Valentín está sentado en los escalones de la puerta de la entrada a su casa. Lucía no tarda en llegar. Él siempre la espera con su mejor sonrisa, pero hoy aunque parezca extraño tiene su cabecita entre las manos.
-¿Qué pasa Valentín? –pregunta la mamá preocupada cuando llega.
Cuando el niño levanta la cabeza, ella ve que sus lindos ojos están llenos de lágrimas.
-Dime, ¿qué pasó?¿Estás enfermo?¿Te duele algo?
-No, no, no estoy enfermo.
Entran en la casa. Valentín se detiene frente al árbol de Navidad. Lucía se acerca, pone sus manos sobre los hombros del niño y besa cariñosa y suavemente su cabeza.
-Entonces…, vamos cuéntame…, ¿qué ocurre?
-Es que estos días mis compañeros de clase, en su celular, me han mostrado las fotos de sus arbolitos de Navidad.
-¿Y...?
-Son hermosos, muy hermosos…
-¿Y el nuestro no te gusta?
-Si, pero…
-Pero…
-No es como el de ellos…
-¿Y cómo son, que te gustan tanto?
-Son grandes, decorados con adornos muy bonitos iguales en su forma y su color. Con moñas, con muchas luces y arriba de todo… una estrella gigante que prende y apaga…
-Te entiendo, pero mira el nuestro, es una rama de pino natural que nos regaló la tía. La pusimos en un tarro con arena y la regamos todos los días para que no se seque. Cuando le saquemos los adornos, la plantaremos en el patio, cerca del muro del fondo.
-Y después, ¿qué pasará?
-Lo seguiremos cuidando para que crezca, nos dará sombra y cuando llegue cada año la Navidad, decoraremos el pino directamente en el jardín.
-Si la rama se va a convertir en árbol…los adornos no van a alcanzar…
-Y tendremos que hacer muchos adornos más, dijo la mamá.
-Tendré todo el año para juntar papeles de colores, cordones y cintas- dijo ya más entusiasmado. Y como no tengo celular invitaré a mis amigos para que vengan a ver nuestro árbol y podremos jugar, debajo, a la sombra.
-Si, si por supuesto, preparé jugo y galletas para convidarlos.
Valentín emocionado ya se imaginaba lo feliz que estará con sus amigos.
-No has puesto aún tu cartita para Papá Noel- dijo Lucía, sonriente, guiñándole un ojo.
-¿Vendrá alguien para acompañarnos o estaremos solos como la Navidad pasada?
-No lo sé todavía, el Coronavirus fue el culpable que los abuelos no vinieran.
Valentín se acomodó en su silla y escribió:
“Querido Papá Noel,
Ya todos se vacunaron, te pido como regalo que mis abuelos puedan venir
este año para pasar juntos esta Navidad.
No quiero que estemos solos otra vez con mi mamá.
Un abrazo grandote.
Valentín.”
No puso nada que le encantaría que le trajera una bicicleta pues la que tenía ya estaba vieja y era muy pequeña para él que había crecido mucho, este año.
El 24 de diciembre llegaron temprano los abuelos y el corazón de Valentín latía feliz … pero pensaba… no puse nada de la bici en la carta.
La familia se reunió, Lucía y la abuela pusieron cosas ricas en la mesa y cuando sonaron las doce campanadas, anunciando el nacimiento del Niño Jesús, todos exclamaron
-¡Feliz Navidad!
Las luces se apagaron por un momento y cuando se encendieron…¿quieren saber qué pasó?
Había una hermosa bici nueva al lado del arbolito.
Los ojos de Valentín brillaban de felicidad.
¡Los milagros de Navidad, si existen, para los que tienen Fe!