Luisa Piccarreta
Sierva de Dios
La Pequeña Hija de la Divina Voluntad
Abril 23, 1865 - Marzo 4, 1947
Recordemos y demos Honor y Gloria a Dios
por su Paso a la Eternidad
Luisa Piccarreta
Abril 23, 1865 - Marzo 4, 1947
Recordemos y demos Honor y Gloria a Dios
por su Paso a la Eternidad
Con motivo del ANIVERSARIO de la muerte de mamá Luisa a celebrar el 4 de marzo, hemos atendido 9 entregas que nos revelan Verdades Divinas en relación al paso de la muerte de Luisa Piccarreta, la Pequeña Hija De La Divina Voluntad.
Como pequeño hijo de la Divina Voluntad, te invitamos a conocerlas!
Pica Aquí INDICE
“Luisa La Santa”
La Pequeña Hija De La Divina Voluntad
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 15-19 Abril 28, 1923
“Doy a esta primera criatura...toda mi Humanidad, para disponerla, para prepararla, para hacerla entrar en mi Voluntad”
(1) Me sentía como inmersa en la luz interminable de la eterna Voluntad, y mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Divinidad no tiene necesidad de obrar para hacer salir sus obras, basta sólo el quererlas, así que quiero y hago; las obras más grandes, más bellas, salen fuera sólo con que las quiera; en cambio la criatura aunque las quisiera, si no trabaja, no se mueve, nada hace. Ahora, para quien hace suyo mi Querer y vive en Él como en su propia morada, le viene comunicado, por cuanto a criatura es posible, el mismo poder”.
(3) Mientras esto decía, me sentía jalar fuera de mí misma, y encontraba bajo mis pies a un feo monstruo que se mordía todo por la rabia, y Jesús estando cerca de mí ha agregado:
(4) “Así como mi Virgen Madre aplastó la cabeza a la serpiente infernal, así quiero que otra virgen, que debe ser la primera poseedora de la Voluntad Suprema, aplaste de nuevo aquella cabeza infernal, para aplastarlo y debilitarlo en modo de arrojarlo en el infierno, a fin de que tenga pleno dominio sobre de él y no ose acercarse a quien debe vivir en mi Querer, por eso pon tu pie sobre su cabeza y aplástalo”.
(5) Yo, osadamente lo he hecho, y aquél se mordía de más y para no sentir mi contacto se escondía en los más obscuros abismos. Entonces Jesús ha dicho:
(6) “Hija mía, tú crees que sea nada el vivir en mi Querer, no, no, más bien es el todo, es el cumplimiento de todas las santidades, es el dominio absoluto de sí mismo, de sus pasiones y de sus capitales enemigos, es el triunfo completo del Creador sobre la criatura, así que si ella se adhiere y Yo logro que viva en mi Querer, sin querer conocer más su querer, no tengo más que querer de la criatura, y ella no tiene más que darme, todas mis ansias están cumplidas, realizados mis designios, no queda más que hacernos felices mutuamente. Es verdad que vine a la tierra para redimir al hombre, pero mi finalidad principal fue que la Voluntad Divina triunfase sobre la voluntad humana poniendo de acuerdo estas dos voluntades y hacer de ellas una sola, con llevarla en aquella Voluntad de donde había salido. Era esta la principal ofensa que mi Padre Celestial recibió del hombre, y Yo debía resarcirlo, de otra manera no le habría dado plena satisfacción. Pero para obtener la primera finalidad debí primero poner fuera la segunda, esto es, salvarlo, darle la mano porque estaba caído, lavarlo del fango en el cual yacía; ¿cómo podía decir ven a vivir en mi Querer, si era horrible al verse y estaba bajo la esclavitud del enemigo infernal? Entonces, después de haber obtenido la segunda finalidad, quiero poner a salvo la primera, que mi Voluntad se haga en la tierra como en el Cielo, y el hombre salido de mi Voluntad reentre de nuevo en Ella, y para obtener esto, doy a esta primera criatura todos mis méritos, todas mis obras, los pasos, mi corazón palpitante, mis llagas, mi sangre, toda mi Humanidad, para disponerla, para prepararla, para hacerla entrar en mi Voluntad, porque primero debe tomar el fruto completo de mi Redención, y como en triunfo entrar en posesión del mar inmenso de mi Suprema Voluntad, no quiero que entres como extraña sino como hija, no pobre sino rica, no fea sino bella, como si fueras otro Yo. Por eso quiero concentrar toda mi Vida en ti”.
(7) Y mientras esto decía salían de Él como tantos mares que se vertían sobre de mí, y yo quedaba dentro, abismada, y al mismo tiempo un sol que expandía su luz, porque recibía el fruto completo de la Redención para poder dar el fruto completo de su Querer a la criatura, era el Sol del Eterno Querer que festejaba la entrada de la voluntad humana en la suya.
(8) Y Jesús: “Esta mi Voluntad Divina creció como una flor en mi Humanidad, la cual Yo trasplanté del Cielo al verdadero edén de mi Humanidad terrenal; germinó en mi sangre, brotó de mis llagas para hacer de Ella el don más grande a la criatura, ¿no quieres recibirlo tú?”.
(9) Y yo: “Sí”.
(10) Y Él: “Quiero trasplantarla en ti, ámala y debes saber custodiarla”.
Fiat Divina Voluntad
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
Luisa nació el 23 de abril de 1865, Dominica in Albis (Segundo domingo de Resurrección), quinta de 8 hijas, y por la tarde del mismo día fue bautizada en la Iglesia Matriz del pueblo. Participó en la vida de su familia, de origen campesino. Su padre administraba los campos de un propietario rico y con su familia se trasladaba por largos períodos a una hacienda ubicada en la altiplanicie de la Murgia.
Ya era singular que esta niña dedicara mucho tiempo a esconderse para sumirse por largas horas en la oración. A la edad de 9 años, recibió el mismo día la Primera Comunión y la Confirmación, y empieza a escuchar la voz de Jesús en su “interior” sobre todo después de haber comulgado. Como un maestro interior la corrige y la guía en la vida espiritual para que llegue a ser su “perfecta imagen” e inspirándose a la vida de Nazaret la educa en la mortificación de la voluntad por amor.
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 1-1 (165) a (180)
"Nuevas reglas de vida"
"Jesús le indica el nuevo sistema de vida"
(165) Recuerdo que desde el principio de este estar continuamente en la cama, mi amante Jesús muy frecuentemente se hacía ver, lo que no había hecho en el pasado. Desde el principio me dijo que quería que llevara un nuevo sistema de vida para disponerme a aquel místico desposorio que me había prometido, me decía:
(166) “Amada de mi corazón, te he puesto en este estado a fin de poder venir más libremente y conversar contigo, mira, te he liberado de todas las ocupaciones externas a fin de que no sólo el alma, sino también el cuerpo esté a mi disposición, y así tú puedas estar en continuo holocausto ante Mí. Si no te hubiese puesto en esta cama, debiendo tú desempeñar los deberes de familia y sujetarte a otros sacrificios, no podría Yo venir tan frecuentemente y hacerte partícipe de las ofensas conforme las recibo, a lo más debería esperar a que cumplieras tus deberes, pero ahora no, ahora hemos quedado libres, no hay ya nadie que nos moleste y que interrumpa nuestra conversación, de ahora en adelante mis aflicciones serán tuyas, y las tuyas, mías; mis sufrimientos tuyos, y los tuyos míos; mis consolaciones tuyas, y las tuyas mías; uniremos todas las cosas juntas y tú tomarás interés de mis cosas como si fuesen tuyas, y así haré Yo de las tuyas. No habrá más entre nosotros dos, esto es mío y esto es tuyo, sino que todo será común por ambas partes.
(167) ¿Sabes cómo he hecho contigo? Como un rey cuando quiere hablar con su esposa reina, y ésta se encuentra con sus damas en otras ocupaciones. El rey, ¿qué hace? La toma y la lleva dentro de su habitación, cierra las puertas para que ninguno pueda entrar a interrumpir su conversación y oír sus secretos, y así estando solos se comunican recíprocamente sus aflicciones y sus consuelos. Ahora, si algún imprudente fuera a tocar la puerta, a gritar tras ella y no los dejara gozar en paz su conversación, ¿el rey no lo tomaría a mal? Así he hecho Yo contigo, y si alguien te quisiera distraer de este estado, también me disgustaría”.
