San Luis Gonzaga
Patrono de la juventud católica. Entregado a los moribundos.
Junio 21
Patrono de la juventud católica. Entregado a los moribundos.
Junio 21
“San Luis Gonzaga”
Breve Biografía
Patrono de la juventud católica.
Martirologio Romano: san Luis Gonzaga, religioso, que, nacido de nobilísima estirpe y admirable por su pureza, renunció a favor de su hermano el principado que le correspondía e ingresó en Roma en la Orden de la Compañía de Jesús. Murió, aún joven, por haber asistido durante una grave epidemia a enfermos contagiosos. († 1591)
Rasgos:
Nació el 9 de marzo de 1568 en Castiglione delle Stiviere, Italia.
A los diez años le imprimió a su vida una dirección muy precisa, haciendo voto de perpetua virginidad.
Vivió en España donde estudió filosofía en la Universidad de Alcalá de Henares y mostró gran interés por la lectura de libros devotos.
A los doce años, después de haber recibido la primera Comunión de manos de San Carlos Borromeo, resolvió entrar en la Compañía de Jesús.
Luis renunció al título y a la herencia paterna, y a los catorce años entró al noviciado romano de la Compañía de Jesús, bajo la dirección de San Roberto Belarmino
Olvidó totalmente su origen noble y escogió para sí los encargos más humildes, dedicándose al servicio de los enfermos, sobre todo durante la epidemia de peste que afligió a Roma en 1590
Quedó contagiado probablemente por un acto de piedad: había encontrado en la calle a un enfermo y, sin pensarlo dos veces, se lo echó a la espalda y lo llevó al hospital en donde prestaba sus servicios.
- Murió a los 23 años, en el día que él había anunciado: era el 21 de junio de 1591.
El cuerpo de San Luis, patrono de la juventud, se encuentra en Roma, en la iglesia de San Ignacio.
Etimología: Luis = Su forma primitiva proviene del fráncico, que quiere decir “Ilustre en el combate” o “guerrero valiente”.
Fecha de canonización: diciembre 1726 por el Papa Benedicto Xlll.
Es importante aprender y recordar la Vida del Santo
para cumplir el Querer Divino
De los escritos de la S. D. Luisa Piccarreta
Cómo dar la gloria accidental a los Santos.
Qué ocurre cuando recordamos al Santo, cuando le damos la gloria accidental; y cuando recordamos, damos Honor, Gloria a Nuestro Creador, Redentor y Santificador.
Oración-Ofrecimiento por el Santo -Audio
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Oración - Ofrecimiento por el Santo En Divina Voluntad
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Libro de Cielo
A continuación ofrecemos enseñanzas dadas por Jesús a la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, reconociendo en cada una de estas Palabras Divinas, la Santa humanidad de San Luis Gonzaga por quien damos Gloria a Dios y esperamos su Custodia y gran intercesión.
“Conforme tú ofrecías tu comunión y todos Mis actos hechos en mi Divina Voluntad se formaban tantos soles”
Libro de Cielo
Vol. 26-18 (1-2) Junio 27, 1929
"Habiendo recibido la santa comunión, la estaba ofreciendo para gloria de San Luis, y ofrecía por regalo a él mismo todo lo que había hecho Nuestro Señor en su Divina Voluntad con su mente, con sus palabras, obras y pasos para la gloria accidental de San Luis en el día de su fiesta.
Ahora, mientras esto hacía, mi dulce Jesús moviéndose en mi interior me ha dicho:
“Hija mía, regalo más bello no podías hacerle en el día de la fiesta del querido San Luis, conforme tú ofrecías tu comunión y todos Mis actos hechos en mi Divina Voluntad se formaban tantos soles por cuantos actos hice Yo en Ella estando sobre la tierra, y estos soles han investido a San Luis, de modo que ha recibido tal gloria accidental de la tierra, que más no podía recibir.
El solo ofrecimiento de los actos hechos en mi Divina Voluntad, tiene virtud de formar soles, porque conteniendo Ella la plenitud de la luz, no es maravilla que convierta los actos humanos hechos en Ella en soles ..."
Fiat Divina Voluntad
“Más bien porque es pequeña puede vencer, porque toda la fuerza está en la pequeñez”
Libro de Cielo
Vol. 20-61 (1-4) Febrero 19, 1927
(1) Estaba siguiendo mi vuelo en el Fiat Divino y mi dulce Jesús se hacía ver que salía de dentro de mi interior, y entrelazaba sus manos con las mías invitándome a luchar con Él, yo era pequeña, pequeña, y no me sentía hábil y fuerte para luchar con Él, mucho más porque salió una voz de dentro de una luz que decía: “Es demasiado pequeñita, ¿cómo puede vencer en esta lucha?”. Y Jesús ha respondido:
(2) “Más bien porque es pequeña puede vencer, porque toda la fuerza está en la pequeñez”.
