San Francisco de Asís, Fundador
4 de Octubre
San Francisco de Asís, Fundador
4 de Octubre
Fiat Divina Voluntad
🎼Oración por la paz
🎼Cántico de las criaturas
Es importante aprender y recordar la Vida del Santo
para cumplir el Querer Divino
De los escritos de la S. D. Luisa Piccarreta
Cómo dar la gloria accidental a los Santos.
Qué ocurre cuando recordamos al Santo, cuando le damos la gloria accidental; y cuando recordamos, damos Honor, Gloria a Nuestro Creador, Redentor y Santificador.
Oración-Ofrecimiento por el Santo
El Regalo más bello para el Santo en su día.
Da click en:
Ofrecimiento
En Virtud de la Divina Voluntad
Del vol. 26-18 y vol. 30-19
Querido San____, en este día te ofrezco la Santa Eucaristía para tu gloria; y por Regalo todos los actos de Nuestro Jesús hechos en su Divina Voluntad con su mente, con sus palabras, obras y pasos. Recibe esta gloria accidental de la tierra.
Jesús, en Tu acto único y eterno, tomo de nuestro Santo sus bellas obras y virtudes, cualidades y actos hechos para Tu Gloria, y Bien de todos,
y te doy Gloria por la vida terrenal y Bienaventuranza de los Santos, por la Creación de todo y de todos.
Y junto a Ti oro: "Siempre Santa e indivisible Trinidad, os adoro profundamente, os amo intensamente, os agradezco perpetuamente por todos y en los corazones de todos".
Os pido, por medio de Vuestras Obras, Virtudes, y actos de todos, que ‘Venga tu Reino’. Que se haga tu Voluntad como en el Cielo así en la tierra. Ven Divina Voluntad obrante en tu criatura.
Fiat!
Este ofrecimiento lo hacemos a nombre de todas las generaciones.
De “Las Florecillas de San Francisco”
Aparición de Cristo a San Francisco
«¿Sabes tú lo que yo he hecho? Te he hecho el don de las Llagas, que son las señales de mi Pasión, para que tú seas mi Portaestandarte. Y así como yo el día de mi muerte bajé al Limbo y saqué de él a todas las almas que encontré allí en virtud de estas mis Llagas, de la misma manera te concedo que cada año, el día de tu muerte, vayas al Purgatorio y saques de él, por la virtud de tus llagas, a todas las Almas que encuentres allí de tus tres Órdenes, o sea, de los menores, de las monjas y de los continentes (Terciarios Franciscanos), y también las de otros que hayan sido muy devotos tuyos, y las lleves a la Gloria del Paraíso, a fin de que seas conforme a mí en la muerte como lo has sido en la vida».
Fuente: Santos Fe
Un rescatador de almas
Son tres los días del año en que este gran santo baja al Purgatorio a buscar las almas de sus hijos espirituales y devotos suyos que hayan necesitado pasar primero por la purificación antes de ser llevadas a la presencia definitiva del Señor.
Existen numerosas visiones de santos y místicos de siglos posteriores que confirman haberlo visto rescatando almas en el purgatorio más de una vez al año, y en varias ocasiones acompañado de la Santísima Virgen María indicándole qué almas rescatar por la gracia de los sufragios recibidos. Es por ello que en varias obras pictóricas de la iconografía franciscana se ha representado a San Francisco extendiendo su hábito o cordón hacia las almas del purgatorio, incluso de pie junto a ellas, en signo de la redención de la cual es intercesor y partícipe.
Los tres días
2 de agosto: Día de la Porciúncula o Solemnidad del Perdón de Asís.
17 de septiembre: Día de la conmemoración de la impresión de sus sagradas llagas.
3 y 4 octubre: Vísperas de su muerte y festividad.
Fuente: franciscanos.org
La «Tau», símbolo franciscano
La Tau es la última letra del alfabeto hebreo. Decimonona letra del alfabeto griego, que corresponde a la que en el nuestro se llama «te».
San Francisco profesaba una profunda devoción al signo Tau, del que habla expresamente el profeta Ezequiel (9, 3-6) y al que se refiere implícitamente el Apocalipsis (7, 2-4). En el ánimo de Francisco pudieron influir el discurso con que Inocencio III abrió el Concilio IV de Letrán, la cruz en forma de tau que llevaban los monjes antonianos sobre el escapulario, la liturgia y el arte sagrado, etc. Para el Santo, la Tau, como la cruz cristiana, era signo de conversión y de penitencia, de elección y de protección por parte de Dios, de redención y de salvación en Cristo.
Leyenda Mayor, de S. Buenaventura: «El hermano Pacífico... mereció ver de nuevo en la frente de Francisco una gran Tau, que, adornada con variedad de colores, embellecía su rostro con admirable encanto. Se ha de notar que el Santo veneraba con gran afecto dicho signo: lo encomiaba frecuentemente en sus palabras y lo trazaba con su propia mano al pie de las breves cartas que escribía, como si todo su cuidado se cifrara en grabar el signo tau -según el dicho profético- sobre las frentes de los hombres que gimen y se duelen (Ez 9, 4), convertidos de veras a Cristo Jesús».
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa Piccarreta
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En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
“Te adoramos, Señor Jesucristo, también en todas tus iglesias que hay en el mundo entero y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo”
Fuentes: franciscanos.org
ordenfranciscanasecular
El poverello de Asís
San Francisco nació en Asís hacia el fin del año 1181 o comienzo del 1182. Pietro Bernardone, acaudalado comerciante en paños, se hallaba en Francia, en viaje de negocios, cuando Pica dio a luz a este hijo, al que se impuso el nombre de Juan. El padre, a su vuelta, le añadió el de Francisco en recuerdo del bello país que acababa de visitar.
Cuando era joven, a Francisco lo que le agradaba era asistir a fiestas, paseos y reuniones con mucha música. Su padre tenía uno de los mejores almacenes de ropa en la ciudad, y al muchacho le sobraba el dinero. Los negocios y el estudio no le llamaban la atención. Pero tenía la cualidad de no negar un favor o una ayuda a un pobre siempre que pudiera hacerlo.
Tenía veinte años cuando hubo una guerra entre Asís y la ciudad de Perugia. Francisco salió a combatir por su ciudad, y cayó prisionero de los enemigos. La prisión duró un año, tiempo que él aprovechó para meditar y pensar seriamente en la vida.
Al salir de la prisión se incorporó otra vez al ejército de su ciudad, y se fue a combatir a los enemigos. Se compró una armadura sumamente elegante y el mejor caballo que encontró. Pero por el camino se le presentó un pobre militar que no tenía con qué comprar armadura ni caballería, y Francisco, conmovido, le regaló todo su lujoso equipo militar. Esa noche en sueños sintió que le presentaban a cambio de lo que él había obsequiado, unas armaduras mejores para enfrentarse a los enemigos del espíritu.
Francisco no llegó al campo de batalla porque enfermó y en plena enfermedad oyó que una voz del cielo le decía: «¿Por qué dedicarse a servir a los jornaleros, en vez de consagrarse a servir al Jefe Supremo de todos?». Entonces se volvió a su ciudad, pero ya no a divertirse y parrandear sino a meditar en serio acerca de su futuro.
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 2-62 (2-3) Agosto 18, 1899
“Cuando la luz de la verdad entra en un alma”
(2) Y Jesús: “Mi palabra no sólo es verdad, sino también luz, y cuando una luz entra en un cuarto oscuro, ¿qué hace? Disipa las tinieblas y hace descubrir los objetos que hay, feos o bellos, si están en orden o en desorden, y del modo como se encuentra ese cuarto se juzga a la persona que ocupa aquella habitación. Ahora, la vida humana es el cuarto oscuro, y cuando la luz de la verdad entra en un alma, disipa las tinieblas, esto es, hace descubrir lo verdadero de lo falso, lo temporal de lo eterno, así que arroja de sí los vicios y se mete al orden de las virtudes, porque siendo mi luz santa, que es mi misma Divinidad, no podrá comunicar otra cosa que santidad y orden, por lo tanto el alma siente salir de sí, luz de paciencia, de humildad, de caridad y más. Si mi palabra produce en ti estas señales, ¿por qué temes?”
