayor conocimiento del entorno ecológico, de la naturaleza de las entidades biológicas y finalmente del implemento científico para lograr conocimiento y modificar la naturaleza del organismo a domesticar. El autor hace una revisión de estudios de caso en diferentes partes del mundo Después de analizar casos como los Yanomamo, los Cubeo, Kalapalo o en Sebei África, logra identificar que los hombres se encargan de algunas actividades como la caza y la pesca mientras la mujer tiene una amplia participación en las actividades agrícolas de las huertas. El autor concluye que las mujeres encargadas de los huertos en la franja intertropical donde se auspician principalmente especies productoras de órganos carnosos y propagación vegetativa. El valor de uso de los productos estimula la selección por calidad y cantidad de producción basada en: orgullo individual de la mujer por trabajo bien hecho, deseo de halago comunal y doméstico por su diligencia y satisfacción y sensación de empoderamiento por la posición comunal y familiar lograda (Hernández, 1988c).
La etnobotánica, tecnología agrícola tradicional y el agroecosistema, tres conceptos relacionados con Efraím Hernández Xolocotzi.
Etnobotánica
Para entender un poco el comienzo de los aportes de Efraím Hernández Xolocotzi a la agroecología se debe hacer un recorrido por casi la totalidad de su obra bibliográfica. Para entrar en contexto tendríamos que considerar al menos de manera resumida temas importantes desde el punto de vista del fundamento vegetal para el desarrollo de la agroecología en México. Uno de ellos fue “Los tipos de vegetación de México y su clasificación” en este trabajo realizado junto a Faustino Miranda se describen 32 tipos de vegetación, desde el punto de vista ecológico, fisiográfico, altitudinal y geográfico. Estos datos permitieron y siguen siendo referentes para tener un panorama general de las regiones ecofisiográficas de México (Hernández, 1963).
Desde otro enfoque más social y relacionado con la botánica podemos mencionar su obra titulada “La exploración etnobotánica y su metodología”, esta, resulta de su experiencia de vida como gran observador de las comunidades indígenas y su relación con las plantas, su quehacer productivo y comercial llegando a la concepción de que la etnobotánica abarca todas las relaciones entre los grupos humanos y las plantas. El documento se fundamenta en la experiencia previa en las zonas rurales de México y los recorridos de Hernández X. recolectando maíces por Centroamérica y Colombia, en los cuales se da cuenta de la gran diversidad de productos agrícolas presentados en un mercado local entre conversaciones de ladino y ladino, ladino e indio, indio e indio. Hernández X. pudo hacer notar que, en los mercados, en los campos de cultivo de la región y en los huertos familiares están los materiales resultantes del esfuerzo domesticador del indígena, del proceso adaptativo y a las condiciones ecológicas de la selección natural ejercida por el medio físico, por las plagas y las enfermedades, concluyendo que es en esos lugares donde se encuentra un gran banco de germoplasma germinal (Hernández, 1971).
Como resultado de los amplios recorridos previamente antes mencionados Efraím Hernández X. aporta los principios metodológicos de la exploración etnobotánica, estableciendo que el resultado de la anterior es un arte basado en varias disciplinas científicas requiriendo de la colaboración de institutos y profesionales relacionados con la colección, propagación y conservación. Los principios básicos en la exploración etnobotánica incluyen: a) siempre hay antecedentes sea cual sea el problema a estudiar, b) el medio es determinante para el desarrollo de las plantas, c) el hombre ha sido y es el factor más importante para el desarrollo y mantenimiento de los cultivares, d) cada especie y variedad tienen características morfológicas y ecológicas distintivas, e) el conocimiento acumulado durante milenios, tarda en recopilarse, f) la exploración etnobotánica debe ser un proceso dialéctico. Hernández x. enfatiza el aporte que tienen el espacio, el tiempo y la cultura en el estudio etnobotánico. El espacio trata de precisar el área de distribución y las condiciones ecológicas del cultivar. El tiempo trata de delimitar la época más apropiada con relación a la disponibilidad de material de propagación (Hernández, 1971). En el documento se da ejemplo del la conceptualización teórica de la etnobotánica mostrando que el buen desempeño de un agricultor, está en función de dar al cultivar el medio favorable para el desarrollo deseado que se traduce en una mejor producción y en el caso de los indígenas, esto se ha demostrado a través de su permanencia por los siglos y actualmente a pesar de su dura experiencia con la expansión de la cultura occidental, muchos indígenas siguen manteniendo estrategias de cultivo tradicional, como la mezcla de semillas de maíces para asegurar la cosecha en caso de cambios en el régimen de lluvias (Hernández, 1971).
