07.- Década de los 90

El comienzo de la década de los noventa abría la puerta a una nueva era histórica donde la Guerra Fría había llegado a su fin. Los dos bloques que se habían enfrentado durante los anteriores 40 años habían desaparecido y sus antiguos integrantes buscaban nuevas formas de entendimiento y de relación entre ellos. La ONU había salido fortalecida por impulsar y acoger relaciones multilaterales, en el periodo de máxima actividad del Consejo de Seguridad.

 En el ámbito económico, Friedman y la Escuela de Chicago debatían sobre el volumen que alcanzaría el dividendo de la paz. Las políticas neoliberales marcadas por el Consenso de Washington, por una parte, abrieron nuevas oportunidades a los mercados en la Europa del Este y China y consiguieron crecimiento económico en países como Chile, Malasia o Singapur, pero, por otra, fracasaron en el resto de los países implicados, especialmente, en Latinoamérica donde la brecha entre pobres y ricos aumentó progresivamente. Los resultados de las elecciones en EE.UU. y Gran Bretaña dan la espalda a liberalismo anterior apareciendo en la escena política Clinton y Major; el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) se convierte en la Organización Mundial del Comercio (OMC), dejando a los países empobrecidos en una situación muy precaria en cuanto a capacidad de participación y decisión en las políticas comerciales globales.

La Guerra del Golfo, invasión de Kuwait por una fuerza aliada en respuesta a la anterior invasión por Irak, se convierte en la primera retrasmitida por televisión. Aparece Internet y su revolución tecnológica y comunicativa, la telefonía móvil y la primera oveja clonada.

En el campo de la educación, los años 90 mejoraron la calidad y la equidad y modernizaron los sistemas educativos. La educación básica obligatoria aumentó su duración y, pese a las crisis económicas, crecieron los servicios de enseñanza primaria. Los problemas más graves se centraron en lograr la educación básica para las personas en riesgo de exclusión; reducir el índice de repetición, de abandono escolar y de jóvenes con matrículas tardías; y hacer respetar la obligatoriedad de la educación básica. Esta década abrió las puertas de los centros educativos a la participación de nuevos agentes, a la diversificación de servicios y a relacionar más efectivamente la educación con el mundo del trabajo. Se dio relevancia al nuevo concepto de alfabetización funcional.

El principio de la década vislumbró la posibilidad de rescatar el humanismo y una ética universalista como vehículos de la generalización de valores, como son los derechos humanos y la protección del medio ambiente, el pluralismo y el multilateralismo y la solidaridad como cimiento en la relación entre estados. Los países empobrecidos tenían la esperanza de que la reducción de los gastos militares produjese un aumento de la financiación al desarrollo. Por otra parte, las crisis del petróleo previas habían favorecido, según Correa (2006), el desarrollo del “pensamiento ecológico tecnológico optimista”. Así, frente a las renovadoras ideas de biocentrismo o ecocentrismo comenzaba a andar una nueva ética ecológica en torno al desarrollo sostenible definido por la Comisión Brundtland.

Respecto al medio ambiente, por un lado se corrobora que las políticas individuales de cada gobierno no dan solución a problemas globales, como el agujero de ozono, la pérdida de biodiversidad, la deforestación en los bosques tropicales o el calentamiento global y que son necesarias respuestas a escala mundial. Por otro lado, el medio ambiente había adquirido un lugar predominante en las agendas políticas globales toda vez que la paz y la prosperidad (parecía que) estaban resueltas. En los primeros años se trata de avanzar en la integración de problemáticas eco-lógicas y políticas de desarrollo económico. Se consolida la evolución del tradicional conserva-cionismo a una visión más integral, que intenta aglutinar ecología, economía, sociedad y cultura.

Los 90 estuvieron indudablemente marcados por la Cumbre de Río’92 y la reunión paralela de ONGs y movimientos sociales que, entre otros temas, abordaron el de la educación ambiental. La cuestión del desarrollo sostenible, comenzó a ser central en el discurso ambiental y llegó con fuerza a la educación, incluso, a instancias de la propia Unesco, se planteó cambiar la denominación de “educación ambiental” por la de “educación para el desarrollo sostenible”. La trama tejida por la educación ambiental hasta estos años comienza a deshilacharse. Quizás no fuera el manto de Penélope, que aparecía deshecho por la mañana, pero sí se exhiben jirones y desgarros que provocan enfrentamientos y nuevos debates dentro de este mundo.

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