(3) Después de esto, Jesús me ha hecho oír que rogaba al Padre por mí, diciendo: “Padre Santo, te pido por esta alma, haz que cumpla en todo perfectamente nuestra Santísima Voluntad, haz oh Padre adorable que sus acciones estén tan conformadas con las mías, pero en modo tal que no se puedan distinguir las unas de las otras, y así poder cumplir sobre de ella lo que he diseñado.”
Fiat Divina Voluntad
“Ya no necesito más: conozco a Cristo pobre y crucificado”
Fuente: ordenfranciscanasecular
La gente al verlo tan silencioso y meditabundo comentaba que Francisco probablemente estaba enamorado. Él comentaba: «Sí, estoy enamorado y es de la novia más fiel y pura y santificadora que existe». Los demás no sabían de quién se trataba, pero él sí sabía muy bien que se estaba enamorando de la pobreza, o sea de una manera de vivir que fuera lo más parecida posible al modo totalmente pobre como vivió Jesús. Y se fue convenciendo de que debía vender todos sus bienes y darlos a los pobres.
Paseando un día por el campo encontró a un leproso lleno de llagas y sintió un gran asco hacia él. Pero sintió también una inspiración divina que le decía que si no obramos contra nuestros instintos nunca seremos santos. Entonces se acercó al leproso, y venciendo la espantosa repugnancia que sentía, le besó las llagas. Desde que hizo ese acto heroico logró conseguir de Dios una gran fuerza para dominar sus instintos y poder sacrificarse siempre a favor de los demás. Desde aquel día empezó a visitar a los enfermos en los hospitales y a los pobres. Y les regalaba cuanto llevaba consigo.
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 29-36 (1-2) Septiembre 12, 1931
“El amor continuo”
(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, y mientras hacía mis actos pensaba entre mí: “¿Pero será cierto que mi dulce Jesús agradece la continuidad de mis pequeños actos?” Y Jesús haciéndose oír me ha dicho:
(2) “Hija mía, un amor interrumpido jamás puede ser heroico, porque con no ser continuo forma muchos vacíos en la criatura, los cuales producen debilidad, frialdad, y casi están en acto de apagar la llama encendida, y por eso le quitan la fortaleza del amor, que con su luz hace comprender a quién es que ama, y con su calor mantiene encendida la llama que produce el heroísmo del verdadero amor, tanto, que se siente feliz de dar la vida por Aquél que ama. Un amor continuo tiene virtud de generar en el alma de la criatura a Aquél que siempre ama, y esta generación viene formada en el centro de su amor continuo. Ve entonces qué significa un amor incesante: ‘Formarse la hoguera dónde consumir y quemarse a sí misma para poder formar en aquella hoguera la Vida de tu amado Jesús’. Se puede decir: ‘En el amor continuo consumo mi vida para hacer revivir a Aquél que incesantemente amo’. ¡Oh! si Yo no hubiera amado siempre a la criatura, y no la amara con un amor que jamás dice basta, jamás habría descendido del Cielo a la tierra para darle mi Vida, con tantas penas y heroísmo por amor suyo. Fue mi amor continuo que como dulce cadena me atrajo y me hizo hacer el acto heroico de dar mi Vida para conquistar la suya. Un amor continuo a todo puede llegar, todo puede hacer, facilita todo, y sabe convertir todo en amor. En cambio un amor interrumpido se puede llamar amor de circunstancia, amor interesado, amor vil, que puede llegar, si las circunstancias cambian, a desconocer e incluso a despreciar a Aquél que amaba. Mucho más que sólo los actos continuos forman vida en la criatura, ella, en cuanto forma su acto, surge en su mismo acto la luz, el amor, la santidad, la gracia, de acuerdo al acto que hace. Por eso un amor y un bien interrumpido no se pueden llamar, ni verdadero amor, ni verdadera vida, ni verdadero bien.”
Fiat Divina Voluntad
“Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible”
Fuente: ordenfranciscanasecular
Un día, rezando ante un crucifijo en la iglesia de San Damián, le pareció oír que Cristo le decía tres veces: «Francisco, tienes que reparar mi casa, porque está en ruinas». Él creyó que Jesús le mandaba arreglar las paredes de la iglesia de San Damián, que estaban muy deterioradas, y se fue a su casa y vendió su caballo y una buena cantidad de telas del almacén de su padre y le trajo dinero al Padre Capellán de San Damián, pidiéndole que lo dejara quedarse allí ayudándole a reparar esa construcción que estaba en ruinas. El sacerdote le dijo que le aceptaba el quedarse allí, pero que el dinero no se lo aceptaba (le tenía temor a la dura reacción que iba a tener su padre, Pedro Bernardone). Francisco dejó el dinero en una ventana, y al saber que su padre enfurecido venía a castigarlo, se escondió prudentemente.
Pedro Bernardone demandó a su hijo Francisco ante el obispo declarando que lo desheredaba y que tenía que devolverle el dinero conseguido con las telas que había vendido. El prelado devolvió el dinero al airado papá, y Francisco, despojándose de su camisa, de su saco y de su manto, los entregó a su padre diciéndole: «Hasta ahora he sido el hijo de Pedro Bernardone. De hoy en adelante podré decir: Padrenuestro que estás en los cielos».
El Sr. Obispo le regaló el vestido de uno de sus trabajadores del campo: una sencilla túnica, de tela ordinaria, amarrada en la cintura con un cordón. Francisco trazó una cruz con tiza, sobre su nueva túnica, y con ésta vestirá y pasará el resto de su vida. Ese será el hábito de sus religiosos después: el vestido de un campesino pobre, de un sencillo obrero.
Se fue por los campos orando y cantando. Unos guerrilleros lo encontraron y le dijeron: «¿Usted quién es? – Él respondió: – Yo soy el heraldo o mensajero del gran Rey». Los otros no entendieron qué les quería decir con esto y en cambio de su respuesta le dieron una paliza. Él siguió lo mismo de contento, cantando y rezando a Dios.
Después volvió a Asís a dedicarse a levantar y reconstruir la iglesita de San Damián. Y para ello empezó a recorrer las calles pidiendo limosna. La gente que antes lo había visto rico y elegante y ahora lo encontraba pidiendo limosna y vestido tan pobremente, se burlaba de él. Pero consiguió con qué reconstruir el pequeño templo.
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 1 (168)
“Quiero de ti perfecta conformidad a mi Voluntad”
(168) “…Quiero de ti perfecta conformidad a mi Voluntad, de tal modo de deshacer tu voluntad en la mía, desapego absoluto de toda cosa, tanto que todo lo que es tierra quiero que sea tenido por ti como estiércol y podredumbre que da horror al sólo mirarlo, y esto porque las cosas terrenas, aunque no se tuviera apego a ellas, sólo con tenerlas en torno y mirarlas ensombrecen las cosas celestiales e impiden realizar ese místico desposorio que te he prometido. Además quiero que así como Yo fui pobre, también me imites en la pobreza, debes considerarte en esta cama como una pobrecita, los pobres se contentan con lo que tienen, y me agradecen primero a Mí, y luego a sus benefactores. Así tú conténtate con lo que te es dado, sin pedir ni esto ni aquello, porque podría ser un estorbo en tu mente y con santa indiferencia, sin pensar si eso te haría bien o mal sométete a la voluntad de los demás.”
Fiat Divina Voluntad
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 7-5 (2-3) Febrero 28, 1906
“Depender en todo de su Voluntad Divina”
(2) “Hija mía, el honor más grande que la criatura puede dar a Dios como Creador, es el de depender en todo de su Voluntad Divina, y el Creador viendo que la criatura hace su deber de criatura hacia el Creador, le comunica su Gracia”.
(3) Y mientras esto decía, salía una luz de Jesús bendito y me hacía comprender el modo como comunica la Gracia. Y yo comprendía así: Que el alma, por ejemplo, siente en ella un aniquilamiento de sí misma, ve su nada, su miseria, inhabilitada para hacer ni siquiera una sombra de bien, ahora, mientras se siente en este estado, Dios comunica su Gracia, y la Gracia de la verdad, así que el alma descubre en todo la verdad sin engaño, sin tinieblas, y entonces lo que Dios es por naturaleza: Verdad Eterna, que no puede engañar, ni ser engañada, el alma lo llega a ser por Gracia, o sea, el alma siente un desapego de las cosas de la tierra, ve su fugacidad, su inestabilidad, ve como todo es falso, todo podredumbre, que merecen ser aborrecidas en vez de amadas. Dios mientras el alma se siente en este estado, comunica su Gracia, y la Gracia del verdadero amor y del amor eterno; comunica su belleza, de tal modo que hace enloquecer al alma amante, y el alma queda llena del amor y de la belleza de Dios, y entonces lo que Dios es por naturaleza: Amor y belleza eterna, el alma lo llega a ser por Gracia, y así de todas las otras virtudes divinas, porque si lo quisiera decir todo sería demasiado largo. Sólo agrego que la Gracia previene al alma, la excita, pero sólo se comunica y entra a tomar posesión cuando el alma mastica esas verdades y como alimento las traga, por eso no todos reciben los efectos dichos arriba, porque como relámpagos los dejan huir de la mente y no les hacen un lugar.”