(168) Y continuó diciéndome: “Quiero de ti perfecta conformidad a mi Voluntad, de tal modo de deshacer tu voluntad en la mía, desapego absoluto de toda cosa, tanto que todo lo que es tierra quiero que sea tenido por ti como estiércol y podredumbre que da horror al sólo mirarlo, y esto porque las cosas terrenas, aunque no se tuviera apego a ellas, sólo con tenerlas en torno y mirarlas ensombrecen las cosas celestiales e impiden realizar ese místico desposorio que te he prometido. Además quiero que así como Yo fui pobre, también me imites en la pobreza, debes considerarte en esta cama como una pobrecita, los pobres se contentan con lo que tienen, y me agradecen primero a Mí, y luego a sus benefactores. Así tú conténtate con lo que te es dado, sin pedir ni esto ni aquello, porque podría ser un estorbo en tu mente y con santa indiferencia, sin pensar si eso te haría bien o mal sométete a la voluntad de los demás”.
(169) Esto me costó mucho al principio, especialmente por las obediencias que me daba el confesor, no sé por qué, pero quería que tomara quinina, y tenía impuesta la obediencia de que cada vez que volviera el estómago otras tantas debía volver a tomar alimento. Ahora, la quinina me estimulaba el apetito y a veces sentía mucha hambre, tomaba el alimento y en cuanto lo tomaba, y a veces en el momento mismo de tomarlo, por los continuos conatos de vómito estaba obligada a devolverlo, y permanecía con la misma hambre de antes. La palabra “pobre” que Jesús me había dicho no me dejaba atreverme a pedir nada, y yo misma tenía vergüenza de pedir; pensaba entre mí: “¿Qué dirá la familia, ha vuelto el estómago y quiere comer? Si me dan alguna cosa la tomo, si no, el Señor se ocupará”. Así me la pasaba contenta de poder ofrecer alguna cosa a mi amado Jesús. Esto no duró mucho tiempo, sino aproximadamente cuatro meses. Un día el Señor me dijo:
(170) “Pide al confesor que te dé la obediencia de no tomar quinina y de no hacerte tomar el alimento tantas veces, que Yo le daré luz”.
(171) Después vino el confesor y se lo dije, y él me dijo: “Para no mostrar singularidades, de ahora en adelante quiero que tomes el alimento una sola vez al día, y suspendió también la quinina”. Así quedé más tranquila y se me pasó el hambre, pero el vómito no cesó, esa única vez que tomaba el alimento era obligada a devolverlo, el Señor a veces me decía que pidiera la obediencia de no comer, pero el confesor no me ha dado jamás esta obediencia, me decía: “No importa que vomites, es otra mortificación”.
(172) Yo entonces se lo decía al Señor y Él me decía: “Quiero que hagas la petición, pero con santa indiferencia, quiero que estés a lo que te dice la obediencia”.
(173) Y así continué haciéndolo. Cuando hubieron pasado cerca de cuarenta días, que yo consideraba por las palabras que me había dicho el Señor (por un cierto tiempo) y que yo así había dicho al confesor, los sufrimientos continuaban sorprendiéndome diariamente y él se veía obligado a venir todos los días, entonces el confesor empezó a darme la obediencia de no deber estar más en aquel estado, y agregaba que si caía en los sufrimientos, él no vendría. Por mi parte me sentía dispuesta a obedecer, especialmente mi naturaleza quería liberarse de aquel estar continuamente en la cama, que por cuán bello fuera, era siempre cama, aquél tener que sujetarse a todos, aun en las cosas más repugnantes y necesarias a la naturaleza, y estar obligada a decirlas a los demás es un verdadero sacrificio. Por eso la naturaleza hizo su oficio, toda se consoló al sentirse dar esta obediencia, mi alma estaba dispuesta a obedecer o a permanecer en cama si el Señor así lo quería, porque había empezado a experimentar cuán bueno había sido el Señor conmigo y que la verdadera resignación sabe cambiar la naturaleza a las cosas y lo amargo lo convierte en dulce.
(174) Cuando me dio la obediencia de no tener que estar más en la cama, yo comencé a resistir y decía al Señor: “¿Qué quieres de mí? No puedo más, porque la obediencia no quiere, pero si Tú quieres dale luz al confesor entonces yo estoy dispuesta a hacer lo que quieres”. Y pasé toda una noche discutiendo con el Señor; cuando venía le decía: “Mi amado Jesús, ten paciencia, no vengas, porque la obediencia no permite que me hagas participar en tus sufrimientos”. Hasta en la mañana yo vencí, me sentía en mí misma y libre de sufrimientos, cuando en un instante vino el Señor y me atrajo de tal manera a Él que no pude resistirle, perdí los sentidos, y me encontré junto con Él, pero tan estrechada que por cuanta oposición hacía, no pude separarme de Jesús. Estando con Jesús yo me sentía toda aniquilada, y tenía una cierta vergüenza por las tantas oposiciones que le había hecho durante la noche, y le dije: “Esposo Santo, perdóname, es el confesor que así lo quiere”. Y Él me dijo:
(175) “No temas, cuando es la obediencia Yo no me ofendo”. Y continuó: “Ven, ven a Mí, hoy es año nuevo, quiero darte tu regalo”.
(176) (Justo aquella mañana era el primer día del año). Entonces acercó sus purísimos labios a los míos y vertió una leche dulcísima, me besó, y tomó un anillo de dentro de su costado, y me dijo:
(177) “Hoy quiero hacerte ver el anillo que te he preparado para cuando te despose”. Después me dijo: “Dile al confesor que es Voluntad mía que continúes estando en la cama, y como señal de que soy Yo dile que hay guerra entre Italia y África, y que si él te da la obediencia de hacerte continuar sufriendo no dejaré hacer nada a ambas partes, se pondrán en paz”.
(178) En el mismo instante de decir estas palabras, me sentí circundada por sufrimientos como por un vestido, y por mí misma no pude liberarme, pensaba entre mí: “¿Qué dirá el confesor?” Pero no estaba más en mi poder. Aquella leche que Jesús vertió en mí me producía tal amor hacia Él, que me sentía languidecer, y sentía tanta saciedad y dulzura, que después de que vino el confesor y me hizo volver de aquel estado, y la familia me llevó alimento, me sentía tan satisfecha que el alimento no bajaba, pero para cumplir la obediencia que así quería, tomé un poco, pero pronto fui obligada a devolverlo, mezclado con aquella leche dulce que me había dado Jesús. y Él como bromeando me dijo:
(179) “¿No te bastó lo que te he dado? ¿No estás contenta aún?” Yo me ruboricé toda, pero rápido le dije: “¿Qué quieres de mí? Es la obediencia”. Cuando vino el confesor se empezó a intranquilizar y a decirme que era desobediente, o bien me decía: “Es una enfermedad. Si fuera cosa de Dios te habría hecho obedecer, por eso en vez de llamar al confesor debes llamar a los médicos”. Cuando él terminó de hablar, yo le dije todo lo que me había dicho el Señor, como he dicho arriba, y él me dijo que era verdad que había guerra entre África e Italia, y dijo: “Veremos si no pasa nada”. Y así quedó persuadido de hacerme continuar sufriendo.
(180) Después de cerca de cuatro meses, un día vino el confesor y me dijo que habían llegado noticias de que la guerra que había entre África e Italia, sin hacerse ningún daño entre ellas, había terminado, firmando la paz. Así el confesor quedó más persuadido y me dejó quedar en paz".
Fiat Divina Voluntad
“En esta casa de Nazaret reinaba mi Voluntad Divina como en el Cielo así en la tierra”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 24-26 (4) Julio 7, 1928
“Nazaret se puede llamar el punto de llamada del reino de nuestra Voluntad”
(4) “Hija mía, cierto que en esta casa de Nazaret reinaba mi Voluntad Divina como en el Cielo así en la tierra, Yo y mi Mamá Celestial no conocíamos otra Voluntad, San José vivía a los reflejos de la nuestra, pero Yo era como un rey sin pueblo, aislado, sin séquito, sin ejército, y mi Mamá como reina sin prole, porque no estaba rodeada por otros hijos dignos de Ella, a los cuales podría confiar su corona de reina para tener su estirpe de sus nobles hijos todos reyes y reinas, y Yo tenía el dolor de ser rey sin pueblo, y si pueblo se puede llamar a aquellos que me circundaban, era un pueblo enfermo, quién ciego, quién mudo, quién sordo, quién cojo, quién cubierto de llagas, era un pueblo que me hacía deshonor, no honor, más bien ni siquiera me conocía, ni quería conocerme, así que era rey para Mí solo, y mi Mamá era reina sin la gran generación de su estirpe de sus hijos reales. En cambio, para poder decir que tuviese mi reino y gobernar, debía tener los ministros, y si bien tuve a San José como primer ministro, un solo ministro no constituye ministerio, debía tener un gran ejército, todo atento a combatir para defender los derechos del reino de mi Voluntad Divina y un pueblo fiel que tuviese sólo por ley, la ley de mi Voluntad; esto no estaba hija mía, por eso no puedo decir que cuando vine sobre la tierra tuve el reino de mi Fiat, nuestro reino fue para Nosotros solos, porque no fue restablecido el orden de la Creación, la realeza del hombre, pero con el vivir Yo y la Madre Celestial todo de Voluntad de Dios, fue arrojado el germen, formada la levadura para hacer despuntar y crecer nuestro reino sobre la tierra; así que fueron hechos todos los preparativos, conseguidas todas las gracias, sufridas todas las penas, para que el reino de mi Querer viniese a reinar sobre la tierra, entonces Nazaret se puede llamar el punto de llamada del reino de nuestra Voluntad”.
