Por: Paula León y Paula Peralta
Y una vez más soy pasajero de una montaña rusa de emociones.
Confusión.
Esa palabra podría describirlo, pero para ser sincero, no sé exactamente qué estoy experimentando.
El insomnio me mantiene despierto cada noche, los pensamientos me atormentan y las emociones se apoderan de mí. De un momento a otro me encuentro en un estado de alucinación, en una locura total. Una maldición.
Depresivo o eufórico, en ambos casos me siento mal.
Mal porque estoy excesivamente bien, aunque suene contradictorio. Porque me vuelvo sensible, manipulable en ocasiones. Otras veces soy muy frío, estoy a la defensiva o me encuentro molesto sin motivo alguno.
Una sensación indescriptible me atormenta. Es como estar cansado pero no querer descansar, o hacer de todo para caer agotado y que no te de sueño.
Las ideas y el exceso de energía me están matando. Un día puedo estar entusiasmado con algo, al día siguiente lo dejaría por otra cosa que me entusiasma mucho más. Odio empezar algo y no poder terminarlo.
Me encuentro en cama sin comer, sin ánimos, llorando hasta no poder más. De a pocos pierdo la conciencia.
Miedo, éxtasis y tristeza me acompañan día a día, y los antialucinógenos son mis compañeros de vida.
La depresión… Ella hace que todo se torne más complicado. Cuando se asoma me alejo del mundo, de mis amigos, de mi familia y de mí mismo…
*Este proyecto ha sido posible gracias a la participación generosa de personas que sufren.