Por: Tiara Fernanda Merino Pardo y Loana Valeska Luna Llontop
“A la gente le gustan muchos mis picarones y cada vez recibo a más personas, pero nadie sabe por lo que estoy pasando realmente”, dijo la señora Asunción, mayormente conocida como doña “Chonita”.
Los picarones son un plato muy típico de nuestra ciudad, claro, ¿quién no se resistiría a ese dulzor tan cautivante? Pero cuando los hace doña “Chonita”, es otra experiencia. Desde 1974, la señora Asunción ha venido ganando el cariño de muchos piuranos gracias a sus deliciosos picarones. Ella solía encontrarse frente a la iglesia San Sebastián, en la plazuela Hermanos Meléndez, donde recibía a todos sus comensales con una sonrisa radiante; sin embargo, cuando fuimos allí en agosto, nos llevamos la sorpresa de que doña “Chonita” había abandonado hace dos meses su puesto de trabajo. En el lugar solo estaba la señora Marcela, sobrina de “Chonita”, con quien hablamos para acordar visitar a su tía.
Al llegar a su casa nos impresionamos ante el estado en el que se encontraba la señora “Chonita”: postrada en su cama sin poder levantarse, acompañada de su hija Catalina. Un ambiente de tristeza se percibía en la habitación; no obstante, doña “Chonita”, con su biblia en mano, se aferra con esperanza a su fe día tras día.
Y es ahí donde nos empieza a relatar su verdadera historia:
Doña “Chonita” quedó viuda a los 33 años y tuvo que hacerse cargo de su hija, quien había nacido con Síndrome de Down. Dado que carecía de una profesión, decidió emprender un puesto de picarones, el cual —hasta el día de hoy— sería su única fuente de ingresos para solventar sus gastos y los de su hija Catalina. Cincuenta años después de este suceso, en 2024, la señora “Chonita” sufrió dos fuertes caídas que le ocasionaron fracturas que la dejaron imposibilitada de caminar; además, este mismo año, su hija Catalina fue diagnosticada de cáncer de mamá por segunda vez, a sus 52 años.
Ante estas adversidades, la señora Marcela decidió apoyar a su tía, asumiendo el mando de su negocio que tanto significaba para doña "Chonita", una forma de conectar con la comunidad piurana. Sin embargo, los ingresos obtenidos de la venta de picarones no son suficientes para cubrir los gastos de los tratamientos. “Lamentablemente no puedo ayudar a ambas”, mencionó con tristeza la señora Marcela.
La historia de doña "Chonita" revela un profundo sacrificio y un amor familiar inquebrantable pues, a pesar de los desafíos que enfrenta la familia Flores, ellos continúan trabajando juntos para garantizar el bienestar de doña Asunción y Catalina.