Si no dos expresiones de una misma magnitud más profunda, en procesos nucleares como la fisión que ocurre en un reactor o la fusión que ocurre en el interior de una estrella, una pequeñísima fracción de la masa de los núcleos atómicos se convierte directamente en una cantidad extraordinaria de energía, siguiendo la relación entre masa y energía descrita por Einstein. En estos procesos, la masa medida antes y después no es exactamente la misma, existe una pequeña diferencia entre la masa inicial y la final, que corresponde a la energía liberada de acuerdo con la célebre relación E = mc², esto no invalida lo observado por los primeros químicos, sino que lo profundiza. En las reacciones químicas ordinarias, los cambios de energía involucrados corresponden a variaciones de masa extraordinariamente pequeñas y completamente despreciables para los balances de masa utilizados en química. Por eso, para todo propósito práctico en la química de todos los días, la masa se conserva con una precisión asombrosa, pero en el núcleo del átomo, en los reactores, en las estrellas y en los aceleradores de partículas, donde los físicos actualmente investigan cómo la energía puede convertirse en materia y la materia en energía, la ley original se revela como un caso particular de una ley aún más amplia, la conservación conjunta de masa y energía. La ciencia contemporánea sigue explorando los límites exactos de esta relación, en el mundo subatómico y aunque los principios generales están firmemente establecidos, aspectos específicos del comportamiento de la materia en condiciones extremas continúan siendo objeto activo de investigaciónen. En los grandes aceleradores de partículas, por ejemplo, los físicos hacen chocar núcleos atómicos a velocidades cercanas a la de la luz y de esas colisiones surgen partículas que momentos antes del choque, simplemente no existían como tales, no aparecen de la nada en un sentido mágico, surgen porque la enorme energía cinética de la colisión puede dar lugar a nuevas partículas con masa de acuerdo con la relación entre masa y energía descrita por Einstein. Es una demostración espectacular de la equivalencia entre masa y energía, los estudios en este campo aún buscan comprender con mayor precisión cómo se comportan ciertas partículas exóticas de vida extremadamente breve y qué implicaciones tiene esto para modelos que intentan describir el universo en sus primeros instantes, cuando las condiciones de energía eran tan extremas que la distinción entre materia y energía pura apenas tenía sentido. Visto en conjunto, lo que empezó como la simple observación de que un metal no pierde ni gana peso misteriosamente al arder, terminó revelando una de las estructuras más profundas del universo físico, la idea de que bajo toda transformación aparente existe algo que permanece. Los átomos que hoy forman tu cuerpo se ensamblaron originalmente en el interior de estrellas que murieron mucho antes de que existiera el sistema solar. Esos mismos átomos han pasado por incontables formas a lo largo de miles de millones de años, desde polvo cósmico hasta roca, desde roca hasta agua, desde agua hasta las moléculas que hoy sostienen la vida. En algún momento quizás, algunos de esos átomos formaron parte de un árbol antiguo, y cuando ese árbol finalmente ardió y se convirtió en ceniza y en gas invisible disperso en el cielo ninguno de esos átomos dejó de existir, simplemente comenzaron un nuevo capítulo de una historia que no tiene principio ni final definitivo, solo transformación constante. Esa es quizás, la lección más silenciosa que esconde esta ley aparentemente técnica, que en las transformaciones químicas cotidianas, la materia no funciona por apariciones ni desapariciones, sino por reorganización constante, los átomos no desaparecen, cambian sus conexiones, forman nuevas sustancias, se dispersan y vuelven a combinarse de innumerables maneras. Es un ciclo de transformación que empezó mucho antes de que existiera cualquier fogata y que seguirá mucho después de que la última ceniza se enfrie. Quizás por eso, esta ley, tan discreta, tan poco mencionada fuera de un laboratorio o un aula de química merece ser vista como una de las certezas más tranquilizadoras que ofrece la ciencia. En un universo donde todo parece transformarse sin descanso, hay algo al menos en la escala de nuestra experiencia cotidiana que permanece fiel a sí mismo, contando cada átomo sin perder jamás la cuenta, la conservación de la masa nos recuerda que detrás de cada cambio que observamos la materia sigue una contabilidad extraordinariamente precisa, los átomos se separan se reorganizan y forman nuevas sustancias, pero en las reacciones químicas ordinarias no desaparecen, comprender este principio, es comprender una de las reglas fundamentales sobre las que se construyó la química moderna. Este ha sido, un viaje por la ciencia de la materia.