Fiat Divina Voluntad
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Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 1 (40-41)
“Tu único fin debe ser de agradarme solo a Mí”
(40) “Quiero que seas siempre recta en tu obrar, con un ojo me debes mirar a Mí y con el otro debes mirar lo que estás haciendo; quiero que las criaturas te desaparezcan del todo. Si te vienen dadas órdenes no mires a las personas, no, sino debes pensar que Yo mismo quiero que tú hagas lo que te es ordenado, entonces con el ojo fijo en Mí no juzgarás a ninguno, no mirarás si la cosa te es penosa o te gusta, si puedes o no puedes hacerla, cerrando los ojos a todo esto los abrirás para mirarme solo a Mí, me llevarás junto a ti pensando que te estoy mirando fijamente y me dirás: “Señor, solo por Ti lo hago, solo por Ti quiero obrar, no más esclava de las criaturas”. Así que si caminas, si obras, si hablas, en cualquier cosa que hagas, tu único fin debe ser de agradarme solo a Mí. ¡Oh! Cuántos defectos evitarás si haces así”.
(41) Otras veces me decía: “También quiero que si las personas te mortifican, te injurian, te contradicen, la mirada también fija en Mí, pensando que con mi misma boca te digo: “Hija, soy propiamente Yo que quiero que sufras esto, no las criaturas, aleja la mirada de ellas, sino sólo Yo y tú siempre, todas las demás destrúyelas. Mira, quiero hacerte bella por medio de estos sufrimientos, te quiero enriquecer con méritos, quiero trabajar tu alma, volverte similar a Mí. Tú me harás un regalo, me agradecerás afectuosamente, serás agradecida con aquellas personas que te dan ocasión de sufrir, recompensándolas con algún beneficio. Haciendo así caminarás recta ante Mí, ninguna cosa te dará más inquietud y gozarás siempre paz.”
Fuente: ordenfranciscanasecular
La Porciúncula
Este nombre es queridísimo para los franciscanos de todo el mundo, porque en la capilla llamada así fue donde Francisco empezó su comunidad. Porciúncula significa «pequeño terreno». Era una finquita chiquita con una capillita en ruinas. Estaba a 4 kilómetros de Asís. Los padres Benedictinos le dieron permiso de irse a vivir allá, y a nuestro santo le agradaba el sitio por lo pacífico y solitario y porque la capilla estaba dedicada a la Santísima Virgen.
En la misa de la fiesta del apóstol San Matías, el Cielo le mostró lo que esperaba de él. Y fue por medio del evangelio de ese día, que es el programa que Cristo dio a sus apóstoles cuando los envió a predicar. Dice así: «Vayan a proclamar que el Reino de los cielos está cerca. No lleven dinero ni sandalias, ni doble vestido para cambiarse. Gratis han recibido, den también gratuitamente». Francisco tomó esto a la letra y se propuso dedicarse al apostolado, pero en medio de la pobreza más estricta.
Cuenta San Buenaventura que se encontró con el santo un hombre a quien un cáncer le había desfigurado horriblemente la cara. El otro intentó arrodillarse a sus pies, pero Francisco se lo impidió y le dio un beso en la cara, y el enfermo quedó instantáneamente curado. Y la gente decía: «No se sabe qué admirar más, si el beso o el milagro».
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 30-28 (2) Abril 30, 1932
“El vivir en nuestra Voluntad es un don”
(2) “Hija mía, ¡cómo eres pequeña! Se ve que tu pequeñez no se sabe elevar en la potencia, inmensidad, bondad y magnanimidad de tu Creador, y desde tu pequeñez mides nuestra grandeza y generosidad. Pobre pequeña, te pierdes en nuestras interminables posesiones, y no sabes dar el justo peso a nuestros modos divinos e infinitos. Es cierto que humanamente hablando, la criatura rodeada por los males, tal como está, vivir en mi Querer, formar su reino en medio a ellas, es como si quisiera tocar el Cielo con el dedo, lo que es imposible, pero lo que es imposible a los hombres es posible a Dios. Tú debes saber que el vivir en nuestra Voluntad es un don que nuestra magnanimidad quiere dar a las criaturas, y con este don la criatura se sentirá transformada de pobre en rica, de débil en fuerte, de ignorante en docta, de esclava de viles pasiones, dulce y voluntaria prisionera de una Voluntad toda santa que no la tendrá prisionera, sino reina de sí misma, de los dominios divinos y de todas las cosas creadas. Sucederá como a un pobre que viste míseros harapos, habita en una cuartucho sin puertas, por lo tanto expuesto a los ladrones y enemigos, no tiene pan suficiente para quitarse el hambre y está obligado a mendigarlo; si un rey le diese por don un millón, el pobre cambiaría su suerte y no daría más el aspecto de un pobre mendigo, sino de un señor que posee palacios, villas, viste con decencia, tiene alimentos abundantes, y está en condiciones de poder ayudar a los demás. ¿Qué ha cambiado la suerte de este pobre? El millón recibido en don. Ahora, si una vil moneda tiene virtud de cambiar la suerte de un pobre infeliz, mucho más el gran don de nuestra Voluntad, dada como don cambiará la suerte infeliz de las generaciones humanas, menos de quien voluntariamente quiera quedarse en su infelicidad. Mucho más que este don fue dado al hombre en el principio de su creación, e ingrato nos lo rechazó con hacer su voluntad, sustrayéndose de la nuestra. Ahora, quien se dispone a hacer nuestro Querer prepara el puesto, el decoro, la nobleza donde poder poner este don tan grande e infinito, nuestros conocimientos sobre el Fiat ayudarán y prepararán en modo sorprendente a recibir este don, y lo que no han obtenido hasta hoy, lo podrán obtener mañana. Por eso estoy haciendo como haría un rey que quisiera elevar una familia, con vínculo de parentesco, a su familia real; para hacer esto se toma primero un miembro de ella, lo tiene en su morada real, lo hace crecer, se nutren juntos, lo adiestra en sus modos nobles, le confía sus secretos, y para hacerlo digno de sí, lo hace vivir de su voluntad, y para estar más seguro y para no hacerlo descender a la bajeza de su familia, le hace don de su querer, a fin de que lo tenga en su poder. Esto que el rey no puede hacer, Yo lo puedo hacer bilocando mi Voluntad parar hacer de Ella don a la criatura. Por eso el rey tiene los ojos fijos sobre ella, la va siempre embelleciendo, la viste con vestidos preciosos y bellos de modo que se siente enamorado, y no pudiendo seguir así, la vincula con vínculo duradero de casamiento, de manera que el uno se vuelve don del otro. Con esto, ambas partes tienen el derecho de reinar y aquella familia adquiere el vínculo de parentesco con el rey, y el rey, por amor de aquélla que se ha donado a él, y que él se ha dado a ella, llama a aquella familia a vivir en su morada real, dándole el mismo don que ha dado a aquélla que ama tanto.”
Fiat Divina Voluntad
«¡Francisco, vete y repara mi casa, que, como ves, está a punto de arruinarse toda ella!»
Fuentes: franciscanos.org
ordenfranciscanasecular
sanfranciscosolano
El primero que se le unió en su vida de apostolado fue Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de Asís, el cual invitaba con frecuencia a Francisco a su casa y por la noche se hacía el dormido y veía que el santo se levantaba y empleaba muchas horas dedicado a la oración repitiendo: «Mi Dios y mi todo». Le pidió que lo admitiera como su discípulo, vendió todos sus bienes y los dio a los pobres y se fue a acompañarlo a la Porciúncula. El segundo compañero fue Pedro de Cattaneo, canónigo de la catedral de Asís. El tercero fue Fray Gil, célebre por su sencillez.
