Por: Paul Cordova y Cristopher Tarazona
En el corazón del distrito de Santo Domingo, provincia de Morropón, se encuentra Palto Alto, un caserío donde nos adentraremos en la vida de Vilma. Heredera de una chacra con cultivos de caña de azúcar, la cual trabaja día a día en diferentes actividades desde hace más de 30 años para sacar adelante a su familia.
Vilma se levanta a la primera luz del día, nos recibe con un café acompañado de queso y tortillas, nos cuenta que se hizo una de las mujeres más conocidas y respetadas en su comunidad por la producción de chancaca. Sueña con que su hija continúe su legado, preservando esta tradición que, además de endulzar paladares, constituye un pilar fundamental en la riqueza cultural y económica de la región.
Avanzada la mañana, se encamina a ordeñar su vaca, para luego llevarla a pastar junto a su ternero. Mientras tanto su esposo y leal compañero de trabajo se encarga del cuidado de las plantas de caña de azúcar para evitar que los animales de los alrededores perjudiquen estos preciados cultivos.
Regresando a casa, empieza a colocar la chancaca en un envase para su venta a los vecinos, comerciantes de la zona, que destacan su calidad y el cariño que le pone al producir la miel. Al final del día, Vilma, con sus manos curtidas por el trabajo en el campo y la preparación de la chancaca, se dispone a cocinar para su familia. Es aquí y en este momento donde yace la verdadera riqueza, en el calor de los lazos familiares es donde se evidencia el sentido del esfuerzo del trabajo logrado y la alegría de la vida para ellos.