Fiat Divina Voluntad
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
La Eucaristía llega a ser su “pasión predominante” e intenta participar en ella cada vez que puede. A los 13 años siente que debe introducirse en la meditación de la Pasión de Jesús que empieza hacer cotidianamente. Tiene también una visión de Jesús que conducido a la crucifixión le pide ayuda. Da inicio así a un largo período de desolación y vejación de parte de los demonios.
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta
“Un Dios que sufre tanto por amor tuyo, y tus sufrimientos por amor suyo, ¿dónde están?”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 1-1 (63) a (66)
“Meditación de la Pasión de Nuestro Señor”
(63) “Amada mía, las cosas pasadas no han sido más que un preparativo, ahora quiero venir a los hechos, y para disponer tu corazón para hacer lo que quiero de ti, esto es, la imitación de mi Vida, quiero que te internes en el mar inmenso de mi Pasión, y cuando tú hayas comprendido bien la acerbidad de mis penas, el amor con el que las sufrí, quién soy Yo que tanto sufrí, y quién eres tú vilísima criatura, ah, tu corazón no osará oponerse a los golpes, a la cruz, que Yo sólo por tu bien le tengo preparada. Más bien al sólo pensar que Yo, tu maestro, he sufrido tanto, tus penas te parecerán sombras comparadas con las mías, el sufrir te será dulce y llegarás a no poder estar sin sufrimientos”.
(64) Mi naturaleza temblaba al solo pensar en los sufrimientos, le pedía que Él mismo me diera la fuerza, porque sin Él, me habría servido de sus mismos dones para ofender al donador. Entonces me puse toda a meditar la Pasión, y esto hizo tanto bien a mi alma, que creo que todo el bien me ha venido de esta fuente. Veía la Pasión de Jesucristo como un mar inmenso de luz, que con sus innumerables rayos me herían toda, esto es, rayos de paciencia, de humildad, de obediencia y de tantas otras virtudes; me veía toda rodeada por esta luz, y quedaba aniquilada al verme tan desemejante de Él. Aquellos rayos que me inundaban eran para mí otros tantos reproches que me decían:
(65) “Un Dios paciente, ¿y tú? Un Dios humilde y sometido aún a sus mismos enemigos, ¿y tú? Un Dios que sufre tanto por amor tuyo, y tus sufrimientos por amor suyo, ¿dónde están?”
(66) A veces Él mismo me narraba las penas sufridas por Él, y quedaba tan conmovida que lloraba amargamente. Un día, mientras trabajaba, estaba considerando las penas acerbísimas que sufrió mi buen Jesús, mi corazón me lo sentía tan oprimido por la pena, que me faltaba la respiración; temiendo que me sucediera algo quise distraerme asomándome al balcón, vi hacia la calle, pero, ¿qué veo? Veo la calle llena de gente, y en medio a mi amante Jesús con la cruz sobre la espalda; quien lo empujaba por un lado y quien por el otro, todo agitado, con el rostro chorreando sangre, que levantaba los ojos hacia mí en actitud de pedirme ayuda. ¿Quién podrá decir el dolor que sentí, la impresión que hizo sobre mi alma una escena tan lastimera? Rápidamente entré en mi habitación, yo misma no sabía dónde me encontraba, el corazón me lo sentía despedazar por el dolor, gritaba y llorando le decía: “¡Jesús mío, si al menos te pudiera ayudar, te pudiese liberar de esos lobos tan enfurecidos! ¡Ay! al menos quisiera sufrir esas penas en lugar tuyo para dar alivio a mi dolor. Ah, mi Bien, dame el sufrir, porque no es justo que Tú sufras tanto y yo, pecadora, esté sin sufrir”.
Fiat Divina Voluntad
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
Se une a las “Hijas de María”, Congregación laical asistida en Corato por el Sacerdote D. Michele De Benedictis (1844-1910) y ubicada inicialmente en la Iglesia del ex convento de los Capuchinos. En este lugar se encuentra también un Instituto femenino de señoritas, hijas de familias pudientes, confiado a las Religiosas de la Caridad de la Inmaculada Concepción de Ivrea. Aquí, Luisa frecuentará solamente las primeras clases de la escuela elemental, teniendo a las Religiosas como maestras. Sus padres no notaron la intensa vida interior de Luisa hasta que, como a los 17 años, en la primavera, cuando se fueron a la hacienda en la localidad llamada “Torre Desesperada”, Luisa manifestó un misterioso y siempre más frecuente estado de sufrimiento que la hacía perder los sentidos y sucesivamente entraba en un estado de “petrificación” durante el cual tuvo algunas visiones de Jesús, quien la escogió como víctima. Los fenómenos se suceden siempre más frecuentemente tanto que la obligan a permanecer en el lecho. Son los preludios de aquello a lo que Luisa llamará su “vida nueva”. Empiezan las incomprensiones familiares y la visita del médico de la familia. Incapaz de dar un diagnóstico certero, el médico no encuentra nada mejor que sugerir la “visita” de un sacerdote. Se obtiene la intervención del agustiniano P. Cosma Loiodice, que conocía a Luisa gracias a las Hijas de María. Con gran sorpresa de todos, la bendición sacerdotal la liberó inmediatamente del estado de malestar en que se encontraba y esto lo continuará haciendo cada vez que se considere necesario por aproximadamente 4 años.
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta
“Se necesitará el sacerdote para liberarme”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 1-1 (124 a (126)
“Se necesitará el sacerdote para liberarme”
(124) Después de que pasé algún tiempo en este estado descrito arriba, cerca de seis o siete meses, los sufrimientos se acrecentaron más, tanto que me vi obligada a estarme en la cama, frecuentemente se multiplicaba aquel estado de perder los sentidos, y casi no tenía ni siquiera una hora libre, me reduje a un estado de extrema debilidad, la boca se apretaba de tal modo que no la podía abrir y en algún momento libre que tenía apenas algunas gotas de algún líquido podía tomar, si es que lo conseguía, y después era obligada a devolverlo por los continuos vómitos que he tenido siempre. Después de que estuve como dieciocho días en este estado continuo, se mandó llamar al confesor para confesarme. Cuando vino el confesor me encontró en ese estado de letargo. Cuando me recuperé me preguntó qué cosa tenía, solamente le dije, callando todo el resto, y como continuaban las molestias de los demonios y las visitas de Nuestro Señor, entonces le dije: “Padre, es el demonio”. Él me dijo que no tuviera miedo, porque no es el demonio, y si es él, el sacerdote te libera. Así dándome la obediencia y persignándome con la cruz y ayudándome a mover los brazos, porque sentía todo el cuerpo petrificado como si se hubiera convertido todo en una sola pieza, logró que los brazos recobraran el movimiento, logró hacer que la boca se abriera luego de que estaba inmóvil para todo. Esto lo atribuí a la santidad de mi confesor, que en verdad era un santo sacerdote, lo consideré casi un milagro, tanto que decía entre mí misma: “Mira, estabas a punto de morir”. Porque en realidad me sentía mal, y si hubiese durado aquel estado, yo creo que habría dejado la vida. Si bien recuerdo que estaba resignada y cuando me vi liberada sentí un cierto pesar porque no había muerto.
