Febrero 11
Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes
El 11 de febrero de 1858, tres niñas, Bernadette Soubirous, de catorce años, su hermana Marie Toinete, de once, y su amiga Jeanne Abadie, de doce, salieron de su casa en Lourdes para recoger leña.
Camino al río Gave, pasaron por una gruta natural, donde Bernadette escuchó un murmullo y divisó la figura de una Joven vestida de túnica blanca, muy hermosa, ceñida por una banda azul y con un rosario colgado del brazo. Se acercó y comenzaron a rezar juntas, para luego desaparecer.
Por un periodo de cinco meses, la Virgen se le presentó a la Santa, en medio de multitudes que se acercaban para rezar y poder observar a la hermosa Señora.
Pero la Santísima Virgen solo se le aparecía a la niña. En reiteradas ocasiones, Bernadette fue víctima de desprecios y burlas por parte de las autoridades eclesiales y civiles del pueblo.
No obstante, la pequeña se mantuvo firme en su fe mariana, sobre todo en el especial pedido que la Virgen le había encargado: la construcción de una Capilla sobre la gruta y la realización de una procesión.
Luego de la última aparición, ocurrida el 16 de julio, Fiesta de Nuestra Señora del Carmen, Bernadette ingresó a la orden religiosa de las Hermanas Enfermeras, a la edad de 22 años. Permaneció allí hasta su muerte a los 34 años de edad.
Fuente: Fray Nelson Medina
Libro de Cielo
A continuación ofrecemos enseñanzas dadas por Jesús a la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, reconociendo en cada una de estas Palabras Divinas la Santa humanidad de Nuestra Señora de Lourdes, por quien damos Gloria a Dios y esperamos su Custodia y gran intercesión.
" Al concebir, concibió el reino del Fiat"
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 24-44 (1-2) Septiembre 16, 1928
“La Virgen al concebir, concibió el reino del Fiat; al nacer nos restituyó los derechos de poseerlo”
(1) "Mi abandono en el Fiat es continuo, y mientras seguía sus actos, mi pobre mente se ha detenido a pensar en la Concepción de la Celestial Reina y en su gran fortuna de ser preservada de la mancha original, y mi amado Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, el germen con el cual fue concebida la Soberana Celestial fue tomado de la estirpe humana, porque también Ella tuvo su vida humana como todas las otras criaturas, como la tuve también Yo, pero con esta gran diferencia, no concedida a ninguna otra criatura, que en este germen humano, antes de que fuera concebida su bella alma, mi Fiat, con su Omnipotencia, concentró sus rayos en este germen y con su luz y calor aniquiló e hizo morir lo que de mal había en él, purificándolo del todo y volviéndolo puro y santo y exento de la mancha de origen, y después fue concebida en este germen la Inmaculada Niña. Así que todo el portento de la Inmaculada Concepción fue obrado por mi Divina Voluntad, no hizo otro germen humano, ni lo destruyó, sino lo purificó y con su calor y luz le quitó todos los humores que había contraído este germen por el pecado de Adán, e hizo regresar el germen humano en Ella tal como había salido de nuestras manos creadoras; por eso en cuanto fue concebida la pequeña Virgen Reina, así fue concebido en Ella y en las generaciones humanas el reino de mi Divina Voluntad, porque Nosotros al formar y dar a una criatura gracias sorprendentes, miramos en ella la humanidad de toda la familia humana como si fuera una sola. Mira entonces, en cuanto fue concebida la Virgen en este germen exento de toda mancha, que fue obra del Fiat Divino, así quedó concebido de nuevo en la humanidad su reino divino, y en cuanto la Inmaculada Virgen nació, así fue restituido el derecho de poderlo poseer. Ahora, al venir Yo a la tierra a tomar carne humana me serví del germen de la Soberana del Cielo, y se puede decir que junto con Ella trabajamos para formar de nuevo este nuestro reino en las generaciones humanas, por lo tanto no queda otra cosa que conocerlo para poseerlo, y por eso estoy manifestando lo que pertenece al reino y a mi Voluntad Divina, a fin de que la criatura recorra sus caminos, siga nuestros pasos y entre en posesión de Ella, y mi Divina Voluntad con su calor y luz repetirá el prodigio de quitar los humores nocivos que posee el germen humano, y para estar segura, pondrá el germen de su luz y calor y se constituirá vida del germen, y así se intercambiarán la posesión: Mi Divina Voluntad tomará posesión del germen para formar en él su Vida de luz, de calor y santidad, y la criatura regresará a tomar de nuevo posesión del reino de mi Fiat Divino. Entonces mira hija mía, todo está preparado, no se necesita otra cosa que hacerlo conocer, y por eso Yo tengo tanta premura de que se conozca lo que respecta a mi Divino Querer, para poner en las criaturas el deseo de poseer un bien tan grande, a fin de que mi Voluntad, atraída por los deseos de ellas, pueda concentrar sus rayos luminosos y con su calor cumplir el prodigio de restituir el derecho de poseer su reino de paz, de felicidad y de santidad"
