Se sospecha que después de la clonación, con el advenimiento de la inteligencia artificial y los viajes interestelares, el hombre ha conseguido volverse invisible a plena voluntad y conciencia.
Se sospecha, pero nadie me ha visto, obvio.
No es fácil ser invisible. Les diré que ser invisible no es lo mismo que incorpóreo, por eso tengo que hacer maravillas para no chocarme con los visibles, porque tengo un cuerpo.
Los borrachos son difíciles de cuerpear –al igual que los niños– son imprevisibles. Aunque les parezca mentira los años me pasan igual que a todos, lo cual implica que ahora estoy más lento, no tengo los mismos reflejos, me cuesta más esquivar a la gente y a los obstáculos.
El otro día una señora se cayó porque le hice una zancadilla, pero fue totalmente involuntario, no pude retirar la pierna a tiempo; yo solamente me estaba divirtiendo con los amagues. Ella juraba que se había tropezado con algo, pero como no había nada a la vista, nadie le creyó.
Algunas cosas buenas he hecho, no solo divertirme. Por ejemplo la comba imposible de la pelota que embocó Messi al arco fue mediante mi intervención, en cambio la mano de Maradona fue de él mismo, yo no tuve nada que ver.
El Loquillo que le habla a Alberto el cirujano, por ejemplo, me ve y me hace señas muy claras: “Hoy anda preocupado”. “Hoy está seguro y confiado”. “A este también le va a poner un tubito”
A cierto profesor le mezclé los reactivos y aunque él afirmaba que era violeta, todos los alumnos gritaban:
-¡Anaranjado, profe!!
Es tan divertido esconderle las cosas a la gente. Hay que ver cómo dan vueltas, prenden velas al Negrito del pastoreo, ponen un vaso boca abajo, le ruegan a santos que ni existen en la Biblia, hasta que las encuentran donde ya habían buscado cien veces.
Algunos me ven y me hablan, soy el famoso “amigo invisible” de los niños, lástima que cuando los adultos me hablan los encierran en el Vilardebó. Esta humanidad está loca de remate, aunque afirmen que “lo esencial es invisible a los ojos”, eso es solo teóricamente porque en la práctica no creen en nada que no se pueda ver y tocar.
No tengo súper poderes, por lo tanto no me culpen por los accidentes ni por no haber detenido las balas perdidas, yo también las tengo que esquivar, no crean.
Pensándolo bien, he desperdiciado gran parte de mi habilidad. Les explico: debería haber viajado más para hacerle zancadillas y cosas peores a algunas personalidades maléficas por ese mundo afuera, pero bueno, será en otra vida. Lo prometo.
MIRIANA ARATTI
Texto leído en encuentro con privados de libertad en INR Durazno el 22 de julio de 2025