Cuando ya Francisco tenía 12 compañeros se fueron a Roma a pedirle al Papa que aprobara su comunidad. Viajaron a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad, y viviendo de las limosnas que la gente les daba.
En Roma no querían aprobar esta comunidad porque les parecía demasiado rígida en cuanto a pobreza, pero al fin un cardenal dijo: «No les podemos prohibir que vivan como lo mandó Cristo en el evangelio».
De acuerdo con la leyenda, el Papa Inocencio III, Santo Domingo y San Francisco tuvieron un sueño. Cada uno de ellos vio que la Basílica Laterana estaba comenzando a derrumbarse, y a dos frailes, uno en hábito marrón y el otro en un hábito blanco, colocándose ellos mismos como columnas para evitar el colapso total. Francisco de Asís se reconoció a sí mismo como el fraile del hábito marrón, pero no sabía quién era el otro fraile. De igual modo, Domingo de Guzmán se reconoció a sí mismo como el fraile del hábito blanco, pero desconocía quién era el del hábito marrón. Para Inocencio III el sueño era un misterio.
El día siguiente, cuando Domingo iba a ver al Papa sobre la aprobación de su Orden, se encontró a un fraile joven vestido con un hábito marrón. Mirándose mutuamente, cada uno reconoció al otro como el compañero que ayudaba a soportar la Basílica Laterana, y se abrazaron en medio de la calle. Después fueron juntos a ver al Papa, y este comprendió inmediatamente el significado de su sueño: «Las Órdenes de estos dos gran hombres serán como columnas que salvarán a la Iglesia de su destrucción». Desde entonces el Papa se propuso aprobar estas comunidades.
Después de recibir la bendición del Pontífice, Francisco y sus compañeros visitaron el sepulcro de los Apóstoles. El Cardenal Juan de San Pablo confirió a todos la tonsura, agregándolos con ello a la jerarquía eclesiástica, después de lo cual los Penitentes de Asís abandonaron la ciudad eterna.
Sin modificación alguna sustancial, y por el mero hecho de la aprobación, la Fraternidad de Penitentes de Asís se transformaba en una Orden Religiosa. La Orden de Frailes Menores estaba ya fundada (1210).
Italia fue el primer teatro del celo de San Francisco; Italia y especialmente Umbría, teniendo como centro a Rivo Torto, que bien pronto abandonaron para instalarse en Santa María de los Ángeles. Esta capilla, llamada también la Porciúncula, les fue concedida a perpetuidad, mediante un censo módico, por el Abad del Monte Subasio (Observancia de Cluny). En torno a ella se levantaron algunas cabañas, y para clausura se plantó un seto. Un asisiense rico, Jacobo de Filippo, les cedió un vasto terreno, que más adelante habría de serles útil con motivo de los Capítulos Generales. De la Porciúncula hacían sus salidas los nuevos predicadores para evangelizar las campiñas vecinas, siendo Asís la primera en beneficiarse con esta predicación y recobrar la paz.
No limitó Francisco su celo a edificar a su ciudad natal solamente; también recibieron su visita otras ciudades: Perusa, Cortona, Imola, Bevagna, Alviano, Ascoli, Arezzo, Florencia, Pisa, Satriano, Sena, que sucesivamente fueron evangelizadas. Sus discípulos imitaron su celo y compartieron sus trabajos. A Bernardo de Quintavalle cupo la suerte de implantar en Bolonia la Orden de Frailes Menores.
A Francisco lo atacaban a veces terribles tentaciones impuras. Para vencer las pasiones de su cuerpo, tuvo alguna vez que revolcarse entre espinas. Él podía repetir lo del santo antiguo: «Trato duramente a mi cuerpo, porque él trata muy duramente a mi alma».
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 20-39 (6-7) Diciembre 22, 1926
“Yo al elegir no veo jamás las dignidades ni superioridades, sino que veo al pequeño individuo en el cual puedo mirar mi Voluntad”
(6) “Hija mía, es mi costumbre hacer mis obras más grandes primero al tú por tú con una sola criatura, en efecto, una fue mi Mamá y con Ella sola desarrollé todo el obrar y el gran portento de mi Encarnación, ninguno entró en nuestros secretos, ni penetraron en el sagrario de nuestras habitaciones para ver lo que pasaba entre Yo y la Soberana Celestial, ni Ella ocupaba en el mundo puesto de dignidad y de autoridad, porque Yo al elegir no veo jamás las dignidades ni superioridades, sino que veo al pequeño individuo en el cual puedo mirar mi Voluntad, que es la dignidad y la autoridad más grande, la alteza de la pequeña niña de Nazaret, y a pesar que no tenía ni puesto, ni dignidad, ni superioridad en el bajo mundo, pero como poseía mi Voluntad, de Ella pendía Cielo y tierra, en sus manos estaba la suerte del género humano, estaba la suerte de toda mi gloria que debía recibir de toda la Creación; así que bastó que en mi elegida, en mi única elegida fuese formado el misterio de la Encarnación para que los demás pudieran recibir el bien de ésta. Una fue mi Humanidad y de ésta salió la generación de los redimidos. Por eso basta formar en una todo el bien que se quiere, para poder hacer salir la generación de ese bien, así como basta una semilla para poder multiplicar mil y mil veces la generación de aquella semilla, por eso toda la potencia, la virtud, la habilidad que es necesaria a una virtud creadora, está en formar la primera semilla, formada la primera es como levadura para formar la generación de ellas. Así me basta un alma sola, que dándome libertad absoluta de encerrar en ella todo el bien que quiero y de hacerme formar en ella el Sol del Fiat Supremo, este Sol lanzará sus rayos sobre la superficie de la tierra y formará la generación de los hijos de mi Querer.
(7) Ahora tú debes saber que todas nuestras obras más grandes llevan en sí la imagen de la unidad divina, y cuanto más bien están destinadas a hacer, tanto más bien encierran de esta unidad suprema. Mira, también en la Creación existen estas semejanzas de la unidad divina, que mientras son obras únicas, hacen más bien que el bien que hace la multiplicidad de todas nuestras otras obras juntas; mira bajo la bóveda del cielo, uno es el sol ,¿pero, cuántos bienes no contiene? ¿Cuántos no hace a la tierra? Se puede decir que la vida de la tierra depende del sol, mientras es uno abraza con su luz a todos y a todo, lleva todo en su regazo de luz y da a cada cosa un acto distinto, según la variedad de las cosas que inviste comunica la fecundidad, el desarrollo, el color, la dulzura, la belleza, sin embargo, el sol es uno, mientras que las estrellas son muchas, pero no hacen el gran bien que hace el sol a la tierra a pesar de que es uno. La potencia de un acto único animado por la potencia creadora es incomprensible y no hay bien que de éste no pueda salir, puede cambiar la faz de la tierra, de árida y desierta, en primavera florida; el cielo es uno y por eso se extiende por doquier; el agua es una, y si bien parece dividida en diferentes puntos de la tierra formando mares, lagos, ríos, sin embargo al descender del cielo, desciende en forma única y no hay punto de la tierra donde el agua no resida. Así que las cosas creadas por Nosotros que llevan en ellas la imagen de la unidad divina, son las que hacen más bien, son las más necesarias y sin ellas la tierra no podría tener vida. Por lo tanto hija mía, no pienses que estás sola, es la unidad de una obra grande que debo desarrollar en ti, no pienses en que no tienes dignidad y autoridad externa, esto no dice nada, mi Voluntad es más que todo, su luz parece muda, pero en su mutismo inviste las inteligencias y hace hablar con tal elocuencia de asombrar a los más doctos y reducirlos al silencio. La luz no habla, pero hace ver, hace conocer las cosas más escondidas; la luz no habla, pero con su manso y dulce calor calienta, ablanda las cosas más duras, los corazones más obstinados; la luz no contiene ninguna semilla, ninguna materia, todo es puro en ella, no se ve otra cosa que una ola de luz refulgente, argentina, pero se sabe infiltrar tanto que hace generar, desarrollar, fecundar las cosas más estériles. ¿Quién puede resistir a la fuerza de la luz? Ninguno, aun los ciegos, si no la ven sienten su calor, los mudos, los sordos sienten y reciben el bien de la luz. Ahora, ¿quién podrá resistir a la luz de mi Eterno Fiat? Todos sus conocimientos serán más que rayos de luz de mi Querer, que golpearán la superficie de la tierra e infiltrándose en los corazones llevarán el bien que contiene y sabe hacer la luz de mi Voluntad. Pero estos rayos deben tener su esfera de donde partir, deben estar concentrados en un punto solo del cual partir para formar el alba, el día, el medio día y el atardecer en los corazones, para resurgir de nuevo. Por tanto, la esfera, el punto solo eres tú, los rayos concentrados en ella son mis conocimientos que darán la fecundidad a la generación de los hijos del reino de mi Voluntad. Por eso te repito siempre, sé atenta, para hacer que ninguno de mis conocimientos quede perdido, perderías un rayo de dentro de tu esfera, y ni siquiera tú puedes comprender todo el bien que contiene, porque cada rayo contiene su especialidad del bien que deben hacer a los hijos de mi Querer, y me privarías a Mí de la gloria de aquel bien de mis hijos, y te privarías también a ti de la gloria de expandir un rayo de luz de más de tu esfera.”
