Hoy, viernes trece, la acosté en su nueva cama.
Mientras la abrigaba,le susurraba como siempre
las palabras más cálidas que ella me inspiraba.
Se lo merecía.
Humedecí su ropaje, tal vez su cuerpo.
Desde hace siete años nos arropábamos una a la otra.
Mis seres queridos se marchan cuando empiezan los fríos.
Cuando los días son más cortos.
Cuando el sol regatea calor.
La vida oscurece un doce,un veintitrés,un veinticinco...
Se divierte arrebatando.
Arrebata,arrebata y se va y te deja...
Con el frío y la oscuridad del invierno.
Del invierno que se apura en llegar y se prolonga.
Dentro de mi casa,seres queridos ya no quedan.
Más allá de las paredes y las aberturas los hay.
Falta la cercanía,lo cotidiano, que hace sentir con intensidad el calor.
Solo brotan por todos lados los recuerdos,los lindos recuerdos.
Primero se fueron las voces,hoy se fueron los maullidos.
No compartíamos la especie,¡qué importa!
Compartíamos el lenguaje del cariño y la compañía.
Beatriz Devitta
Mayo de2022