Llegué en el año que las aguas se adueñaron del centro del Uruguay.
Época en que la palabra de los mayores valía y se respetaba.
Época en que los analfabetos te recomendaban ir a la escuela,
y antes de salir, que te portaras bien, que no agredieras,
que no tiraras piedras, que saludaras.
Época en que a la escuela no se faltaba por ningún motivo,
alumnos y maestros decíamos presente.
Siempre me he preguntado si en ese tiempo
éramos más sanos o más responsables.
Soy del tiempo en que desayunábamos antes de ir a la escuela.
Una fruta,dulce de membrillo o queso entre dos rodajas de pan
generalmente envueltos en papel de estraza llevábamos
para saborear a la hora del recreo.
Soy del tiempo en que se hacían actos patrios y recordábamos
a nuestros héroes y sus hazañas.
Soy del tiempo en que la Cruz Roja estaba presente.
Cumplíamos con las tareas escolares, imitábamos a nuestros maestros,
porque nos hacían amar la profesión.
Tal vez podamos decir que algunos eran muy exigentes,
pero..., aprendías, te formabas.
En nuestra cartera llevábamos los útiles que cuidábamos como tesoros.
Nos duraban todo el año, no había mucha variedad para elegir.
El diccionario era infaltable.
Jugábamos también. En la escuela, en el barrio; no faltaban las rondas,
el huevo podrido, el gallito ciego, la rayuela, diferentes tipos de mancha,
las figuritas, las bolitas, la palmita, la payana...
¿Los niños de hoy conocen esos juegos?
Los padres controlaban tus tareas, te hacían devolver lo que no era tuyo.
Los reclamos de los maestros eran escuchados
sin agresiones y luego en casa..., algún sermón venía.
En ese tiempo la tinta y cortes raros de pelo no se veían,
rara vez, si una niña iba con uñas pintadas te lo hacían notar,
te aclaraban que ya tendrías tiempo para hacerlo... , cuando fueras señorita.
Despegarnos de la escuela nos daba nostalgia, pero secundaria
nos inyectaba ganas de juntar libros, seguir aprendiendo, sacar
apuntes a máquina o a mano con mucha prolijidad.
Conocíamos a nuestros profesores y compañeros.
El nombre y el apellido se conocía y no por eso éramos
seguidores de la Susanita de Quino.
Preparábamos clases, proyectábamos imágenes, explicábamos
y movilizábamos a los pocos que se retraían y en grupo marchábamos.
El vocabulario era correcto y agradable de unos a otros, casi siempre se traía
incorporado de la casa, porque la pobreza generalmente era solo económica.
Nuestros profesores, muchos eran autodidactas estudiosos.
¡Qué preparación tenían! Podían sacar tus dudas, eran amplios sus conocimientos.
De lo de acá y de lo de allá sabían,de su ciudad y su historia.
Participaban en charlas, muestras, conciertos, estaban en contacto con la gente,
eran permeables a todos los temas y leían y leían.
BEATRIZ DEVITTA