—¿Cómo describiría usted la historia de la experimentación animal?
—A pesar de que yo no soy científica, el conocimiento que tengo sí me ha llevado a investigar y sé que la experimentación con animales es algo que está muy apegado a nuestra sociedad. No tengo datos del primer estudio científico con animales, pero sí que fue hace mucho tiempo. El origen ha sido que normalmente este tipo de cosas se suelen descubrir por error, aunque en este caso haya sido la curiosidad que tiene el ser humano en desarrollar productos que podamos consumir. Cuando no está capacitado para padecer los efectos secundarios de estos productos, los probamos con otros animales, ya sea por una cuestión de practicidad o sea por ética, con otra de su misma especie.
—¿Cómo se llegó a la situación actual, con más de “115 millones de animales utilizados cada año para pruebas de experimentación” en el mundo, según indican en su página web?
—Ahora mismo hay diferentes formas de desarrollar fármacos, pero también cosméticos y productos de limpieza. Estos pueden ser los principales productos que se prueban en animales.
También hay una manera de experimentar con animales a la antigua usanza, pero actualmente con la tecnología que tenemos, hay muchos otros medios de experimentar con animales sin causar sufrimiento y sin utilizar cualquier animal. En todo el mundo y sobre todo en nuestro país, esas vías alternativas de experimentación sin animales no reciben la subvención suficiente y, por tanto, no se desarrollan más, lo que quiere decir que los animales siguen siendo, según lo que nos dicen las directivas europeas, necesarios para según qué experimento. Por lo tanto, teniendo en cuenta que cada vez hay más farmacéuticas, más empresas de cosmética y que tienen estos requerimientos para que su producto pueda ser comercializado, en Europa en ese sentido estamos un poquito mejor. Aún así, sigue siendo así en países como China, al existir tanta gente y empresas que querían animales específicamente para laboratorio, donde sigue siendo rentable. Sin embargo, hay que invertir más en otras alternativas y mientras no invirtamos en ellas hay que seguir invirtiendo, según las farmacéuticas, en este tipo de animales para este procedimiento farmacéutico.
—¿En qué campos se realizan estas prácticas con los animales y cuáles son las más crueles y por qué?
—Son diferentes campos pero vamos a decir que los más conocidos son la industria farmacéutica, la cosmética, la limpieza y los estudios psicológicos.
¿Por qué se ha dejado de hacer en tales cantidades? Porque eran muy crueles. Eran análisis centrados en análisis psicológicos de los primates y qué era lo que ocurría cuando crías un primate como si fuera una persona o cuando le obligas a tener un vínculo afectivo con otro primate o con una persona y le quitas ese vínculo afectivo. Esos son estudios que no dañan a nivel físico, pero sí son crueles a nivel psicológico porque los animales también tienen capacidad para sentir, desarrollar emociones, vínculos afectivos y más. En ese sentido los estudios psicológicos sí son muy crueles y luego están los que se basan en el dolor físico. La Unión Europea establece una serie de parámetros que son legales para infligir dolor a los animales; es decir, se le puede hacer sentir dolor a los animales siempre que no pase determinados estándares, para poder probar productos cosméticos como, por ejemplo, un suero para los ojos que se pueda consumir en personas y que no sea irritante. Normalmente lo que se hace es probarlo con animales, pero, ¿qué pasa? Que para poder saber qué tanto son irritantes estos productos, tienen que poner mucha cantidad para poder saber cuando se irrita y, necesariamente, les produce dolor.
Los productos más crueles son los cosméticos y los farmacéuticos, porque siempre conllevan dolor físico a los animales.
—Por supuesto, en PACMA no están de acuerdo con lo que hacen con los animales para poder experimentar. ¿Por qué?
—Porque hay muchas alternativas para experimentar sin utilizar animales. De hecho, lo que hay que hacer es invertir más y potenciar más el desarrollo de empresas que trabajan el desarrollo de alternativas al uso de animales. Eso por un lado. Por otro, vemos que no hay voluntad política para que eso pueda ser así, para que pueda haber ese cambio y, por otro lado, la propia ciencia es la que explica que del cien por cien de los experimentos que se hacen con animales el 95 por cien no funcionan. Esto quiere decir que no cumplen con los objetivos que se pretenden para ese producto y, finalmente, no se puede comercializar. Esto se debe a que los animales físicamente son muy diferentes a nosotros y que se prueben productos en animales que van a ser utilizados en otras especies no tiene sentido. Por eso no estamos de acuerdo, porque es innecesario desde nuestro punto de vista.
