Tu Dios no creó nada, la evolución es un hecho comprobado y las pruebas están en el color de tu piel y tus rasgos faciales, ni hubo barro, ni soplo divino, sino 300.000 años de adaptación biológica. Al principio los primeros Homo sapiens eran todos de piel muy oscura, tener mucha melanina era clave para proteger los nutrientes esenciales de la radiación solar, pero al migrar al norte y con otro clima, el ADN se amoldó a los cambios. En Europa mutamos para aclarar la piel y absorber vitamina D. En Asia oriental, la piel clara surgió por otra mutación distinta, misma necesidad, diferente genética. En latitudes con poco sol, la piel clara fue indispensable para sintetizar vitamina D. Si una población permanece allí por miles de años, la evolución favorece la piel clara, el pliegue en los ojos asiáticos protegió la vista del viento helado y el reflejo de la nieve. En los Andes, los pulmones desarrollaron más capacidad contra la altura. Y ¿por qué en África la piel sigue siendo oscura? Porque ahí, el sol jamás aflojó la presión, mutar hacia una piel clara era morir. Por eso existe esta gran diversidad en los tonos de piel no es magia es la biología y el ADN amoldándose constantemente al entorno. Son miles de generaciones acumulando pequeñas variaciones, no existen las razas biológicas, el genoma humano entre cualquier persona y tú es 99,9% idéntico. ¡Ahí tienes la evolución! ¡mirándote al espejo todos los días! Somos química, clima y supervivencia. ¡Menos cuentos de hadas y más biología!