Fiat Divina Voluntad
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Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 1 (78)
“La primera cosa es que te humilles”
(78) 1º.- “Has hecho mal al estarte tan turbada, ¿no sabes tú que Yo soy Espíritu de paz?, y la primera cosa que te recomiendo es no disturbar la paz del corazón; cuando en la oración no puedes recogerte, no quiero que pienses en esto o aquello, cómo es o cómo no es, haciendo así tú misma llamas a la distracción. Más bien, cuando te encuentres en ese estado, la primera cosa es que te humilles, confesándote merecedora de esas penas, poniéndote como un humilde corderillo en manos del verdugo, que mientras lo mata le lame las manos; así tú, mientras te ves golpeada, abatida, sola, te resignarás a mis santas disposiciones, me agradecerás de todo corazón, besarás la mano que te golpea, reconociéndote indigna de esas penas, después me ofrecerás aquellas amarguras, angustias y tedios, pidiéndome que los acepte como un sacrificio de alabanza, de satisfacción por tus culpas, de reparación por las ofensas que me hacen. Haciendo así, tu oración subirá ante mi trono como incienso olorosísimo, herirá mi corazón y atraerá sobre ti nuevas gracias y nuevos carismas; el demonio viéndote humilde y resignada, toda abismada en tu nada, no tendrá fuerza de acercarse. He aquí que donde tú creías perder, harás grandes adquisiciones.”
Fiat Divina Voluntad
“Hermano lobo, te mando, en nombre de Jesucristo, que vengas ahora conmigo sin temor alguno; vamos a concluir esta paz en el nombre de Dios”
Fuentes: franciscanos.org
ordenfranciscanasecular
Clara, de dieciocho años, una joven muy santa de Asís, se entusiasmó por esa vida de pobreza, oración y santa alegría que llevaban los seguidores de Francisco, y abandonando su familia huyó a hacerse monja según su sabia dirección. De vuelta a Asís, a principios de la Cuaresma de 1212, Francisco fundó con Clara una segunda Orden, la de las Damas Pobres.
Pero Italia ya no era suficiente al celo de San Francisco, que ambicionaba la gloria del martirio. Era la época de las Cruzadas, y en este año, 1212, partían para Tierra Santa gran número de cruzados. No habían dirigido todavía sus esfuerzos a los países orientales misioneros de ninguna clase. Únicamente los pueblos del Norte: Eslavos, Escandinavos y Lituanos habían recibido a los apóstoles del Evangelio. En Oriente, tan sólo a los cismáticos griegos y sectas heréticas, jacobitas, armenios y nestorianos, se les invitaba a ingresar en la unidad católica.
A los musulmanes se pretendía reducir por la fuerza de las armas; nadie pensaba en convertirlos. San Francisco concibió este grandioso proyecto, que nadie jamás había sabido realizar, y dedicó un capítulo de su Regla a "los que quieren ir entre los Sarracenos". Por lo demás, es el primero en dar ejemplo. Nombra a Pedro Catáneo Vicario General y se embarca para Siria. Pero la tempestad dirige su navío a las costas de Iliria, de donde, por imposibilidad de ir al Oriente, Francisco vuelve a Ancona, y llega a la Porciúncula (invierno 1212-1213), acompañado de nuevos discípulos.
Emprende de nuevo sus correrías apostólicas. El 8 de mayo de 1213 se encuentra en Montefieltro, en el condado de Urbino, donde el conde Orlando dei Cattanei le hace donación del monte Alvernia para que en él levante un convento. Francisco lo acepta, y encarga a dos frailes que reconozcan el terreno y se ocupen de la obra. Él, por su parte, ardiendo siempre en ansias de martirio, decide emprender la evangelización de los Moros, contra quienes los cristianos acababan de obtener la célebre victoria de las Navas de Tolosa (julio 1212). Llega a España con Bernardo de Quintavalle y algunos otros compañeros, pero se ve forzado por la enfermedad a interrumpir su viaje y volver a Italia.
El tiempo transcurrido entre esta vuelta de España y 1216 es la época más obscura de la vida de San Francisco. Parece indudable que continuó entregado al apostolado hasta donde sus fuerzas se lo permitieron. Puede también admitirse que en 1215 marchara a Roma, donde tenía lugar el IV Concilio Ecuménico de Letrán, y debió ser entonces cuando se encontró con Santo Domingo, que acababa de solicitar la aprobación pontificia para su Orden de Frailes Predicadores.
El Concilio comenzó el mes de noviembre de 1215. Las deliberaciones versaron sobre los preparativos de una nueva Cruzada, la unión de las Iglesias griega y latina, la disciplina, la condenación de las nuevas herejías, y la fundación de Órdenes Religiosas. El Canon XIII ordenó que en adelante no se admitiese la fundación de Orden Religiosa alguna, y que, de instituirse alguna, debiese ésta elegir la Regla de alguna de las Órdenes ya aprobadas. En consecuencia, Santo Domingo debió volverse sin la anhelada confirmación; pero en lo que a la Orden de Frailes Menores respecta, el mismo Soberano Pontífice anunció al Concilio que él mismo la había aprobado ya antes verbalmente.
Después del Capítulo de Pentecostés (1216), Francisco se hallaba en Perusa, cuando moría Inocencio III. ¿Asistió a la elección de su sucesor Honorio III? Desde luego hay documentos contemporáneos que nos lo presentan días después de la elección al lado del nuevo Pontífice. Acompañado de Fray Maseo, venía a solicitar de él una indulgencia para todos los que visitasen la capilla de la Porciúncula el día de su consagración, petición a la que Honorio III accedió gustoso, y el 2 de agosto siguiente tuvo lugar la solemne dedicación de Nuestra Señora de los Ángeles, fiesta en que Francisco, en nombre del Papa, promulgó el favor que acababa de obtener.
Francisco tenía la rara cualidad de hacerse querer de los animales. Las golondrinas le seguían en bandadas y formaban una cruz, por encima de donde él predicaba. Cuando estaba solo en el monte una mirla venía a despertarlo con su canto cuando era la hora de la oración de la medianoche. Pero si el santo estaba enfermo, el animalillo no lo despertaba. Un conejito lo siguió por algún tiempo, con gran cariño. Dicen que un lobo feroz le obedeció cuando el santo le pidió que dejara de atacar a la gente.
Fue durante esta época, y bajo la inspiración directa de Francisco de Asís y de los primeros frailes menores, que nacieron grupos de personas que deseaban con fervor seguir al hermano pobre desde su condición no de frailes, surgiendo grupos de fraternidades de seglares que vivían como Hermanos y Hermanas de la Penitencia y que se sentían integrantes de la gran Familia Franciscana. Para ellos Francisco pensó un proyecto de vida evangélica seglar dentro de su Familia Religiosa, del que nació la “Orden de la Penitencia” o Tercera Orden Franciscana.