—Calculan que hay sobre un millón de animales afectados anualmente en España por la experimentación científica y lo llaman “tortura innecesaria”. ¿Podría describirnos los casos más frecuentes y por qué la denominan así?
—Yo no estoy capacitada para hablar con propiedad de cómo son los procedimientos a los que se somete a los animales. Pero, ¿no sé si conocéis el caso de los 38 beagles de Vivotecnia? Ser trata de un experimento de un fármaco en el que una empresa ha determinado que tienen que probar la fase final en 38 perros. Ellos han determinado que esa especie, el beagle, es la que cuadra para el tipo de fármaco que quieren desarrollar y han determinado que el resultado de ese experimento es que a la mitad de los perros se les va a someter a dosis letales; es decir, que necesariamente los tienen que matar. Para eso tienen que ver qué cantidad de fármaco necesitan para que sea mortal. ¿Por qué? Porque cuando nosotros leemos los prospectos de los medicamentos hay una parte en la que se habla de la posología y esa posología se determina según nuestro peso, nuestra edad u otros parámetros por los que tenemos que tomar una cantidad determinada de ese medicamento. Si nos pasamos, podemos tener intoxicaciones, o incluso nos podemos morir, dependiendo del fármaco que estemos consumiendo. Para que los científicos puedan determinar eso, lamentablemente, a día de hoy utilizan a estos animales para someterlos a esas dosis para saber dónde está el límite; es decir, si tomas tanto de este fármaco según tu peso, te puede dar este efecto secundario y, si tomas demasiado, te podrías morir. Esos procedimientos científicos producen un sufrimiento al animal porque los científicos tienen que ver qué les produce esa sobredosis y cuándo llega el momento de la muerte.. Entonces, con estos perros ha pasado esto, con estos 38 beagles. De los 38 por X motivo a algunos no los tenían que matar, pero, como con el resto determinaron que sí, ahora quieren limitar la dosis letal y, por otro lado, hacer autopsias para ver cómo ha afectado el fármaco a los tejidos del cuerpo. Son experimentos muy crueles porque los animales tienen que padecer los efectos secundarios para que ellos los puedan estudiar.
—Hay un Anteproyecto de Ley de Protección de los Animales que está preparando el gobierno y ustedes han hecho “55 páginas de alegaciones”. ¿Qué cambiará según esa nueva ley con respecto a la experimentación con animales y qué proponen ustedes en este caso?
—El problema es que nosotros hemos hecho 55 páginas de alegaciones porque, desde el punto de vista de nuestro equipo jurídico que está especializado en protección animal, la ley es muy mejorable; lo que está presentado ante el consejo de ministros. Pero la ley no está aprobada, no sabemos cuándo va a salir y, de hecho, acaba de terminar hace unos días este periodo de alegaciones y por eso como entidad interesada las hemos presentado.
La ley es muy mejorable en muchos aspectos como, por ejemplo, los animales de experimentación, que se regulan por su propia normativa que es europea; es decir, que esta ley no nos afecta nada ni para bien ni para mal y ese es uno de los motivos por los que nosotros nos quejamos no solo por los animales de experimentación sino también por los que se utilizan para cazar o los que tienen que ver con la tauromaquia. En todo caso, los que podrían verse beneficiados en algunos aspectos serían los que se consideran domésticos, es decir, los que suelen convivir con nosotros. El resto de animales, por ejemplo, de producción, los que viven en las granjas o los de experimentación no tienen ningún beneficio, porque, si aplicamos una política de sacrificio cero, como están implantando ahora para que no se puedan matar a los perros y los gatos de las perreras, esto no sería compatible con la forma de vida que tienen los animales en las granjas y los que tienen los de experimentación porque tienen que morir para cumplir esa función que se les ha asignado.
