La tía Beba era una persona muy querible, pequeña, pelo lacio, ojos verdosos y alegres, dueña de un carácter envidiable, si todos las querían, todos la queríamos. No tuvo la suerte de tener hijos pero estaba siempre rodeada por sus múltiples sobrinos a quienes complacía y los rodeaba de cariño. Muchos además de ser sobrinos éramos sus ahijados.
Tenían una casa grande con amplias habitaciones, un enorme patio sumado al buen trato de los dueños de casa, todo ayudaba a la comodidad de los huéspedes.
Su marido era hombre de negocios, la casa siempre estaba llena de gente. La mesa de la cocina era grande, siempre había invitados y llegado el momento de sentarse a la mesa siempre había muchos comensales.
A la tía Beba le gustaba cocinar, pasaba mucho tiempo en la cocina y todo lo que preparaba le quedaba delicioso, era detallista, perfeccionista y disfrutaba preparando sus platos fueran dulces o salados, pero su obra maestra eran los pasteles, pasteles fritos o al horno, en realidad eran famosos los pasteles de la tía Beba.
Nunca se sabía cuándo o por qué iba a preparar pasteles, pero era seguro que en sus cumpleaños que era el 20 de setiembre, si los habría. Allí estaríamos porque siempre coincidía con las típicas vacaciones de primavera.
-Yo voy a comer poquito, prefiero esperar por los pasteles.
-Yo prefiero de dulce de membrillo.
Eran algunos de los comentarios que se escuchaban entre los invitados .Los hacía de dulce y de crema, los que iban al horno bañados de huevo con azúcar, dorados y crujientes eran un regalo para la vista.
Los pasteles fritos eran hojaldrados, parecían libritos, deliciosos, se deshacían en la boca del comensal.
Dos días antes al cumple ya daba comienzo a las tareas previas y en la noche del 19, sus pasteles estaban finalmente prontos. Me acuerdo de verla tarde en la noche- le gustaba dar vueltas y vueltas antes de acostarse- regocijándose a la vista de las maravillas que había logrado una vez más, miraba sus pequeñas manos y una sonrisa le iluminaba el rostro, seguramente se sentía orgullosa de su trabajo. Ella tan generosa ya estaba feliz pensado en lo que sucedería al día siguiente, ¿cuántos elogios recibiría este 20 de setiembre? Era feliz haciendo feliz a los demás.
Pronto será setiembre, ¿estará pensando en hacer pasteles para compartir con los ángeles en el cielo? Porque seguro que es allí donde ella está.
LILIÁN ALBERTI