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 15-25 (1-3) Mayo 25, 1923
“Junto Conmigo reconocen a la hija legítima de la Voluntad Suprema, su dueña”
(1) Me sentía como sumergida en el Querer Eterno y mi siempre amable Jesús, atrayéndome hacia Él me ha transportado fuera de mí misma, haciéndome ver cielo y tierra, y mientras esto me hacía ver me ha dicho:
(2) "Hija querida de nuestra Suprema Voluntad, mira toda esta máquina del universo, el cielo, el sol, los mares, y todo lo demás, fue creado por Nosotros para hacer un don, ¿pero sabes a quién? A quien habría hecho nuestra Voluntad. Todo a ellos fue donado como a nuestros hijos legítimos, esto lo hacíamos por decoro de nuestras obras, no depositándolas ni dándolas en don a gente extraña, ni a hijos ilegítimos que no habrían comprendido los grandes bienes que hay en ellas, ni apreciado la grandeza y santidad de nuestras obras, es más, las habrían desperdiciado y despreciado; en cambio, dándolas en don a nuestros hijos legítimos, como en cada cosa creada hay un amor distinto y un bien especial hacia aquél a quien está dirigido el don, nuestra Voluntad habitante en ellos y formando en ellos vida propia, les habría hecho comprender todos estos amores, distintos uno del otro, que están en todo lo creado y todas las especialidades de los bienes, por lo tanto nos habrían dado la correspondencia por cada amor distinto, gloria, honor, por todos los bienes dados a ellos; nuestra Voluntad, que con un Fiat los había creado y que conocía todos sus secretos, habitante en nuestros hijos legítimos, con otro Fiat les habría develado nuestros secretos que están en todas las cosas creadas, y nos haría dar amor por amor; las armonías, las comunicaciones se alternarían entre ellos y Nosotros. Y si bien aquellos que no hacen nuestra Voluntad parece que gozan y toman parte, pero los dones no son de ellos, sino que es por causa indirecta, como usurpadores y como hijos ilegítimos; mucho más que no estando mi Voluntad habitante en ellos, nada o poquísimo entienden de mi amor que todo lo creado les lleva, ni de los grandes bienes que en todo hay; es más, muchos no saben ni siquiera quién ha creado tantas cosas. Verdadera gente extranjera, que mientras viven de las cosas que me pertenecen, ni siquiera me quieren reconocer.
(3) Entonces, como a verdadero Hijo legítimo fue entregado por mi Padre Celestial este gran don de todo el universo, a mi Humanidad, en la cual no hubo cosa por la que no lo correspondiera, don por don, amor por amor; después vino mi Celestial Madre, que tan bien supo corresponder a su Creador, y después han venido los hijos de mi Voluntad, a los cuales Ella debía legitimar por sus propios hijos. Por eso todo lo creado exulta de alegría, hace fiesta y sonríe cuando haciéndote salir fuera de ti misma, junto Conmigo reconocen a la hija legítima de la Voluntad Suprema, su dueña, todas quisieran correr a tu regazo y alrededor de ti, no sólo para hacerte fiesta sino para ser apreciadas, defendidas y tenidas en cuenta como don de su Creador, y todas en competencia quieren darte cada una amor distinto y el don que contiene cada cosa creada: Quién te quiere dar el don de la belleza de tu Creador, y el amor que contiene lo bello; quién el don de la potencia, y el amor que contiene la potencia; quién el don de la sabiduría, quién el de la bondad, quién el de la santidad, quién el de la luz, quién el de la pureza, y los distintos amores que contiene la sabiduría, la bondad, la santidad, la luz, la pureza, etc. Así que mi Voluntad abate todas las barreras que hay entre el alma y Dios, la pone en armonía entre el Cielo y la tierra, le devela todos los secretos que hay en toda la Creación, y la vuelve depositaria de todos los dones de Dios.”
Fiat Divina Voluntad
Fuentes: franciscanos.org
ordenfranciscanasecular
Tampoco sabemos, de cierto, nada de lo que Francisco hiciera desde agosto de 1216 hasta Pentecostés de 1217. El Capítulo de este último año se hizo notar por dos medidas importantes: la institución de Provincias y Ministros Provinciales, y la organización de las primeras grandes Misiones fuera de Italia y en Oriente.
Francisco eligió para campo de su apostolado a Francia, y junto con algunos compañeros se puso en camino hacia el país que le diera su nombre, y al que amaba con predilección por su espíritu católico y su gran devoción a la Santa Eucaristía. Al pasar por Florencia supo que en ella se hallaba el Legado Pontificio, el Cardenal Hugolino. El Cardenal y el Santo no estaban todavía unidos por aquella amistad que más adelante tan íntimamente los había de estrechar, aunque para entonces ya se conocían; pero la fama de santidad de Francisco le había conquistado ya el afecto del Prelado, que se recomendó humildemente a sus oraciones, ofreciéndole en cambio su protección. El Cardenal vino a ser, de esta manera, el consejero afectuoso y devoto del joven Fundador. Comenzó por disuadirle de continuar su viaje al otro lado de los Alpes, y Francisco, dócilmente, volvió a tomar el camino de Asís, y a predicar de nuevo en la Península.
Los frailes que enviara a España, Francia y Alemania volvieron descorazonados. Lo supo Hugolino, y al momento, junto con Francisco, se presentó a Honorio III, el cual accedió gustoso a darle oficialmente el título de Protector y Defensor de los Frailes Menores. Todos estos sucesos acaecieron probablemente durante el año 1218.
Los seguidores de San Francisco llegaron a ser tan numerosos, que, en el año 1219, en una reunión general llamada «El Capítulo de las esteras», se reunieron en Asís más de cinco mil franciscanos. Al santo le emocionaba mucho ver que en todas partes aparecían vocaciones y que de las más diversas regiones le pedían que les enviara sus discípulos tan fervorosos a que predicaran. Él les insistía en que amaran muchísimo a Jesucristo y a la Santa Iglesia Católica, y que vivieran con el mayor desprendimiento posible hacia los bienes materiales, y no se cansaba de recomendarles que cumplieran lo más exactamente posible todo lo que manda el santo evangelio.
Una vez más se organizaron en él las Misiones con nuevos misioneros, que partieron en todas direcciones, exceptuadas Alemania e Inglaterra. El Santo, que no había renunciado a predicar la fe a los infieles, decidió seguir la nueva Cruzada, cuyos esfuerzos dirigió Honorio III hacia Egipto, y, trasmitiendo sus poderes en la Orden a dos Vicarios Generales: Mateo de Narni y Gregorio de Nápoles (el primero de los cuales quedaría en la Porciúncula para recibir allí a los postulantes y formar los novicios, mientras el segundo recorrería Italia y visitaría a los frailes), se embarcó en Ancona con algunos compañeros, entre los cuales se encontraban Pedro Catáneo e Iluminado de Rieti. Apenas llegó a Egipto, intentó lograr la unión entre los mismos Cruzados, los cuales, por haber desechado sus consejos, fueron derrotados el 9 de agosto de 1219.
Tres meses más tarde eran a su vez vencedores y se apoderaban de Damieta (5 de noviembre de 1219). Al hacer el reparto de los diferentes barrios de la ciudad, asignaron a los Frailes Menores, compañeros de San Francisco, una iglesia con casa contigua. Pero el Santo, que por otra parte había fracasado en su intento de convertir al sultán Malek-el-Kamel, e indignado por la conducta de los Cruzados, los abandonó, según una tradición que nadie niega, para visitar los Santos Lugares: Belén, Nazaret, Jerusalén, etc. En recuerdo de esta piadosa visita suya los franciscanos están encargados desde hace siglos de custodiar los Santos Lugares de Tierra Santa. Allí es donde un fraile llegado de Italia le puso al corriente de las turbulencias suscitadas por la administración de los dos Vicarios Generales, y por los cambios que trataban de introducir en la vida de los Frailes Menores. Estas alarmantes noticias le decidieron a volverse a Italia, llevando consigo a Pedro Catáneo, Elías, Cesáreo de Espira y algunos otros.
Por no cuidarse bien de las calientes arenas del desierto de Egipto se enfermó de los ojos y cuando murió estaba casi completamente ciego. Un sufrimiento más que el Señor le permitía para que ganara más premios para el cielo.
Francisco se retiró por 40 días al Monte Alverna a meditar, en 1224, donde recibió las mismas heridas de Cristo en las manos, en los pies y en el costado.
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 4-35 (1-7) Noviembre 20, 1900
Debiendo vivir del corazón de Jesús, Él le da reglas para aprender un vivir más perfecto.