Fiat Divina Voluntad
"A quienquiera que tocaba mi Mamá Celestial, los flagelos no tenían poder sobre de ellos"
Vol. 33-40 (5)
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 33-40 (1-5) Junio 6, 1935
“La Soberana Reina descendía del Cielo con una Majestad indecible, y una ternura toda materna y giraba en medio a las criaturas en todas las naciones y marcaba a sus queridos hijos”
(1) Mi pobre mente continúa su vuelo en la luz interminable del Querer Divino, no hay cosa ni en el Cielo, ni en la tierra que no sea parto suyo, y todo y todos tienen algo que decir de Aquél que los ha generado, más bien no se cansan jamás de narrar su origen eterno, su santidad inalcanzable, su amor que siempre genera, sin cesar jamás, su Fiat que siempre habla, habla a la mente, habla en el corazón, habla sobre la lengua, y ahora habla con voz articulada, ahora con gemidos, ahora suplicante, ahora con imperio, ahora con tal dulzura de conmover los corazones más duros y más obstinados. Dios mío, qué potencia contiene tu Querer, ¡ah! haz que yo viva siempre en Él, pero mientras esto pensaba, mi dulce Jesús haciéndome su breve visita, con una bondad indecible me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¡mi Voluntad! ¡Mi Voluntad! Es todo, hace todo, da todo; ¿quién puede decir que no ha recibido todo de Ella? Tú debes saber que la misma criatura, tanto de santidad posee por cuanto está en orden, en relación con mi Voluntad; tanto más se eleva a la unión con Dios por cuanto más está unida con Ella; su valor, sus méritos, son medidos por las relaciones que ha tenido con mi Voluntad, así que todo el fundamento, la base, la sustancia, el origen de los bienes en la criatura, dependen de cuántos actos ha hecho de mi Voluntad, de cuánto conoce de Ella. Así que si en todos sus actos ha hecho entrar mi Querer, puede decir: ‘Todo es santo, todo es puro y divino en mí’. Y todo le podemos dar, también nuestra Vida en su poder; en cambio si nada ha hecho de mi Voluntad, y nada conoce, no tenemos qué darle, porque nada merece, porque le falta la semilla de generar el bien que nos pertenece, por eso ningún derecho de recibir la paga de su Padre Celestial; si no ha trabajado en nuestro campo, podemos decir: ‘No te conozco’. Por eso, si en todo, o al menos en parte, no ha hecho nada de mi Voluntad, el Cielo está cerrado para la criatura, no tiene ningún derecho a la Patria Celestial. Esta es la causa por la que insistimos tanto que nuestra Voluntad se haga siempre, que sea conocida, porque queremos poblar el Cielo de nuestros amados hijos, y como todo ha salido de Nosotros, queremos que todo nos regrese a nuestro regazo divino”.
(3) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, y rogaba que se apresurara, y que con su Omnipotencia que todo puede, venciera todos los obstáculos e hiciera venir su reino, y que su Voluntad reinara como en el Cielo así en la tierra. Pero mientras esto pensaba, ante mi mente mi dulce Jesús hacía ver tantas cosas funestas y horripilantes, ante las cuales se conmovían los corazones más duros y quedaban aterrados los más obstinados, todo era terror y espanto. Yo he quedado tan afligida de sentirme morir, y rogaba que evitara tantos flagelos. Y mi amado Jesús, como si tuviera piedad de mi aflicción me ha dicho:
(4) “Hija mía, ánimo, todo servirá para el triunfo de mi Voluntad, si golpeo es porque quiero sanar, mi amor es tanto, que cuando no puedo vencer por vía de amor y de gracias, trato de vencer por vía de terror y de espanto, la debilidad humana es tanta, que muchas veces no cuida mis gracias, se hace la sorda a mis voces, se ríe de mi amor, pero basta tocarle la piel, quitarle las cosas necesarias para la vida natural, que abaja su altanería, se siente tan humillada que se hace un harapo, y Yo hago lo que quiero, sobre todo si no tienen una voluntad pérfida y obstinada, basta un castigo, verse a la orilla del sepulcro, para que regrese a mis brazos. Tú debes saber que amo siempre a mis hijos, a mis amadas criaturas, me desviviría por no verlas golpeadas, tanto, que en los tiempos funestos que vendrán, los he puesto a todos en las manos de mi Mamá Celestial, a Ella los he confiado para que me los tenga seguros bajo su manto, le daré a todos aquellos que Ella querrá, la misma muerte no tendrá poder sobre aquellos que estarán en custodia de mi Mamá”.