(125) Después de que el confesor se fue, y yo quedé libre volví al mismo estado de antes, y así sucedía que pasaba, a veces semanas, a veces quince días y hasta meses en que era sorprendida de vez en cuando por aquel estado durante el día, pero por mí misma lograba liberarme; después cuando era sorprendida con más frecuencia, como dije más arriba, entonces los familiares mandaban llamar al confesor, pues habían visto que la primera vez había quedado liberada por él, cuando todos creían que no me habría de recuperar más de aquel estado, y en cambio hasta pude ir a la iglesia, debido a esto llamaban al confesor y entonces quedaba libre. Nunca me pasó por la mente que para tal estado se necesitara el sacerdote para liberarme, ni que mi mal fuera una cosa extraordinaria; es cierto que cuando perdía los sentidos veía a Jesucristo, pero esto lo atribuía a la bondad de Nuestro Señor y decía para mí misma: “Mira cuán bueno es el Señor hacia mí, que en este estado de sufrimientos viene a darme la fuerza, de otra manera ¿cómo podría sostenerme, quién me daría la fuerza?” También es cierto que cuando debía caer en ese estado, en la mañana en la Comunión Jesús me lo decía, y cayendo en ese estado de Él mismo me venían los sufrimientos, pero no le daba importancia a nada. Con sólo pensar alguna vez en decirlo al confesor yo creía ser el alma más soberbia que existiera en el mundo si me atrevía a hablar de estas cosas de ver a Jesucristo; y sentía tal vergüenza que fue imposible decir algo a ese confesor a pesar de lo bueno y santo que era. Tan es verdad, que no creía que se necesitara al sacerdote para liberarme y que esto sucedía por la santidad del confesor, que cuando llegó el tiempo, él se fue al campo, entonces una mañana, después de la Comunión el Señor me hizo entender que debía ser sorprendida por ese estado, me invitó a hacerle compañía con participar en sus penas, pero yo súbito le dije: “Señor, ¿cómo haré? El confesor no está, ¿quién me debe liberar? ¿Quieres acaso hacerme morir?” Y el Señor me dijo solamente:
(126) “Tu confianza debe estar sólo en Mí, estate resignada, pues la resignación hace al alma luminosa, hace estar en su lugar a las pasiones, de modo que Yo, atraído por esos rayos de luz, voy al alma y la uniformo toda en Mí, y la hago vivir de mi misma Vida”.
Fiat Divina Voluntad
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
Luisa se hace terciaria dominica con el nombre de Sr. Magdalena en la cripta santuario de la Iglesia de S. María Greca. En ausencia del P. Cosma los sacerdotes se rehúsan a ir a donde Luisa. Entonces, su madre se dirige al Arzobispo de Trani, Mons. Giuseppe Bianchi dé Dottula, para que ponga a un sacerdote de encargado establemente. El Arzobispo dispone que Don Michele De Benedictis pueda ir a donde Luisa en la ausencia del padre agustino. Pero en realidad a partir de 1886 asume su cuidado espiritual de modo definitivo. A él Luisa le cuenta por primera vez lo que le sucede cuando pierde los sentidos, lo de sus visiones y su vida interior. En este período da inicio otro fenómeno que luego acompañará a Luisa durante el resto de su vida. Después de haber comido, en un espasmo, se ve obligada a devolver lo que había comido. Todos constatan que el alimento se presenta en óptimo estado y acompañado por un agradable perfume. Pero su Confesor Don Michele no está del todo convencido de la extraordinariedad de esos fenómenos, por lo que la pone a prueba imponiéndole con la “obediencia” muchas cosas que ciertamente no le dan alivio.
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta
“Es mi costumbre que mis obras las manifiesto por medio de los sacerdotes”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 1-1 (128) a (131)
“Es mi costumbre que mis obras las manifiesto por medio de los sacerdotes”
(128) “De aquí me vino una guerra por parte de los sacerdotes, quién decía que era fingimiento, quién que se necesitaban los palos, otros que quería pasar por santa, quién agregaba que estaba endemoniada y muchas otras cosas, que decirlas todas sería hacer demasiado larga la historia. Con estas ideas en sus mentes, cuando sucedían los sufrimientos y la familia mandaba llamar a alguno, no querían venir, diciendo todas aquellas cosas, y la pobre familia ha sufrido mucho, especialmente mi pobre mamá, cuántas lágrimas ha derramado por mí. ¡Ah! Señor, recompénsala Tú. ¡Oh mi buen Señor, cuánto he sufrido desde entonces, sólo Tú sabes todo!
(129) Quién puede decir cuán amargo me resultó este hecho, que para liberarme de ese estado de sufrimientos se necesitaba al sacerdote ¡Cuántas veces he pedido derramando lágrimas amarguísimas, que me libere de esto! Muchas veces hice positivas resistencias al Señor cuando Él quería que me ofreciera como víctima, y aceptara las penas, y le decía: “Señor, prométeme que Tú mismo me liberarás, y entonces acepto todo, de otra manera no, no quiero aceptar”. Y resistía el primer día, el segundo, el tercero, ¿pero quién puede resistir a Dios? Me insistía tanto que al fin me veía obligada a someterme a la cruz. Otras veces le decía de corazón y con confianza: “Señor, ¿cómo es que haces esto? ¿Cómo es que entre Tú y yo, has querido poner a un tercero? Y este tercero no quiere prestarse. Mira, podríamos estar muy contentos Tú y yo solos. Cuando me querías para sufrir, yo inmediatamente aceptaba, porque sabía que Tú mismo me debías liberar, pero ahora no, se necesita otra mano, Te ruego, libérame, pues así estaremos ambos más contentos”
(130) A veces fingía no escucharme y no me decía nada, otras veces me decía:
(131) “No temas, Yo soy quien da las tinieblas y la luz, vendrá el tiempo de la luz, es mi costumbre que mis obras las manifiesto por medio de los sacerdotes”
Fiat Divina Voluntad
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
En la segunda quincena de noviembre de 1887, Luisa, con el consentimiento del Confesor, acepta quedarse completamente postrada en cama, ofreciéndose como “víctima voluntaria”. Inicialmente cree que debía ser por cuarenta días para implorar la paz por la guerra en África que se estaba llevando a cabo, pero más adelante comprenderá que Jesús le pide que este sacrificio sea continuo por el resto de su vida. Así hasta su muerte, por cerca de 60 años, permanece en su lecho sin ninguna enfermedad y sin que se le vea llaga alguna de decúbito. Mientras por la noche cae en su “estado habitual” de malestar con la “petrificación”, frecuentemente su alma deja su cuerpo para estar con Jesús y escuchar sus enseñanzas.
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta
“El confesor me dijo que si era verdaderamente Voluntad de Dios, él me daba la obediencia”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 1-1 (145) a (149)
“El confesor me dijo que si era verdaderamente Voluntad de Dios, él me daba la obediencia”
(145) “Traté de compadecerlo cuanto más pude y con todo el corazón le dije: “Oh Esposo Santo, evita los flagelos que tu Justicia tiene preparados, si la multiplicidad de las iniquidades de los hombres es grande, está el mar inmenso de tu sangre donde, puedes sepultarlas, y así tu Justicia quedará satisfecha. Si no tienes donde ir para deleitarte, ven en mí, te doy todo mi corazón, para que reposes, y te deleites con él, es verdad que también yo soy un lugar inmundo de vicios, pero Tú me puedes purificar y hacerme como Tú me quieres. Pero aplácate, si es necesario el sacrificio de mi vida, ah, de buena gana lo haré con tal de ver a tus mismas imágenes libradas”. Y el Señor interrumpiendo mi hablar continuó diciéndome:
(146) “Precisamente esto es lo que quiero, si tú te ofreces a sufrir, no ya como hasta ahora, de vez en cuando, sino continuamente, cada día y por un corto tiempo, Yo libraré a los hombres. Mira como lo haré, te pondré entre mi Justicia y las iniquidades de las criaturas, y cuando mi Justicia se vea llena de las iniquidades, de modo que no pueda contenerlas y se vea obligada a mandar los flagelos para castigar a las criaturas, encontrándote tú en medio, en vez de golpearlos a ellos quedarás golpeada tú. Sólo de este modo podré contentarte en librar a los hombres, de otro modo, no”.
(147) Yo quedé toda confundida, y no sabía qué decirle, mi naturaleza hacía su parte, se espantaba y temblaba, pero veía a mi buen Jesús que esperaba una respuesta, si aceptaba o no, entonces viéndome casi obligada a hablar le dije: “Oh Divinísimo Esposo mío, por parte mía estaría pronta a aceptar, pero cómo se arreglará por parte del confesor, si no quiere venir de vez en cuando, cómo será posible que quiera venir todos los días; libérame de esta cruz de necesitar al confesor para liberarme, y entonces todo quedará arreglado entre Tú y yo”. Entonces el Señor me dijo:
(148) “Ve con el confesor y pídele la obediencia, si quiere le dirás todo lo que te he dicho y harás lo que él diga. Mira, no será solamente para bien de las criaturas por lo que quiero estos sufrimientos continuos, sino también para tu bien, en este estado de sufrimientos purificaré muy bien tu alma, de modo de disponerte a formar Conmigo un místico desposorio, y después de esto haré la última transformación, de modo que los dos seremos como dos velas que puestas en el fuego, una se transforma en la otra y se forma una sola, así transformaré a Mí en ti, y tú quedarás crucificada Conmigo. Ah, ¿no estarías contenta si pudieras decir: “El Esposo crucificado, pero también la esposa está crucificada? Ah sí, no hay ninguna cosa que me haga desemejante de Él”.
