EL TABÚ DEL ABSURDO

Heráclito es verdaderamente bello. De haber nacido en India, o en Oriente, se le habría considerado un buda, pero en la historia griega, en la filosofía griega, fue un ser extraño, una persona ajena. En lugar de referirse a él como un ser iluminado, en Grecia se le ha llamado Heráclito el Oscuro, Heráclito el Misterioso, Heráclito el Enigmático. Aristóteles, el padre de la filosofía griega y del pensamiento occidental, ni siquiera reconoció en él a un filósofo. "Cuando más es un poeta", dijo, aunque también a pesar suyo. En otras obras, dijo más adelante: "Debe haber una falla en el carácter de Heráclito, algo malo en su biología; por eso, habla de una manera tan misteriosa, en paradojas". Aristóteles lo consideraba un poco excéntrico, un poco loco —y Aristóteles domina todo el mundo occidental—. De haberse aceptado el pensamiento de Heráclito, toda la historia de Occidente habría sido enteramente distinta. Pero nunca nadie lo comprendió. Se apartó cada vez más de la corriente principal del pensamiento y la mente occidental.

Heráclito fue como Gautama Buda o Lao Tse o Basho. El suelo griego no le fue propicio en absoluto. Habría sido un árbol formidable en Oriente: millones se habrían beneficiado, millones de personas habrían encontrado su camino a través de él. Pero los griegos lo consideraron raro, excéntrico, un poco extraño y ajeno; no era uno de ellos. Por eso, su nombre permaneció al margen, en un rincón oscuro, hasta que finalmente la humanidad se olvidó de él.

En el momento mismo del nacimiento de Heráclito, la humanidad alcanzaba un pico, un momento de transformación. Con la humanidad, sucede lo mismo que con el individuo: hay momentos en los cuales se producen cambios grandes. El cuerpo cambia cada siete años y continúa cambiando, de manera que todo el sistema biofísico de una persona que vive hasta los setenta años cambia diez veces. Si puedes utilizar esos espacios en los cuales el cuerpo cambia, será muy fácil avanzar en la meditación.

Por ejemplo, el sexo adquiere importancia por primera vez a los catorce años. El cuerpo sufre un cambio bioquímico, y si en ese momento te introducen a la meditación, te será muy, pero muy fácil, avanzar porque el cuerpo no está fijo sino en el punto en que desaparece el patrón viejo y apenas comienza el nuevo: hay un espacio. A los veintiún años, se producen nuevamente unos cambios profundos, porque cada siete años el cuerpo se renueva por completo: todas las células viejas desaparecen y llegan otras nuevas. Lo mismo sucede a los treinta y cinco años, y así sucesivamente. Cada siete años, el cuerpo llega a un punto en el cual se va lo viejo y llega lo nuevo, y ese es un momento de transición. En ese período transitorio, todo es fluido. Si deseas incorporar una nueva dimensión en tu vida, ese es el momento preciso para hacerlo.

Exactamente lo mismo sucede en la historia de la humanidad en su conjunto. Cada veinticinco siglos, se produce un pico y si puedes aprovechar ese momento, lograrás la iluminación fácilmente. No será tan fácil en otros momentos, pero en ese pico el río mismo fluye en esa dirección; todo es fluido, no hay nada estacionario.

Hace veinticinco siglos, nacieron Gautama Buda y el jainista Mahavira en India; Lao Tse y Chuang Tse en China; Zaratustra en Irán, y Heráclito en Grecia. Ellos son los picos. Nunca antes se habían alcanzado esos picos o, si se alcanzaron, no formaron parte de la historia, porque la historia comienza con Jesús.

La gente desconoce lo que sucedió hace veinticinco siglos. Ahora, nos encontramos nuevamente en el estado fluido: lo viejo pierde significado, el pasado pierde importancia, y el futuro es incierto —el período de la brecha ha llegado—. Nuevamente, la humanidad alcanzará otro pico, el mismo que hubo en la época de Heráclito. Si tienes un poco de consciencia, podrás aprovechar este momento para salirte de la rueda de la vida. Cuando las cosas son fluidas, la transformación es fácil. Cuando las cosas están quietas, la transformación es difícil.

Tienes suerte de haber nacido en una era en la cual las cosas están nuevamente en estado de fluidez. No hay certeza alguna; los viejos códigos y mandamientos ya no sirven de nada. Han aparecido nuevos patrones, los cuales no tardarán en afincarse; el hombre no puede permanecer sin arraigo porque sobreviene la inseguridad. Las cosas se asentarán nuevamente y este momento no durará para siempre; solamente abarcará unos pocos años.

Si logras aprovechar estos años, alcanzarás un pico muy difícil de alcanzar en cualquier otro momento. Si dejas pasar el momento, habrá que esperar otros veinticinco siglos.