Su mirada fue triste
cuando escuchó apenas el insulto.
Creo que más que las palabras
fueron los gestos que emanaban
cual torrente, uno tras otro.
¡Cómo si fuera tan fácil!
¡Cómo que fuera poco!
Lo que aquel ser decía
con ademanes de loco,
maldecía a los viejos.
¡Decía que para qué vivían,
que ya molestaban, que poco sentirían!
De ese hombre quieto en su silla
que asentía con su cabeza,
para un lado y otro,
con mirada llena de tristeza,
con su boca apretada
para no emitir sonido,
y que quedara al descubierto
su estar en la vida tan incierto.
Que no lo provocaba él, por cierto.
Lo hacía aquel miserable ser
que no le daba valor
que lo discriminaba
que lo subestimaba
que le molestaba...
¡Nunca más olvidaré esos ojitos!
Casi de niño inocente
tal vez preguntándose el por qué,
luego de haberlo criado con tanto amor
recibía hoy esta devolución...
Ya no había charlas
Ya no había importancia
No había espacio, ni tiempo
para dejar contar sus historias
las que le hacía bien recordar.
Volver a vivir quizás
en su imaginación,
para luego dormir feliz.
¡Con solo eso!
Con esos pocos minutos
donde aquel abuelo expresara algún asunto
que lo hiciera soñar por un segundo...
¡Por ello hoy digo!
A los abuelos, los padres, los viejos
¡tratemos y valoremos con todo el respeto!
Escuchemos y aprendamos
de ese ser maravilloso
que vivió tanto
y que tan valioso
puede ser su testimonio para nosotros
¡Nunca más ojos tristes de un abuelo!
Tendrán que pasar por sobre mi cadáver primero...
ALICIA PÉREZ