Del Latín, amicitas, de amicus, amigo (proviene del verbo amare: amor) es una relación afectiva entre dos personas, entre las más comunes relaciones interpersonales que se tienen en la vida.
Se crea en distintas edades, con diferentes grados de importancia y trascendencia. Algunas nacen en pocos minutos y otras tardan años en hacerse, pero siempre cuando hay inquietudes y sentimientos comunes.
Una verdadera amistad está basada no solo en la afectividad y empatía entre dos o más personas, sino en el respeto mutuo que exista y permita desarrollar la confianza mutua necesaria. Muchas veces se dan falsas
“amistades” cuya relación está basada en hipocresía o intereses materialistas y malsanos. Otra amistad es la VIRTUAL, me pidió amistad por una red social, eso no es garante de amistad, es un nexo virtual, es solo un
nexo en el “ETER” diría yo como viejo. No tiene la profundidad de un amigo, que después pueda mantenerse y cultivarse, sí, como lo hacíamos epistolarmente.
La Amistad se cultiva, se comparte, es presencial, y también se afianza, aquellas reales, aquellas que no se pierden con la distancia geográfica ni con el paso del tiempo. La amistad y la fraternidad van de la mano, es un
lazo sublime de unión entre dos personas, solo se da cuando aceptamos al otro por lo que es y no por lo que parece. La amistad hace que los tiempos malos sean buenos y éstos sean inolvidables. Así hace que sea un
sentimiento noble, compartido y no competitivo, basado en el respeto mutuo y alejado del ego.
Hay amistad cuando se comparte una forma de ver la vida, aunque no se piense igual, ésta está sustentada en la ayuda mutua, desinteresada y así generando confianza y el apoyo incondicional, moral y sentimental.
Es por eso que un amigo es verdadero cuando minimiza los defectos del otro y enaltece sus virtudes al punto de fortalecer su instinto moral e intelectual de hacer el bien. Mejor aún si la amistad es con ALEGRIA,
recordando que ésta es el perfume de una flor que se llama AMOR.
ALBERTO BEGUIRISTAIN