—Dicen en el Partido Animalista que “solamente el 1,16% de las enfermedades son comunes tanto en animales como en personas”. Entonces, ¿por qué se sigue experimentando con animales si los resultados no son fiables?
—Porque existe un negocio muy grande detrás de las farmacéuticas que dan muchísimo dinero a las empresas que crían estos animales. Aparte los animales que usan experimentación tienen que cumplir una serie de parámetros. Entonces, detrás de los animales hay una industria muy grande. Al final lo podemos resumir en una cuestión de dinero por un lado y por otro lado falta de interés político en tecnología y otros métodos que no lleven el uso de animales. También el hecho de que la comunidad científica no está del todo formada y esto tambien lo digo con conocimiento de causa porque he entrevistado a científicos que me han hablado de ello. En las universidades no se da a los estudiantes la formación necesaria ni se les motiva a desarrollarse en estos campos alternativos, sino que se ciñen a lo que es conocido, a pesar de que los resultados del 5% no representan nada y, de hecho, dan un 95% de fallos.
—¿Se experimenta con animales concretos solo por sus características?
—Sí Hasta donde nosotros sabemos se usan unos animales u otros dependiendo qué productos se estén utilizando. Todos hemos visto alguna vez, la típica imagen del conejo que tienen y que siempre los agarran porque tienen dolor e intentan huir. Con ellos se suelen utilizar muchos productos cosméticos por las características de sus ojos. La sensibilidad que tiene un conejo en sus ojos hace que sea más propenso a utilizar esa sensibilidad para explicar el producto que se está utilizando. A lo mejor a un animal que no tiene una córnea tan pronunciada posiblemente le va costar más tener irritación, pero como necesitan saber cuándo empieza a ser ese producto más irritante, se usan conejos, pero también se utilizan todo tipo de roedores y perros. En España ya no se pueden utilizar grandes simios a pesar de que tenemos una granja en Camarles (Tarragona). Pero, dependiendo de qué tipo de producto se vaya a utilizar, se utiliza una especie u otra según las directrices de la farmacéutica.
—¿De qué modo cree que la gente seguirá comprando productos que antes eran probados con animales y que ahora no como productos cosméticos?
—Yo creo que cada vez menos. Creo que se han hecho buenas campañas. Hablamos solamente de productos cosméticos, pero dentro de todos los productos, estos son los más prescindibles. Al final, la medicina la necesitamos, pero la cosmética no, aunque eso no justifique el uso de animales. Cada vez menos. Además, cada vez hay más concienciación y, de hecho, hay ahora un movimiento bastante importante en Europa que da buena fama a los productos que tienen ese sello de Cruelty Free porque certifican de cierto modo que no se utilizan animales en ese procedimiento. En otros países, sin embargo, como China, sí es obligatorio que sea testado en animales. En Europa parece que estamos pasando ese bache y nos estamos decantando más por esos productos libres de crueldad animal.
—¿Qué piensa respecto a que obliguen a poner rótulos en los fármacos para que indiquen que no se usaron con animales para producirlo, como en el tabaco, por ejemplo?
—Eso es positivo porque eso significa que, si se han visto en la obligación de poner eso, es porque ha habido un auge de la venta de los productos libres de crueldad animal. Es decir, el simple hecho de que hayan tenido en cuenta que hay personas a las que sí que les interesan, significa que es un movimiento lo suficientemente potente.
—¿Cuáles son las alternativas que ofrece su partido a la experimentación con animales para la investigación científica?
—Nosotros como partido político no ofrecemos alternativas, porque no sería lo correcto. Nuestro trabajo es difundir los conocimientos sobre esas alternativas. Yo cuando tengo ocasión intento hablar con gente que tiene muchos conocimientos sobre el tema, porque, al no ser yo científica, no puedo hablar de procedimientos concretos. Entonces, nuestro trabajo es la difusión para que la gente sepa que esos procedimientos existen y, por otro lado, presionar a las administraciones para que inviertan más en esas alternativas. En este sentido, hace unos días hemos hecho una entrevista a un científico que tiene una ONG de software libre que pone a disposición de la ciencia y que ofrece bastantes alternativas sobre todo relacionadas con la bioinformática o con los tejidos sintéticos; es decir, que los tiros van por ahí, pero sí que es verdad que para meterse más en este tema deberían hablar con personas y científicos que trabajan en ese campo porque lo que yo podría aportar no sería profesional.