(5) Ahora, mientras esto decía, mi querido Jesús me hacía ver con hechos que la Soberana Reina descendía del Cielo con una Majestad indecible, y una ternura toda materna, y giraba en medio a las criaturas en todas las naciones y marcaba a sus queridos hijos y a aquellos que no debían ser tocados por los flagelos, a quienquiera que tocaba mi Mamá Celestial, los flagelos no tenían poder sobre de ellos; el dulce Jesús daba el derecho a su Mamá de poner a salvo a quien Ella quería. Cómo era conmovedor ver girar en todas las partes del mundo a la Emperatriz Celestial, que los tomaba entre sus manos maternas, se los estrechaba a su pecho, los escondía bajo su manto a fin de que ningún mal pudiera dañar a aquellos que su materna bondad tenía bajo su custodia, custodiados y defendidos. ¡Oh! si todos pudieran ver con cuánto amor y ternura hacía este oficio la Celestial Reina, llorarían de consuelo y amarían a Aquélla que tanto nos ama"
Fiat Divina Voluntad
“Sintió renacer en su pequeño corazón a un pueblo innumerable”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 36-43 (6) Diciembre 8, 1938
“La Celestial Pequeña sintió renacer en su pequeño corazón a un pueblo innumerable”
(6) “Hija mía bendita, hoy es la fiesta de la Inmaculada Concepción, esta es la fiesta más bella, más grande para Nosotros y para el Cielo y la tierra. Nosotros en el acto de llamar de la nada a esta Celestial Criatura obramos tales prodigios y maravillas, que Cielos y tierra quedaron llenos de ellas. Llamamos a todos, ninguno fue puesto a un lado, a fin de que todos quedaran renacidos junto con Ella, así que fue el renacimiento de todos y de todo. Nuestro Ser Divino desbordó tanto de Nosotros, que pusimos a su disposición en el acto de Concebirla mares de amor, de santidad, de luz, con los cuales podía amar a todos, hacer santos a todos y dar luz a todos. La Celestial Pequeña sintió renacer en su pequeño corazón a un pueblo innumerable. Y nuestra paterna bondad, ¿qué hizo? Primero la hicimos don a Nosotros mismos, a fin de que nos la gozásemos y la cortejásemos, y Ella gozase y nos cortejase a Nosotros, y después la hicimos don a cada una de las criaturas. ¡Oh! cómo nos amó, y amó a todos con tal intensidad y plenitud, que no hay punto en el cual no haga surgir su amor. Toda la Creación, el sol, el viento, el mar, están llenos del amor de esta santa criatura, porque también la Creación se sintió renacer junto con Ella a nueva gloria, mucho más que tuvieron la gran gloria de poseer a su Reina, tanto que, cuando Ella nos ruega por el bien de su pueblo, con un amor al cual no nos es dado resistir, nos dice: Majestad adorable, recuerda que me los has donado, ya soy vuestra y soy de ellos, por lo tanto, con derecho debes escucharme favorablemente”
Fiat Divina Voluntad
“Esta inocente y privilegiada criatura, enriquecida con todas las cualidades divinas”
Vol. 15-1 (3-7)
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 15-1 (3-7) Diciembre 8, 1922
“La Inmaculada Concepción de mi amada Mamá fue prodigiosa”
(3) "Hija mía, la Inmaculada Concepción de mi amada Mamá fue prodigiosa y del todo maravillosa, tanto que Cielos y tierra quedaron estupefactos e hicieron fiesta. Las Tres Divinas Personas hicieron competencia: El Padre hizo salir un mar inmenso de potencia; Yo, Hijo, saqué un mar infinito de sabiduría; y el Espíritu Santo un mar inmenso de eterno amor, que fundiéndose formaron un solo mar y en medio de este mar fue formada la Concepción de esta Virgen, elegida entre las elegidas, así que la Divinidad suministró la sustancia de esta Concepción, y no sólo era centro de vida de esta admirable y singular criatura, sino que este mar le estaba alrededor, no sólo para tenerla defendida de todo lo que pudiera ensombrecerla, sino para darle a cada instante nuevas bellezas, nuevas gracias, potencia, sabiduría, amor, privilegios, etc. Así que su pequeña naturaleza fue concebida en el centro de este mar, y se formó y creció bajo el influjo de estas olas divinas, tanto, que no apenas fue formada esta noble y singular criatura, la Divinidad no quiso esperar como es su costumbre con las demás criaturas, quería sus abrazos, la correspondencia de su amor, sus besos, gozarse sus inocentes sonrisas, y por eso no apenas fue formada su Concepción le di el uso de razón, la doté de todas las ciencias, le hice conocer nuestras alegrías y nuestros dolores con relación a la Creación; y desde el seno materno Ella venía al Cielo, a los pies de nuestro trono para darnos los abrazos, la correspondencia de su amor, sus tiernos besos, y arrojándose en nuestros brazos nos sonreía con tal complacencia de gratitud y de agradecimiento, que arrancaba nuestras sonrisas. ¡Oh!, cómo era bello ver a esta inocente y privilegiada criatura, enriquecida con todas las cualidades divinas, venir en medio de Nosotros toda amor, toda confianza, sin temor, porque solamente el pecado es lo que pone distancia entre Creador y criatura, rompe el amor, hace perder la confianza e infunde temor, así que Ella venía en medio de Nosotros como Reina, que con su amor, dado por Nosotros, nos dominaba, nos raptaba, nos ponía en fiesta y se hacía raptora de otro amor, y Nosotros la hacíamos hacer, gozábamos del amor que nos arrebataba y la constituimos Reina del Cielo y de la tierra. Cielo y tierra exultaron e hicieron fiesta junto con Nosotros, por tener después de tantos siglos a su Reina; el sol sonrió en su luz, y se creyó afortunado por tener que servir a su Reina con darle luz; el cielo, las estrellas y todo el universo sonrieron de alegría e hicieron fiesta, porque debían alegrar a su Reina haciéndole ver la armonía y belleza del firmamento; sonrieron las plantas, pues debían nutrir a su Reina, y también la tierra sonrió y se sintió ennoblecida al deber dar habitación y por tener que hacerse pisar por los pasos de su Emperatriz. Sólo el infierno lloró y sintió perder las fuerzas por el dominio de esta Soberana Señora.
