Hace 500 millones de años, el animal más temible del planeta era un depredador de casi un metro de largo, con ojos compuestos formados por miles de lentes y una boca circular llena de placas afiladas.
Anomalocaris recorría mares poco profundos persiguiendo Trilobites que se enrollaban sobre sí mismos, en un intento desesperado por sobrevivir. Nada en el océano podía hacerle frente. Cien millones de años después, esos mismos océanos pertenecían a algo mucho peor. Dunkleosteus era un pez acorazado de ocho metros con placas cortantes en lugar de dientes y una mordida más potente que la de cualquier animal que caminaría sobre la Tierra hasta la llegada del Tiranosaurio. Y mientras tanto, en tierra firme, libélulas de 70 centímetros de envergadura cazaban entre bosques impenetrables y milpiés de más de dos metros se arrastraban por el suelo húmedo de pantanos que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Todo esto ocurrió antes de los Dinosaurios, mucho antes. Cuando pensamos en la prehistoria, pensamos en ellos, pero los Dinosaurios dominaron la Tierra durante 165 millones de años, antes de su reinado existió un mundo mucho más largo, mucho más extraño y mucho más salvaje. Un mundo que duró casi 300 millones de años y que los científicos llaman el Paleozoico. Hoy vamos a recorrerlo entero, desde la explosión de vida más repentina que este planeta ha conocido hasta la extinción más devastadora de toda su historia. Tres cientos millones de años en los que la vida inventó los ojos, las mandíbulas, los huesos, las patas, las alas, los pulmones y los huevos, absolutamente todo lo que define a los animales que conocemos hoy nació en el Paleozoico.
Hace 541 millones de años, los océanos de la Tierra eran un lugar extrañamente tranquilo, la vida existía sí, pero era simple, tapetes microbianos cubrían los fondos poco profundos, organismos blandos, sin ojos ,sin mandíbulas, sin esqueleto, se limitaban a filtrar nutrientes del agua o absorberlos directamente del sedimento. No había depredadores, no había presas, durante más de 3.000 millones de años,la vida había sido así microscópica, lenta, casi invisible. Y entonces, en un periodo de apenas 20 millones de años, todo cambió, prácticamente todos los grandes grupos de animales que existen hoy aparecieron en ese instante geológico, artrópodos, moluscos, cordados,equinodermos, gusanos de todo tipo. Los científicos lo llaman la explosión cámbrica y más de un siglo después de su descubrimiento, sigue siendo uno de los acontecimientos más difíciles de explicar en toda la biología.
¿Que la desencadenó? Probablemente una combinación de factores, que se alinearon al mismo tiempo, los niveles de oxígeno habían subido lo suficiente como para sostener organismos grandes y activos, la química del agua permitía por primera vez fabricar conchas caparazones y espinas de carbonato de calcio y quizá lo más importante la evolución del ojo. Cuando los primeros animales desarrollaron ojos funcionales, el mundo se transformó, porque si puedes ver, puedes cazar y si alguien puede casarte necesitas defenderte. Fue una carrera armamentística instantánea, los mares del Cámbrico se llenaron de criaturas que parecen diseñadas por la imaginación de alguien que nunca ha visto un animal real. Opavinia tenía cinco ojos y una trompa flexible terminada en una pinza que usaba para llevar comida hasta una boca situada debajo de su cabeza, orientada hacia atrás. Ayucigenia caminaba sobre pares de zancos rígidos con espinas en la espalda y durante décadas, los paleontólogos la reconstruyeron al revés, confundiendo las patas con las espinas. Wiwaxia era un organismo ovalado cubierto de escamas y coronado por dos filas de largas espinas que le daban el aspecto de un cactus submarino con patas y sobre todos ellos reinaba Anomalocaris con casi un metro de longitud era varias veces más grande que cualquier otro animal de su época, sus apéndices frontales podían atrapar Trilobites y llevarlos hasta su boca circular, donde las placas los trituraban con una eficiencia que ningún otro depredador del Cámbrico podía igualar. Era la primera máquina de matar del planeta. Los trilobites fueron los grandes protagonistas de esa primera era, artrópodos acorazados con ojos compuestos hechos de calcita pura, los ojos minerales más sofisticados que ha producido la naturaleza. Algunos veían en todas las direcciones al mismo tiempo, otros tenían viseras sobre los ojos para protegerse de la luz directa, los había diminutos de menos de un centímetro y lo sabía enormes de más de 70 centímetros, los Trilobites llegarían a sobrevivir casi 300 millones de años, más que cualquier Dinosaurio, más que cualquier Mamífero, pero en los rincones de esos mares cámbricos había un animal que pasaba completamente desapercibido. Picaya era un organismo de apenas cinco centímetros parecido a una anguila transparente, sin armadura, sin garras, sin espinas, no parecía destinado a nada importante, pero tenía algo que ningún otro animal del mar podía presumir, una anotocorda, una estructura flexible a lo largo de su cuerpo, que millones de años después se convertiría en columna vertebral. Picaya o algo muy parecido a él, es probablemente el ancestro más remoto de todos los peces, todos los anfibios, todos los reptiles, todos los mamíferos, de todos nosotros.
Tras la explosión cámbrica, la vida no dejó de crecer. Durante el Ordovícico, el periodo que siguió, los océanos alcanzaron una diversidad sin precedentes. Los Trilobites se diversificaron en centenares de especies. los Braquiópodos tapizaban los fondos marinos por millones, los primeros arrecifes de coral primitivos, empezaron a crecer, formando estructuras de carbonato de calcio a lo largo de miles de kilómetros de costa. Y los depredadores también crecieron, los Nautiloideos, cefalópodos con conchas rectas o ligeramente curvadas, se convirtieron en los cazadores más temidos del Ordovícico, Cameroceras podía alcanzar los 6 metros de longitud, imagina un calamar gigante metido en un tubo cónico de 6 metros, con tentáculos asomando por un extremo, desplazándose lentamente por mares poco profundos en busca de Trilobites y otros invertebrados, no tenía rival. Mientras tanto, los escorpiones marinos empezaban su ascenso, estos artrópodos acuáticos, los Euritéridos, parientes lejanos de los escorpiones actuales, llegarían a alcanzar los dos metros y medio en periodos posteriores. Pero ya en el Ordovícico eran depredadores formidables que acechaban en los fondos arenosos.