(149) Entonces, cuando pude hablar con el confesor le dije todo lo que el Señor me había dicho, y como aquella palabra que el Señor me dijo: “Por un cierto tiempo”, sin decirme el tiempo preciso que debía estar continuamente sufriendo, yo la tomé como por cuarenta días, más o menos, pero ya han pasado cerca de doce años que continúo así, pero siempre sea bendito Dios, sean adorados siempre sus inescrutables juicios, yo creo que si el Señor bendito me hubiera hecho entender con claridad el tiempo que debía estar en cama, mi naturaleza se habría espantado mucho, y difícilmente se hubiera sometido, si bien recuerdo que he estado siempre resignada, pero entonces no conocía la preciosidad de la cruz como el Señor me la ha hecho conocer en el transcurso de estos doce años, ni el confesor hubiera accedido a darme la obediencia. Entonces así le dije al confesor, que por cuarenta días el Señor quería que me diera la obediencia de estar continuamente sufriendo, y también le dije lo demás. Con gran sorpresa mía, porque yo lo creía imposible, el confesor me dijo que si era verdaderamente Voluntad de Dios, él me daba la obediencia, que en realidad no era que él no pudiera venir, sino más bien un poco de respeto humano. Mi alma se alegró mucho porque podía contentar al Señor, y también librar a las criaturas, pero mi naturaleza se afligió mucho al recibir esta obediencia, tanto que por algunos días estuve muy afligida, también el alma la sentía pensativa porque debía estar tanto tiempo sin poder recibir a Jesús en el Sacramento, mi único consuelo; a veces sentía una guerra tan feroz en mí, que yo misma no sabía qué cosa me había sucedido, muchas cosas las agregaba el demonio, pero mi buen Jesús puso remedio a todo”
Fiat Divina Voluntad
“El Desposorio"
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
El 21 de octubre de 1888, festividad de la Pureza de la Virgen María, vive su primer desposorio místico con Jesús a la presencia de la Virgen María y de Santa Catalina de Siena. Éste se renueva el 7 de septiembre de 1890, víspera de la Natividad de María, a la presencia de la SS. Trinidad en el Cielo y obtiene el don de poder percibir sensiblemente la “inhabitación” de las Tres Divinas Personas en su alma. Finalmente, en la Fiesta de la Exaltación de la Cruz de 1894 o 1895, vive el desposorio místico de la cruz en los lugares de la Pasión en Jerusalén. En esta ocasión recibe los estigmas pero que, después de habérselo pedido decididamente, quedarán invisibles. Gracias a esta experiencia recibe también una más profunda conciencia de sus pecados y siente por ellos un vivo dolor. Jesús la conduce, con continuas purificaciones, por el largo recorrido de una progresiva uniformidad, conformidad y consumación en la humanidad de Cristo.
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta
“Jesús no hacía otra cosa que disponerme a aquel místico desposorio que me había prometido”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 1-1 (181) a (192)
“Jesús no hacía otra cosa que disponerme a aquel místico desposorio que me había prometido”
(181) Entonces mi dulce Jesús no hacía otra cosa que disponerme a aquel místico desposorio que me había prometido, se hacía ver estando yo en ese estado, a veces tres o cuatro veces al día, según le placía, y a veces era un continuo ir y venir, me parecía un enamorado que no sabe estar sin su esposa, así hacía Jesús conmigo, y a veces llegaba a decírmelo:
(182) “Mira, te amo tanto que no sé estar si no vengo, me siento casi inquieto pensando que tú estás sufriendo por Mí y que estás sola, por eso he venido para ver si tienes necesidad de alguna cosa”.
(183) Y mientras así decía, Él mismo me levantaba la cabeza, ponía su brazo detrás de mi cuello y me abrazaba, y mientras así me tenía, me besaba, y si era tiempo de verano y hacía calor, de su boca mandaba un aliento refrescante, o bien tomaba alguna cosa en su mano y me abanicaba y después me preguntaba:
(184) “¿Cómo te sientes? ¿No te sientes mejor?”.
(185) Yo le decía: “En cualquier modo que se está Contigo se está siempre bien”. Otras veces venía, y si me veía muy débil por el continuo estar en aquellos sufrimientos, especialmente si el confesor venía en la noche, mi amante Jesús venía, y viéndome en aquel estado de extrema debilidad, tanto que a veces me sentía morir, se acercaba a mí y de su boca vertía en la mía aquella leche, o bien me hacía ponerme a su costado y yo chupaba torrentes de dulzuras, de delicias y de fortaleza, y Él me decía:
(186) “Quiero ser propiamente Yo tu todo, y también tu alimento del alma y del cuerpo”.
(187) ¿Quién puede decir lo que yo experimentaba, tanto en el alma como en el cuerpo, por estas gracias que Jesús me hacía? Si yo lo quisiera decir me extendería demasiado. Recuerdo que a veces cuando no venía pronto, me lamentaba con Él diciéndole: “Ah, Esposo Santo, como me has hecho esperar, tanto que no podía resistir más, me sentía morir sin Ti”. Y mientras así decía, era tanta la pena que sentía que lloraba, y Él toda me compadecía, me enjugaba las lágrimas, me besaba, me abrazaba y decía:
(188) “No quiero que llores. Mira, ahora estoy contigo, dime qué quieres”.
(189) Yo le decía: “No quiero otra cosa que a Ti, y sólo dejaré de llorar cuando me prometas que no me harás esperar tanto”
(190) Y Él me decía: “Sí, sí, te contentaré”
(191) Un día, mientras estábamos en esto y era tanta la pena que yo sentía que no podía dejar de llorar, mi buen Jesús me dijo:
(192) “Quiero contentarte en todo, me siento tan atraído hacia ti que no puedo hacer menos que hacer lo que tú quieres. Si hasta ahora te he quitado la vida exterior y me he manifestado a ti, ahora quiero atraer tu alma hacia Mí, a fin de que dondequiera que Yo vaya puedas venir junto Conmigo, así podrás gozarme más y estrecharte más íntimamente a Mí, lo que no has hecho en el pasado”
Fiat Divina Voluntad
“¿Quién puede decir los encendidos deseos que el Señor infundía en mí de que se efectuara este místico desposorio?”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 1-1 (205) a (213)
“¿Quién puede decir los encendidos deseos que el Señor infundía en mí de que se efectuara este místico desposorio?”
(205) Ahora, en estas salidas del cuerpo que el Señor me hacía hacer, a veces me renovaba la promesa del desposorio ya dicho. ¿Quién puede decir los encendidos deseos que el Señor infundía en mí de que se efectuara este místico desposorio? Muchas veces le rogaba diciéndole: “Esposo dulcísimo, hazlo pronto, no retrases más mi íntima unión Contigo, ah, estrechémonos con vínculos más fuertes de amor, de modo que nadie nos pueda separar ni por pocos instantes”. Y Jesús ahora me corregía de una cosa, ahora de otra. Recuerdo que un día me dijo:
(206) “Todo lo que es terreno, todo, todo debes quitar, no sólo de tu corazón sino también de tu cuerpo, tú no puedes entender cuan dañino es y qué impedimentos son a mi Amor aun las mínimas sombras terrenas”
(207) Yo enseguida le dije: “Si tengo alguna otra cosa que quitar, dímelo, porque estoy dispuesta a hacerlo”. Pero mientras esto decía, yo misma advertí que tenía un anillo de oro en el dedo que representaba la imagen del Crucificado, e inmediatamente le dije: “Esposo santo, ¿quieres que me lo quite?” Y Él me dijo:
(208) “Debiéndote dar Yo un anillo más precioso, más bello, y en el que a lo vivo estará impresa mi imagen, tanto que cada vez que lo veas nuevas flechas de amor recibirá tu corazón, por eso este anillo no es necesario”.
(209) Y yo prontamente me lo quité. Finalmente llegó el suspirado día, después de no poco sufrir. Recuerdo que faltaba poco para cumplir el año de estar continuamente en la cama, era día de la Pureza de María Santísima. La noche precedente de ese día, mi amante Jesús se hizo ver en actitud festiva, se acercó a mí y tomó mi corazón entre sus manos y lo miró y miró, lo desempolvó y después me lo restituyó de nuevo. Después tomó una vestidura de inmensa belleza, me parecía que el fondo era como de oro veteado de varios colores y me vistió con ella, después tomó dos gemas como si fueran aretes y los puso en mis orejas, luego me adornó el cuello y los brazos y me ciñó la frente con una corona de inmenso valor, adornada de piedras y gemas preciosas, toda resplandeciente de luz, y me parecía que esas luces eran tantas voces que resonaban entre ellas y a claras notas hablaban de la belleza, potencia, fuerza y de todas las otras virtudes de mi esposo Jesús. ¿Quién puede decir lo que comprendí y en qué mar de consuelo nadaba mi alma? Es imposible poderlo decir. Ahora, mientras Jesús me ciñó la frente me dijo:
(210) “Esposa dulcísima, esta corona te la pongo a fin de que nada falte para hacerte digna de ser mi esposa, pero después de que se realice nuestro desposorio me la llevaré al Cielo para reservártela para el momento de la muerte”
(211) Finalmente tomó un velo y con él me cubrió toda, desde la cabeza hasta los pies y así me dejó. ¡Ah! Me parecía que en ese velo hubiera un gran significado, porque los demonios al verme cubierta con él quedaban tan espantados y sentían tal miedo de mí, que huían aterrados. Los mismos ángeles estaban a mi alrededor con tal veneración que yo misma quedaba confundida y toda llena de vergüenza.
