Nunca olvides que fuiste mi primer amor.
Hoy te escribo con la loca esperanza de que estas letras puedan alcanzarte en la eternidad donde habitas.
En mi alma quedó tatuada para siempre la mirada buena de tus ojos color miel.
Quiero que sepas que entendí tu partida. Aprendí que hay una hora para venir al mundo y otra para irse.
La que ahora escribe es la misma que amaste, aunque más fuerte. Me costó aprender a vivir sin ti. Durante años caminé a tientas, hasta que, casi sin darme cuenta, fui construyendo otra vida. Otra historia para continuar.
Hoy transito el tiempo que me queda junto a otro hombre, un amor tranquilo. Vivo en paz, que es lo más parecido a la felicidad.
Y aun así, guardo intacta la esperanza de volver a verte. De fundirme en tus brazos cuando llegue mi hora y reencontrarnos en esa divina eternidad que ahora te pertenece.
Te escribo con la ilusión de atravesar la niebla del tiempo.
Tuya siempre.
María.
MARÍA RIELLI
2026
Tercer premio en el concurso de Editorial Versos Compartidos 2026 categoria carta