La sequía me amarga.
Pienso en la pradera que va muriendo,
la clorofila desaparece, reclama agua la fotosíntesis.
Siento la angustia de los hombres del campo
y veo el esfuerzo de los animales rumiando,
más por costumbre que por lo que
pueden cortar y masticar.
Los arroyos adelgazaron, ya no tienen música.
Los tajamares perdieron su espejo,el cielo
no tiene donde mirarse.
Más que nunca cuido el agua gota a gota,
trasiego y trasiego.
Salgo al patio con un cuenco lleno a regalarle
un narigada a cada una de mis plantas.
Pena me dan los yuyos y trato de calmar su sed.
Hoy un poquito a la gramilla de acá, mañana a la de allá.
Los pájaros también vienen a sus bebederos.
Volvieron los pirinchos...
Los sabiás buscan las frutas que no crecieron.
Mis plantas viven,pero no brillan.
Tienen un dejo de cansancio...
Se oscureció el cielo, se oyeron ruidos.
Se huele el petricor.
Dos días consecutivos las negras nubes tiraron
dos mínimos chaparrones.
Ellas estiraron cuellos y brillaron como nunca.
La clorofila anunció rápidamente su regreso.
Poderosa lluvia pensé...
agua como la tuya no existe.
Beatriz Devitta
Sequía de 2023
Este texto ha sido publicado en el espacio de nuestro taller en el diario local Página cero con fecha 17 de marzo inaugurando una serie de publicaciones que aparecerán esta semana conmemorando el Día Mundial del Agua que se celebra el 22 del corriente