Por: Cristobal Carrillo y Jose Chuyes
Nos preguntamos si la ciudad de Piura podría ser una opción recomendable para pasear por sus avenidas y espacios públicos disfrutando de lo que nos puede ofrecer. Nos propusimos averiguarlo y para ello recorrimos las calles del centro de la ciudad y barrios aledaños.
Al momento de caminar por distintas zonas de la ciudad, independientemente de los barrios o parques, nos encontramos principalmente en las veredas, que son la vía pensada y diseñada exclusivamente para los peatones, con mil inconsistencias entre rocas, huecos, desniveles, postes e irregularidades de obras inconclusas. Caminar por las vías peatonales de Piura resulta un verdadero paisaje de informalidad. Y no solamente eso, sino que, en muchos casos, la integridad física de los transeúntes cobra niveles de vulnerabilidad y peligro.
Esto causa una disconformidad en los transeúntes y no se cansan de solicitar acción municipal ante ello. Piura es un lugar gestionado por unas autoridades que pareciera importarles muy poco el peatón. Y ni siquiera estamos hablando de la seguridad ciudadana. Además, en las vías peatonales hay invasiones y apropiaciones del espacio sin que la autoridad haga respetar los límites.
Y es que en efecto, la delincuencia y contaminación ambiental no son los únicos problemas que combate y aqueja a la población de la ciudad del eterno calor. Tengamos en cuenta que la negligencia en la gestión pública municipal hace que la ciudad se vea caótica, impidiendo que el ciudadano se desarrolle cívica y moralmente, dejando una falta de compatibilidad con su propio entorno, normalizando un ambiente que a vista de muchos países desarrollados sería muy surreal.