Arte para dos

El artista antes conocido como Prince fotografía a su mujer; la bailarina Mayte García, en su mansión marbellí, un lugar idílico para la creación.

Bettina Dubcovsky



Son diminutos; bajitos y menudos; hablan sin levantar la voz, casi en un susurro, pero cuando suben a un escenario se elevan en las alturas, rozan el cielo y se convierten en colosos del espectáculo. Ella baila y él hace música. Su amor por el arte es común; su dedicación, individual. Son marido y mujer y, para consolidarse como unidad, se han fundido en un símbolo innombrable, conocido y reconocido en todos los rincones del mundo. Él solía llamarse Prince; ella aún se llama Mayte García.

Ese símbolo que los engloba se descubre en cada uno de los rincones de la casa que ambos poseen, desde hace un año, en Marbella. Ni el uno ni el otro temen perder sus identidades artísticas por esa fusión. “La unión de nuestros símbolos entrelazados nos recuerda que en esencia ni Mayte ni yo podríamos triunfar juntos si no estamos de acuerdo el uno con el otro, un acuerdo que nada tiene que ver con el ego – Mi símbolo ha evolucionado hasta convertirse en un espejo perfecto para mí. Según cómo reacciona la gente cuando lo ve, puedo discernir las verdaderas emociones que les evoca y me doy cuenta de lo que sienten por mí”. Mayte García, a su vez, subraya: "Yo me siento
parte e-ese símbolo; es algo muy espiritual. Si se mira bien se distingue una M; cuando yo miro ese símbolo veo la pareja, veo que estamos unidos y esa unión me gusta”.

Esta artística pareja ha echado raíces en España, donde posee, mas que una casa, un palacete. Se trata de una edificación en la que se entremezclan estilos. "No me gusta que la casa tenga una decoración homogénea, porque te cansa ver todo igual -comenta la bailarina portorriqueña— Yo tengo mi cuarto de leer, todo pintado de azul, repleto de almohadones y muy cómodo. También he instalado un pequeño estudio de baile, que fue lo primero que necesité para sentirme en casa, con su pertinente barra y las paredes de espejo. Cuando tienes una casa es importantísimo sentirte cómoda en ella y que todos los rincones sean cálidos.” El artista antes conocido como Prince confiesa que su esposa es la artífice de la magia que irradia el lugar y ”es la que se ha hecho cargo de

toda la decoración y aún continúa en ello. Es un lugar maravilloso pa7a “estudiar, pues está rodeado de ventanales de cristal por todos lados; la luz te ilumina desde cualquier ángulo. Yo he tenido experiencias profundas y significativas allí que han influenciado mi vida n nuestra casa".

El matrimonio posee otra residencia en Minneapolis y se siente tan a gusto tanto en una como en otra; sin embargo, Mayte, una escorpio a la que se le enciende la mirada cuando habla de las cosas que le apasionan, encuentra una sutil diferencia entre ambas. “La de Marbella me gusta para relajarme, para pensar y escribir. ¡Es una casa para descansar y desconectar! De hecho, estoy muy orgullosa de que mi marido encontrara la inspiración aquí para su último disco. En cambio, la de Estados Unidos, en cierta medida, te impone como más responsabilidad, es más como un lugar de trabajo.” De todos modos, la bailarina siente que ambas residencias son su hogar ”siempre y cuando tenga a mis animales conmigo -dos perritas yorkshire y dos cacatúas– y tiritas en el botiquín del baño”.

España les cautivó desde que pisaron estas tierras por primera vez. ”Los españoles tienen un don y una picardía para disfrutar la vida que es inigualable -comenta el creador de Purple Rain–, Algunos de mis mejores espectáculos los he realizado en Barcelona y Madrid.” Su esposa más cercana a las raíces hispanas, coincide en que “este país tiene una gente maravillosa, hay algo aquí... No sé explicarlo, pero me siento tremendamente aa gusto, además nosotros llevamos un ritmo de vida al estilo español: nos levantamos, acostamos, comemos y cenamos tarde".

Un matrimonio, dos casas, dos proyectos profesionales y un océano entre ambos. Mayte, en España, está trabajando en el nuevo espectáculo que su compañía, la New Power Generation Dance Company, planea estrenar en Madrid o Barcelona para fin de año. “Es una coreografía articulada en base a una música árabe en vivo, mezclada con la de mi marido, una obra que él ha compuesto expresamente. ¡Estoy muy entusiasmada y contenta con el proyecto! Además, el vestuario está diseñado por Versace."

Prince –al que aún se le puede llamar por ese nombre ”mientras se haga con amor“, según advierte su esposa- está en los Estados Unidos. “La compañía Arista sacará al mercado mi nuevo trabajo discográfico titulado Rave Un2 the Joy Fantastic y, de momento, toda mi energía profesional está dedicada a ello."

Juntos pero no revueltos’ nunca mejor dicho- Son dos personas y dos creadores. “Somos muy individuales –apunta Mayte– yo decido en mi vida y él en la suya, aunque siempre estamos pensando.el uno en el otro-somos dos seres individuales que sostienen un mismo puente: ” Para el compositor americano, compartir la vida con otra artista es una situación ideal. "El talento de Mayte  para bailar es positivo para mi. Una buena música. En cuanto a lo que a creatividad se refriere, ella le dedica bastante tiempo al jardín y es entonces cuando yo escribo.“ Mayte, a sus 25 bellísimos años, tiene toda una vida por delante y no es de extrañar que, con un músico en casa, quizá se atreva a entrar en el mundo de la canción, sin embargo no es una prioridad. “Es algo que me interesa, pero me tienta más la idea de volver al teatro, algo que echo de menos; allí es donde empecé. Quizá el año que viene haga un disco, pero, poco a poco. Si lo hiciera, lo haría con mi marido y otra gente que me gusta.“

Prince, asimismo, tampoco descarta sorprender a sus incondicionales, montando un espectáculo coreográfico. ”La tentación está presente –afirma–. Desde el punto de vista musical hay un sinfín de cosas por hacer. Yo no creo en el concepto del tiempo, así que cuando tenga 140 años me dedicaré a otra profesión."

Hablando de sueños, Mayte García tiene las ideas claras sobre lo que anhela en el terreno profesional. "Hacer teatro, bailar y dar un mensaje muy positivo y espiritual. ¡Eso es lo más importante! Hay que enseñar el amor, que es lo que estoy haciendo, y hay que hacer cosas que digan algo.“ Su compañero, entre el cielo y la tierra, dice con resignación y rotundidad: ”Todas mis metas son espirituales. La razón por la cual yo trabajo es únicamente para pagar las cuentas de Mayte cuando ella va de compras».

A un paso del 2000, ambos tienen conceptos distintos de cómo celebrar la Nochevieja. Mientras ella asegura que le dará la bienvenida al nuevo milenio ”con un concierto-fiesta, aunque aún no sé dónde“, él se limita a sugerir: «Deseo que estemos juntos en la luz" y que cada cual entienda lo que desee.