La tecnología agrícola tradicional
El autor define la tecnología Agrícola tradicional como los mecanismos modernos de ciencia y tecnología que sirven de base para el uso de los recursos naturales por parte de la población rural. Desde esos tiempos (principios de los 70s) En México, existía el menosprecio del estudio de la TAT como base de la investigación, a pesar de ser fundamental en la comprensión de la problemática agrícola del país, también se identificaron otros países con el mismo problema y menosprecio como China, India y Tanzania con discursos similares de intentos gubernamentales para mejorar las condiciones de la población rural, (Hernández, 1977). Hernández X. aclara que la tecnología agrícola tradicional no es estática ni sale del vacío, es la resultante de experiencias acumuladas por miles de años y seleccionadas para obtener los mejores resultados de aprovechamiento y que también guardan estrecha relación con el concepto de grupo humano sobre el cosmos en que funciona. Rescatamos de esta obra los principios básicos que generan y mantienen la tecnología agrícola tradicional: 1) razonamiento para darle coherencia a los fenómenos cósmicos 2) mecanismos para generar nuevo conocimiento, 3) mecanismos para producir nueva tecnología, 4)mecanismos de conservación y transmisión de los conocimientos ancestrales 5) mecanismos para la transmisión cotidiana de los conocimientos culturales de producción, de formas de preparación de los productos, de formas de almacenamiento y conservación agrícola y de formas de consumo.
Efraím Hernández X. propone una metodología para el estudio de la tecnología agrícola tradicional con los siguientes objetivos: a) registrar, recuperar y razonar el conocimiento empírico de la TAT, b) sistematizar las observaciones, c) formular las generalizaciones pertinentes, d) generar hipótesis de trabajo e) diseñar y ejecutar los experimentos de cotejo y f) presentar las evaluaciones respectivas para su análisis, crítica y aceptación. El autor concluye en esta obra que, a un mejor entendimiento de la realidad de la agricultura tradicional, con la principal atención en el humano como participe de dicho desarrollo cultural, más la aportación constante de información al esquema de educación agrícola y el establecimiento de laboratorios de campo en todas las regiones agrícolas de México; se podrá dirigir mejor la investigación agrícola a los ataques de problemas prioritarios y a lograr un proceso continuo entre la transmisión tradicional de conocimientos y los mecanismos modernos de extensión y divulgación agrícola (Hernández, 1977).
Efraím Hernández Xolocotzi fue un impulsor de la interdisciplina al situar a los campesinos y su agricultura como eje para comprender la dinámica de los ecosistemas (Pérez-Ruiz, 2013). Hernández X. nos presenta en su obra “Metodología para el estudio de agroecosistemas con persistencia en tecnología agrícola tradicional” un marco metodológico que en la actualidad resulta valioso en el entendimiento de la producción agroecológica. Una de las grandes inquietudes de Hernández X. fue la necesidad de plantear métodos para el estudio de los agroecosistemas, esto con el fin de vincular los mecanismos modernos de ciencia y tecnología como base para el uso de los recursos naturales por las poblaciones rurales (Hernández y Ramos, 1977).
Agroecosistemas
A principios del siglo XX estudios ecológicos desarrollados en conjunto con la estadística experimental acompañados por la invención de artefactos de amplia precisión, dieron origen al concepto de ecosistema abriéndose paso el estudio cuantitativo de la estructura, funcionamiento, las múltiples interrelaciones y el flujo de materia y energía que caracterizan las unidades naturales. El fundamento teórico y metodológico de estos conceptos eclógicos fue de importancia en el estudio de la agricultura, pues comenzaron los intentos por aplicar los fundamentos ecológicos en la producción agrícola, principalmente en países tecnológicamente avanzados, situación apenas incipiente en México en esos tiempos (Hernández, 1983).
En el contexto de las prácticas agrícolas tradicionales estudiadas por Hernández X. y reconociendo que las evaluaciones cuantitativas de las prácticas agrícolas tradicionales aún no habían sido desarrolladas por la ciencia y la tecnología moderna, aparece el termino agroecosistemas, bajo el principio de que la actividad agrícola no es estática y se determina por el desarrollo de otros sectores como el social y económico, existiendo en el mundo muy diferentes procesos de producción. Por esto no puede aceptarse que exista solo una acepción del concepto de productividad agrícola, ni tampoco de la eficiencia en la producción, por qué estas, están influenciada por los factores socioeconómicos y políticos, y cambian aun en marcos políticos estables.