(212) La mañana de dicho día, Jesús se hizo ver de nuevo todo afable, dulce y majestuoso, junto con su Madre Santísima y Santa Catalina. Primero los ángeles cantaron un himno, Santa Catalina me asistía, la Mamá me tomó la mano y Jesús puso en mi dedo el anillo, después nos abrazamos y me besó, y así hizo también la Mamá. Después tuvimos un coloquio todo de amor, Jesús me hablaba del gran amor que me tenía, y yo le decía a Él también del amor con el que lo quería. La Santísima Virgen me hizo comprender la gran gracia que había recibido y la correspondencia que debía dar al Amor de Jesús.
(213) Mi esposo Jesús me dio nuevas reglas para vivir más perfectamente, pero como ha pasado mucho tiempo no las recuerdo muy bien, por eso no las digo, y así terminó aquel día”
Fiat Divina Voluntad
“Renovación del desposorio
Desposorio ante la Santísima Trinidad"
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 1-1 (224) a (234)
“Renovación del desposorio.
Desposorio ante la Santísima Trinidad"
(224) “…continuaba estando en la cama. Cuando una mañana Jesús me hizo entender que quería renovar el desposorio, pero no ya en la tierra como la primera vez, sino en el Cielo ante la presencia de toda la corte Celestial, así que estuviese preparada para una gracia tan grande. Yo hice cuanto más pude para disponerme, pero qué, siendo yo tan miserable e insuficiente para hacer ninguna sombra de bien, se necesitaba la mano del Artífice Divino para disponerme, porque por mí jamás habría logrado purificar mi alma.
(234) Mientras mi alma estaba excitándose en encendidos deseos de recibir la gracia que Jesús mismo me quería hacer, Él regresó y me transportó fuera de mí misma, hasta el paraíso, y ahí, ante la presencia de la Santísima Trinidad y de toda la corte celestial renovó los desposorios. Jesús sacó el anillo adornado con tres piedras preciosas, blanca, roja y verde y lo entregó al Padre quien lo bendijo y lo devolvió al Hijo, el Espíritu Santo me tomó la mano derecha y Jesús me puso el anillo en el dedo anular. Después fui admitida al beso de la Tres Divinas Personas y me bendijeron.
(235) ¿Quién puede decir mi confusión cuando me encontré delante de la Santísima Trinidad? Sólo digo que en cuanto me encontré ante su presencia caí rostro en tierra y ahí habría permanecido si no hubiera sido por Jesús que me animó para ir a su presencia, tanta era la luz, la Santidad de Dios. Sólo digo esto, las otras cosas las dejo porque las recuerdo confusamente.
(236) Después de esto, recuerdo que pasaron pocos días, y al recibir la Comunión perdí los sentidos y vi a la Santísima Trinidad que había visto en el Cielo presente ante mí, enseguida me postré ante su presencia, la adoré, confesé mi nada. Recuerdo que me sentía tan abismada en mí misma que no me atrevía a decir una sola palabra, cuando una voz salió de en medio de Ellos y dijo:
(237) “No temas, date ánimo, hemos venido para confirmarte como nuestra y tomar posesión de tu corazón”.
(238) Mientras esta voz así decía, vi que la Santísima Trinidad descendió en mi corazón y se posesionaron de él y ahí formaron su sede. ¿Quién puede decir el cambio que sucedió en mí? Me sentía divinizada, no más vivía yo sino Ellos vivían en mí. A mí me parecía que mi cuerpo fuera como una habitación, y que dentro habitase el Dios viviente, porque yo sentía la presencia real sensiblemente en mi interior, oía su voz clara que salía de dentro de mi interior y resonaba en los oídos del cuerpo. Sucedía precisamente como cuando hay gente dentro de una habitación, que hablan y sus voces se oyen claras y distintas aun desde fuera.
(239) Desde entonces no tuve más la necesidad de ir en su busca a otros lugares para encontrarlo, sino que lo encontraba dentro de mi corazón. Y cuando algunas veces se ocultaba y yo he ido en busca de Jesús girando por el cielo y por la tierra, buscando a mi sumo y único Bien…”
Fiat Divina Voluntad
“En la cruz Jesús dotó a las almas,
y las desposó a Él”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 7-33 (1-2) Julio 27, 1906
“En la cruz Jesús dotó a las almas, y las desposó a Él”
(1) Esta mañana se hacía ver mi adorable Jesús abrazando la cruz, y yo pensaba en mi interior cuáles habían sido sus pensamientos al recibirla”.
(2) Y Él me ha dicho: “Hija mía, cuando recibí la cruz la abracé como a mi más amado tesoro, porque en la cruz dote a las almas y las desposé Conmigo. Ahora, mirando la cruz, su largura y anchura, Yo me alegré porque veía en ella las dotes suficientes para todas mis esposas, y ninguna podía temer el no poder desposarse Conmigo, teniendo Yo en mis propias manos, en la cruz, el precio de su dote, pero con esta sola condición, que si el alma acepta los pequeños donativos que Yo le envío, los cuales son las cruces, como prenda de que me acepta por Esposo, el desposorio es formado y le hago la donación de la dote. Pero si no acepta los donativos, esto es, no resignándose a mi Voluntad, queda todo anulado, y a pesar de que Yo quiero dotarla no puedo, porque para formar un esponsalicio se necesita siempre la voluntad de ambas partes, y el alma no aceptando los donativos, significa que no quiere aceptar el esponsalicio”
Fiat Divina Voluntad
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
Cuando en 1898 Don Michele De Benedictis a causa de sus múltiples empeños pastorales deja la dirección espiritual de Luisa, indica como su sucesor al Canónico Don Gennaro De Gennaro (1844-1922), párroco de la parroquia de San José en Corato.
Su Confesor habría sido el único que hubiese sabido lo que pasaba en su alma si el nuevo Confesor, después de haber escuchado lo que le sucedía durante ese “estado habitual”, no le hubiera dado la “obediencia” de escribir en un Diario espiritual en el cual debía anotar con diligencia cuanto escuchaba y veía. Al ofrecimiento de su postración en cama se añade “la cruz de escribir” a la cual será fiel, escribiendo cerca de 10 mil páginas, del 28 de febrero de 1899 al 28 de diciembre de 1938. Dos meses después de haber empezado a escribir el “segundo” cuaderno, el Confesor le pide que escriba lo que le había venido pasando en su vida pasada. Nace así el “primer” cuaderno que constituye una verdadera autobiografía espiritual desde la edad de 9 años.
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta
“Por orden del confesor empiezo a escribir lo que pasa entre Nuestro Señor y yo día por día”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 2-1 (1) Febrero 28, 1899
“Por orden del confesor empiezo a escribir lo que pasa entre Nuestro Señor y yo día por día"
(1) “Confieso la verdad, siento una gran repugnancia, es tanto el esfuerzo que debo hacer para vencerme, que sólo el Señor puede saber el desgarro de mi alma. Pero, ¡oh santa obediencia, qué atadura tan potente eres! Sólo tú podías vencerme y superar todas mis repugnancias, que son como montes insuperables, y me atas a la Voluntad de Dios y del confesor. Pero, ¡oh! Esposo santo, por cuan grande es el sacrificio, otro tanto tengo necesidad de ayuda, no quiero otra cosa sino que me introduzcas en tus brazos y me sostengas. Así, asistida por Ti podré decir sólo la verdad, sólo por tu gloria y para confusión mía”
Fiat Divina Voluntad
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
A causa de su definitiva inmovilidad, ya en 1898 le es concedida la facultad de poder asistir a la Santa Misa en la casa en la que vive con su hermana Angelina que la asiste y con sus padres, que murieron en 1907. Sustenta la alimentación y la ofrenda de la S. Misa con su trabajo de encaje de “bolillos” que aprendió de niña y acoge a jóvenes que quieren aprender dicho arte. Su casa además de ser una escuela de esta arte es una escuela de vida espiritual de la cual no solamente las aprendices-discípulas reciben sino que también muchas otras personas que comienzan a frecuentar su casa para escuchar su consejo y pedir su oración.