(3) Yo estaba desconsolada, no me atrevía a luchar con Jesús, y Él incitándome a la lucha me ha dicho:
(4) “Hija mía, ánimo, inténtalo, si tú vences vencerás el Reino de mi Voluntad, no te debes detener porque eres pequeña, porque he puesto a tu disposición toda la fuerza de las cosas creadas, así que junto contigo lucha toda la fuerza que contiene el cielo, el sol, el agua, el viento, el mar, todos me dan batalla, la hacen junto Conmigo para hacerme ceder el Reino del Fiat Divino, la hacen a las criaturas con las armas que cada cosa creada tiene en su propio puño, para rendirlas a reconocer mi Voluntad, a fin de que la hagan reinar como la hacen ellas reinar y queriendo vencer, todas se han puesto como en orden de batalla, y viendo que las criaturas resisten, queriendo vencer por fuerza porque tienen con ellas la fuerza de aquella Voluntad que las anima y domina, con las armas que poseen derriban gentes y ciudades con tal imperio, que ninguno las puede resistir; tú no puedes comprender toda la fuerza y potencia que contienen todos los elementos, que si mi Querer no los tuviera como frenados, sería tan encarnizada la batalla, que de la tierra harían ruinas. Ahora, la fuerza de ellas es también tuya, y por eso tú gira en medio de ellas para ponerlas en orden de batalla, tus actos, tu pedir continuo el Reino del Fiat Supremo llama para poner atenta a toda la Creación, y mi Voluntad moviéndose en ella pone todos sus actos en oficio regio para dar y hacer vencer su Reino en medio de las criaturas. Por lo tanto es mi mismo Querer el que lucha, que da batalla con mi misma Voluntad para el triunfo de su Reino. Así que tu lucha está animada por Ella, la cual tiene fuerza suficiente e irresistible para vencer. Por eso lucha, porque vencerás, y además, luchar para vencer el Reino del Fiat Supremo es la lucha más santa que puede existir, es la batalla más justa y más de derecho que se puede hacer, tan es verdad, que mi mismo Querer desde que formó la Creación empezó esta batalla y esta lucha, y se detendrá sólo cuando venza completamente. ¿Pero quieres sabes cuándo luchas Conmigo y Yo contigo? Yo lucho cuando te manifiesto los conocimientos sobre mi Eterno Fiat, así que cada dicho, cada conocimiento, cada semejanza que se refiere a Él, es una lucha y una batalla que hago contigo para vencer tu voluntad, ponerla en su puesto creado por Nosotros, llamarla casi por vía de lucha al orden del reino de mi Divino Querer, y mientras lucho contigo para subyugar tu voluntad, la inicio en medio de las criaturas. Lucho contigo cuando te enseño el camino que debes hacer y lo que debes hacer para vivir en mi Reino, las felicidades, las alegrías que debes poseer, en suma, lucho por vía de luz que contienen mis conocimientos, lucho por vía de amor y con los ejemplos más tiernos en modo de no poder resistir a mi lucha, lucho por medio de las promesas de felicidad y de alegrías sin fin; mi lucha es persistente y no me canso jamás, ¿pero para vencer qué cosa? Tu voluntad, y en la tuya a aquellos que reconocerán la mía para vivir en mi Reino. Y tú luchas Conmigo cuando recibes mis conocimientos y poniéndolos en orden en tu alma formas el Reino de mi Fiat Supremo en ti, y haciéndome lucha buscas vencer mi Reino. Cada acto tuyo hecho en mi Voluntad es una lucha que me haces; cada giro que haces por todas las cosas creadas para unirte a todos los actos que Ella hace en toda la Creación, llamas a toda la Creación a la batalla para vencer mi Reino, moviendo a mi misma Voluntad dominante en todas las cosas creadas para dar batalla a mi misma Voluntad para establecer su Reino. Y por eso en estos tiempos, el viento, el agua, el mar, la tierra, el cielo, están más que nunca todos en movimiento, haciendo batalla contra las criaturas, sucediendo fenómenos nuevos, y cuántos más sucederán, destruyendo gentes y ciudades, porque en las batallas es necesario disponerse a sufrir pérdidas y muchas veces aun por parte de quien vence; sin batalla no ha habido jamás conquistas de reinos, y si esto ha habido, no han sido duraderas. Luchas Conmigo cuando invistiendo todo lo que Yo hice y sufrí en mi Humanidad, esto es, en mis lágrimas, en mis penas más íntimas, en mis oraciones, en mis pasos, en mis palabras y hasta en las gotas de mi sangre, imprimes tu te amo y por cada uno de mis actos me pides que venga el Reino de mi Fiat Supremo, ¿quién puede decirte la lucha que me haces? Mueves a mis mismos actos para hacerme batalla para vencerme a cederte mi Reino. Por eso Yo lucho contigo y tú luchas Conmigo, es necesaria esta lucha, tú para vencer mi Reino, y Yo para vencer tu voluntad y para iniciar la batalla en medio de las criaturas, para establecer el Reino de mi Supremo Querer. Yo tengo mi misma Voluntad, toda su potencia, fuerza e inmensidad para vencer, tú tienes mi misma Voluntad y a tu disposición toda la Creación y todo lo que Yo hice de bien en la Redención, para adiestrar un ejército formidable para hacer batalla y vencer el Reino del Fiat Supremo. Mira, también cada palabra que escribes es una lucha que me haces y un soldado de más que colocas en el ejército que debe vencer el Reino de mi Voluntad. Por eso sé atenta hija mía, que son tiempos de lucha y es necesario usar todos los medios para vencer”.