El análisis de agroecosistemas se basa en un enfoque cuantitativo de las prácticas agrícolas tradicionales, dentro de un marco teórico de eficiencia en el uso de flujos de energía y materiales (Hernández, 1977). El estudio de la producción agrícola puede comprenderse a partir de la relación insumo-producto. Esto puede generar dos tendencias, la primera se estudia a través del flujo de materiales y energía (concepción termodinámica), con el riesgo de idealizar el manejo de los recursos por parte de los agricultores de subsistencia con amplias raíces culturales, la segunda se analiza en relación al rendimiento del capital, a partir de lo cual muchas de las prácticas tradicionales pueden sugerirse inconvenientes, llegándose a la conclusión de que deberían ser sustituidas o eliminadas en aras de aumentar la producción agrícola (Hernández, 1977).
Para establecer las relaciones equivalentes entre ecosistema y agroecosistema, hay que entender la evolución conceptual del primero y consiste en analizar los flujos y materiales de energía que determinan en última instancia un equilibrio dinámico entre los componentes bióticos y abióticos del sistema (Gliessman, 2002). Se diferencia con mayor insistencia el concepto y la definición de ecosistema, en contraste con agroecosistema, ya que la ecología considera al ecosistema como una unidad ecológica en la cual no hay intervención del hombre, ni intervención en el manejo de dicho sistema. Se conceptualiza el agroecosistema como un ecosistema en el cual hay mayor o menor grado de intervención del hombre en el manejo de los recursos naturales. En la conformación del agroecosistema, el espacio es un factor determinante, por lo que Hernández (1983) recomienda tomar en cuenta el historial socioeconómico de la zona de referencia, en adición al uso de parámetros ecológicos utilizados en la delimitación del ecosistema.
El estudio de un agroecosistema, debe tomar en cuenta las diferencias básicas contradictorias entre agroecosistemas y ecosistemas y estas son: 1) los sistemas agrícolas se asemejan a fases insipientes en la sucesión, 2) se produce un rejuvenecimiento de niveles tróficos inferiores, 3) los sistemas agrícolas tienden a la simplicidad, reduciendo la diversidad, 4) los sistemas agrícolas tienen a afectar los mecanismos reguladores, 5) por lo anterior, dichos sistemas presentan más dificultades para aumentar en complejidad y 6) además los desequilibrios pueden alcanzarse con mayor facilidad existiendo la posibilidad de regresiones a niveles inferiores de organización (Hernández, 1977). La delimitación conceptual y real de un agroecosistema debe partir de un esquema socioeconómico claro, que representa el equivalente a factores limitantes, en condiciones geográficas específicas y analizar de qué manera es posible mantener un equilibrio estable al interior del sistema agrícola, pero con la máxima productividad y niveles de producción.
Efraím Hernández X. analizaba el agroecosistema como un todo complejo, basaba sus aportes de finales de los 70s en los recientes y relevantes fundamentos de la teoría ecológica moderna, cuando emergía la categoría de los mecanismos reguladores, que abarcan todo el conjunto de procesos que confieren a los ecosistemas una alta eficiencia autosostenida. Esta categoría incluía la demografía, la Ecofisiológía y la etiología que establecían la relación dela conducta de las poblaciones animales y vegetales en relación a la economía estableciendo la población como unidad de estudio.
Efraím Hernández X. identificaba desde hace más de 40 años las ventajas que representaría contar con estaciones experimentales de manejo de suelos, agua y plantas para contar con resultados experimentales divulgables. Él reflexionaba sobre la necesidad de mantener un contexto teórico práctico permanente para que fuese posible integrar la actividad de agricultores experimentados, técnicos a diferentes niveles científicos y especialistas en los diferentes campos de la producción. La carencia de este tipo de esquemas lo hacía pensar en la nula capacidad de desarrollar o aplicar plenamente el concepto de agroecosistema.
