Como no podía ser de otro modo un taller de escritura no puede dejar de destacar la importancia del libro. En este 2021 hemos elaborado un pequeño video entre varios de los integrantes y publicamos un texto de una compañera
ENTRE AUTORES Y LIBROS
En casa todos hemos tenido buena relación con los libros y la lectura. Mi padre hasta los ochenta y tres años, muchas veces nos respondía recitando versos o simplemente los intercalaba en diferentes conversaciones. Tanto aparecían poemas de Lorca, de Machado, de Darío, de Martí, de Nervo, de Whitman, como de los nuestros ,los uruguayos.
Tenía sus libros, muchos mostraban las décadas de vida en sus hojas amarillas pero seguían dando frutos. Aunque gracia provoque, es verdad que de él nos quedó la manía de tener una banqueta en el baño, cargada de revistas, libros y diarios.
Cuando comenzaban las clases salía con la lista de los libros que me pedían y volvía cargado. Si no los encontraba acá, cuando iba a Montevideo los traía.
Los libros siempre aportan. También le aportan a tu casa, a tus muebles...
¡Frías se ven esas casas vacías de libros!
Tengo libros queridos, sabrosos, otros a los que no recurro por segunda vez.
Hay autores con los que me identifico plena y profundamente.
Están los libros ligados a un rostro porque sus autores son reales para mi. Autores conocidos, a veces amigos...otros son amigos platónicos.
Están los libros de los coterráneos y de los de afuera. Pero no es esto lo que los hace más o menos queribles para mi. Está lo otro, el tema, la forma de decir, las imágenes visuales y literarias.
La mayoría de las veces trato de no buscar en un libro, más de lo que dice.
Siempre recuerdo la época de estudiante y la búsqueda de significados forzados.
Heminway decía que había querido decir lo que dijo y nada más que eso.
Todo libro y cada uno de ellos tiene un valor agregado: Este me lo regaló Ernesto, aquellos Nilda, este otro Víctor...Corazón de Amici me lo regalaron Delia y Claudio , El cántaro fresco, Anita y Malena. Este de hoja biblíca de Tolstoi me lo regaló mi madre, a mi pedido, cuando cumplí quince años. Están los que tienen dedicatorias, los que tienen la firma del autor y los que tienen solo su texto, que en definitiva es la vida, lo fundamental del libro. Están también, aquellos que no están, que se perdieron por obra de “duendes”.
De los míos, son más míos que ningún otro, aquellos que compré con mis ahorros en la época escolar y liceal. Tienen el sello de “Flores Alonso y Cía”... Unos me los vendió China Temperán, otros Sergio Verdier. Otros no tienen sello pero recuerdo que los compré en las ofertas de Robatto en su quiosco de Plaza Independencia y de Cantero, en 18 de Julio, pegado al Teatro Español. Conozco el lugar que ocupa cada uno en las estanterías.
De todos, aquellos que puedo disfrutar infinitamente por su forma sencilla y a la vez especial de decir las cosas, son los de Morosoli, Da Rosa, Montero López, Luis Ramón Igarzábal...
De ellos sale la fragancia de la tierra y la belleza de las cosas del pueblo y de los seres.
BEATRIZ DEVITTA
Mayo de 2005, retocado en mayo de 2021
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