(4) ¿Pero sabes tú cuál fue el primer acto que hizo esta Celestial criatura cuando se encontró la primera vez ante nuestro trono? Ella conoció que todo el mal del hombre había sido la ruptura entre su voluntad y la de su Creador, y Ella se estremeció, y sin dejar pasar el tiempo ató su voluntad a los pies de mi trono, sin ni siquiera quererla conocer, y mi Voluntad se ató a Ella y se constituyó centro de vida, tanto que entre Ella y Nosotros se abrieron todas las corrientes, todas las relaciones, todas las comunicaciones, y no hubo secreto que no le confiáramos. Fue propiamente esto el acto más bello, más grande, más heroico que hizo, el poner a nuestros pies su voluntad, y que, a Nosotros, como raptados, nos hizo constituirla Reina de todos. ¿Ves entonces qué significa atarse con mi Voluntad y no conocer la propia?
(5) El segundo acto que hizo fue ofrecerse a cualquier sacrificio por amor nuestro.
(6) El tercero fue restituirnos el honor y la gloria de toda la Creación, que el hombre nos había quitado con hacer su voluntad; y aun desde el seno materno lloró por amor nuestro, porque nos vio ofendidos, y lloró de dolor por el hombre culpable. ¡Oh! cómo nos enternecían estas lágrimas inocentes y apresuraban la suspirada Redención. Esta Reina nos dominaba, nos ataba, nos arrancaba gracias infinitas, nos inclinaba tanto hacia el género humano que no podíamos ni sabíamos resistir a sus repetidas instancias; ¿pero de dónde le venía tal poder y tanta ascendencia sobre la misma Divinidad? ¡Ah! tú lo has entendido, era la potencia de nuestro Querer que obraba en Ella, que mientras la dominaba la hacía dominadora de Dios mismo. Además ¿cómo podíamos resistir a tan inocente criatura poseída por la potencia y santidad de Nuestro Querer? Sería resistir a Nosotros mismos, Nosotros descubríamos en Ella nuestras cualidades divinas, como olas afluían sobre Ella los reflejos de nuestra santidad, los reflejos de los modos divinos, de nuestro amor, de nuestra potencia, etc., y nuestro Querer, que era su centro, atraía todos los reflejos de nuestras cualidades divinas y se hacía corona y defensa de la Divinidad habitante en Ella. Si esta Virgen Inmaculada no hubiera tenido el Querer Divino como centro de vida, todas las demás prerrogativas y privilegios con los cuales tanto la enriquecimos habrían sido una nada frente a eso. Fue esto lo que le confirmó y le conservó los tantos privilegios, y no sólo, sino que a cada instante le multiplicaba nuevos. He aquí la causa por la que la constituimos Reina de todos, porque cuando Nosotros obramos lo hacemos con razón, sabiduría y justicia, porque jamás dio vida a su querer humano, sino que nuestro Querer fue siempre íntegro en Ella. ¿Cómo podíamos decir a otra criatura, tú eres Reina del cielo, del sol, de las estrellas, etc., si en lugar de tener nuestro Querer por dominio fuera dominada por su querer humano? Todos los elementos, cielo, sol, tierra, se habrían sustraído del régimen y dominio de esta criatura, todos habrían gritado en su mudo lenguaje: ‘No la queremos, nosotros somos superiores a ella porque jamás nos hemos sustraído de tu Eterno Querer; tal como nos creaste así somos.’ Habría gritado el sol con su luz, las estrellas con su centelleo, el mar con sus olas, y así todo lo demás. En cambio, como todos sintieron el dominio de esta Virgen excelsa, que casi como hermana suya jamás quiso conocer su voluntad sino sólo la de Dios, no sólo hicieron fiesta, sino que se sintieron honrados por tener su Reina y corrieron en torno a Ella para hacerle cortejo y tributarle sus homenajes, con ponerse la luna como escabel de sus pies, las estrellas como corona, el sol como diadema, los ángeles como siervos, los hombres como esperando; todos, todos le rindieron honores y le hicieron sus homenajes. No hay honor y gloria que no se pueda dar a nuestro Querer, sea que obre en Nosotros, en su propia sede, sea que habite en la criatura.