—En el año 2019 consiguieron casi 1.304.000 votos en el senado y, desde su comienzo, han tenido una gran evolución. Personalmente, ¿de qué modo cree que han conseguido influir sobre la población y hasta qué punto los españoles estamos concienciados respecto a la realidad de la experimentación animal?
—Nosotros creemos que la era de información en la que estamos viviendo le ha dado una herramienta sobre todo a la juventud para que sea conocedora de las cosas que pasan. Entonces, a lo mejor hay ciertas tradiciones que antaño se vivían de forma normal, como la tauromaquia, pero a día de hoy se ha documentado mucho lo que padecen esos animales y lo que tiene que ocurrir antes de que ese animal llegue al ruedo. Eso ha dado armas a la gente, conocimiento e información, para que se posicionen con lo que no les parece bien. La ciencia nos respalda, porque los animales sufren, sienten y padecen y, de hecho, hace poco han empezado a ser considerados seres sintientes porque antes eran cosas. Al tener el ser humano ese conocimiento sobre la capacidad de sufrir, padecer y sentir de los otros animales, hay que potenciar la empatía; es decir, que si nosotros no queremos que se nos someta a sufrimiento, a explotación o a maltrato, no lo hagamos sobre los demás.
Entonces, ha sido gracias a esa información que se ha puesto a disposición de la gente y esa documentación que tanto PACMA como muchas otras entidades de protección animal y medioambiental han desarrollado a lo largo de los años, que la gente se ha dado cuenta de que tenemos que cambiar y tenemos que mejorar muchísimo como sociedad. Lo que pasa es que en España tenemos muchas protectoras de animales y hay un movimiento animalista tremendo también, pero hay un movimiento tradicional basado en la explotación animal que también está muy arraigado y que mueve dinero como puede ser la caza, la tauromaquia o la experimentación con animales. Al final se utiliza mucho como pretexto el tema de los puestos de trabajo que gira todo en torno a la economía. Por eso el tema laboral sirve para justificar que se siga explotando a los animales de determinadas formas.
Yo creo que, si PACMA ha crecido, ha sido por representar el movimiento animalista a nivel político; es decir, nosotros siempre apoyamos al máximo el trabajo de las protectoras. La mayoría están llevadas por voluntarios y no se llevan dinero; de hecho, muchas veces lo tienen que poner e invierten su tiempo, su vida y toda su buena fe, pero pensamos que todo ese movimiento de gente que se preocupa por los animales tiene que ir respaldado a nivel político. El cambio tiene que venir tanto desde abajo, desde las protectoras, como sociedad, como desde arriba. Hay que hacer una unión de los civiles con los que legislan, y por eso nosotros creemos que hemos subido tanto.
Yo no sé hasta qué punto porque es muy difícil determinar eso, pero pienso que cada vez más la caza o la tauromaquia son actividades con escaso relevo generacional. A lo mejor nuestro abuelo se dedicaba o era aficionado a los toros o aficionado a la caza y, el tener escaso relevo generacional quiere decir que su hijo y sus nietos posiblemente no vayan a hacer eso. Al final es el resultado de un movimiento de concienciación de lo que estamos haciendo con nuestra fauna y lo que estamos haciendo con nuestro entorno, con nuestro medio ambiente, y con los animales. Entonces, yo creo que la sociedad española cada vez está más concienciada y, de hecho, eso lo dicen las diferentes encuestas que se han hecho, que posicionan a más de la mitad de la población en contra de la tauromaquia que para mí sería como el máximo exponente del maltrato animal en España o, al menos,el más conocido. Por otra parte, cada vez hay más personas en contra de la caza porque dejan de considerarla necesaria. La amplísima mayoría está en contra de la experimentación animal y, por supuesto, con el maltrato convencional. Después están los animales abandonados en la azotea, atados toda la vida o las colonias felinas sin que nadie las pueda atender, sin que los ayuntamientos ayuden. En resumen, yo creo que vamos a mejor en general, aunque despacio, pero vamos a mejor.
