Por: Ingrid Ventura y Ariane Montero
La ciudad de Piura está a poco tiempo de cumplir 500 años desde su fundación. Salimos a recorrer el centro histórico y comprobamos que es una ciudad llena de contrastes, que vive abrazada por un sol inclemente y atravesada por un río que le da vida. El marco de un televisor antiguo se convierte nuestro portal hacia una ciudad que evidencia abandono, historia y cultura, con espacios que, vistos de la forma correcta, se transforman en poesía visual. El bullicio urbano se detiene y, a través de las imágenes, la ciudad nos habla, creando una tensión entre el peso de la historia y la ilusión por ser una ciudad moderna.
Dentro de la ciudad, hay más de un lugar que guarda historias, pero hoy muchos de ellos parecen invisibles e incluso pasan desapercibidos por los piuranos. La cámara, a través del encuadre del televisor, remarca estos espacios anclados en el tiempo, creando una suerte de énfasis puesto en una Piura que, aunque cambiante, se resiste a ser olvidada.
Al igual que en la teoría del framing, con este marco de televisor pretendemos seleccionar y dirigir la atención del espectador hacia elementos específicos de la ciudad procurando, de este modo, dar un homenaje visual a los rincones de la ciudad, destacando las huellas del deterioro y la pérdida, la riqueza de sus esculturas, la religiosidad, pero también la permanencia y la belleza de su arquitectura y su luz casi eterna. Es un llamado a ver la ciudad como un espacio vivo en el que siempre, debido a sus contrastes, hay algo por descubrir.