Este ir y venir de la gente levanta sospechas en alguno, tanto que el Arzobispo Mons. Tommaso de Stefano, en 1902 dispone que el Confesor ya no vaya a donde Luisa para hacerla salir de su “estado habitual”. Pero la prohibición dura solamente pocas semanas. Al año siguiente decide ir él mismo en persona a visitar a Luisa para interrogarla concluyendo con un juicio positivo. También su sucesor, el Arzobispo Mons. Francesco Paolo Carrano, visita a Luisa y en 1908 obtiene de la Santa Sede la facultad para que se pueda celebrar la Santa Misa cotidiana en su casa. Y cuando en 1910 inaugura en Trani el Orfanatorio Femenino Antoniano del P. Aníbal María di Francia (1851-1927), seguramente le cuenta al religioso siciliano sobre Luisa y su Diario. En este período, de hecho, inició su relación con el P. Aníbal a quien Luisa le escribe su primera carta el 20 de marzo de 1911.
El santo de Messina, queda conquistado de inmediato por la espiritualidad de Luisa a quien visita repetidamente. De manera particular le fascina su modo de meditar la Pasión de Nuestro Señor, tanto que le pide que escriba en un cuaderno a parte sus reflexiones. Nace así la obra de la que se encargó él mismo de publicar en 1915 con el título de “El Reloj de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo con afectivas consideraciones y reparaciones”. Ante el gran éxito encontrado, decide publicarlo de nuevo en una nueva edición el mismo año y luego en 1917 y en 1925. El texto fue progresivamente enriquecido con otras “prácticas” y algunas oraciones. Pero sobretodo con un Apéndice que contenía por primera vez algunas páginas del Diario con el título “Tratado de la Divina Voluntad”. Escribe incluso una carta circular dirigida a los obispos para aconsejarles que lo usen en los Institutos presente de sus propias diócesis.
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta
“Efectos de meditar siempre en la Pasión”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 7-63 (1-2) Noviembre 9, 1906
“Efectos de meditar siempre en la Pasión”
(1) Encontrándome en mi habitual estado, estaba pensando en la Pasión de Nuestro Señor, y mientras esto hacía ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, me es tan querido quien siempre va pensando en mi Pasión, y siente desagrado y me compadece, que me siento como retribuido por todo lo que sufrí en el curso de mi Pasión, y el alma rumiándola siempre, viene a formar un alimento continuo, en el que hay tantos diversos condimentos y sabores que producen diversos efectos. Así que si en el curso de mi Pasión me dieron cadenas y cuerdas para atarme, el alma me desata y me da la libertad; aquellos me despreciaron, me escupieron y me deshonraban, ella me aprecia, me limpia de esas escupitinas y me honra; aquellos me desnudaron y me flagelaron, ella me cura y me viste; aquellos me coronaron de espinas tratándome como rey de burla, me amargaron la boca con hiel y me crucificaron, el alma rumiando todas mis penas me corona de gloria y me honra como su Rey, me llena la boca de dulzura dándome el alimento más exquisito como es el recuerdo de mis mismas obras, y desclavándome de la cruz me hace resucitar en su corazón, dándole Yo por recompensa, cada vez que hace esto, una nueva vida de gracia, así que ella es mi alimento y Yo me hago su alimento continuo. Así que la cosa que más me agrada es que el alma piense siempre en mi Pasión”
Fiat Divina Voluntad
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
Luego, hasta 1926, el fundador de los Rogacionistas y de las Hijas de Divino Celo, logró revisar los primeros 18 volúmenes del Diario y, como resulta del rico epistolario entre Luisa y él, se preparaba a publicar los textos. De hecho, el Arzobispo de Trani, Mons. Giuseppe María Leo, lo había nombrado “Censor Eclesiástico” para las publicaciones de sus Diócesis y después de haber obtenido el Nihil Obstat de P. Aníbal, puso también su “Imprimatur” directamente en los primeros 18 volúmenes manuscritos del Diario, dando su permiso para la publicación. La muerte de P. Aníbal, sin embargo, impidió la realización de este proyecto editorial.
Una idea de cómo se presentaba a Luisa a cuantos la encontraban, que con frecuencia venían de lejos, nos la ha dejado precisamente el mismo San Aníbal en el Prefacio que hizo para el Reloj de la Pasión, en donde la describe así: «Esta Esposa de Jesús crucificado que pasa la noche en éxtasis dolorosos y en toda clase de padecimientos, al verla luego durante el día medio sentada en una cama, trabajando entre las agujas y los alfileres, nada, nada se transparenta, en lo más mínimo de una persona que durante la noche haya sufrido tanto, nada, nada que deje entrever algo de extraordinario, de sobrenatural. En cambio se ve en todo su aspecto a una persona sana, contenta y jovial. Habla, conversa, en ocasiones ríe, pero sí tiene pocas amigas. En ocasiones algún corazón atribulado se confía a ella, le pide oraciones. Escucha benignamente, consuela, pero nunca se pone a profetizarle, jamás una palabra que deje entrever alguna revelación. El gran consuelo que ella presenta, es siempre uno, siempre el mismo argumento: la Divina Voluntad»
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta
“Quiero hacerme fuerza a mí misma, tratando de estar más contenta”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 14-27 (1-4) Mayo 8, 1922
“Quiero hacerme fuerza a mí misma, tratando de estar más contenta”
(1) “Continuando mi habitual estado, el bendito Jesús se hacía ver como rayo que huye; ahora hacía ver la sombra de su luz, ahora su mano. Yo sentía una pena indescriptible y Él, acariciándome la cara con su mano me ha dicho:
(2) “Pobre hija, cuánto sufres”
(3) Y rápidamente se ha retirado. Entonces yo pensaba entre mí: “Tantas veces Jesús me ha dicho que me ama tanto y que sufre mucho cuando me ve sufrir por causa de su privación, ¿quién sabe cuánto sufra ahora al verme petrificada por el dolor de su privación? Entonces para no hacerlo sufrir tanto, quiero hacerme fuerza a mí misma, tratando de estar más contenta, menos oprimida, más atenta en mantener mi vuelo, mi actitud en su Voluntad, a fin de que le lleve mi beso no amargado, sino pacífico y contento, que no lo entristezca sino lo consuele”. Mientras esto pensaba, ha salido de mi interior todo doliente y con su corazón todo herido, y en su centro se veía una herida de la que salía una llamita, y me ha dicho:
(4) “Hija mía, es cierto que por cuanto más te veo sufrir cuando te privo de Mí, tanto más siento Yo la pena, porque siendo tu pena ocasionada por mi privación, no es otra cosa que efecto del amor que tienes por Mí, por lo tanto si tú estas amargada, oprimida, tu latido hace eco en mi corazón y siento tu amargura y tu opresión. ¡Ah! si supieras cuánto sufro cuando te veo sufrir por causa mía, usarías siempre esta cautela, esta atención para no amargarme de más; son las penas de quien más me ama las que están en continuas corrientes con mi corazón. Mira, la herida que ves en el centro de mi corazón, de donde brota la llamita, es precisamente la tuya, pero consuélate, porque si me da sumo dolor, también me da sumo amor. Tú quédate tranquila y Yo seguiré adelante en cumplir mi justicia, pero no te dejo, volveré frecuentemente, aunque sea como relámpago, no dejaré de hacerte mis pequeñas visitas”.
Fiat Divina Voluntad
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
La estima que Luisa tenía por el P. Aníbal la llevará a aceptar la invitación a trasladarse el 7 de octubre de 1928 a la casa de las Hijas del Divino Celo en Corato, que fue construida y consagrada, por voluntad de su fundador, a la “Divina Voluntad”.
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta
“Apertura de la casa de la Divina Voluntad en Corato; entrada de Luisa en ella”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 25-1 (2) Octubre 7, 1928
“Apertura de la casa de la Divina Voluntad en Corato; entrada de Luisa en ella”
(2) “... aquí en Corato se ha fundado una casa querida e iniciada por el padre canónigo Annibale Maria di Francia, de venerable memoria, la cual, sus hijos, fieles a la voluntad de su fundador, han seguido y dado el nombre de casa de la Divina Voluntad, como lo quería el venerable padre, el cual quería que yo entrase en dicha casa, y sus hijos e hijas por su bondad, el primer día que la han abierto, las reverendas madres han venido por mí y me han conducido a una habitación, donde abriendo la puerta de dicha habitación yo veo el tabernáculo, escucho la santa misa, estoy propiamente bajo la mirada de mi Sacramentado Jesús. ¡Oh! cómo me siento feliz, porque de ahora en adelante, si Jesús quiere que continúe escribiendo, escribiré siempre poniendo un ojo al tabernáculo y el otro al papel donde escribo. Así que te ruego amor mío que me asistas y dame la fuerza de cumplir el sacrificio que Tú mismo quieres”
Fiat Divina Voluntad
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
Al morir Don Gennaro es remplazado como Confesor por Don Francesco De Benedictis (1868-1926). Pero habiendo también muerto prematuramente, fue sustituido por Don Benedetto Calvi (1886-1968), quien, en colaboración con el rogacionista P. Pantaleone Palma, le dio un nuevo impulso a la publicación del Diario. De hecho, en 1939 salió a la luz el libro con el título: “En el Reino de la Divina Voluntad. Historia de un alma. Primera Parte. Alba que surge”, en el cual fueron publicados los volúmenes 1º, 2º, 3º y casi todo el volumen 4º del Diario con muchas correcciones con respecto al manuscrito original de Luisa. Además, también en 1932 se publicó el libro: “La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad. Meditaciones para el mes de mayo”. El cual será reeditado en 1933 y en 1937. Finalmente, Don Benedetto, en 1934 publicó la 5ª edición del Reloj de la Pasión con el apéndice del Tratado sobre la Divina Voluntad. Estas obras fueron traducidas en alemán en dos Volúmenes (1936 y 1938) por obra del benedictino P. Ludwig Beda.
