Soy Xyoli Pérez Campos y soy sismóloga… sí, ¡estudio los temblores de la Tierra! 🌎✨
Desde muy joven me fascinó entender cómo funciona nuestro planeta. Con el tiempo descubrí que no solo me apasionaba investigar los sismos, sino también compartir lo que sé: dar clases, acompañar a estudiantes en sus proyectos, participar en asociaciones profesionales y hacer divulgación para que más personas —como tú— descubran que la ciencia también es su espacio.
He tenido el honor de coordinar el Servicio Sismológico Nacional de México, una responsabilidad enorme y emocionante: escuchar a la Tierra y ayudar a que la información llegue a millones de personas. Y desde 2023 dirijo el Sistema Internacional de Vigilancia de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares, donde trabajamos con tecnología avanzada y colaboración internacional para monitorear nuestro planeta a escala global.
Mi camino no ha sido perfecto ni sencillo, pero sí ha estado lleno de curiosidad, perseverancia y muchísimas ganas de aprender. Si algo quiero que sepas es esto: la ciencia necesita tu voz, tu mirada y tus preguntas. No importa de dónde vengas, importa a dónde quieres llegar.
Si te apasiona entender el mundo, hacer preguntas grandes y atreverte a soñar en grande, hay un lugar para ti en la ciencia. Y créeme: escuchar a la Tierra puede cambiar tu vida. 💜🌋
Todo empezó cuando tenía 11 años. Era 1985 y viví el sismo del 19 de septiembre. 🌎 Ese día cambió mi vida sin que yo lo supiera.
El terremoto causó muchísimos daños en la Ciudad de México. Dos edificios se cayeron muy cerca de mi casa. Y el edificio Nuevo León, en Tlatelolco, también colapsó. Ahí estaba un tío mío, en el piso 12. Fueron horas de angustia. Afortunadamente lo rescataron y sobrevivió, con algunas fracturas. Pero yo me quedé con algo más: preguntas. Muchas preguntas.
¿Por qué tiembla la Tierra?
¿Se pueden entender los sismos?
¿Se pueden prevenir tragedias así?
Con el tiempo descubrí que estudiar Ingeniería Geofísica y después hacer un posgrado en sismología era mi manera de empezar a responder esas preguntas. Y así comenzó mi camino.
Ser sismóloga no es muy diferente de querer ser cualquier científica. No es imposible. Pero sí requiere algo muy poderoso: perseverancia. Son muchos años de estudio, de esfuerzo, de exámenes, de dudas… y de seguir adelante aunque a veces te canses. Yo estudié cinco años la carrera, luego seis años más entre dos maestrías y el doctorado, y todavía un año adicional de postdoctorado. Fue un maratón, no una carrera corta.
Durante el posgrado viví algo que me transformó: me fui a otro país. Otro idioma. Otra cultura. De repente estaba sola, lejos de todo lo que conocía. Aprendí a ser independiente. Aprendí a levantarme después de una ruptura amorosa y de una depresión que pintaba mis días de gris. Aprendí a competir con personas brillantísimas y, sobre todo, aprendí a aprender.
En el extranjero entendí algo importante: nadie te persigue para que estudies. La responsabilidad es tuya. Tu aprendizaje depende de ti. Y acostumbrar tu cerebro a pensar en otro idioma no ocurre de la noche a la mañana. Pero se logra. Paso a paso.
Después regresé a México y me incorporé como académica a la UNAM. En ese momento no existían programas especiales para contratar mujeres. Y, aunque parezca extraño, eso me dio tranquilidad. Yo quería estar ahí por mi capacidad, por mi trabajo, por lo que sabía hacer.
Me considero profundamente afortunada. Siempre tuve el apoyo de mis padres y de mi familia. Mis maestras y maestros creyeron en mí. Colegas se volvieron aliados. Mentores aparecieron en momentos clave. Y mi pareja fue un pilar fundamental. Recuerdo perfecto el día que me ofrecieron dirigir el Servicio Sismológico Nacional. Llegué a casa llena de dudas: “¿Podré hacerlo?”. Él me miró y empezó a enumerar mis cualidades, una por una, como si estuviera leyendo una lista que yo había olvidado. A veces necesitamos que alguien nos recuerde lo que valemos.
La sismología ha sido tradicionalmente un mundo dominado por hombres. Pero mientras yo construía mi camino, no me detuve a contar cuántas mujeres había alrededor. Estaba demasiado ocupada aprendiendo, creciendo y trabajando. Hoy, cuando miro atrás, entiendo que necesitamos más mujeres en estos espacios. Más miradas distintas. Más perspectivas completas.
Yo tuve la fortuna de no enfrentar barreras en casa por querer dedicarme a la ciencia. Al contrario: siempre me impulsaron. Pero sé que no todas viven esa realidad. Sé que todavía hay niñas y jóvenes que sienten que ciertos sueños “no son para ellas”.
Si tú eres una de ellas, quiero decirte algo muy claro: no estás sola. Todas estamos para ti. 💜
Atrévete a soñar en grande.
Atrévete a elegir tu propio camino.
Atrévete a buscar lo que te hace feliz.
No siempre será fácil. A veces dará miedo. Tal vez lo más difícil sea reunir el valor para empezar. Pero piensa esto: el camino que elijas será el que recorras todos los días de tu vida. ¿No vale la pena que sea uno que te emocione?
Busca apoyo. Construye comunidad. Encuentra mentoras y mentores. Hazte de aliados. Aprovecha oportunidades.
Porque cuando te despiertas cada mañana sabiendo que vas a hacer eso que te apasiona… el esfuerzo ni se siente.
Y, sobre todo, toca ser feilz.