Efraím Hernández Xolocotzi y la Agroecología actual
En los trabajos de Efraím Hernández X. se puede identificar que los diferentes temas agrícolas abordados invocan una perspectiva interdisciplinaria situando a los campesinos y su agricultura como eje para entender la dinámica de los ecosistemas. Las inquietudes científicas planteadas por Hernández X., desde conceptos básicos hasta la inclusión de la complejidad y las redes multidisciplinares de investigación, para que en la actualidad sean importantes en la comprensión de la agroecología. Sus investigaciones sobre el germoplasma del maíz lo llevaron después hacia el reconocimiento del conocimiento tradicional de los pueblos indígenas en el manejo de las especies vegetales y ecosistemas, el papel de la mujer en la domesticación de las especies vegetales, le dio el entendimiento de la complejidad que junto con la teoría ecológica pudo plantear análisis agroecosistémico de los sistemas de producción tradicional; al mismo tiempo que en sus investigaciones aparecía la inclusión de disciplinas como la geografía, antropología, lingüistas y otras en sus investigaciones agrícolas. Estas interrelaciones técnico científicas permitieron tejer una red de procesos fundamentales teóricos y metodológicos en la agroecología que se han complementado al paso de los años hasta formar las bases modernas científicas y técnicas de lo que Altieri y Toledo (2011) llaman la nueva “Revolución agraria”. En la actualidad es innegable que el sistema intensivo de producción agrícola está presionando los recursos naturales como el suelo y el agua y están provocando contaminación y GEI (Gases de Efecto Invernadero) que contribuyen al cambio climático. Es necesario una resignificación de la producción agrícola bajo esquemas de sustentabilidad y resiliencia socioproductiva. Los aportes del Efraín Hernández X. aún viven en la formación de capital humanos que continúa con la generación de nuevos paradigmas y bases teóricas y prácticas para la agroecología. Según Altieri y Toledo (2011), la agroecología está basada en un conjunto de conocimientos y técnicas que se desarrollan a partir de los agricultores y sus procesos de experimentación, enfatizando la capacidad de las comunidades locales para experimentar, evaluar y ampliar su aptitud de innovación mediante la investigación de agricultor a agricultor y utilizando herramientas de extensionismo horizontal. Hernández (1988a) ya mencionaba que para llegar al cambio sea cual sea que se defina, es básico disponer de información sobre la estructura y función, la racionalidad de las prácticas agrícolas aplicadas en el manejo de los recursos, y los mecanismos propios de generación, de transmisión y de aceptación de conocimientos. Es menester pensar que estamos en un momento de coyuntura en el cual se debe no sólo buscar, sino más bien pensar en la aplicación del conocimiento y técnicas agroecológicas adquiridas, teniendo plena racionalidad que no se puede esperar más tiempo, ¿qué estrategias o gama de estrategias regionalizadas o particularizadas serán las adecuadas para ir en contra del sistema de producción convencional, para evitar que los recursos naturales lleguen al umbral de un posible colapso que ponga en riesgo la soberanía alimentaria?. Los agroecólogos ven en la revitalización de la agricultura a pequeña escala y procesos sociales que demuestran que la participación de la comunidad y el empoderamiento local como las únicas opciones viables para satisfacer las necesidades alimentarias regionales (Altieri y Toledo 2011), también habría que tomar en cuenta las condiciones heterogéneas, con recursos naturales en disputa y conflictos sociales dinámicos que requieren de esfuerzos invaluables para su comprensión, sin embargo ya no hay más tiempo, cada vez, hay más datos que concluyen en la premura del cambio en el sistema de producción alimentario mundial. Posiblemente el proceso de cambio ya esté avanzado en Latinoamérica, y México tenga que unirse activamente en el impulso de la agroecología, no sin antes reflexionar una vez más sobre las interrogantes que planteaba Hernández X. que a casi tres décadas continúan siendo motivo de reflexión “¿Qué rumbo queremos seguir culturalmente? ¿Qué concepto tenemos de desarrollo? ¿Qué relación existe entre crecimiento económico y cultural? ¿Qué precio queremos pagar por un crecimiento material exclusivo? ¿Qué posibilidades existen de aportaciones culturales de parte de México al planteamiento mundial?”[1]
Bibliografía
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[1] Hernández Xolocotzi, Efraím. 1988. Agricultura campesina ¿Obstáculo o alternativa? Seminario SEDERU, Colegio de Posgraduados, Montecillo, México 8 de agosto de 1988. Publicado en La Jornada del Campo No. 27. 12 de diciembre de 2009. Disponible en http://www.jornada.unam.mx/2009/12/12/agricultura.html