Estuvimos mirando la lluvia en la ventana sucia y la que mojaba el piso, bebimos del mismo vaso hasta que empezó a oscurecer...
La temperatura baja abruptamente, encendemos luces, avivamos el fuego de la estufa a leña que chisporrotea y crepita alegremente. Nos acercamos a su calor, afuera arrecia la lluvia, el viento norte amontona nubes en el cielo gris. Las hojas temblorosas se desprenden de los plátanos, bailando al compás del vendaval que las deposita en desorden, en el suelo.
Mi casa, mi mundo , toma otra dimensión en ésta pandemia, es cómoda, es segura...
Afuera se siente el cristal del aguacero con ráfagas ululantes que pasan y golpean los visillos de la ventana.
Estoy en paz, acompañada de mi pareja, conectada con el sonido de la Naturaleza, amplifico mi ser universal, mi mente se expande, libero mis miedos. En éste momento el miedo a la enfermedad, tan presente hoy en el mundo, con el coronavirus, nos ha cambiado nuestro estilo de vida.
Por eso agradezco a esta bendita lluvia, me trae recuerdos de cuando te conocí. Venías hacia mí, te divisaba a través del aguacero, tu sonrisa iluminaba la tarde gris.
Desde ese día caminamos juntos por la vida, afrontando los miedos y las alegrías, por eso amo la lluvia.
Después de la lluvia, liberadora, bendita, purificadora, vendrá el sol.
GLORIA ESTIGARRIBIA