(1) Encontrándome fuera de mí misma, mi adorable Jesús continúa haciéndome ver mi corazón en el suyo, pero tan transformado que no reconozco más cuál es el mío y cual el de Jesús. Lo ha conformado perfectamente con el suyo, le ha impreso todas las insignias de la Pasión, haciéndome entender que su corazón, desde que fue concebido, fue concebido con estas insignias de la Pasión, tanto, que lo que sufrió en lo último de su vida fue un desbordamiento de lo que su corazón había sufrido continuamente. Me parecía verlos como el uno así el otro. Me parecía ver a mi amado Jesús ocupado en preparar el lugar donde tenía que poner el corazón, perfumándolo y adornándolo con tantas diversas flores, y mientras esto hacía me ha dicho:
(2) “Amada mía, debiendo vivir de mi corazón te conviene emprender un modo de vivir más perfecto, por eso quiero de ti:
(3) 1º Uniformidad perfecta a mi Voluntad, porque jamás podrás amarme perfectamente sino hasta que me ames con mi misma Voluntad; más bien te digo que amándome con mi misma Voluntad, llegarás a amarme a Mí y al prójimo con mi mismo modo de amar.
(4) 2º Humildad profunda, poniéndote ante Mí y ante las criaturas como la última de todas.
(5) 3º Pureza en todo, porque cualquier mínima falta de pureza, tanto en el amar como en el obrar, todo se refleja en el corazón, y éste queda manchado, por eso quiero que la pureza sea como el rocío sobre las flores al despuntar el sol, en el que reflejándose los rayos, transmuta esas pequeñas gotitas como en tantas perlas preciosas que encantan a las gentes. Así todas tus obras, pensamientos y palabras, latidos y afectos, deseos e inclinaciones, si están adornadas por el rocío celestial de la pureza, tejerás un dulce encanto no sólo a los ojos humanos, sino a todo el Empíreo.
(6) 4º La obediencia va unida con mi Voluntad, porque si esta virtud se refiere a los superiores que te he dado en la tierra, mi Voluntad es obediencia que se refiere a Mí directamente, tanto que se puede decir que la una y la otra, ambas son virtud de obediencia, con esta sola diferencia, que una se refiere a Dios y la otra se refiere a los hombres, las dos tienen el mismo valor y no puede estar la una sin la otra, por lo que a las dos las debes amar de una misma manera”.
(7) Después ha agregado: “Debes saber que de ahora en adelante vivirás con mi corazón, y debes entendértela a modo de mi corazón, para encontrar en ti mis complacencias, por eso te lo encomiendo, porque no es más corazón tuyo, sino corazón mío.”
Fiat Divina Voluntad
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De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 2-72 septiembre 16, 1899
“Señor, solo por amor tuyo quiero sufrir esta pena”
(1) Esta mañana, mi adorable Jesús ha venido, y temiendo que fuese el demonio le he dicho: “Permíteme que te signe la frente con la cruz”, y enseguida lo he persignado y así he quedado más segura y tranquila.
(2) Ahora, Jesús bendito parecía cansado y se quería reposar en mí, y como también yo me sentía cansada por los sufrimientos de los días pasados, especialmente por sus poquísimas venidas, sentía la necesidad de reposarme en Él. Entonces, después de haber discutido un poco me ha dicho:
(3) “La vida del corazón es el amor. Yo soy como un enfermo que arde por la fiebre, que va buscando un refrigerio, un alivio para el fuego que lo devora. Mi fiebre es el amor; ¿pero dónde obtengo los refrigerios, los alivios más aptos para el fuego que me consume? De las penas y aflicciones sufridos por mis almas predilectas sólo por mi amor; muchas veces estoy esperando y esperando a que el alma se vuelva a Mí para decirme: “Señor, solo por amor tuyo quiero sufrir esta pena”. ¡Ah sí, estos son mis refrigerios y los alivios más aptos que me alivian y me apagan el fuego que me consume!”
(3) Después de esto se ha arrojado en mis brazos languideciendo para reposarse. Mientras Jesús reposaba yo comprendía muchas cosas sobre las palabras dichas por Él, especialmente sobre el sufrir por amor suyo. ¡Oh, qué moneda de inestimable valor! Si todos la conociéramos haríamos competencia a ver quién pudiera sufrir más; pero yo creo que todos somos cortos de vista para conocer esta moneda tan preciosa, por eso no se llega a tener conocimiento de ella.”
Fiat Divina Voluntad
Fuente: ordenfranciscanasecular
San Francisco de Asís, que era un verdadero poeta y le encantaba recorrer los campos cantando bellas canciones, compuso un himno a las criaturas, en el cual alaba a Dios por el sol, y la luna, la tierra y las estrellas, el fuego y el viento, el agua y la vegetación. «Alabado sea mi Señor por el hermano sol y la madre tierra, y por los que saben perdonar», etc. Le agradaba mucho cantarlo y hacerlo aprender a los demás y poco antes de morir hizo que sus amigos lo cantaran en su presencia. Su saludo era «Paz y bien».
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 21-1 (1-5) Febrero 23, 1927
“Me has traído todas mis obras a hacerme una visita”
(1) Mi pobre corazón me lo sentía bajo un peso durísimo por la privación de mi dulce Jesús; ¡oh! cómo gemía y sufría, y haciendo mi acostumbrado giro en la Creación para seguir los actos de su Voluntad en ella, al llegar al mar lo llamaba y le decía: “Jesús mío, ven, regresa, tu pequeña hija te llama en el mar, te llamo junto con la vastedad de estas aguas, con su murmullo, te llamo en el serpentear de los peces, te llamo con la potencia de tu misma Voluntad que en este mar se extiende; si no quieres escuchar mi voz que te llama, escucha las tantas voces inocentes que se desprenden de este mar que te llaman. ¡Ah! no me hagas más penar que no puedo más”. Pero qué, a pesar de todas las voces del mar Jesús no venía, por tanto he debido pasar a girar en el sol, y lo llamaba en el sol, lo llamaba con la inmensidad de su luz, así que dondequiera que giraba lo llamaba en nombre de cada cosa creada y de su misma Voluntad que dominaba en ellas. Entonces, habiendo llegado bajo la bóveda azul del cielo le he dicho: “Mira oh Jesús, te traigo todas tus obras, ¿no escuchas la voz de todo el cielo, las voces innumerables de las estrellas que te llaman? Todas quieren circundarte y hacerte una visita como a su Creador y Padre de ellas, ¿y Tú quieres rechazarnos a todos?” Ahora, mientras esto decía, mi dulce Jesús ha salido, y poniéndose como en medio de todas sus obras me ha dicho:
(2) “Hija mía, qué bella sorpresa me has hecho hoy, me has traído todas mis obras a hacerme una visita, me siento duplicada mi gloria, mi felicidad al verme rodeado por todas mis obras, que reconozco como tantos hijos míos. Hoy has hecho como un hijo que ama mucho a su padre y que sabe que él goza cuando se ve rodeado y visitado por todos sus hijos; éste los llama a todos, uno por uno los reúne a todos juntos, hermanos y hermanas y va a dar su sorpresa a su padre, el cual goza al verse rodeado por todos sus hijos, ninguno falta, reconoce a todos los miembros de su familia, ¡oh! cómo se siente glorificado por todos sus hijos, su felicidad es plena, y por cumplimiento de su alegría prepara un suntuoso banquete y festejan todos juntos, padre e hijos, pero en la plenitud de su felicidad reconoce al hijo que ha reunido a toda su familia para dar la sorpresa al padre y hacerlo gozar tanto, este hijo será amado de más, porque él ha sido la causa de tanta felicidad. Ahora pequeña hija mía, mientras tú me llamabas en el mar con todas sus voces, Yo te escuchaba y decía: ‘Deja que gire por todas las cosas creadas, a fin de que me las reúna todas juntas y después me haré encontrar, así podré recibir la visita de todas mis obras, que son como tantos hijos míos, así ellos me harán feliz a Mí, y Yo a ellos’. Así que el vivir en mi Voluntad contiene sorpresas indescriptibles, puedo decir: ‘Donde Ella reina el alma se vuelve mi felicidad, mi alegría, mi gloria, y Yo preparo a ella el banquete de sus conocimientos, a fin de que haciéndonos felices juntos, extendamos el Reino del Fiat Supremo, y así sea conocido, amado y glorificado’. Por eso espero frecuentemente estas sorpresas de la pequeña hija que me trae la visita de toda la familia que me pertenece.