—Hay fuentes que hablan de que un 89% de los científicos están a favor de la existencia de la experimentación animal. ¿Qué opina respecto a estas cifras y qué significado tienen para el Partido Animalista?
—Esto se puede relacionar con lo que comenté antes. Por un lado, si a los estudiantes en las facultades no se les implica y no se les pone sobre la mesa que tienen que desarrollar alternativas, y, por otro lado, las administraciones públicas, que son las que mueven el dinero, no proponen todo el dinero que deberían, nunca vamos a salir de ese bucle. Por ejemplo, Animal Feel es una asociación de científicos que están en contra de la experimentación con los animales, que llevan 50 años, y que lo han conseguido. ¿Qué pasa? Que falta financiación, falta interés y falta también formación por parte del personal. Si a ti en tu facultad te enseñan determinados procedimientos, tú como estudiante no te vas a sentir capacitado para llevar la contraria. Lo que va a pasar seguramente es que vas a aplicar lo que ya conoces. Entonces, si quieres, luego te puedes informar por tus propias medidas, pero si no se les da a las personas, a los estudiantes sobre todo, esas herramientas y conocimientos, seguramente no lo van a aplicar y se van a ceñir a lo que se lleva haciendo toda la vida, que es experimentar con animales. Porque las alternativas nuevas no están a su alcance, no las conocen y no las desarrollan; entonces, pienso que se debe a eso. Y, obviamente, nosotros como PACMA siempre apostamos porque se eduque a la gente y que se invierta en estas alternativas, pero eso lo tienen que hacer las administraciones.
—¿Cuáles serían las ideas que proponen para acabar con el sufrimiento de todos los animales pero sin que se vieran afectados los laboratorios o interrumpidos sus experimentos?
—Por un lado, que se modifiquen las leyes. Por otro, que se deje de subvencionar la explotación animal en el ámbito de la ciencia. No se puede hacer de otra manera mientras las administraciones sigan dando dinero para que siga habiendo criaderos y se sigan financiando experimentos que saben que van utilizar animales por la vía pública. Por terminar con esto, ya es cosa de que se haga desde las entidades privadas, aunque no se puede regular de la misma manera. Sin embargo, también nos tenemos que dar cuenta de que las mayores cantidades suelen venir de las administraciones públicas, y eso lo pagamos todos. Es decir, lo pagamos los trabajadores, ya que una parte de nuestros impuestos se va para ciencia y, finalmente, van a seguir tirando por ahí porque no buscan alternativas. De esta manera, nosotros lo que proponemos es eliminar esa financiación y reinvertirla en alternativas y, por otro lado, endurecer la legislación para que no se puedan hacer. Nosotros no queremos que se utilicen animales pero, por lo menos, queremos limitar determinadas prácticas para empezar, aunque no es para nada nuestro fin, pero entendemos que tampoco se puede pasar de cero a cien de un momento para otro. Es bastante complicado.
—Por último, ¿de qué modo cree que desaparecerá la experimentación animal y cuándo piensa que se sustituirá por métodos más efectivos?
—Cuando la sociedad lo reclame. Visto lo visto, si no podemos fomentar ese cambio desde arriba, desde las instituciones y desde la política, a pesar de que lo intentamos y lo intentamos, tendrá que ser el propio pueblo el que motive ese cambio. Es decir, si cada vez que nos enteramos se hace público que se va a experimentar con animales, salimos a las calles, nos manifestamos o hacemos escritos, presentamos alegaciones y presentamos alternativas legislativas. Nosotros fomentamos ese cambio y lo conseguiremos lo antes posible, pero lo que pasa es que tenemos una fuerza política que no está a nuestro favor o no todo lo que nos gustaría y, por otro lado, tenemos muchas administraciones que argumentan tener muchas cosas que hacer antes que modificar eso. Así, mientras pasa el tiempo, seguimos maltratando animales, siguen sufriendo una barbaridad y seguimos anclados en la vieja experimentación. Y el cambio tiene que venir por parte de la sociedad respaldado a nivel político.