Sin embargo, ya a partir de finales de 1930 surgen las primeras incomprensiones y una primera señalación a la Sagrada Congregación del Santo Oficio en el Vaticano acerca del supuesto provecho económico percibido por Luisa de las publicaciones y la cuestión de la necesidad del sacerdote para hacer que volviera en sí de su “estado habitual”.
Las reacciones de los Superiores por la denuncia llegan de inmediato con la prohibición de proseguir con las publicaciones. Surgen polémicas también a nivel doctrinal y en relación a la “misión especial y única” de Luisa de dar a conocer las verdades sobre “el vivir en la Divina Voluntad de Jesús”. ...sin embargo, en la “Casa de la Divina Voluntad” la novena de Navidad era animada cada año leyendo las meditaciones “Excesos de Amor” que Luisa hacía ya desde que tenía 17 años. Lo mismo sucedía en el mes de mayo y octubre con la lectura del libro de la Virgen María.
La investigación del Santo Oficio, seguidamente a otras señalaciones, llegó a su culmen en 1938 y llevó a dos acciones inesperadas y dolorosas. La primera en mayo con el secuestro de parte del carmelitano P. Lorenzo di S. Basilio, Teólogo de la Dataría apostólica, de los 34 cuadernos manuscritos del Diario. Mientras que en julio el Santo Oficio dispuso la inscripción en el Índice de libros prohibido los libros publicados. El Observatorio Romano del 11 de septiembre reporta el decreto y un artículo adjunto, explicando las motivaciones de la sentencia del “excesivo misticismo”.
A pesar de tanta prueba, pocos días después Luisa encontró fuerzas para escribir una carta en la cual se pone totalmente una vez más en manos de la obediencia a la Autoridad de la Iglesia, reprobando y condenando en sus mismos escritos lo que la Iglesia reprueba y condena. Humillada, es obligada a dejar el Instituto Antoniano y se traslada a una habitación privada en donde vivirá los últimos años de su vida.
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta
“No es a ti a quien han condenado, sino a Mí junto contigo”
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 36-30 (1-2) Septiembre 18, 1938
“No es a ti a quien han condenado, sino a Mí junto contigo”
(1) Estoy en el mar del Querer Divino entre inmensas amarguras y humillaciones de las más humillantes, y como una pobre condenada. Si no fuera porque mi Jesús se hace mi sostén, fuerza y ayuda, no sé cómo podría vivir, y mi dulce Jesús tomando parte en mis penas, sufría junto conmigo, y en el ímpetu de su dolor y amor me ha dicho:
(2) “Hija mía amada, si tú supieras cuánto sufro, si Yo te lo hiciera ver te morirías de pena. Estoy obligado a esconder todo, todo el desgarro y crudeza de la pena que siento para no afligirte de más. Debes saber que no es a ti a quien han condenado, sino a Mí junto contigo, siento de nuevo mi condena, cuando se condena el bien es condenarme a Mí mismo. Tú, sin embargo, une en mi Querer mi condena y la tuya a aquélla que sufrí cuando fui crucificado, y te daré el mérito de mi condena y todos los bienes que ella produjo: Me hizo morir, llamó a vida mi resurrección en la cual todos debían encontrar la vida, y la resurrección de todos los bienes. Con su condena creen hacer morir lo que he dicho sobre mi Divina Voluntad, en vez de esto permitiré tales flagelos, incidentes tristes, que haré resurgir mis verdades más bellas, más majestuosas en medio de los pueblos. Por eso, por parte mía y tuya no nos apartemos en nada, sigamos haciendo lo que hemos hecho, aunque todos se pongan en contra. Éste es mi modo divino de obrar, que por cuantos males hagan las criaturas no aparto jamás mis obras, las conservo siempre con mi potencia y virtud creadora por amor de quien me ofende, las amo siempre, sin cesar jamás. Con no apartarnos nunca, nuestras obras son cumplidas, quedan siempre bellas, hacen bien a todos; si nos apartáramos, todas las cosas irían a la ruina, ningún bien se podría cumplir. Así que también en esto te quiero junto Conmigo, siempre firme, sin apartarse jamás de dentro de mi Voluntad, y hacer lo que has hecho hasta ahora, atenta a escucharme para ser la narradora de mi Voluntad”
Fiat Divina Voluntad
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
“Luisa la santa” – como solían llamarla sus conciudadanos - la mañana del 4 de marzo de 1947, después de una fuerte pulmonía muere, pero su cuerpo no sufre la rigidez cadavérica. Por tres días su cuerpo queda expuesto al público y todos pueden constatar que sus miembros están flexibles a excepción de las vértebras de la columna que le impiden ser extendida en el ataúd. Por esta razón se construye un ataúd especial, en el que podrá caber sentada, posición en la que todos la llegaron a conocer. Sus funerales con grandísima afluencia de personas provenientes de todos lados y de una gran relevancia eclesial, son “un día de fiesta para toda Corato”. Luisa es sepultada en el Cementerio de la ciudad en la capilla de la familia de Don Benedetto Calvi.
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta
"El testamento espiritual
de Luisa"
Han sido estas sus últimas palabras dirigidas a mí una hora antes de morir, palabras que yo defino: "El testamento espiritual de Luisa" y su gran y consoladora promesa.
"El testamento espiritual de Luisa"
"Ahora muero más contenta, porque el Divino Querer me ha consolado más que de costumbre con vuestra presencia en estos últimos momentos de mi vida.
Ahora veo un largo, bello y espacioso Camino, iluminado por infinitos y resplandecientes Soles; oh, sí, los conozco: son los Soles de mis actos realizados en la Divina Voluntad. Es el Camino que ahora tengo que seguir; es el Camino preparado para mí por el Divino Querer, es el Camino de mi triunfo, es el Camino de mi gloria para unirme en la inmensa felicidad de la Divina Voluntad.
Es mi Camino, es el Camino que haré reservar para vosotros, querido padre, es el Camino que haré reservar a todas aquellas almas que querrán vivir en la Divina Voluntad".
Don Benedetto Calvi
Último confesor de Luisa (1926 - 1947)
Fiat Divina Voluntad
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
En abril de 1947 el Arzobispo de Trani, Mons. Francesco Paolo Petronelli emite el mandato de recoger noticias referentes a Luisa para invocar su rehabilitación ante la Santa Sede y un año después el nuevo Arzobispo, Mons. Reginaldo Giuseppe María Addazi O.P., concede el permiso de imprimir una estampa de Luisa con una reliquia, dándole el título de “Sierva de Dios” e implorando con una “oración” su Beatificación. Obtuvo, además, en 1962, que sus restos mortales fueran trasladados al Santuario de la Parroquia de Santa María Greca.
En 1987, el Arzobispo Mons. Giuseppe Carata, promueve la constitución de una Asociación que se encargue de recoger las memorias y los objetos pertenecientes a Luisa Piccarreta. Mientras que el Arzobispo Mons. Carmelo Cassati en 1994 recibe de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, el nihil obstat para la apertura de la Investigación Diocesana sobre su vida, virtud y fama de santidad. La “Pía Asociación Luisa Piccarreta, Pequeños Hijos de la Divina Voluntad” de Corato se constituye como “Parte actora” de la Causa. Pero será el nuevo Arzobispo Mons. Giovan Battista Pichierri quien cierre la investigación diocesana en el 2005.
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta
Notas biográficas de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta
e historia de las publicaciones
En el mes de julio de 2010, los teólogos censores de los escritos dieron su veredicto positivo sobre su contenido. Monseñor Paolo Rizzi fue nombrado como nuevo postulador de la Causa de Canonización de Luisa Picarreta en el mes de marzo de 2017, en el 70º aniversario de la muerte de Luisa y en el centenario de las apariciones en Fátima.
En junio de 2024, después de revisiones de rigor, el Dicasterio para las Causas de los Santos emitió la aprobación para continuar con la causa de Beatificación de Luisa Picarreta.
Tomado de: Pág. Web Asociación Luisa Picarreta