(7) ¿Pero sabes tú cuál fue el primer acto que hizo esta noble Reina cuando saliendo del seno materno abrió los ojos a la luz de este bajo mundo? Cuando Ella nació, los ángeles le cantaron canciones de cuna a la Celestial Bebita y Ella quedó extasiada, y su bella alma salió de su cuerpecito, acompañada por legiones angélicas y giró por tierra y Cielo y fue recogiendo todo el amor que Dios había esparcido en todo lo creado, y penetrando en el empíreo vino a los pies de nuestro trono y nos ofreció la correspondencia del amor de todo lo creado, y pronunció su primer gracias a nombre de todos. ¡Oh! cómo nos sentimos felices al oír el gracias de esta bebita Reina, y le confirmamos todas las gracias, todos los dones, para hacerla superar a todas las demás criaturas unidas juntas. Después, arrojándose en nuestros brazos se deleitó con Nosotros, nadando en el océano de todos los contentos, quedando embellecida de nueva belleza, de nueva luz y de nuevo amor; suplicó de nuevo por el género humano, pidiéndonos con lágrimas que descendiera el Verbo Eterno para salvar a sus hermanos, pero mientras esto hacía, nuestro Querer le hizo saber que bajara a la tierra, y Ella de inmediato dejó nuestros contentos y las alegrías y partió, ¿para hacer qué cosa? ¡Nuestro Querer! ¡Qué potente imán era nuestro Querer habitante en la tierra en esta recién nacida Reina! No nos parecía ya extraña la tierra, no nos sentíamos ya para castigarla haciendo uso de nuestra justicia; teníamos la potencia de nuestra Voluntad que en esta inocente niña nos despedazaba los brazos, nos sonreía desde la tierra, y cambiaba la Justicia en gracias y en dulce sonrisa, tanto, que no pudiendo resistir al dulce encanto, el Verbo Eterno apresuró su carrera. ¡Oh prodigio de mi Querer Divino, a Ti todo se debe, por Ti se cumple todo y no hay prodigio más grande que mi Querer habitante en la criatura!"
Fiat Divina Voluntad
“Después de tantos siglos vino a la luz del día la Virgen Inmaculada”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 16-50 (2-6) Febrero 22, 1924
“Gozamos las puras alegrías de la Creación cuando después de tantos siglos vino a la luz del día la Virgen Inmaculada”
(2) “Hija mía, las puras alegrías de la Creación, mis inocentes entretenimientos con la criatura los he gozado, pero a intervalos… En primer lugar, gocé las puras alegrías de la Creación cuando después de crear todo, creé al hombre, hasta que él pecó…”
(3) “En segundo lugar gozamos las puras alegrías de la Creación cuando después de tantos siglos vino a la luz del día la Virgen Inmaculada. Habiendo sido Ella preservada aun de la sombra de la culpa y poseyendo toda la plenitud de nuestra Voluntad, no habiendo habido entre Ella y Nosotros ni la sombra de ruptura entre la voluntad suya y la nuestra, nos fueron restituidas las alegrías y nuestros inocentes entretenimientos, nos trajo como en su regazo todas las fiestas de la Creación, y Nosotros le dimos tanto y nos divertíamos tanto en darle, de enriquecerla a cada instante de nuevas gracias, nuevos contentos, nueva belleza, de no poder contenerlos más. Pero la Emperatriz criatura no duró largamente en la tierra, pasó al Cielo y no encontramos ninguna otra criatura en el bajo mundo que perpetuara nuestros entretenimientos y nos trajera las alegrías de la Creación”
(4) “En tercer lugar gozamos de las alegrías de la Creación cuando Yo, Verbo Eterno, descendí del Cielo y tomé mi Humanidad. ¡Ah! mi amada Mamá con poseer la plenitud de mi Voluntad había abierto las corrientes entre el Cielo y la tierra, había puesto todo en fiesta, Cielo y tierra, y la Divinidad estando en fiesta por amor de tan Santa Criatura me hizo concebir en su virginal seno, dándole la fecundidad divina para hacerme cumplir la gran obra de la Redención. Si no hubiera estado esta Virgen excelsa que tomase el primado en mi Voluntad y que habría hecho vida perfecta en mi Querer, viviendo en Él como si no tuviese voluntad propia, y que con hacer esto puso en corriente las alegrías de la Creación y nuestras fiestas, jamás el Verbo Eterno habría venido a la tierra para cumplir la Redención del género humano. ¿Ves entonces cómo la cosa más grande, más importante, que más satisface, que más atrae a Dios, es el vivir en mi Querer, y quien vive en Él vence a Dios y hace dar de Dios dones tan grandes, de dejar estupefactos Cielo y tierra, y que por siglos y siglos no se habían podido obtener?...”
(5) Entonces yo al oír esto he dicho: “Jesús mío, ¿cómo puede ser esto que Tú dices? Es verdad que nuestra Mamá pasó al Cielo, y tu Humanidad también, ¿pero no os llevasteis con Vosotros las alegrías, en modo de poder continuar vuestros entretenimientos inocentes en el Cielo con vuestro Padre Celestial?”