Fiat Divina Voluntad
“Con la pureza de la vista, de dos amores hace uno, el amor de Dios y el amor del prójimo, haciéndolo todo por Dios”
Libro de Cielo
Vol. 6-23 (2) Marzo 4, 1904
Encontrándome muy afligida y sufriente por la pérdida de mi buen Jesús, en cuanto lo he visto me ha dicho: “Hija mía, tu alma debe tratar de tener el vuelo del águila, es decir, morar en lo alto, sobre todas las cosas bajas de esta tierra, y tan alto, que ningún enemigo la pueda dañar, porque quien vive en lo alto puede herir a los enemigos, pero no ser herida. Y no sólo debe vivir en lo alto, sino que debe tratar de tener pureza y agudeza de ojos similares a los del águila. Así teniendo esta vista y viviendo en lo alto, con la agudeza de su vista penetra las cosas divinas, no de paso, sino masticándolas hasta hacer de ellas su alimento predilecto, disgustándose de cualquier otra cosa; pero también penetra las necesidades del prójimo y no teme descender entre ellos y hacerles el bien, y si es necesario pone su propia vida. Y con la pureza de la vista, de dos amores hace uno, el amor de Dios y el amor del prójimo, haciéndolo todo por Dios, tal debe ser el alma si quiere agradarme.”
Fiat Divina Voluntad
“Hace su eco a todos mis actos”
Libro de Cielo
Vol. 23-32 (4-5) Enero 29, 1928
(4) "...estaba siguiendo mi giro en el Fiat Divino y acompañaba los suspiros, las lágrimas, los pasos de Jesús y todo lo demás hecho y sufrido por Él, diciéndole: “Amor mío, Jesús, te pongo el ejército de todos tus actos en torno a Ti, e invistiendo tus palabras, tus latidos, tus pasos, tus penas y todos tus actos con mi te amo, te pido el reino de tu Voluntad. Escucha oh Jesús, si no me escuchas por medio del ejército de tus actos que te ruegan, te apresuran, ¿qué otra cosa podría hacer para moverte a concederme un reino tan santo?” Pero mientras esto decía pensaba entre mí: “Mi dulce Jesús tenía sus deseos mientras estaba sobre esta tierra, ¿o bien, de hecho, no los tenía?” Y Él moviéndose en mi interior me ha dicho:
(5) “Hija mía, como Dios no existía en Mí ningún deseo, porque el deseo nace en quien no posee todo, pero para quien todo posee y nada le falta, el deseo no tiene razón de existir, pero como hombre tuve mis deseos, porque mi corazón se hermanó en todo a las otras criaturas, y haciendo míos los deseos de todos, deseé por todos, con todo el ardor, dar el reino de mi Fiat Divino a todas las criaturas, así que si suspiraba, suspiraba el reino de mi Querer, si rogaba y lloraba y deseaba, era sólo por mi reino que quería en medio a las criaturas, porque siendo eso la cosa más santa, mi Humanidad no podía hacer menos que querer y desear la cosa más santísima, para santificar los deseos de todos y darles lo que era santo y de bien más grande y perfecto para ellos, por eso todo lo que tú haces no es otra cosa que mi eco, que resonando en ti te hace pedir en cada acto mío el reino de mi Voluntad. Es por esto que te hago presente cada acto mío, cada pena que sufro, cada lágrima que vierto, cada paso que doy, porque amo el que tú, invistiéndolos, repitas junto a cada acto mío: ‘Jesús, te amo, y porque te amo dame el reino de tu Querer Divino.’ Quiero que me llames en cada cosa que hago, para hacerme resonar el dulce recuerdo de que mis actos dicen: ‘Fiat Voluntas Tua come in Cielo così in Terra.’ De modo que al ver tu pequeñez, a la pequeña hija de mi Querer que hace su eco a todos mis actos, poniéndolos como un ejército en torno a Mí, Yo me apresure a conceder el reino de mi Voluntad.”