(3) Además de esto, así como en la Creación están como esparcidas todas nuestras cualidades divinas, y cada cosa creada ocupa un oficio de nuestros atributos, por lo tanto: Quién es hijo de nuestra potencia, quién de la justicia, quién de la luz, quién de la paz, quién de la bondad, en suma, cada cosa creada es hija de alguno de nuestros atributos. Entonces cuando tú me traes toda la Creación, eres la portadora de mi felicidad esparcida en ella, y Yo reconozco a mi hijo de la luz en el sol, a mi hijo de la justicia en el mar, aquél de mi imperio en el viento, aquél de la paz en la tierra florida, en suma, en todas las cosas creadas reconozco algún parto de mis atributos, y Yo gozo al reconocer a mis hijos que me trae la pequeña hija de mi Querer. Hago como aquel padre que tiene muchos hijos y cada uno de ellos ocupa un oficio de honor: Quién es príncipe, quién es juez, quién diputado, quién senador, quién gobernador; el padre se siente más feliz al reconocer en el parto de sus entrañas cada uno de los oficios y la dignidad de los propios hijos, y como todas las cosas creadas fueron hechas porque debían servir para hacer felices a los hijos del Fiat Supremo, al verte traer a Nosotros nuestras obras, reconocemos en ti nuestra finalidad, y ¡oh! cómo gozamos al verte girar para reunir todas nuestras obras para traernos nuestra felicidad esparcida en toda la Creación. Por eso tu vuelo en mi Voluntad sea continuo”.
(4) Después de esto, habiendo recibido la santa Comunión, estaba diciendo a mi amado Jesús: “Amor mío y vida mía, tu Voluntad tiene virtud de multiplicar tu Vida por cuantos seres existen y existirán sobre la tierra, y yo en tu Querer quiero formar tantos Jesús para darte todo entero a cada alma del purgatorio, a cada bienaventurado del Cielo, a cada viviente sobre la tierra”. Ahora, mientras esto decía, mi celestial Jesús me ha dicho:
(5) “Hija mía, para quien vive en mi Querer, Éste es exactamente lo que hace, multiplica los actos del alma en virtud suya por cuantos son los seres creados, el alma recibe la actitud divina, y su acto se hace acto de todos. Es precisamente este el obrar divino: Un acto que hace se multiplica en tantos, que todos pueden hacer suyo aquel acto como si hubiera sido hecho por cada uno, mientras que el acto ha sido uno, así que el alma donde reina mi Querer se pone en las condiciones de Dios mismo, sea de gloria, sea de dolor, según que las criaturas lo reciban o lo rechacen; la gloria que su acto puede llevar, el bien y la Vida de Jesús a todos, es grande, exuberante, infinito; el dolor de que no todas las criaturas tomen aquel bien y de que mi misma Vida quede suspendida, sin llevar lo útil de mi Vida Divina, es dolor que supera todo dolor.”
Fiat Divina Voluntad
“Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal, de la cual ningún hombre vivo puede escapar”
Fuentes: franciscanos.org
ordenfranciscanasecular
Cuando solo tenía 44 años sintió que le llegaba la hora de partir a la eternidad. Dejaba fundada la comunidad de Franciscanos, y la de hermanas Clarisas. Con esto contribuyó enormemente a enfervorizar la Iglesia Católica y a extender la religión de Cristo por todos los países del mundo. Los seguidores de San Francisco (menores, conventuales, capuchinos, tercera orden regular, clarisas, etc.) son el grupo religioso más numeroso que existe en la Iglesia Católica.
En este su querido santuario de la Porciúncula es donde Francisco esperó la llegada de la muerte. Consoló una vez más a Clara y sus monjas, recibió la visita de Jacoba de Settesoli, y bendijo de manera especial al primogénito de la Orden, Bernardo de Quintavalle.
Fiel hasta la muerte a su Dama la Pobreza, se hizo despojar de sus vestidos y extender desnudo sobre la tierra. Vestido luego de un hábito hecho con la tela traída por la hermana "Fray Jacoba", dio sus últimos consejos, y acordándose de la Última Cena del Señor, a imitación de Jesús, bendijo un pan y lo repartió entre sus discípulos. Pasó aún algunos días en la intimidad con sus compañeros, cantando con ellos el Cántico al Sol, al que añadió una estrofa en honor de "Nuestra Hermana la Muerte".
Por fin, al atardecer del sábado 3 de octubre de 1226, sintió los primeros abrazos de la muerte, y después de entonar el ''Salmo Voce mea ad Dominum clamavi'', se hizo colocar nuevamente en el desnudo suelo delante de todos los frailes reunidos, mientras a petición suya se leía el Capítulo 13 del Evangelio de San Juan: antes de la fiesta de la Pascua, el fiel amante de la Pobreza entregó su alma a Dios.
Libro de Cielo
De los escritos de la S. D. Luisa PiccarretaVol. 12-104 Mayo 22, 1919
“Lo que hace la criatura en la tierra es el capital que se hace para el Cielo”
(1) Continuando mi habitual estado, mi pequeña mente se perdía en el Santo Querer de Dios, y no sé cómo, comprendía cómo la criatura no le da a Dios la gloria que está obligada a darle, y me sentía amargada. Y mi dulce Jesús queriéndome instruir y consolarme, con una luz intelectual me ha dicho:
(2) “Hija mía, todas mis obras son completas, así que la gloria que me debe dar la criatura será completa, y no llegará el último día si toda la Creación no me da el honor y la gloria querida y establecida por Mí mismo; y lo que no me dan los unos, me lo tomo de los otros, y duplico las gracias en éstos, gracias que los otros me rechazaron, y de éstos recibo doble amor y gloria; en otros, según su disposición llego a dar gracias que daría a diez, a otros la que daría a cien, a otros la de mil, y a veces doy gracias que daría a una ciudad, a provincias, y aun a reinos enteros, y éstos me aman y me dan gloria por diez, por cien, por mil, etc., así mi gloria viene completada por parte de la Creación, y cuando veo que la criatura no puede llegar a más, a pesar de su buena voluntad, la atraigo en mi Querer, donde encuentra virtud de multiplicar un solo acto por cuantos quiere, y me da la gloria, honor, amor, que los demás no me dan. Por eso estoy preparando la era del vivir en mi Querer, para que lo que no han hecho en las generaciones pasadas, y que no harán, en esta era de mi Voluntad completarán el amor, la gloria, el honor de toda la Creación, dándoles gracias sorprendentes e inauditas. He aquí por qué te llamo a ti en mi Querer y te susurro al oído: “Jesús, pongo a tus pies la adoración, la sujeción de toda la familia humana; pongo en tu corazón el te amo de todos; en tus labios imprimo mi beso, para sellar con éste el beso de todas las generaciones; con mis brazos te estrecho, para estrecharte con los brazos de todos, para llevarte la gloria de todas las obras de las criaturas”. Y Yo siento en ti la adoración, el te amo, el beso, etc., de toda la familia humana. ¿Cómo no debería darte a ti el amor, los besos, las gracias que debería dar a los demás?
(3) Has de saber hija mía, que lo que hace la criatura en la tierra es el capital que se hace para el Cielo, así que si poco ha hecho, poco tendrá, si hace mucho, tendrá mucho, si una me ha amado y glorificado por diez, tendrá diez contentos de más, correspondientes a otra tanta gloria, y será amada por Mí diez veces más; si otra me ha amado y glorificado por cien, por mil, tendrá contentos, amor y gloria por cien o por mil. Así Yo daré a la Creación lo que he decidido dar, y la Creación me dará lo que Yo debo recibir de ella, y mi gloria será completada en todo.”
Fiat Divina Voluntad
Fuentes: franciscanos.org
ordenfranciscanasecular
aleteia.org
Francisco fue, como quería, "enterrado desnudo en la tierra desnuda", despojado de su túnica de saco, la mano izquierda cubría la herida sobre el flanco derecho para que nadie la viese.
Tenía entonces 44 años y, desde el día en que, consagrándose perfectamente a Cristo, se había obligado deliberadamente a seguir las huellas de los Apóstoles para restaurar en la sociedad cristiana la vida evangélica, habían transcurrido veinte años.
Apenas dos años después de su muerte, el Sumo Pontífice lo declaró santo, y en todos los países de la tierra se venera y se admira a este hombre sencillo y bueno que pasó por el mundo enseñando a vivir enamorados de nuestro buen Dios. Fue San Francisco de Asís quien popularizó la costumbre de hacer pesebres para Navidad.
Película de
San Francisco de Asís