Antes de la salida: plátano, barrita, agua de desayuno; un buen bañito de agua tibia y una caminata al Zócalo. La mañana estaba fresca pero agradable. Antes de entrar al corral de salida, pasé a mi escala técnica. De ahí, a la línea de salida.
Después del himno, la mujeres salimos primero. Sólo fuimos 1501. La salida estuvo muy emocionante. Por un lado mi mamá en el teléfono diciéndome que sí había llegado a verme salir, yo intentando activar mi polar y mi música. Ya cuando di la primera vuelta en el Zócalo me cayó el veinte de que estaba empezando una aventura de 42.195 km. En ese momento vi a Raúl tomándome fotos y corriendo para seguirme de cerca, documentando cada instante. En eso, los fuegos artificiales.
No tengo fotos del recorrido, pero hubo varios puntos que disfrute en especial:
1) camino al monumento a la Revolución, el Sol empezaba a salir a mis espaldas, al frente tenía al majestuoso monumento con la bella Luna a sus espaldas. Además, ahí estuvo también mamá para echarme porras.
2) Reforma, sobre todo a la altura de Cuitlahuac cuando el grupo de punteros de hombres me pasó. Luego en el Ángel, donde los del medio se estaban preparando y la porra estaba increíble. Además, noté como se tiene una sombra muy rica con tanto arbolito.
3) Polanco, vuelta de un lado para otro, de pronto ya no sabía dónde estaba pero lograba reconocer algún punto, como las tortugas en Masarik, y traían algún recuerdo grato que ayudaban a seguir.
4) El siguiente tramo lo disfruté mucho pues fue puro terreno conocido, el Auditorio, Reforma, el Bosque, Chivatito. Mis tenis se saben el camino de memoria. ¡Cómo me gusta esa ruta!
5) Para Sevilla había ya logrado un medio maratón. Me sentía fuerte y llevaba buen paso.
6) La Condesa, agradable. Las porras, muy buenas. Los arbolitos, una bendición.
7) Revolución: pesado; sin arbolitos. El calor ya se dejaba sentir. La subidita ligerita pero constante. De ahí hasta el km 30.
8) Insurgentes. Chulada de avenida. Realmente se ve mejor sin carros, arbolitos agradables y la porra fenomenal. Justo ahí empezó a traicionar el psicológico pero la porra estuvo espectacular y sus gritos de apoyo me dieron energía para continuar. Gracias
9) km 37 a 40. Quizá los más pesados. Las subiditas ligeras se hacen empinadísimas. Me preguntaba y repreguntaba qué estaba haciendo ahí. Y creo que hasta sentí que Dios me hablaba, aunque después me enteré que la frase es con la Virgen, jeje. Y bueno, me estaban hablando con dolores por todos lados, el peor fue el del hombro derecho, habrá que entrenarlo mejor para la próxima. En la entrada a Av Juárez estaba otra porra, pero no los alcancé a ver, pero siempre los llevo conmigo.
10) ¡Puff! Del 41 al 42.195 fue puro orgullo y la porra en la vuelta final y la llamada de ánimo me termino llevado a la meta. Un Zócalo espectacular. Cruce de meta. ¡Lo había conseguido. Gracias.
Y bueno, tuve la mejor compañía. Gracias amor que, sin planearlo, terminaste corriendo el maratón a mi lado, echándome porras, animándome y jalándome al final para mi cierre de fotografía. Gracias por correr en esta vida a mi lado.