Nuevos Twits subidos el 2025-20-26
He dejado claro siempre mi cariño y respeto a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Estos días, ese respeto se multiplica y se torna en admiración cuando les veo frente a la turba antisocial (lo de antisistema es un eufemismo absurdo que detesto. Van contra la gente).
Aprendí qué era eso del “control de masas” cuando, como capitán, la Guardia Civil nos instruyó en la preparación de mi 2º misión en BiH en 2002. Un mundo nuevo, el de la fuerza no letal, progresividad y proporcionalidad que sólo vislumbrábamos en las Reglas de Enfrentamiento.
Entre ejercicio y ejercicio, me contaban lo pendientes que tenían que estar de medir y graduar el uso de la fuerza. Como aguantaban a pie firme, insultos y agresiones esperando la orden de intervenir. Como, incluso entonces, medían la agresividad, incluso, de los gestos.
Que una fotografía de un antidisturbios levantando una porra por encima de la cabeza o un disparo directo de una pelota de goma suponía una denuncia inmediata. Eran la paciencia y la contención personificada. Y yo me cagaba en mis muertos más frescos porque no entendía nada.
Y te lo contaban tipos duros como el pedernal que, cada uno, se merendaba a 20 “borrokas” a boinazos sin sudar una gota. Y no lo entendía, ni lo entiendo, porque la exclusividad del uso de la fuerza, en una sociedad democrática, la tienen las FAS y FCSE, cada uno en su ámbito.
En ningún sitio pone que el derecho de manifestación o de cualquier reivindicación admita el uso de la violencia por parte de los ciudadanos. En cambio, cualquiera que tenga la fuerza como una posible herramienta de trabajo –y militares y policías la tenemos– sabe cómo usarla.
Sabe perfectamente que el concepto de disuasión necesita que ese potencial uso de la fuerza no sea proporcional al del agresor, sino varios puntos por encima, porque si no es así, el desafío constante está garantizado y crecerá con el tiempo.
Sabe que la contención, dónde debe imperar, es a la hora de decidir su uso y en ordenar su cese. Pero el momento de la carga –y esto ya es mi opinión–, cuando todos los puentes están rotos, la violencia que se desate debería ser implacable.
Que el que se ponga delante de los GRS, la UIP, los beltzak o la BRIMO, en ese punto sin retorno en el que todas las advertencias están hechas y toca apretar la defensa, sepa que, posiblemente, acabe en el hospital. Sin acritud y sin complejos. Es la sociedad lo que se protege.
¿Se acabaría con ello los destrozos que estamos viendo? No, pero los niñatos que juegan a ir de “manifa” se quedarían en casa. Irían sólo los “hijoputa” profesionales. Los que, como ahora, están dispuestos a matar, pero entonces, sabrían que también pueden morir.
Esta es mi reflexión. Y me importa una mierda su corrección politica. Lo que me importan son los hombres y mujeres que están en la calle con su escudo y su defensa. Me importan los que transmiten unas ordenes que les duelen más que cada pedrada que recibe su gente. Un saludo.