Fiat Divina Voluntad
“El desapego de todas las cosas y hasta de sí mismo”
Libro de Cielo
Vol. 2-25 (6-9) Mayo 23, 1899
(6) Después de esto me he sentido fuera de mí misma junto con Jesús. Había muchas personas, quién ambicionaba las riquezas, quién el honor, quién la gloria y quién hasta la santidad, y tantas otras cosas, pero no por Dios, sino para ser tomadas en cuenta como algo grande por las demás criaturas. Jesús dirigiéndose a ellas, moviendo la cabeza les dijo:
(7) “Qué tontos sois, os estáis formando la red para enredaros”.
(8) Después, dirigiéndose a mí me ha dicho:
(9) “Hija mía, por eso la primera cosa que tanto recomiendo es el desapego de todas las cosas y hasta de sí mismo, y cuando el alma se ha despegado de todo, no tiene necesidad de hacerse fuerza para estar lejos de todas las cosas de la tierra, que por ellas mismas se ponen a su alrededor, pero viendo que no son tomadas en cuenta, más bien despreciadas, dándole un adiós se despiden para no darle más molestia.”
Fiat Divina Voluntad
“La santidad en mi Voluntad crece a cada instante”
Libro de Cielo
Vol. 13-17 (1-2) Septiembre 14, 1921
(1) Continuando mi habitual estado, mi siempre amable Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, cada vez que el alma hace sus actos en mi Voluntad, crece siempre más ante Mí en sabiduría, en bondad, potencia y belleza, porque conforme va repitiendo los actos en mi Voluntad, tantos bocados toma de sabiduría, de bondad, etc., y el alma crece de aquel alimento del cual se alimenta, por eso de Mí está escrito en el santo Evangelio que crecía en sabiduría ante Dios y ante los hombres; como Dios no podía ni crecer ni decrecer, mi crecer no era otra cosa que mi Humanidad, que conforme crecía en los años venía a multiplicar mis actos en el Querer Supremo, y un acto de más que hacía era un crecer de más en la Sabiduría de mi Padre Celestial, y era tan verdadero este mi crecimiento, que aun las criaturas lo notaban. Cada acto mío corría en el mar inmenso de la Voluntad Divina, y conforme obraba me nutría de este alimento celestial; sería demasiado extenso el decirte los mares de sabiduría, de bondad, de belleza, de potencia que recibía mi Humanidad en cada acto de más que hacía, así le sucede al alma. Hija mía, la santidad en mi Voluntad crece a cada instante, no hay cosa que se escape del crecer y que el alma no pueda hacer correr en el mar infinito de mi Voluntad; las cosas más indiferentes, el sueño, el alimento, el trabajo, etc., pueden entrar en mi Querer y tomar en Él su puesto de honor como obras de mi Querer; sólo con que el alma lo quiera, y todas las cosas, desde las más grandes hasta las más pequeñas pueden ser ocasiones para entrar en mi Querer, lo que no sucede con las virtudes, porque las virtudes si se quieren ejercitar, muchas veces falta la ocasión, si se quiere ejercitar la obediencia, se necesita a alguien que dé órdenes, y puede suceder que por días y por semanas falte quien dé nuevas órdenes para hacerla obedecer, y entonces, por cuanta buena voluntad tenga de obedecer, la pobre obediencia quedará ociosa; así de la paciencia, la humildad y todas las demás virtudes, pues como son virtudes de este bajo mundo, se necesita a las otras criaturas para ejercitarlas, en cambio mi Voluntad es virtud de Cielo, y Yo solo basto para tenerla a cada instante en continuo ejercicio, para Mí es fácil mantenerla tan elevada, así de noche o de día, para tenerla ejercitada en mi Querer.”
