Siluetas recortadas en blanco y negro.
Rostros que denotan preocupación,ojos tristes.
Barcos,barcos... y mar de fondo.
Puertos de épocas de apertura,recibiendo vidas.
Vidas angustiadas que lentamente irían serenando pesares,
generando nuevas vidas y recuperando cálido hogar.
Hoy,muchos puertos lo son porque la geografía lo indica
pero los hombres borran parte de su definición.
Puertos de mar, generosos,con historia.
Puertos pequeños,entre el monte ripario y rubios arenales,
cobijo de botes, canoas y hombres que huelen a pesca.
Porteños en mi país, porteños en el mundo
porque han llegado a la vida en una ciudad puerto.
Pero... hay puertos sin agua,sin olas que golpetean,
sin sirenas,sin alarmas que te avisan que estás ahí.
Yo llegué un día a un puerto seco, sin equipaje.
A un puerto seco con forma de casa.
Era muy niña, un hombre y una mujer permitieron que anclara.
Fueron el faro que iluminó las rocas de la costa
para que aprendiera a navegar.
Fueron la rada protectora.
Un puerto tranquilo, sin tormentas ni temporales.
Podías mirar lejos y elegir canales.
Canales para navegar la vida.
BEATRIZ DEVITTA Setiembre 2022
Trabajo que recibió una mención especial en el Concurso Literario del Club de Leones de Rocha, edición 2022