Por: Joaquin Alamo Velasco y Carlos Alvarez Donayre
Las manos siempre han desempeñado un papel fundamental en las actividades cotidianas del ser humano y también en las tradiciones que perduran hasta la actualidad. A lo largo de la historia, los avances han llevado a cambios en los métodos de producción, pero la preservación del conocimiento, las enseñanzas y trabajos manuales sigue siendo una prioridad en ciertas zonas de Piura. Este es el caso de Simbilá, un caserío heredero de la cultura Tallán y que ha mantenido sus raíces vivas justamente por la tradición alfarera, una actividad central de la cultura de este pueblo.
A pesar de que la alfarería en Simbilá se ha considerado históricamente como un trabajo masculino, María Anita Reymundo Paz, a sus 60 años, se dedica a esta labor desde su infancia porque su padre le transmitió las técnicas y el conocimiento del proceso. Las manos transforman paciente y cuidadosamente la arcilla utilizando paletas y piedras para dar forma al barro hasta lograr el producto final. Una arcilla que originalmente no tiene forma alguna, la convierte, bajo concentración y habilidad manual, en recipientes utilitarios.
Es por ello que, las manos de esta mujer reflejan, conocimiento, creatividad y pasión por lo que hace, ya que no solo tiene un propósito utilitario, sino que también tiene la intención de manifestar un saber significativo de la cultura del caserío a lo largo del tiempo. Además de que evidencia un arduo esfuerzo detrás de lo creado. Gracias a la labor de esta mujer, la alfarería se ha mantenido vigente como parte de la identidad de Simbilá.