(6) “Y Jesús: “Las alegrías del Cielo son nuestras y ninguno nos las puede quitar ni disminuir, en cambio las que nos vienen de la tierra estamos en acto de adquirirlas, y el juego viene formado precisamente en el acto de las nuevas adquisiciones; entre la adquisición de la victoria o la pérdida, vienen a formarse las alegrías de la adquisición, o si queda derrotada vienen formados los dolores de la derrota”
Fiat Divina Voluntad
“La Virgen Inmaculada… Madre y Reina de todos”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 19-49 (6) Agosto 22, 1926
“La Virgen Inmaculada… Madre y Reina de todos”
(6) “Hija mía, quien es llamado como cabeza de una misión debe abrazar no sólo todos los miembros, sino debe regirlos, dominarlos y constituirse vida de cada uno de ellos; mientras que los miembros no son los que dan vida a la cabeza ni hacen todo lo que hace ella, sino que cada uno hace su oficio… Esto es lo que hice Yo, porque como cabeza de la Redención puedo decir que hice todo por amor de todos, para darles la vida y ponerlos a todos a salvo, como también la Virgen Inmaculada, porque como Madre y Reina de todos, ¿cuánto no sufrió? ¿Cuánto no amó y obró por todas las criaturas? Ninguno puede decir que nos haya igualado, ya sea en el sufrir como en el amar, a lo más nos semejan en parte, pero igualarnos, ninguno. Pero con el haber estado a la cabeza de todos, tanto Yo como la Soberana Reina, encerrábamos todas las gracias y todos los bienes, la fuerza estaba en nuestro poder, el dominio era nuestro, Cielo y tierra obedecían a nuestras señas y temblaban delante a nuestra potencia y santidad. Los redimidos han tomado nuestras migajas y han comido nuestros frutos, se han sanado con nuestros remedios, se han revigorizado con nuestros ejemplos, han aprendido nuestras lecciones, han resucitado a costa de nuestra vida, y si han sido glorificados ha sido en virtud de nuestra gloria, pero el poder es siempre nuestro, la fuente viva de todos los bienes brota siempre de Nosotros, tan es verdad, que si los redimidos se alejan de Nosotros pierden todos los bienes y vuelven a estar enfermos y pobres más que antes”
Fiat Divina Voluntad
“Para preservar a la Virgen Inmaculada de la culpa original"
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 27-4 (5) Octubre 7, 1929
“Si no hubiera sido porque el Verbo Eterno ofreció sus méritos previstos del futuro Redentor… para preservar a la Virgen Inmaculada de la culpa original, todo se hubiera ido a la ruina”
(5) “Hija mía, cierto que fue terrible el momento de la caída de Adán; en cuanto rechazó nuestro Querer Divino para hacer el suyo, nuestro Fiat estaba en acto de retirarse del cielo, del sol, y de toda la Creación para resolverla en la nada, porque aquél que había rechazado nuestra Divina Voluntad, no merecía más que nuestro Fiat mantuviera el acto continuo de creación y conservación en toda la Creación, hecha por amor del hombre y dada a él como don de su Creador. Si no hubiera sido porque el Verbo Eterno ofreció sus méritos previstos del futuro Redentor, como los ofrecí para preservar a la Virgen Inmaculada de la culpa original, todo se hubiera ido a la ruina; el cielo, el sol, se habrían retirado en nuestra fuente, y retirándose nuestra Divina Voluntad, todas las cosas creadas hubieran perdido la vida. Pero presentándose el Verbo humanado ante la Divinidad, y haciendo presentes sus méritos previstos, todas las cosas se mantuvieron en su puesto, y mi Fiat continuó su obra creadora conservadora, esperando a mi Humanidad para hacerle el don legítimo que merecía, tan es verdad, que se hizo solemne promesa al hombre, después de su caída, que habría descendido el futuro Redentor para salvarlo, a fin de que rogara y se dispusiera a recibirlo. Todo hizo nuestra Voluntad, y con justicia tenía derecho, sobre todo; el hombre con hacer su voluntad humana le quitaba sus derechos divinos, por eso no merecía que el sol le diese la luz, y conforme la luz lo investía se sentía arrancar los derechos de su luz, cada cosa creada que tomaba y gozaba, eran tantos desgarros que le hacía. Si no hubiera sido por mi Humanidad, para el hombre todo hubiera estado perdido. Por eso el no hacer mi Divina Voluntad encierra todos los males, y perder todos los derechos, del Cielo y de la tierra; el hacerla encierra todos los bienes, y hace adquirir todos los derechos humanos y divinos”
Fiat Divina Voluntad
“La creación de la Virgen Inmaculada”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 27-26 (4) Enero 2, 1930
“Otro acto de nuestra Voluntad Divina fue la creación de la Virgen Inmaculada”
(4) “Hija mía, no hay cosa buena que no salga de mi Divina Voluntad, pero hay diferencia entre actos y efectos de Ella. La Creación fue un acto de mi Fiat, y ¡oh! cuántas cosas bellas no salieron, cielos, soles, estrellas, aire que debía servir para la vida natural de la criatura; mar, viento, todo fue plenitud y multiplicidad de obras, porque un acto de mi Divina Voluntad es capaz de llenar todo y de hacer todo. La creación del hombre fue un acto de Ella, ¿y qué cosa no encerró en la pequeña circunferencia del hombre? Inteligencia, ojos, oídos, boca, palabra, corazón, y hasta nuestra semejanza, por la cual lo hacíamos el portador de su Creador, ¿cuántos prodigios no encierra? No sólo eso, sino le fue puesta toda la Creación en torno para servirlo, como si un primer acto de nuestro Fiat hecho en la Creación quisiera servir al segundo acto hecho al crear al hombre. Otro acto de nuestra Voluntad Divina fue la creación de la Virgen Inmaculada, fueron tales y tantos los prodigios obrados en Ella, que Cielos y tierra quedaron estupefactos, tanto que llegó a hacer descender al Verbo Divino sobre la tierra, lo que formó otro acto de mi Fiat, el cual fue mi Encarnación, y tú sabes que fue portador de todos los bienes a la familia humana. Todo el resto de los bienes que ha habido en medio de las criaturas, virtudes, oraciones, obras buenas, milagros, son efectos de mi Querer Divino, los cuales obran según las disposiciones de las criaturas, y por eso son siempre limitados, no con aquella plenitud que llena Cielos y tierra…”
Fiat Divina Voluntad
“Amplió el terreno con sus actos, lo fecundó y divinizó”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 28-26 (4) Septiembre 30, 1930
