Pedro se levantó temprano como todos los días.
-Otro día de sol y calor- pensó preocupado- mientras se dirigía al pozo para sacar agua.
En efecto, hacía ya varios meses que no llovía o llovía muy poco y la sequía se acentuaba en toda la zona. La naturaleza, espejo vivo, lo demostraba con su gama de amarillos, ocres y rojizos.
Cuando llegó al pozo, agarró el balde, levantó la tapa metálica y lo dejó caer, tan profundo como se lo permitía la cadena. Levantó el balde que salió lleno de agua fresca y cristalina y agradeció en silencio.
- Con esta sequía este balde de agua clara es un tesoro-se dijo.
Volcó el agua en otro balde y lo llevó para la cocina. Regresó al pozo pues necesita más agua para los animales y para riego de su quinta. Tomó con mano firme el balde y lo dejó caer como siempre pero…la cadena que lo sostenía…¡se rompió!
- ¿Y ahora qué hago?- se preguntó
Trajo otra cadena con un gancho en la punta y la arrojó al pozo con la esperanza de poder recuperar el balde, pero cuando sacó la cadena para su sorpresa no traía el balde…¿quieren saber qué traía?... una bellísima hada sonriente que sacudiendo su larga cabellera con una encantadora voz le dijo:
-¿Qué ocurre que estás tan preocupado?
Pedro le contó lo que le había ocurrido y ella prometió ayudarlo, desapareciendo en la oscuridad del pozo. Pocos minutos después reapareció con un balde de oro repleto de monedas de oro también.
-¿Es este tu balde?
-No, no es mi balde – dijo Pedro con sinceridad.
El hada desapareció y regresó con un brillante balde de plata, lleno de monedas del mismo metal. Todo resplandecía a la luz del sol sobre el brocal del pozo.
-Ese tampoco es mi balde- dijo Pedro.
Nuevamente se zambulló y trajo un viejo balde de lata lleno de agua pura.
-¿Y este?
-Este sí, es el mío -le respondió, con ojos brillantes.
Entonces el hada, parada en el borde del balde le dijo:
-Veo que eres un hombre honesto y trabajador, soy el HADA DE LAS AGUAS, y en recompensa tu pozo siempre tendrá agua, así podrás tener y disfrutar del tesoro del agua para ti, tu familia , tus animales y tu linda quinta.
Y diciendo esto volvió a desaparecer. Pedro muy sorprendido le gritó;
-Gracias Hada de las Aguas, siempre te estaremos agradecidos y haremos buen uso de ella.
La hermosa hada le hizo un maravilloso regalo y Pedro recibió una fantástica recompensa por su honestidad.
LILIÁN ALBERTI
Texto publicado en el diario "Página Cero" en abril de 2024