Llegó el día E. Eran las 2 de la mañana y me despertó el aguacero, pensé "¡qué bueno que está lloviendo!, así para las 5:00 ya habrá terminado". Le gané al despertador. Funcionó muy bien el entrenamiento de la despertada a las 4:00. A un par de minutos de las 4:00 ya había yo despertado. No se escuchaba lluvia, parecía que la naturaleza también se había comportado bien. Dejé que sonara la alarma para darle oficialidad al asunto. Poco a poco seguí la rutina de la levantada: estirar patitas, girar piecitos, girar manitas, estirar bracitos, alcanzar el celular y revisar correos y el Face. Muchas porras que llevar conmigo. Ahora sí, fuera de la cama, un bañito rápido, sólo para despertar, sin mojarse la cabeza sino el cabello nunca se seca. Siguió la vestida y puesta de accesorios. Decidí no portar mi pulsómetro pues en las últimas carreras largas me había rosado un poco. No había necesidad de sufrirla, creo que ya puedo identificar cuando voy chorcheando y cuando voy esforzándome de más. Decidí ponerme cintas en los tobillos y en el cuello, no me puse en la rodilla porque había estado bien las últimas dos semanas. Decidí ponerme el número en el cinturón para poder dejarme el rompevientos y poder quitármelo más tarde. Toda la ropa, a excepción de la playera, había sido probada. La playera oficial se sentía cómoda, así que decidí usarla.
Raúl me subió mi sandwich flaco y me tomé mis dos vasos de agua. Un par de visitas a baño y estaba lista para salir. Raúl y Frijolita me despidieron con muchas porras y ánimos, los vería más tarde. Salgo rumbo a casa de la porra oficial y hay un chipichipi. Llego a casa de la porra oficial y me la encuentro ya lista, bien vestiditos y arregladitos y listos para echar las porras. Pero es mejor que no vayan a mojarse, pueden salir más tarde. Nos ponemos de acuerdo para que salgan de casa a las 7:00. Les dará buen tiempo de llegar al disparo de mi bloque y retomar el plan de la porra.
Regreso a casa y Raúl y Frijolita me llevan en carro al metro San Antonio Abad. Es muy temprano, debí haberme esperado un poco más para salir. Son apenas las 5:40 y yo ya estoy en el metro. Hay poca gente, tarda en pasar el tren. Viene poca gente, trabajadoras de la vida nocturna, corredores, familia y amigos. Llegamos a Bellas Artes y el anden se llena de color verde, al final no venía tan poca gente. Todos llevamos el mismo destino.
Sigue chispeando, mucha gente está cubriéndose en Bellas Artes. Saliendo del metro me encuentro con un señor ya grande, muy amable y con mucha energía. ¡Ha corrido 140 maratones! Va a salir con el grupo elite. Me echa porras y me anima bastante. ¡Yo quiero ser como él! Tenemos que cruzar un gran charco en Av. Juárez y Eje Central. Él se va al Guardarropas, yo me voy a mi bloque.
Camino y camino por Juárez, el chipichipi disminuye y regresa, a ratos parece desaparecer. Es muy temprano, apenas las 6:00. Ubico los baños y me doy cuenta que estoy a una cuadra del Zócalo. Me compro una tutsi. Me siento en un escaloncito debajo de un techito para cubrirme del chipichipi. El ambiente se ve muy agradable, todos contentos, emocionados, nerviosos, listos. Voy otra vez al baño, son las 6:45, ya es hora de que salga la categoría de sillas de ruedas. Ya está cerca.
Abren el bloque, nos metemos todos, rápido empieza a llenarse. El bloque de enfrente se ve lleno también. Todos mis amigos están en los bloques de adelante. La lluvia ha parado. Son 10 para las 7:00, no tardan en salir las mujeres elite. Suena el teléfono, es la porra oficial. No van a salir de casa porque está muy fuerte la lluvia en Taxqueña. Sigue oscuro, no puedo ver si hay nubes o no, pero parece que sí. Ojalá la lluvia haya ido de norte a sur, eso querría decir que aquí ya llovió y que se fue para Taxqueña. Ahora que lo pienso, no tenía sentido, me hubiera llovido en el camino. Pero bueno, necesitaba la esperanza.
6:55, empiezan a caer las gotas. Una lluvia vertical que en un inicio no parecía fuerte, pero rápidamente nos probaría que estábamos equivocados, que vendría con todo. Las 7:00, salieron las elite. Yo me siento tranquila, sin la ansiedad de estar esperando el disparo de salida. El no saber qué está pasando adelante me ha ayudado. Pero también me siento consternada, la lluvia no para, siento cómo ya los tenis están empapados, siento la humedad de las calcetas, el rompevientos ya está totalmente saturado, las licras no se sienten mojadas, pero claramente están empapadas. Los compañeros de al lado están igual que yo, todos empapados, algunos temblando de frío sin control.
¿Qué hago aquí? Nunca he corrido con lluvia, solo con brisa ligera. Nunca he corrido empapada. Las dos carreras en las que ha habido lluvia he decidido no correrlas. Claro, siempre con la excusa de que voy saliendo de una infección de garganta y que es mejor cuidarse para la siguiente ¿Y si me salgo? El metro está a tres cuadras. Todos entenderían porqué lo hice. Yo no, dice la vocecita interna, ¿por una lluvia? ¿por temor a lo impredecible? ¿por miedo a no terminar por tener condiciones adversas? Nada. Te planteaste una meta, entrenaste para ello. Ve por ello. Pero no entrené correr mojada, no entrené correr con lluvia, no sé qué venga en el camino. Pero ¿por qué estás aquí? ¿Qué te trajo a este día? ¡Correr el maratón! Llevar ese sentimiento de que lo puedo todo, que me he vencido, que he logrado superar mis trabas físicas y mentales. Pues empieza por superarlas en este instante. Decide seguir y lograr tu meta o salte de una vez y no mires atrás, porque no se valdrá arrepentirte, es como cualquier otra decisión en tu vida, si la tomas, la asumen y la aceptas. Seguimos. El agua ya chorrea en mi cara. Exprimo las mangas del rompevientos. Seguimos. Correrás hasta el final, quizá tengas que gatear, no sabes qué va a provocar la lluvia, no importa, lo afrontarás y lo superarás. Seguimos. Volteo a ver a todos a mi alrededor, cambiaron los rostros de emoción y alegría a nerviosismo. No estás sola, no eres la única, todos tememos lo desconocido. Seguimos.
Han pasado ya 40 minutos de lluvia continua cuando finalmente empieza a disminuir. Justo en ese momento empezamos a avanzar. La salida está cerca. Llegamos a Eje Central y el charco que había tenido que saltar con el señor, ahora es una alberca, cruza toda Av. Juárez. Se abre el contingente, saltando y subiéndose a las banquetas, lo logramos pasar. Estamos cerca del arco de salida. Ya pasan de las 7:50, se ha atrasado un poco nuestra salida. Ya ha salido el Sol, por lo menos no correremos a oscuras.
La voz de las carreras dice "Es momento de que salga el último bloque, ¡corredores! ¿están listos?" Pues listos o no, allá vamos. Se deja escuchar la cuenta regresiva. Con dificultad por la lluvia y lo mojado de la pantalla, programo el Runtastic, lo dejo que empiece a correr su tiempo, no puedo estar sacando el celular con la lluvia. Esta vez no me irá diciendo en qué kilómetro va ni que velocidad llevo, lo único que me dirá son las porras que recibo. Se escucha el disparo, caminamos hasta el arco de salida, alcanzo a prender el Polar, es sólo para llevar el tiempo. Ahora sí, ¡a correr!