Por: Geraldine León Castillo y Ana Lucia Quiroz Celi
“El reloj marcó las 6 de la mañana. Se levantó, se vistió y se despidió.
Más tarde vuelvo - dijo - y se perdió en la inmensidad de la carretera.
La carretera me quitó su amor, su voz y sus besos.
Hoy me levanté queriendo que todo esto sea un sueño. Quiero borrar de mi mente su cuerpo destrozado, quiero regresar en el tiempo.
Para mí, él no está muerto, no lo puedo aceptar.
Sigue en mi mente como la mañana en la que se despidió.
A veces sueño con él y le preguntó cómo está, me dice que no está solo, que hay otros que se fueron igual. Ellos no sintieron la enfermedad, solo vieron el cristal de sus vidas romperse repentinamente.
Siempre es el mismo sueño, siempre es la misma esperanza, siempre es la misma tristeza… Recordarlo, escuchar la música que le gustaba y escuchar su voz”.
En el Perú, 276 personas mueren al mes a causa de accidentes de tránsito. Sus cuerpos se impactan contra fierros o contra el pavimento. Sus familias sufren la muerte intempestiva de sus seres queridos.
Un kilómetro de la panamericana norte saliendo de Piura camino a Sullana. Un fragmento de realidad que refleja que las reglas de tránsito no están para cumplirse necesariamente: el más rápido gana. Solo reina el principio de la naturaleza. El más fuerte sobrevive. Frágiles contra grandes depŕededadores: trailers y camiones viajando de extremo a extremo.