“La Virgen, teniendo en Sí la Vida obrante de la Divina Voluntad, amplió el terreno con sus actos, lo fecundó y divinizó”
(4) “Hija mía, todos los actos buenos y santos de los profetas, patriarcas, y del pueblo antiguo, formaron el terreno donde el Ente Supremo sembró la semilla para hacer desarrollar la Vida de la Celestial niña María, porque su germen fue tomado de la estirpe humana. La Virgen, teniendo en Sí la Vida obrante de la Divina Voluntad, amplió este terreno con sus actos, lo fecundó y divinizó, hizo correr en él, más que lluvia benéfica y restauradora, la santidad de sus virtudes, el calor de su amor, y dardeándolo con la luz del Sol de la Divina Voluntad que poseía como propia, preparó el terreno para desarrollar al Celestial Salvador, y nuestra Divinidad abrió el cielo e hizo llover el Justo, el Santo, el Verbo, dentro de este brote, y así fue formada mi Vida Divina y humana para formar la Redención del género humano. Mira entonces, en todas nuestras obras dirigidas a bien de las criaturas queremos encontrar un apoyo, un lugar, un pequeño terreno dónde poner nuestra obra y el bien que queremos dar a las criaturas, de otra manera, ¿dónde la ponemos? ¿En el aire? ¿Sin que al menos uno lo sepa y que nos atraiga con sus actos formando su pequeño terreno, y Nosotros como celestial sembrador sembrar el bien que queremos dar? Si esto no fuese, que, de ambas partes, Creador y criatura, la formaran juntos, ella preparándose con sus pequeños actos para recibir, y Dios con el dar, sería como si nada hiciéramos o quisiéramos dar a la criatura. Así que los actos de la criatura preparan el terreno al Sembrador Divino; si no hay tierra no hay que esperar la siembra, ninguno va a sembrar si no tiene un pequeño terreno, mucho menos Dios, Sembrador Celestial, arroja la semilla de sus verdades, el fruto de sus obras, si no encuentra el pequeño terreno de la criatura. La Divinidad para obrar, primero se quiere poner de acuerdo con el alma, después de que lo hemos hecho y vemos que ella quiere recibir aquel bien, hasta rogarnos y formarnos el terreno donde ponerlo, entonces con todo amor lo damos, de otra manera sería exponer a la inutilidad nuestras obras”
Fiat Divina Voluntad
“Para ser la primera heredera de un reino tan santo”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 29-24 (2) Junio 30, 1931
“Vino la humanidad de la Virgen Inmaculada a obrar y a seguir los actos de Adán… para ser la primera heredera de un reino tan santo y para dar los derechos a sus queridos hijos de poseerlo”
(2) “Hija mía, lo que es imposible a la vista humana, para Dios todo es posible. Tú debes saber que la gracia más grande que hicimos al hombre en su creación, fue que podía entrar en nuestra Voluntad Divina para poder hacer sus actos humanos, y como el querer humano era pequeño y el Divino grande, por eso tenía virtud de absorber el pequeño en el grande, y de cambiar el humano en el Divino Querer. Por eso Adán, en el principio de su creación entró en el orden de nuestra Voluntad Divina, y en Ella hizo muchos de sus actos, y mientas con sustraerse de nuestro Querer él salió de dentro de Él, pero sus actos humanos hechos en nuestro Querer quedaron como prenda y derecho del hombre, y como principio y fundamento de un reino divino que él adquiría; en la Divina Voluntad, lo que se hace en Ella es imborrable, Dios mismo no puede cancelar un solo acto de la criatura hecho en el Fiat Supremo. Ahora, siendo Adán el primer hombre creado, era como consecuencia, siendo él como la raíz, el tronco de todas las generaciones humanas, que ellas heredaran, casi como ramas, lo que poseyera la raíz y el tronco del árbol del hombre; y así como todas las criaturas, como por naturaleza heredaron el germen del pecado original, así heredaron los primeros actos suyos hechos en nuestro Querer, que constituyen el principio y el derecho del reino de nuestro Querer Divino para las criaturas. Para confirmar esto vino la humanidad de la Virgen Inmaculada a obrar y a seguir los actos de Adán, para cumplir por completo el reino de la Divina Voluntad, para ser la primera heredera de un reino tan santo y para dar los derechos a sus queridos hijos de poseerlo; y para completar todo esto vino mi Humanidad que poseía en naturaleza mi Divina Voluntad, lo que Adán y la Soberana Reina poseían por gracia, para confirmar con el sello de sus actos este reino de la Divina Voluntad. Así que este reino existe en realidad, porque humanidades vivientes han formado sus actos en Ella, como materiales necesarios para formar este reino, para dar el derecho a las otras humanidades de poseerlo…”
Fiat Divina Voluntad
“La Concepción de la Virgen Inmaculada
fue un acto nuevo de nuestra Voluntad”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 31-10 (4) Octubre 9, 1932
“La Concepción de la Virgen Inmaculada fue un acto nuevo de nuestra Voluntad”
(4) “Hija mía, la Concepción de la Virgen Inmaculada fue un acto nuevo de nuestra Voluntad, nuevo en el modo, nuevo en el tiempo, nuevo en la gracia; en Ella fue renovada toda la Creación. En nuestra Omnividencia e inmensidad llamamos a todas las criaturas, todos sus actos buenos presentes, pasados y futuros como si fuesen uno solo, a fin de que sobre todos y sobre todo fuese formada esta Concepción, para dar el derecho a todos, y darles el derecho no con las palabras, sino con los hechos, sobre todo. Cuando nuestra Voluntad hace un acto que debe servir al bien universal de todos, no hace a ninguno a un lado, y haciendo uso de su Omnipotencia reúne todo junto, criaturas y sus actos, fuera del pecado, porque el mal no entra en nuestros actos, y cumple el acto que quiere hacer. Mira, tus actos también contribuyeron, pusiste tu parte, por ello con derecho eres su hija, y la Virgen Reina con derecho es tu Mamá. ¿Pero sabes por qué tenemos este modo de sacar a la luz a esta Santa Criatura? Para renovar a toda la Creación, para amarla con nuevo amor y para poner al seguro a todos y todo bajo las alas de esta Criatura y Madre Celestial. Nuestras obras no las hacemos jamás aisladas, sino que partimos siempre de nuestro acto único y solo, y mientras es único une todo y hace todo como si fuese uno solo. Es esta nuestra Omnipotencia, nuestra fuerza creadora, en un solo acto hacer todo, encontrar todo, y hacer bien a todos”.