Fiat Divina Voluntad
“La virtud del abandono es la virtud más grande”
Libro de Cielo
Vol. 32-7 (2) Abril 23, 1933
(2) “Hija mía bendita, mi Vida acá abajo, como comenzó así terminó, desde el primer instante de mi concepción fue un acto mío continuado, puedo decir que a cada instante me ponía en las manos de mi Padre Celestial, era el homenaje más bello que le daba su Hijo, la adoración más profunda, el sacrificio más heroico y completo, el amor más intenso de filiación que le daba; mi pleno abandono en sus manos volvía mi Humanidad hablante, y con voz imperante, que pedía todo y obtenía todo lo que Yo quería; mi Padre Celestial no le podía negar nada a un Hijo suyo abandonado en sus brazos, mi abandono de cada instante era el acto más agradable, tanto, que quise coronar el último aliento de mi Vida con las palabras: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu’. La virtud del abandono es la virtud más grande, es comprometer a Dios a que tome el cuidado del abandonado en sus brazos, el abandono dice a Dios: ‘Yo no quiero saber nada de mí mismo, esta mi vida es tuya, no mía, y la tuya es mía’. Por eso si quieres obtener todo, si me quieres amar de verdad, vive abandonada en mis brazos, hazme oír el eco de cada instante de mi Vida: ‘En tus manos toda me abandono’. Y Yo te llevaré en mis brazos como la más querida de mis hijas.”
Fiat Divina Voluntad
“No escatimes el sacrificio de tu vida por una causa tan santa y divina”
Libro de Cielo
Vol. 33-15 (2) Mayo 6, 1934
(2) “Hija mía, el fin primario de la Redención, en nuestra mente divina, fue el restablecer el reino de la Divina Voluntad en la criatura; era esto de divino que habíamos puesto en ella, nuestra Voluntad obrante, el acto más noble, más bello, y que en virtud de esto Nosotros amábamos a la criatura hasta la locura, porque tenía de lo nuestro, Nosotros nos amábamos a Nosotros mismos en ella, y por eso nuestro amor era perfecto, pleno e incesante, y como si no nos pudiéramos separar de ella, sentíamos a nuestra misma Voluntad que desde dentro de la criatura nos imponía a amarla, y si descendí del Cielo a la tierra, fue el imperio, la potencia de mi Fiat que me llamó, porque quería sus derechos y ser restablecido y puesto a salvo su acto noble y divino. Nos habría faltado el orden y habríamos actuado contra natura si descendiendo del Cielo hubiera puesto a salvo a las criaturas, y a nuestra Voluntad, lo que de divino y nuestro acto más bello puesto en ellas, principio, origen y fin de todo, no ponerlo a salvo y restituirle su reino en ellas. Pero, ¿quién hay que no piense en salvarse primero a sí mismo y después a los demás? Ninguno, y si no puede salvarse a sí mismo, es señal de que no tendrá ni virtud, ni poder de salvar a los demás. Con restablecer el reino de mi Voluntad en la criatura, Yo hacía el acto más grande, acto que sólo puede hacer un Dios, esto es, poner a salvo mi misma Vida en la criatura, y salvándome a Mí mismo todos eran puestos al seguro, no más peligros, porque tenían una Vida Divina en su poder, en la cual habrían encontrado todos los bienes que quisieran. Por eso mi Redención, mi Vida, mis penas, mi muerte, servirán para disponer a las criaturas a un bien tan grande y como preparativo al gran portento del reino de mi Voluntad en las generaciones humanas, y si aún no se ven los frutos, la vida de él, esto no dice nada, porque en mi Humanidad está el germen, la Vida de mi Fiat, y este germen posee la virtud de formar la gran generación de tantas otras semillas en los corazones, para regenerar en ellos el restablecimiento de la Vida de mi Voluntad en las criaturas. Por eso no hay acto hecho por el Ente Supremo que no salga de nuestra Voluntad, y es tanto su amor, que se pone como vida en nuestro acto, y como vida reclama sus derechos, porque quiere desarrollar su Vida; por eso, ¿cómo podía Yo venir a redimir si no restituía estos derechos a mi Voluntad? Estos derechos para venir a redimir le fueron restituidos en mi Madre Celestial, en mi Humanidad, y sólo porque tuve estos primeros derechos pude venir a redimir, de otra manera no encontraría ni el camino, ni el lugar dónde descender, y mi Humanidad se comprometió con Ella, por vía de penas, a restituirle estos derechos de hacerla reinar a su tiempo en la familia humana. Por eso tú ruega, y unida Conmigo no escatimes el sacrificio de tu vida por una causa tan santa y divina, y de amor más heroico y grande hacia todas las criaturas.”
Fiat Divina Voluntad