Por: Gabriela Rosillo y Lucía Zurita
Oh pequeña distraída princesa, tus tristes ojos no logran mirar más allá del destello de las brillantes coronas que con cierto orgullo portas, y ante ti pasa desapercibido que son ellas quienes adornan la joya más preciosa.
Oh pequeña ingenua princesa, dentro de tu burbuja de ficción donde estás colocada, y donde todo es aparente perfección, lloras pedacitos de estrellas cada noche porque tus amigos de felpa jamás te darán el calor humano que profundamente anhelas, y por cada vestido de ensueño que cubre tu cuerpo una máscara nueva sostienes frente a tu verdadero rostro.
Oh pequeña inocente princesa, tú que rivalizas al arcoíris y sus colores artificiales con tu belleza y te atreves a desafiar al sol y su brillo, el reflejo de tu rostro en el espejo no parece contento con lo que ves, tal vez por distraída, tal vez por ingenua, tal vez por el descubrir la naturaleza de ser mujer.