Fiat Divina Voluntad
“La creación del hombre, la concepción de la Virgen Inmaculada y el descendimiento del Verbo”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 35-4 (4) Agosto 23, 1937
“De los bienes inmensos que produce la Generación continua del Verbo y el Proceder del Espíritu Santo, se desbordó fuera la suntuosidad y magnificencia de la máquina de toda la Creación”
“La creación del hombre, la concepción de la Virgen Inmaculada y el descendimiento del Verbo a la tierra”
(4) “Hija mía, escucha hasta dónde puede llegar el alma que vive en nuestra Voluntad, Ella la pone al día en todas nuestras obras, nuestro Ente Supremo tiene siempre en acto continuo todas sus obras, para Nosotros el pasado y el futuro no existen, así que el Padre Celestial Genera continuamente a su Hijo, y entre el Padre y el Hijo Procede el Espíritu Santo; esto es vida en Nosotros y es como el latido y el respiro que forma nuestra Vida: ‘Generar y Proceder continuamente’. Nos faltaría la vida si esto no fuera, como faltaría la vida a la criatura si no tuviese un latido y un respiro continuo. Ahora, en este Generar y Proceder continuamente, vienen formadas alegrías inmensas, felicidad y contentos tales, que no pudiéndolos contener dentro de Nosotros se desbordan fuera y forman las alegrías y la felicidad de todo el Cielo. De los bienes inmensos que produce la Generación continua del Verbo y el Proceder del Espíritu Santo, se desbordó fuera la suntuosidad y magnificencia de la máquina de toda la Creación; la creación del hombre, la concepción de la Virgen Inmaculada y el descendimiento del Verbo a la tierra, todo esto y otras cosas más están siempre en acto en nuestro Ser Divino, como está siempre en acto que el Padre Genera a su Hijo y el Proceder del Espíritu Santo. Ahora, quien vive en nuestra Voluntad es espectador de estos prodigios divinos, y siente volver a darse del Padre el Hijo que siempre Genera, el Espíritu Santo que siempre Procede, y ¡oh! los contentos, el amor, las gracias que recibe, y nos da la gloria que siempre Generamos. En nuestro Querer encuentra en acto la Creación, y le damos con derecho todos los bienes de ella, y es la primera glorificadora por tantas cosas que hemos creado; encuentra en acto a la Virgen concebida, sus mares de amor, toda su vida, y la Virgen la hace poseedora de todo, y ella toma y nos glorifica por el gran bien que hicimos al crear a esta Celestial Criatura; encuentra en acto el descendimiento del Verbo, su Nacimiento, sus lágrimas, su Vida palpitante, también sus penas y la hacemos poseedora de todo, y ella toma todo, nos glorifica, nos ama por todos y por todo. En nuestro Querer la criatura puede decir: ‘Todo es mío, aun el mismo Dios, como es mía la Divina Voluntad’. Por eso ella siente el deber de glorificarnos y amarnos en cada cosa y por todos. No dar lo que hemos hecho y hacemos a quien vive en nuestro Querer nos resulta imposible, nuestro amor no lo soportaría, nos causaría pena, mucho más que Nosotros nada perdemos con dar, más bien nos sentimos más glorificados, más felices con que las criaturas vivan con Nosotros, estén al día en nuestras obras y de ellas sean poseedoras. Poder decir: ‘Lo que es nuestro es tuyo’, es nuestra más grande felicidad, las desuniones no acarrean jamás el bien, el ‘tuyo’ y el ‘mío’ rompe el amor y produce la infelicidad; en nuestra Voluntad no existe la desunión, ni el ‘tuyo’ o el ‘mío’, sino que ‘todo es nuestro’ y todo está en sumo acuerdo”
Fiat Divina Voluntad
"Yo soy la Inmaculada Concepción"
Padre José de Jesús Aguilar Valdés.
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